La cantante calva.- Eugène Ionesco

La cantante calva
Eugène Ionesco

Teatro Arriaga (Bilbao)
9 de diciembre de 2017

Pentación Espectáculos, con:

Adriana Ozores, Joaquín Climent, Carmen Ruíz, Helena Lanza, Fernando Tejero y Javier Pereira

Dirección: Luís Luque
Versión de: Natalia Méndez

Pongamos por delante la acertada dirección y planteamiento de la pieza teatral por parte de Luís Luque; digamos que el elenco encargado de ponerla sobre el escenario, con la sobresaliente  actuación de Adriana Ozores y Joaquín Climent, cumplieron sobradamente con la difícil misión de llevar el texto y su complejo contenido al espectador; admitamos lo conveniente de la escenografía, la iluminación, la música y los efectos especiales. Todo realizado de manera impecable y extraordinaria al servicio de esta obra, paradigma del teatro del absurdo, desde la que se eleva una severa crítica del modelo de familia burguesa mediante el recurso a los diálogos vacíos y sin sentido de los protagonistas atrapados en la incapacidad de comunicar sus ideas, expresar sus sentimientos, elaborar opiniones coherentes. Cada personaje de este drama se escucha sólo a sí mismo sin entenderse siquiera a sí mismo.

Estamos ante la dolorosa muestra de la incapacidad de establecer una comunicación efectiva; una atmósfera angustiosa en la que los personajes permanecerán próximos físicamente, pero en soledad. Todo se hace incomprensible y la existencia transcurre a cuestas de actos convencionales, hueros, sin valor para el conocimiento de la persona; así puede plantearse la vida en común de un matrimonio y su hija durante muchos años  sin que se conozcan y solamente recuerden los datos anecdóticos de los lugares donde coincidieron, pero con inseguridad. Llegan juntos a una casa como dos perfectos desconocidos y solamente tras un arduo ejercicio de reconocimiento se dan cuenta de que viven juntos, aunque no se conocen de nada.

Sobre el escenario los personajes hablan, pronuncian palabras, elaboran discursos sin sentido o cuentan historias disparatadas; pero no se hablan unos a otros porque se produce la ausencia de diálogo que es sustituido por meras conversaciones inconexas. Las conversaciones llenan el tiempo; da igual qué tiempo, y llenan un espacio, aunque nadie es dueño de ese espacio. Al no existir el diálogo no existirá ninguna historia. La obra podría acabar en cualquier momento o seguir indefinidamente. De hecho, la escena final es la repetición de la escena inicial protagonizada por el matrimonio que llega de visita y que ocupará la casa.

La fragmentación del lenguaje se acentúa a medida que la pieza dramática avanza, llegando a establecer simulacros de diálogos a base de palabras sueltas e inconexas o de sílabas carentes de sentido.

Cuando en 1950 se estrenó la obra en París, Ionesco se sorprendió de las risas de los espectadores. Hoy, 67 años después, seguiría sorprendiéndose. Porque, pasado el tiempo en ese reloj que se adelanta y retrasa y mide las horas sin sentido, “La cantante calva” es una tragedia, la del fracaso del ser humano en su proyecto vital, envuelta en el celofán de la comedia. La risa ni siquiera sirve de vía de escape ante la complejidad del problema al que nos enfrenta.

En cierto modo y en este mundo virtual en el que recientemente nos hallamos inmersos, lo absurdo ha cobrado dimensiones universales alcanzando a todas las clases sociales, y no sólo a la burguesía. En el despliegue de frases, mensajes, publicaciones nobles o bastardas que corren por la red o internet, solamente se percibe la soledad del ser humano en su griterío por llamar la atención sin que nadie escuche o sea escuchado. Entre todo este vocerío, “La cantante calva” de Eugène Ionesco (rumano de nacimiento y escritor en francés) nos pone en nuestro sitio haciendo –por un instante- el silencio necesario desde el que ser conscientes de los efectos devastadores de la incomunicación, tanto en el terreno personal (trastornos psicológicos) como en el social (ascensión de populismos y nacionalismos de todo pelo). No es exagerar. A fin de cuentas el existencialismo que surgirá a partir de las dos grandes guerras mundiales desarrolladas en Europa viene a llamarnos la atención –en este caso en forma de teatro llamado del absurdo- sobre los riesgos mencionados y a expresar su denuncia y su condena.

