De las olas y los barcos hundidos

 

.

Arde, cruje los metales de la poesía
para llenar este vacío inmenso          de claro mediterráneo
y busca las olas
                                                            que hundieron
                                                            los barcos

Primer barco de amor                        sobre arenas y lunas
de septiembre.

Segundo barco de mástiles de nieve.
Tercer barco de primavera                 con la quilla
partida
en los acantilados

Cuarto barco de besos perseguidos
en las esquinas.
Quinto barco                                        sobre las aguas del puerto
en el verano.

.

Julio G. Alonso

.

Poema publicado en la antología Universos Diversos – Poesía del Siglo XXI (2009)

Los ojos de los niños

.Mirada infantil.

Los ojos de los niños
son como
los ojos del hambre
o los ojos
del amor;
cada mañana se abren
buscando
nuevos horizontes
y cálidos soles,
y se cierran cada noche
con la angustia de un sueño
– vida fantasma –
en su retina
cansada. O con bailes imposibles
de estrellas
y princesas. A veces,
con nada.

Los ojos de los niños
interrogan siempre;
les encantan y sorprenden
el pájaro y la gota
que se desprende pura
del alero.

Los ojos de los niños
están tristes
en los días grises del invierno.

Los ojos
de los niños
son como
los ojos del hambre
o los ojos
del amor.

Son miradas sin sombra
al miedo de la vida. Respuestas
de pupilas abiertas al asombro.

Como los ojos
del hambre.

Desgranan sonrisas luminosas o lágrimas
en los juegos
o en el viento
o en los ojos del amor.

Así son
los ojos de los niños.

Julio G. Alonso

El Cañueto.- El bandolero de La Omaña (León) – (1)

El Cañueto.- Foto: Diario de León

El último bandolero leonés conocido fue Benito Perales que allá por 1908 y con sólo 16 años consiguió el título de el rey de los Picos de Europa. Su amistad con pastores y el respeto ganado entre las gentes de los caseríos de la zona con los que compartía anís, chocolate y golosinas, no le evitaron un final trágico a manos de un grupo de cazadores que abandonaron su cadáver entre las paredes de la cárcava en la que le dieron muerte y donde todavía -aseguran- pueden verse sus restos.

Conmueven estas historias del romanticismo de los bandoleros que en los siglos XVIII y XIX cobraron gran protagonismo en gran parte de España. Gente tirada al monte, ágiles y astutos, que robaban para sobrevivir y para compartir, en muchas ocasiones, con los más pobres el fruto de sus fechorías.

Pero el caso es que estos días nos ha asaltado la noticia de la detención de El Cañueto, el llamado bandolero de la Omaña. Y a uno, de repente, se le para la respiración. Al bandolero leonés de Marrubio, allá en la Cabrera, se le vio perderse en el monte cuando apenas rondaba los 12 años de edad; luego volvería para ser pastor ejemplar y de confianza, hasta que la vida que todo lo enreda le empujara de nuevo a la soledad de las montañas, plantándole cara a los lobos y a los mordiscos del frío y las noches de los inviernos, con tres dedos menos en su mano izquierda que un explosivo traidor le arrancara siendo niño. Sigue leyendo

Cementerio de pájaros

.
Amanecen
revuelos
de pájaros; aquellos, los mismos que anidaron
años de pantalones cortos y vestidos con lazos
perfumados
de las misas de domingo, torres
de campanario,
hoyos de guá en juegos de canicas;
aquellos
que alzaron en los picos
la extenuada soledad
de la memoria
de la infancia y me pregunto
dónde abandonaron sus alas el aire,
en qué rincón murieron
y dejaron el último latido temblando entre las plumas
de la breve primavera.

Retornan
vuelos
de pájaros –los que cruzaron atrevidos cielos
de juventud-
a la extremada nostalgia del recuerdo,
soles de veranos,
cuerpos abrazados
y amarilla miel en las colmenas
de los besos. ¿Y en qué lugar
murieron? ¿Quién los vio la última vez?
¿A dónde fueron?

Volaron
los pájaros
y multiplicaron
el clamor de sus cantos en los nidos de otoño; ¿pero dónde
dejaron
el batir frenético de sus alas? ¿Dónde
murieron todos?

Y miro
hoy
los pájaros
en revuelos ruidosos en mi torno; tal vez –me digo-
aquellos, los mismos que me digan
a qué lugar
conduce
el leve último vuelo
de los días
de invierno.