En el mismo sentido señalado en el párrafo precedente, recordemos cómo ante la amenaza de problemas graves, psicológicos o sociales, suele aparecer la voz de “necesitamos hablar”, “esto hay que arreglarlo hablando”, “hablemos”, “cuéntame”, “es necesario dialogar”, “las cosas se arreglan dialogando”, etc. Los últimos sucesos en España ante el curso de los acontecimientos con el nacionalismo e independentismo catalán, pueden servirnos de ejemplo.

El teatro del absurdo, del que “La cantante calva” es un imprescindible referente, ahonda en la propuesta de la inutilidad del lenguaje como vehículo de expresión comunicativa, lo que imposibilita el diálogo y la reciprocidad en la emisión y recepción de mensajes conduciéndonos a la imposibilidad de conocer al otro ni conocernos a nosotros mismos. Se usa el lenguaje como una coraza desde los prejuicios y el miedo a enfrentar la existencia desnuda de artificios e imposturas, lo que nos empuja a los límites de la violencia: “¡Oh, palabras, cuántos crímenes se cometen en vuestro nombre!” (E. Ionesco)

Pues eso; “La cantante calva” nos remite a la decisión de armarnos de un lenguaje para la comunicación, a usar las lenguas o idiomas no como armas ideológicas al servicio del sectarismo y el enfrentamiento, sino del entendimiento (lo cual implica aceptar al otro) y la solidaridad. Desarmemos, en fin, la anquilosada y narcisista sociedad burguesa con sus valores, prejuicios y sus derivados. Esa es la lectura, hoy, de la tremenda propuesta de Eugène Ionesco, de Samuel Beckett, Harold Pinter, Miguel Mihura, Jean Genet, Arthur Adamov, Fernando Arrabal, Virgilio Piñera o sus mentores James Joyce, Franz Kafka, Alfred Jarry, Antonin Artaud, Albert Camus… O esa es mi opinión, mientras nos ahogamos a la deriva en un océano de olas que braman y se destruyen en su propia agua.
A propósito, ¿y la cantante calva?
Sigue peinándose de la misma manera.

González Alonso

Artículo de interés: «El anti-teatro en La cantante calva» de María del Carmen Bobes Naves (Universidad de Oviedo»

Texto de  «La cantante calva» Eugène Ionesco

La Extinta Poética.- Eusebio Calonge

La Extinta Poética
Eusebio Calonge

Teatro Municipal de Leioa (Lejona)
1 de noviembre de 2017

Dirección.- Paco de la Zaranda

Intérpretes.- Carmen Barrantes, Laura Gómez-Lacueva, Ingrid Magrinyà, Rafael Ponce

Nueve de Nueve Teatro

La primera escena, con la visión de la novia esperando inmóvil con su ramo de flores en la mano, es como un primer verso magistral e impactante; la última escena, con la danza de la muerte del cisne (Camille Saint-Saens), resultará ser la escritura de un inmejorable verso de cierre. En medio, el poema. Y la poesía.

La inspirada propuesta de Eusebio Calonge y la dirección de Paco de la Zaranda se proyectan sobre el escenario de la mano del elenco Nueve de Nueve.

Si me pusiera a buscar adjetivos para este espectáculo teatral, mencionaría el esperpento, la tragedia, el hondo lirismo, el fracaso existencial, el absurdo, el hastío y otros muchos envueltos todos ellos en la expresión de un lenguaje vestido de una brutal realidad. Todo gira en el torbellino emocional de una familia de clase media baja abrumada por las circunstancias, padre, madre y dos hijas, una de ellas con una grave discapacidad que la tiene postrada y con una limitada capacidad de movimiento y habla.

Afrontar con escasos recursos económicos una situación severa acaba por liquidar los recursos humanos, resquebrajándose la dignidad, los sentimientos y la capacidad de resistencia. Todos quieren y anhelan vivir más allá de los límites impuestos por la necesidad. El amor, los sueños, la esperanza, acabarán en frustración y el recurso a la farmacopea como dique de contención a la ansiedad y la desesperación provocadas por la consciencia de estar pasando toda la vida soñando todo lo que nunca se va a alcanzar. El dique se agrieta, sobreviene la inundación devastadora y en medio del caos, desde la fragilidad y la entereza del ser más débil y limitado, surge la vida y se alza la belleza. Es la poesía.

La obra, interpretada –como no podía ser de otro modo- con la marcada impronta de La Zaranda, va más allá de la conmoción y la emoción; explora quirúrgicamente la vida cotidiana abrumada de pequeñas heroicidades y atroces miserias.

Nada que objetar. Autor, director, técnicos de sonido e iluminación, intérpretes y público, conforman un espacio y oportunidad únicos e irrepetibles en cada actuación. Sólo conviene, a estas alturas, recomendar que público, intérpretes, director, técnicos y texto de su autor, se encuentren nuevamente en nuevos y numerosos teatros para facilitar la catarsis existencial de que estamos necesitados, hacerlo con la voz de la poesía y entender que si la vida es puro teatro, el teatro nunca deja de ser pura vida.

González Alonso

La vida es sueño.- Calderón de la Barca

La vida es sueño
Calderón de la Barca

Teatro Santurtzi / Santurce
1 de noviembre de 2017

Teatro del Temple

De “La vida es sueño” –como ocurre con el Quijote-, sin haber sido vista o leída no pocas personas conocen algunos pasajes e incluso algunos versos. No es infrecuente en una conversación escuchar a modo de conclusión: ¿Qué es la vida? Un frenesí / ¿Qué es la vida? Una ilusión / una sombra, una ficción, / y el mayor bien es pequeño: / que toda la vida es sueño / y los sueños, sueños son.

Y sin saber siquiera que correspondan a “La vida es sueño” y Calderón de la Barca, hay quienes recitan estas décimas: Cuentan de un sabio que un día / tan pobre y mísero estaba / que sólo se sustentaba / de unas hierbas que cogía. / ¿Habrá otro – entre sí decía- / más pobre y triste que yo? / Y cuando el rostro volvió / halló la respuesta viendo / que otro sabio iba cogiendo / las hierbas que él arrojó.

La vida es sueño” es un alegato a favor de la libertad humana y su capacidad de elección frente al destino. Calderón ubica la trama en el reino de Polonia. El rey, temeroso de que el destino de su hijo como rey fuera el de un tirano, lo encerrará desde niño en una torre del castillo, vigilado por Clotaldo, fiel servidor del rey, que evitará que se tenga noticia de la existencia del mismo.

Cuando llegan desde Moscú a la Corte los sobrinos del rey, Astolfo y Estrella, con la intención de casarlos y convertirlos en los herederos del reino de Polonia, aparecerán también Rosaura, disfrazada de hombre, y Clarín, su criado. Rosaura resulta ser hija del carcelero Clotaldo, que iba tras la pista de Astolfo para exigirle que cumpliera la palabra dada de matrimonio, pero se encuentra con Segismundo, el hijo del rey encarcelado. Clotaldo sorprende a la disfrazada Rosaura y su criado y los detiene; después descubrirá la identidad de Rosaura como mujer y reconocerá que es su hija viéndose enfrentado al dilema de denunciarla ante el rey por haber entrado en la torre donde está preso Segismundo o proteger su vida. Decidido a ser fiel por encima de todo, delatará a su hija ante el rey, pero éste no tomará ninguna represalia porque él mismo había decidido revelar la existencia de Segismundo y lo había llevado dormido a la Corte, descubriéndole que era su hijo y haciéndolo público. El rey, que lo había encerrado desde niño porque según sus adivinaciones por las estrellas creía que iba a ser un hombre violento y un rey tirano, esperaba que se comportara de manera civilizada y respetuosa dándole una oportunidad librándolo. Pero Segismundo, confuso y embrutecido por el largo encierro, actuará de forma desordenada y violenta. El rey decide devolverlo a su encierro y hacerle creer que todo ha sido un sueño. Sigue leyendo

Libertino.- Compañía Marco Vargas y Chloé Brûlé

Libertino
Compañía Marco Vargas y Chloé Brûlé

Teatro de Santurtzi (Santurce)
20 de octubre de 2017

Dirección, coreografía y baile: Marco Vargas y Chloé Brûlé
Textos e interpretación: Fernando Mansilla
Cante: Juan José Amador
Composición musical: Gabriel Vargas

No me gusta el flamenco. El actor, poeta y autor del texto lo escribía y decía y repetía desde el inicio del espectáculo. El actor, poeta y autor del texto poético bailado, tenía un problema con el ritmo; perdía el compás y la vida se le iba. Con una novia del Penedés se fue a Sevilla, y su novia, que entendía el ritmo de la vida, se fue con su profesor de baile flamenco, que era gitano aunque no lo era. Y el poeta, autor y actor, se quedó solo con el canario que, además, cantaba bien. Tuvo otra novia, que también bailaba flamenco mientras él escuchaba a todo volumen blues y rock and roll para sufrimiento y queja de los vecinos.

Libertino” es un poema de la soledad y el pulso de la existencia en el cual los recuerdos nos empujan a abandonar “el dorado aislamiento” para “participar en el flujo de la vida”, conscientes de que “al fin y al cabo / somos el compás que llevamos”, en palabras de actor, autor y poeta Fernando Mansilla.