Julio G. Alonso
 
Nota.-Poema publicado en la Antología de Poemas Alaire (enero, 2008) y traducido al rumano por Andrei Langa en OAZA DE CUVINTE
Traducido al portugués por Tania Alegría en el cuaderno de Ana Muela Sopeña, Um Oásis de Palavras: Cemitério de Pássaros

Lejos queda León

La Valcueva y Palazuelo (León)

.

Ay, lejos queda de León la suerte
y ausente el alma para sí suspira,
que no basta escribir cuanto te inspira
para acallar la pena de no verte.

Si grande fue la dicha de tenerte
y sueño el aire que tu luz respira,
ya no es menor la angustia en que se mira
esta ausencia y el miedo de perderte.

Asentado a la orilla del camino
miro lejos y llega al horizonte
con la mirada un sueño peregrino

que alcanza de tus tierras el destino
hecho valle, genciana, río, monte
y el calor de tus gentes y tu vino.

González Alonso

.

Estos versos van desde aquí dedicados a mi prima Flory González, con el deseo de que le gusten y en el convencimiento de compartir esa dulce añoranza de la tierrina que nutrió nuestra infancia. Con cariño.

La sal derramada

.

Los nombres que mi boca niega, el hambre
que los ojos no ven; la dura ausencia en blanco escrita
al alba de los días. Qué inútil,
qué vana pretensión el refugio vacío del recuerdo,
reflejo de agua en el espejo estancado de las aguas.

Inmóvil en el centro del silencio gritas,
sin voz gritas, sin palabras te nombras
y adjetivas. Qué amarga saliva
de besos
en labios yermos, qué calor frío
en el hueco del verano, secos los arroyos.

Sólo el viento azota furioso las miradas
y entre los dedos del tiempo, poco a poco, escapa
la sal derramada del olvido.

González  Alonso

Olvido.- Lost in Mongi (El Weblog de Caperucita Rusa.-1/3/2006)

.

Esan dezaket.- Puedo decir

Bitácora: Rompiendo cocos.-La sequía y la desertificación-17-6-2009

.

Esan dezaket
loreak etorri zaizkigula; ordea, udaberria
oraindik urrun dagoela ere
esan dezakegu.

Esan dezaket
mundu honetan badagoela jendea
goseak hiltzen dena;
beste jende batzuek, bitartean,
ugaritasunak hiltzen dituela ere
ikus dezakezu.

Esan dezaket
umeek negar egiten dutela
gauez ametsgaiztoak dituztenean; ordea,
jakin badakigu ere, herri batzuetan
eztandako bonbek egunero akabatzen dituztela.

Esan dezaket
euria goian-behera ari duela
leku batzuetan
eta beste leku batzuetan urarik gabeko iturriei
ura tantaka dariela.

Ez dakit zer gehiago esan dezakedan;
nahiz eta munduko egoeari dagokionez
oso latza izan,
bizirik jarraitzen dugu eta esker oneko
hitz hauek
ezin dutela tristezia ezabatu
esan diezazueket.
.

 

Bitácora: Argumentum ad ignorantiam.-Bombardeo en Shangai, 28-8-1937

.
Puedo decir
que nos han llegado las flores; en cambio,
también podemos decir
que la primavera está lejos todavía.

Puedo decir
que en este mundo hay gente
que muere de hambre;
mientras tanto, también podéis ver
que la abundancia mata a otra gente.

Puedo decir
que los niños lloran por las noches
cuando tienen pesadillas; sin embargo,
también podemos saber que en muchos países
las bombas que explotan los matan
todos los días.

Puedo decir
que está lloviendo a raudales
en muchos lugares
y en otros muchos lugares
a las fuentes no les sale ni una gota de agua.

No sé qué más puedo decir;
aunque la situación del mundo
es angustiosa
seguimos vivos; pero debo deciros
que estas palabras
agradecidas
no pueden borrar la tristeza.

Julio G. Alonso

.

Bitácora:El escalpelo armónico (Carlos Emparan, Bilbao-1965) El Día de la Infancia, 23-11-2008

.

Como leonés afincado en Euskadi, en donde fui bien acogido, eché raíces, amigos y familia, deseo manifestar mi respeto y aprecio por la lengua vernácula, el euskera, de singular belleza y riqueza expresiva. Pese a no dominar este idioma y emplear, ordinariamente, el castellano en las relaciones diarias y en la escritura, me propongo realizar el esfuerzo de utilizarla en algunos poemas y escritos. ¡Me gustaría tanto poder hacer lo mismo en Lleonés! Pero en la que debió ser mi lengua original sólo puedo conformarme con oírla y leerla en las escasas -cada vez más- oportunidades que se me brindan.