A mí, que tampoco me gusta el flamenco, me pareció un espectáculo de una ética y estética admirable; confieso que no sé dónde empezaba el baile flamenco y dónde terminaba la danza, el paso de ballet, el desgarro del gesto, en un lenguaje corporal y gestual apoyado en el ritmo del taconeo, las palmas, las percusiones sobre el cuerpo y los objetos. Y  todo ello, cuando la música electrónica se desborda como una catarata arrolladora en forma de rock, se funde de manera hermosa y atronadora. Al final, ¿qué estamos viendo y sintiendo? Pues, sencillamente, la expresión del lenguaje poético de la música y la danza leyendo los versos de la vida. Algo mágico. La voz del cante se alza desnuda, rota y sola, sin apoyo instrumental; los cuerpos se apoderan del espacio y los objetos para despertar las emociones; un abanico es mariposa, amor, feminidad,  sensualidad; una cacha es afirmación, masculinidad, firme ternura.

A mí, que no me gusta el flamenco ni intento dar unas palmas, me enamoró “Libertino” y el trabajo excepcional sobre el escenario del bailarín Marco Vargas y la bailarina Chloé Brûlé, la voz de Juan José Amador, el ritmo poético de Fernando Mansilla. Y, sinceramente, no me importaría volver a verlo y aplaudirlo.

González Alonso

Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro, 2017

Almagro, Festival Internacional de Teatro Clásico 2017

El Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro está de cumpleaños; nada menos que puede brindar por la cuadragésima convocatoria; cuarenta celebraciones que hacen toda una historia en favor del teatro y que ha supuesto la dinamización de la vida cultural, artística y económica de la ciudad en torno a los espacios del Corral de Comedias, el Teatro Municipal, el Teatro Hospital de San Juan, la Antigua Universidad Renacentista, el Espacio Miguel Narros o el Claustro Museo del Teatro. ¡Felicidades!

Molière: Los enredos de Scapín (Versión en hebreo de Nathan Alterman)
Lope de Vega: El perro del hortelano
Entremeses: La sarna de los banquetes.-Vélez de Guevara; El entremés nuevo del cochino de San Antón (Anónimo)

Los enredos de Scapin, de Molière en versión de Nathan Alterman y dirigida por Udi Ben-Moshe. La puesta en escena correspondió a The Jerusalem Khan Theatre.

La compañía israelita The Jerusalem Khan Theatre abrió las puertas de la creatividad en el Espacio Miguel Narros con una versión en hebreo de la obra de Molière a la que pudimos acceder salvando la dificultad del idioma para disfrutar de cada matiz de esta comedia con el clásico final feliz.

Los enredos amorosos de cuatro jóvenes y los inevitables y previsibles problemas y rompederos de cabeza de sus respectivos padres, que deseaban otra cosa bien distinta para cada uno de sus respectivos hijos, acaban resolviéndose gracias a los buenos oficios de una especie de “celestina” llamado Scapín que consigue, no sólo que los jóvenes se salgan con la suya, sino que sus propios padres lo paguen de sus dineros con mucho dolor de sus almas. De paso, Scapin se tomará algunas pequeñas venganzas personales con su amo –uno de los padres del enredo- de las que también saldrá escarmentado.

Enredo, situaciones cómicas, risas y sano divertimento del que puede sacarse alguna lectura práctica, como lo inútil que resulta oponerse a las decisiones del amor, así como aprender de la eterna discrepancia de pareceres entre generaciones.

Del resultado final no será el único responsable su autor, Molière, sino la excepcional labor de interpretación y puesta en escena del elenco israelita siguiendo la adaptación del poeta hebreo Nathan Alterman. La excepcionalidad cómica de los actores y actrices, su expresividad y el acertado manejo del ritmo y el espacio escénico, nos hicieron olvidar que escuchábamos los diálogos en una lengua desconocida para –supongo- la inmensa mayoría de los espectadores y disfrutar plenamente de una buena noche de teatro en el Espacio Miguel Narros de Almagro.

El perro del hortelano, de Lope de Vega y puesta en escena por la Compañía Nacional de Teatro en la versión de Álvaro Tato y dirigida por Helena Pimenta.

La Compañía Nacional de Teatro siempre es garantía, en todos los sentidos, de buen teatro. A Lope de Vega no se le puede poner pega. Y Helena Pimenta en la dirección es una apuesta segura. El reparto, impecable.

Y con todo, es difícil sustraerse al trabajo que para el cine realizó Pilar Miró de esta comedia. En la comparación tal vez el que sale peor parado es el papel de Teodoro y el que mejor resultó fue el de Marcela. Nada que objetar, se entiende, a la muy buena interpretación de todo el conjunto.

La comedia que discurre por tierras de Nápoles está bien armada en su escenografía y el bien estudiado espacio escénico con una gestión de la acción y el manejo de los tiempos que hacen muy atractiva la representación sólidamente apoyada por la realización musical y la iluminación. Otra característica corresponde al vestuario, adelantando la comedia del Renacimiento al Barroco.

La historia de Lope de Vega cuenta cómo una hermosa y joven condesa se enamora de su humilde secretario. En el camino de este amor se interpone la diferencia de clase, el honor, la ilusión, las dudas y los celos. La condesa quiere y no quiere el amor de su secretario, facilita e impide el amor de éste con Marcela, una criada de la casa, dispone, hace y deshace sin acabar de decidirse, hasta que el amigo del enamorado y contrariado Teodoro, el secretario, discurre una estratagema para buscarle un padre noble y rico a Teodoro. La argucia complace a todas las partes, incluido el supuesto padre que había perdido a su hijo y cree y quiere encontrarlo en la figura del secretario de la condesa.

Superadas las formas, ya no importa que sea real o no la ascendencia de Teodoro y el amor se abre hueco entre las estrechas exigencias de la sociedad y sus convencionalismos. Todos saben que es una farsa. Pero la sociedad misma está montada como una farsa. Lo único verdadero es el amor, el de de Teodoro y Diana, y el amor paterno del marqués que vuelve a sentir la presencia del hijo que le faltaba. Con esto basta para este perro del hortelano que, por fin, come él y deja comer al amo.

El entremés nuevo del cochino de San Antón (Anónimo)
La sarna de los banquetes.- Vélez de Guevara

Con el anuncio de los Microrrelatos, la compañía TCA (Teatro Clásico de Almagro) inaugura un nuevo espacio, un pequeño patio semiderruido y en venta, dos portales más allá del espectacular Corral de Comedias en la misma plaza de Almagro; es la otra cara del Festival Internacional de Teatro Clásico, la que abre sus puertas y su buen hacer con los diferentes y divertidos entremeses a los que el público responde agradecido llenando cada representación, que no va más allá de la media hora de duración.

La compañía es muy conocida y experta en este tipo de puestas en escena, desarrollando una amplia e intensa actividad teatral y educativa a lo largo del año. Además de haber disfrutado sus interpretaciones en años anteriores, también hemos podido ver y aplaudir a este elenco en el Museo Guggenheim de Bilbao con El vizcaíno fingido y El retablo de las maravillas de Miguel de Cervantes, el pasado 19 de diciembre de 2016.

En esta ocasión nos hicieron reír y disfrutar con el conocido entremés nuevo del cochino de San Antón, de autoría desconocida, y los líos y ocurrentes trucos para ocultar ante su marido las infidelidades de una mujer casada con el sacristán de turno, así como el escarmiento de ambos cuando el marido descubre el engaño y confirma sus sospechas de traición y condición de cornudo.

El segundo entremés corresponde a Vélez de Guevara, titulado “La sarna de los banquetes”. El argumento se centra en el modo de vida picaresco de un soldado que se hace invitar cada día a la mesa de un hidalgo rico y cómo los criados de la casa hacen ver al dueño que está siendo objeto de engaño y desangrado por el autoinvitado que, con cualquier pretexto en cada visita, se quedará a comer en la casa. Serán los mismos criados quienes, de acuerdo con el amo, le procuren el escarmiento suficiente para alejarlo definitivamente de la casa.

Tarde apacible, alegre y distendida en este pequeño patio de comedias, rústico, elemental, incluso precario, pero lleno de riqueza humana y artística gracias al empeño de esta compañía, contrapunto y entremés del Festival de Teatro Clásico de Almagro.

González Alonso

La puerta de al lado

La puerta de al lado
Fabrice Roger Lacan

Teatro Barakaldo
15 de julio de 2017

Dirección y adaptación.- Sergio Peris Mencheta

Intérpretes.- Silvia Marsó, Pablo Chiapella y Tofol Martínez (músico y narrador)

La puerta de al lado” es una comedia escrita por F.Roger Lacan, nieto del psicoanalista francés Jackes Lacan, adaptada y dirigida por Sergio Peris Mencheta e interpretada por Silvia Marsó, Pablo Chiapella y Tofol Martínez  como músico y narrador. La producción es de Barco Pirata Producciones.