Las lenguas son una riqueza y un patrimonio de la Humanidad que deberemos respetar y conservar; sirven a la comunicación de las gentes desde los sentimientos, la emoción y la cultura, a veces milenaria, de sus raíces. Guardan inmensos tesoros que está en nuestras manos no perder.

Nota.- El poema está originalmente escrito en lengua vasca o euskera y posteriormente intenté la traducción al castellano. Resulta realmente difícil encontrar las expresiones adecuadas con la fuerza expresiva equivalente en otra lengua; pero he querido hacerlo para facilitar la comprensión del contenido del poema a todos cuantos se acerquen a leer este texto y que no hayan tenido contacto con este idioma u ocasión de aprenderlo. Espero que sirva y,  aunque antes de publicarlo lo sometí al criterio de algunos amigos, pido disculpas a los posibles lectores euskaldunes si encontraren algún defecto de forma. Pero si fuere así y me lo hicieran saber, mucho mejor para mejorar y seguir aprendiendo.

 

Nadie lo quiere creer. La patria de los espectros (Eusebio Calonge).- La Zaranda

LA ZARANDA.-Nadie lo quiere creer. La patria de los espectros. (Eusebio Calonge)

Teatro Barakaldo (Vizcaya-Bizkaia) 5 de febrero de 2011

El grupo teatral andaluz La Zaranda, premio Nacional de Teatro 2010, tal y como sugiere desprenderse de su nombre, a modo de criba o cedazo agita sobre su superficie enmallada el grano para, separándolo de la paja, ofrecernos un trabajo excelente apoyado en un ritmo sostenido, sin concesión a los tiempos muertos, aunque suene a ironía, en esta obra poblada de espectros.

El argumento sobre el que escribió Eusebio Calonge esta impecable pieza teatral es sencillo: una señora en una vieja y decadente casa, que se reclama descendiente de ilustres ancestros que llegan a los reyes godos, vive acompañada por su criada y un sobrino lejano. La muerte próxima se hace omnipresente; los recuerdos y, con ellos, los sueños frustrados, la herencia, la ambición y la decadencia moral y física que se transcribe en las heridas llagadas que nunca curan y el dolor siempre presente de los miembros progresivamente amputados.

Sobre el argumento precitado, La Zaranda, con su estilo peculiar renunciando a recibir los aplausos del público que ellos parecen preferir dedicar a sus personajes, construyen un espectáculo que no deja de impresionarnos ni permanecer indiferentes. Para ello, como singularidad, utilizan el andaluz coloquial con naturalidad, frescura y grandes dosis de ironía en acertados y sugerentes juegos de palabras.

En palabras de los propios protagonistas de la obra teatral, su intención no es sólo emocionar, sino llegar al cerebro, a la conciencia. Hacer que el espectador reflexione y se mire al espejo (sic). Y, en mi opinión, lo consiguen de forma muy eficaz con una representación que transita tanto por los brumosos ambientes del esperpento más puro y valleinclanesco, como por la ambigüedad y las incógnitas existencialistas del teatro del absurdo de Ionesco a Samuel Beckett. Los elementos románticos en la recreación de la muerte se resuelven en clave de humor. No dejan de hacernos reflexionar y sentir, sin que tengamos que abandonar la sonrisa o la carcajada, a veces. Así, con inefable maestría nos trasladarán del mundo real a la historia de una España del sainete y el esperpento (sic) Los espectros que se desplazan por el escenario y encarnan los miedos y fracasos, la vida ya a la orilla de la muerte con la rememoración de un pasado más deseado por imaginado que real, sabiéndose definitivamente abandonados a la suerte de un final de su tiempo, insisten en varias ocasiones en la sensación de realismo de su precaria y desesperada existencia, elevándola a la categoría de arte. Se multiplican las referencias al final para el que se prepara la protagonista ensayando su propio entierro y escuchando los discursos escritos para la ocasión. Soñaba con morir y murió soñando o para los muertos no se hace ya nada que dure para toda la vida, forman parte de las frases que se retuercen sobre los pensamientos y los miedos ante la realidad inapelable de un final seguro al que acompañan todos los fantasmas del pasado.

No estoy seguro de que la representación trate sólo sobre el pesimismo o sólo sobre el realismo. Tal vez todo ello forme parte del mismo mensaje de la obra, porque cuando parece que después de la muerte todo cambiará para los vivos que organizarán sus vidas con los despojos de la herencia y que amanecerá un tiempo distinto, nos damos cuenta de que no es así; los vivos decidirán disecar a la muerta, para lo que se ponen diligentemente a la faena, y fingir que sigue viva. Fingir, en definitiva, que ellos mismos siguen vivos. ¿Dónde está, entonces, la raya entre la vida y la muerte? ¿Hasta dónde hunde sus raíces la vida en la muerte y la muerte en la vida?