La definición de “comedia” nos remite a una clase de obra dramática, opuesta a la tragedia, que muestra lo ridículo con elementos que divierten y hacen reír, y con final feliz.

Desde Aristófanes al teatro español del XVII y la actualidad, los elementos que definen la comedia permanecen inmutables en la búsqueda de entretenimiento, la exageración de los defectos o  los vicios de los personajes que responden a estereotipos de los que se amplifican y caricaturizan sus conductas, y que pueden tener un tono moralizante o de denuncia social.

¿Qué diferencia, entonces, a una buena comedida griega de una española del Siglo de Oro o de otra actual? Pues, básicamente, el modo de vida de las personas representadas, la complejidad del desarrollo tecnológico de la sociedad y el modo de vida. Lo demás, incluidos los problemas existenciales, vitales y de intereses de las sociedades, son –básicamente- los mismos.

Así, tenemos a un F. Roger Lacan escribiendo una comedia y encontramos a unos intérpretes representándola por última vez, última ilusión, últimos aplausos, en el Teatro Barakaldo.  Decimos que es una comedia porque entretiene, hace reír de manera saludable y nos ofrece la representación de dos personajes que obedecen a las características mencionadas exigidas para una comedia. Sigue leyendo

Marat Sade (Peter Weiss) por el grupo teatral Atalaya

Marat  Sade
Peter Weiss

Teatro Barakaldo, 29 de abril de 2017

Atalaya Teatro

Nos encontramos ante una obra de teatro difícil, compleja, de una intensidad dramática que para cualquier actor supone un gran desafío. ¿Quién puede, de manera excepcional, enfrentarse a un hecho teatral de esta naturaleza? En su momento lo hicieron posible nada menos que Alfonso Sastre adaptando la versión en español de Peter Weiss (1963) y Adolfo Marsillach (1968) con la inestimable colaboración del grupo teatral Los Cátaros dirigido por Alberto Miralles, grupo con el que –brevemente, pero de manera intensa- tuve la suerte de actuar un par de años más tarde y cuya experiencia forma parte de la buena memoria que conservo del teatro.

Pero, anécdotas y recuerdos aparte, se puede decir que hoy día solamente puede afrontar el reto de poner en escena una obra como Marat Sade un elenco teatral de la talla indiscutible del grupo Atalaya, Premio Nacional de Teatro 2008. Y con eso, respecto a la calidad del espectáculo, está todo dicho. Sigue leyendo

Cervantina, de Ron Lalá coproducido con la Compañía Nacional de Teatro Clásico

Cervantina
Ron Lalá en coproducción con la Compañía Nacional de Teatro Clásico

Teatro Serantes de Santurce / Santurtzi
29 de marzo de 2017

La ironía y la risa, hijas naturales del humor y hermanastras de la locura, fueron arma y bandera de Miguel de Cervantes en sus obras, particularmente en el Quijote, y herramienta al servicio de la “defensa de la libertad” que Ron Lalá convierte en virus cervantina con “ataques de risa inteligente, lucidez lúdica e ironía aguda” como síntomas más destacados, según sus propias declaraciones.

Cervantina tiene muchos aciertos; se trata de un ambicioso montaje armado sobre un soporte musical de canciones que enlazan y comentan la obra. Su ritmo resulta vibrante en un trabajo agotador para los actores y exigentemente grato para los espectadores. La recopilación de textos cervantinos y el repaso de la vida del autor de las Novelas Ejemplares son exhaustivos y oportunos; las adaptaciones al lenguaje de hoy están hechas con naturalidad, el trabajo creativo de los textos volcados por el grupo es excelente. Todo es de aplaudir. Pero me gustaría comentar que, mientras seguía el discurso de la obra teatral, pensaba que estaba escuchando y entendiendo a Cervantes tal y como lo escuchaban y entendían sus coetáneos, sólo que cuatrocientos años después. Me refiero a la inmediatez de lo que se decía, a su ubicación en la vida cotidiana; es decir, que los Ron Lalá han sabido leer a Cervantes para decirnos lo que hoy nos pasa y vivimos, o sufrimos.

No es la primera vez que Ron Lalá se ocupa del mundo cervantino. Hace unos tres años ya nos asombraron con el montaje “En un lugar del Quijote”. Si entonces como ahora digo que no se les puede poner ninguna pega, no exagero. Bueno, si hay que ponerles un pero, diré que se puede hacer bien, pero mejor, imposible.