Voy a pensar que éstas y otras preguntas son las que, tanto Eusebio Calonge como los tres actores que dan vida a los personajes de la obra, persiguen que nos hagamos para iniciar el recorrido de una reflexión tan inquietante como enriquecedora. Dirigidos por Paco de La Zaranda, el trabajo sobre las tablas de Gaspar Campuzano, Francisco Sánchez y Enrique Bustos, es de una profesionalidad y calidad artística dignas de todo elogio; se trata de los mismos tres actores que dieron vida a la obra Futuros difuntos también comentada en este espacio de Lucernarios.

¿Qué más cabe decir? Pues que será un placer esperar para disfrutar del futuro trabajo del grupo gaditano La Zaranda, en el convencimiento de que no nos defraudará. Eso, y animar a quien tenga la oportunidad de ver el espectáculo para que saque su entrada y lo haga; o que si alguien, dentro de esta inmensa red,  la ha visto y quiera hacer su crítica aportando su visión personal sobre la misma, que también lo haga. A fin de cuentas, la opinión de una persona, cuenta; pero cuentan más las de muchas más personas. Lo dicho, y salud.

González Alonso

Poesía, sueño y locura

Muchacha leyendo, de Théodore Roussel.- Editado en ColoresA menudo insisto en que el apelativo de poeta me queda grande, que no es mi piel verdadera, y acostumbro a argumentar que la causa está en la reverencia y respeto que me inspiran los poetas a quienes admiro. Pues bien, hoy, aquí y en vuestra compañía, no estoy tan seguro de que sea ésta toda la verdad si sostengo lo que a continuación expondré, la relación entre la poesía, el sueño y la locura.

Empezaré por constatar que el entender la cosa de la poesía como cosa de locos, o al menos de gente poco convencional y extravagante, es algo conocido y de dominio público que las gentes más sencillas expresan sin tapujos. Hasta el cura de Huergas, don Julián, en el concejo leonés de Gordón, decía reconocer que en algunas circunstancias como las de encontrarse ante la belleza del campo o de las mozas, se salía un poco del lugar y se hacía el loco o el poeta. No hay desprecio o menoscavo de la persona y figura del poeta, pero sí se le atribuyen características poco acostumbradas que lo convierten en personaje raro que dice cosas a veces incomprensibles, otras hermosas y las más de las veces, comprometidas. Las gentes sencillas respetan a los poetas.

Yo he afirmado en alguna ocasión que la poesía tiene que ver con el mundo onírico al utilizar la palabra abriéndola a múltiples significados, evocaciones y sugerencias que conectan con ese mundo, resultando ser un poema, en ocasiones, un sueño del que al despertar encontramos apenas dos o tres imágenes vívidas, las que alcanzaron nuestro inconsciente y removieron nuestros cimientos.

Puede resultar anecdótico, o tal vez no, pero en más de una ocasión me he sentido asombrado escuchando poemas en una conocida emisora de radio, recitados por personas oficialmente locas.

Otro testimonio impresionante es el que nos da el leonés Leopoldo Leopoldo María PaneroMaría Panero, recluído largos años en el manicomio de Mondragón y de cuyas circunstancias actuales lo desconozco todo. Este poeta de la saga de los Panero de Astorga nos dice que su poesía, lejos de ingenua y abismal, no es más que un inmenso truco en el que la locura y la muerte se presentan como dos artificios más de un inmenso poema esteticista. Y es en su texto poético El Golem donde de manera conmovedoramente hermosa nos sugiere a través de la voz que le dice suavemente al Golem: no sueñes; porque, agrega más adelante, cuando anochece y te duermes, se oyen cánticos de iglesia, porque la voz de la iglesia es la voz de la muerte. Dirige su discurso al escritor, al poeta, para ti, que has rozado la última letra; para ti, que has soñado con la última letra y que dedicaste a ella toda tu empresa poética, recordándonos que hay algo peor que el sueño y que la cesación del sueño, y que ese algo peor se llama conciencia.

De este poeta oficialmente loco, sorprende la lucidez de su juicio sobre la poesía, nada en sí misma –dice- sin la lectura en la que no hay que buscar un contenido objetivo. Traslada todo el contenido poético al terreno de la subjetividad, aspecto sobre el que opiné algo parecido en la entrevista que me hizo Alonso de Molina, declarando que el verdadero poema no es fiel a otra realidad lingüística que la rotura del lenguaje por la metáfora y la metonimia, la sinécdoque, la aliteración y la rima. La poesía se parece así al lenguaje coloquial, y es, como aquel, una destrucción del lenguaje, una negación de la gramática. Pese a todo, los versos, la escritura, el poema, son una realidad objetiva dotada de belleza y en la abstracción de esa belleza es donde el poema corre el riesgo de carecer de sentido, en su invención del lenguaje.