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Una casa de muñecas sobre la «casa de muñecas» de Ibsen

Una casa de muñecas
Producción del Teatro Arriaga (Bilbao)

Auditórium municipal de Leioa (Vizcaya)
10 de marzo de 2017

Son de agradecer y aplaudir el entusiasmo y la profesionalidad del cuadro escénico, así como la loable intención de Revueltas y Mirou de acercarnos al dramaturgo noruego Henrik Ibsen (1828-1906) y su “Casa de muñecas”. Pero no puedo dejar pasar por alto algunas críticas y opiniones personales sobre el resultado final del intento.

Digo que, salvado el aspecto de la interpretación con una nota alta, la obra “Una casa de muñecas” sobre la “Casa de muñecas” de Ibsen, se resiente en muchos aspectos y en otros muchos consigue meritorios aciertos. Así, la parte del trabajo que se desarrolla en un plano argumental actual y realista, dejando fluir la libertad expresiva cargada de naturalidad en las escenas de los debates sobre la obra a representar, se percibe pueril en el uso del lenguaje obsesionado con los genéricos en un los-las, todos-todas, hasta la estupidez “progre” del “les reunidos reunidas” y etc. etc. y, de igual modo, flaquea en el desarrollo ideológico desde un marxismo mal planteado o planteado como pretexto y un feminismo peor entendido. Las circunstancias precitadas provocan un distanciamiento muy pronunciado del calado de denuncia de la obra de Ibsen. La superficialidad, irracionalidad del intento estéril de sexualizar el lenguaje y convertirlo en algo para lo que no está hecho, así como la estulticia de las actitudes exhibidas y mantenidas dogmáticamente hoy día ante el problema de los roles sexuales y sus consecuencias para mujeres y hombres en su vida afectiva y social aparecen como una parodia salpicada de salidas ingeniosas y discusiones infructuosas frente a la hondura del texto original.

Si poner de manifiesto semejante brecha forma parte de las intenciones y objetivos del montaje, debo admitir que lo consiguen con total solvencia. El estado de la cuestión en la actualidad se refleja en su simplicidad con tremendo acierto al lado de la profundidad de los planteamientos y el discurso valioso para el debate de Ibsen en las postrimerías del siglo XIX. Digamos, pues, que todas las escenas preparatorias del ensayo de “Casa de muñecas” no pasan de ser una algarada huera y con poco sentido, llenas de las inevitables contradicciones y planteamientos erráticos y erróneos para encontrar el meollo de la cuestión y el fundamento dramático en las escenas y los cuadros de la obra de Ibsen que se representan como ensayos en la obra.

Dicho lo anterior y pasando por alto las concesiones y guiños al euskera, con la acertada denuncia de que “Casa de muñecas” no haya sido traducida todavía a esta lengua, igual que las alusiones al Teatro Arriaga (promotor de la obra) y otras circunstancias anecdóticas de carácter localista, hay que reconocer el indiscutible y meritorio trabajo de interpretación y la puesta en escena de una obra de texto y una duración importante. Hechos estos reconocimientos y agradecimientos merecidos, sólo puedo agregar que al salir del teatro lo hice pensando que, a veces, es mejor dejar a un lado las recreaciones e ir directamente al producto original.

González Alonso

El Retablo de las Maravillas (Cervantes)- Morfeo Teatro

El retablo de las Maravillas
Miguel de Cervantes

Morfeo Teatro
Burgos

Adaptación y recreación dramática de Francisco Negro

Dirección: Francisco Negro

Cuadro escénico: Francisco Negro, Mayte  Bona, Felipe Santiago, Adolfo Pastor, Santiago Nogués, Mamen Godoy y Joan Llaneras en el papel de Cervantes.

Nos encontramos ante una sátira sobre la hipocresía,  la pieza original del entremés de Miguel de Cervantes que da título a la obra y que Morfeo Teatro proyecta de manera amplificada y actual a partir de textos escogidos de una selección de  obras  cervantinas como otros entremeses (El juez de los divorcios), el prólogo de las Novelas ejemplares, distintos capítulos del Quijote, El coloquio de los perros, La elección de los alcaldes de Daganzo, textos como el Discurso de la edad de Oro, etc.