El Marqués de Sade afirmó, y lo hizo además en verso, que

todos los hombres son locos; para no serlo
habría que encerrarse y romper el espejo.

Marqués de SadeEl autor de Justine y la Filosofía en el tocador, que si no estuvo loco, lo convirtieron en loco y se pasó la mayor parte de su vida internado en cárceles y manicomios fue quien, tal vez como nadie, nos demuestra con su obra el paso de lo racional a lo mágico.

Manuel Kant, para definir al loco, dice de él que es un sujeto que sueña despierto. Karl Christian Friedrich Krause, masón, filósofo y de gran influencia en el mundo hispanohablante y  Alemania, pionero en reivindicar la igualdad de los derechos entre el  hombre y la mujer, los derechos de los niños, así como los derechos de la naturaleza, se refiere a la locura afirmando que es un sueño dentro de la vigilia de los sentidos. Schopenhauer mantiene que el sueño es una demencia corta, y la demencia un sueño largo.

Luciana Prato, en un texto basado en una interpretación de la película de Jean Claude Lauzon, Leolo, y fragmentos adaptados de una entrevista a Julio Cortázar, nos remite a la vida de los niños y su relación con la realidad, lo material, cotidiano y habitual, y los sueños como generadores de mundos utópicos. Afirma que el primer momento de la construcción de la utopía es el sueño (se refiere al sueño de vigilia, aunque también analiza el sueño onírico);  el segundo momento,  agrega más adelante, es la escritura. La lectura y la escritura conforman así dos experiencias vitales para el soñador. Y el puente para el niño -¿sólo el niño?- entre lo cotidiano, la realidad, y el sueño, la utopía, es la literatura.

El niño sabe que la utopía alimenta la vida, y entre los creadores de la utopía el niño encuentra al poeta, el domador de versos, un Quijote que lucha contra molinos de viento. Por último, y por no resultar exhaustivos, Luciana Prato aborda la relación del sueño y la locura con el convencimiento de que para soñar, utopizar, es necesario cierto aire de locura y considera que el soñador es loco porque una intensa pasión se apodera de su cuerpo y lo transfigura.

Manuel KantComo vamos viendo, sueño y locura van de la mano en las reflexiones de no pocos pensadores. A poco que preguntemos y busquemos, la maraña de teorías y estudios sobre el sueño nos envolverá de manera vertiginosa y nos colocarán al lado de la locura o instalados en la misma locura. Spitta viene a decirnos que el sueño concede al sujeto atormentado por sufrimientos físicos y sensoriales aquello que la realidad le niega, bienestar y dicha. No se trata de convertir al poeta y su oficio en un caso clínico, pero de la atormentada visión del mundo del poeta sabemos algo y de la búsqueda de la felicidad –anhelo compartido por cada ser humano-, también. El asunto está en saber si cada poema es o no la expresión de un sueño y si expresa en su lenguaje encriptado la voz de la locura. El mismo Spitta, encuentra las siguientes semejanzas entre el sueño y la locura:

1.- Se da una supresión o retraso de la autoconciencia.
2.- Existe una percepción modificada de los órganos sensoriales.
3.- Hay un enlace de las representaciones entre sí, exclusivamente conforme a las leyes de asociación y reproducción, formación automática de series y desproporción de las relaciones entre las representaciones como son las exageraciones, la existencias de fantasmas…
4.- Se manifiesta una modificación o perversión de la personalidad y el carácter.

El interés por este tema alcanza también a expertos reunidos en LocuraSeminarios en los que exponen sus conclusiones sobre aspectos como el sueño y la locura en los personajes de la literatura o los procesos psicológicos del sueño en la creación literaria, entre otros.

No estoy muy seguro de que muchas de estas características no se  correspondan con el fenómeno de escribir un poema. Pero tampoco, confieso con franqueza, me importa demasiado. De elegir un mundo de locos, prefiero éste de la poesía al de la violencia, el odio y la guerra… Hoy, estoy más cerca de aceptar el apelativo de poeta.

González Alonso

Artículo publicado en la edición nº 8 de la revista virtual Alaire (septiembre de 2008)

Artículo publicado en la revista en papel nº 16 de Alkaid (Valladolid).- Noviembre de 2012