A partir del carácter humanista con influencia erasmista de Miguel de Cervantes, la puesta en escena de este Retablo enfrentará a los personajes ante la corrupción y las bajezas de la sociedad para la que el aforismo “entre la virtud y el dinero, lo segundo es lo primero” estaba entonces, igual que hoy, totalmente justificado. Todo es válido mara medrar a costa del ciudadano. El paralelismo con la situación que vivimos y padecemos los españoles de este siglo XXI, a 400 años del de Cervantes, es evidente. Una casta política, empresarial y financiera sin escrúpulos, enriquecida con la pobreza general, falta de honestidad, carencia de vergüenza, demasiada prepotencia y –sobre todo- una miserable vida interior y cultural, una ignorancia supina para una existencia cuyo mayor ideal es acumular lo más rápidamente posible más riqueza y detentar mayor poder. Y al otro lado, una masa cada vez más grande de clases medias empobrecidas y una clase obrera embrutecida persiguiendo la zanahoria del consumo, la mediocridad y el éxito sin esfuerzo ni trabajo personal, para lo cual la educación es un estorbo. Existen, por otro lado, grupos sociales con inquietudes erráticas, posturas maximalistas y demagógicas, carentes de verdadera reflexión, conocimiento y análisis, que se presentan como alternativa guiados por  impulsos primarios, apelación a lo afectivo y lo irracional, que hacen las delicias de las castas dominantes, pues desde su oposición, les hacen un gran servicio. Y existen, desafortunadamente menos, aquellos que como Cervantes, elevan la voz contra este estado de cosas y –como se subraya en el programa de mano de la obra- “la crítica de la rapiña en los negocios, el engaño, la prevaricación, la hipocresía, el premio a los necios y el olvido de los honrados, la envidia como pecado nacional”, los gigantes contra los que don Quijote creyó necesario luchar.

Todo el drama desarrollado a partir de lo que se presenta como un ligero y entretenido entremés, abarca a toda España y toda su realidad histórica, de modo que Cervantes y su ingenio son reconocidos en Pablo Picasso y su pintura; o Pablo Picasso y su pintura nacen en el mismo Cervantes y su ingenio. El caballo desquiciado por el horror de la guerra galopa en las patas de Rocinante. Resulta asombroso el acierto de la puesta en escena en la cual se utilizan las imágenes picassianas para encajar con las cervantinas en un difícil puzle llamado España.

En el entremés de Miguel de Cervantes, serán los necios regidores del pueblo, el gobernador, el alcalde y el aspirante a clérigo los que, para salvaguardar sus privilegios y mantener su estatus, afirmarán ver lo que no existe, mintiendo en sus exageraciones para resultar más convincentes. En el entremés que Morfeo Teatro nos abre a través de la mano de Francisco Negro, serán esos mismos cretinos los que se empeñarán en no ver lo que se les aparece, negando y mintiendo una vez más ante la severa realidad que Cervantes pone ante sus ojos.

A la luz de este soberbio trabajo dramático, tanto en su concepción como en su realización e interpretación, se entiende cabalmente que la obra del autor del Quijote sea universal, pues es una obra capaz de hacerse a sí misma en cada lectura a través de los siglos, capaz de generar nuevas imágenes y conectar directamente con la actualidad. Los textos cervantinos, manejados tan inteligentemente, han sido la ocasión de abrirnos las puertas de otro retablo, y lo ha hecho con tal fuerza, que el primero –concluida la función- se percibe como un bello prólogo, una entradilla, a la gran representación del segundo.

No importan las celebraciones centenarias, siempre ocasión para los hipócritas que nada entendieron ni entienden de Cervantes rasgándose las vestiduras con la muerte del autor para loarlo de español ejemplar. Si de verdad hubieran entendido algo –entonces y ahora- se habrían callado y escondido en sus ratoneras. O tal vez resulte ser la misma estupidez la que los empuje a actuar de este modo, tergiversando el significado de la obra de Cervantes y manipulándola con la intención de ponerla al servicio de sus intereses más espurios o bastardos.

Decía que las celebraciones centenarias son anecdóticas. Cualquier día, semana, mes o año, son ocasión apropiada para adentrarse en el humanismo cervantino por la puerta de su teatro, sus entremeses, su poesía y sus novelas. La lectura inteligente y creativa de Morfeo Teatro, en la que la picaresca del Siglo de Oro se cuela por los arlequines y los cuadros de Picasso, nos demuestra que otro mundo es posible y nos abre las puertas a la esperanza de adentrarnos en él haciendo posibles los ideales del “hombre que creía en el honor, los principios y la justicia”, superando la mediocridad, el embrutecimiento y la ignorancia de quienes conducen y empujan a la sociedad hacia la mediocridad, la ignorancia y el embrutecimiento o la barbarie. Por todo ello, contra la estupidez y a favor de la inteligencia, aplaudimos sin reservas el final de la representación del elenco burgalés Morfeo Teatro, principio de la visión de los monstruos y amenazas de este retablo de las maravillas que es nuestro país. A partir de aquí, todo es posible.

González Alonso