vae victis.- ¡Ay de los vencidos!

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La alambrada.Vae victis!
Ad futuram memoriam

Hay un grito de bocas y de tierra,
una bruma de nombres, camposanto
de los pueblos de España, amargo llanto
del largo tiempo que el olvido encierra.

Y no hay vega, ni páramo, ni sierra,
otero o río que en su voz y canto
calle en grito la sangre o grite tanto
que ahogue el crimen que en su seno entierra.

¡Míra hoy las manos a la tierra dadas
en besos que la tierra presentía
grano a grano en las penas sepultadas!

¡Míra nacer allá donde moría
con luces, ay, en sombra amortajadas,
la memoria hecha hueso o poesía!

González Alonso

Fosa de Villamayor de los Montes (Burgos) julio de 2004.El paredón..Los vencidos.

Ricardo lll, de William Shakespeare, por el Teatro Atalaya

Teatro Barakaldo.- Compañía Teatro Atalaya.

Lleno absoluto. Y la magia del grupo Atalaya. Y, una vez más, el teatro como arma estética y cultural. No hay exageración al afirmar que el elenco andaluz dirigido por Ricardo Iniesta, al margen de los numerosos premios conseguidos, es tal vez el mejor de cuantos pisan los teatros españoles hoy día. La razón de ocupar este lugar de excepción se debe, sin duda, a un trabajo riguroso, serio y concienzudo,  que no renuncia a la investigación para llegar al hecho dramático y expresarse con una voz personal, propia, y un planteamiento coherente en una actuación eficaz que roza la perfección encima de las tablas.  En el caso que nos ocupa, la representación del drama histórico Ricardo III, de William Shakespeare, sobre una obra de Tomás Moro, el esfuerzo previo llevado a cabo por Ricardo Iniesta para desnudar de ornamento el texto original y profundizar de forma inteligente en la interpretación de las claves históricas nos ayuda a extraer la enseñanza encerrada en el mensaje sobre la falta de escrúpulos cuando se trata de conseguir el poder y de los crímenes contra la humanidad llevados a cabo para conseguirlo. Porque la figura del rey Ricardo III, contrahecho, deforme y espantoso, más psicológica y  humananmente  que lo que aparentaba físicamente, sirve de vehículo para denunciar el fenómeno actual, aunque disfrazado con otras estrategias, influencias, presiones, crímenes, asesinatos y guerras. La lógica del guerrero que representa Ricardo III es la misma de quienes se escudan en los gobiernos actuales en sus ambiciones de dominio económico, político y militar.

El tema, como he mencionado, de la lucha por el poder a través de las intrigas, la muerte y los asesinatos, se pone en escena con los recursos dramáticos adecuados mediante una escenografía ideada por Joaquín Galán en la que el elemento simbólico de la muerte se representa en las lanzas desplegadas sobre cada espacio en el que se va desarrollando la trama: la Corte, el salón real, la cárcel, el campo de batalla, el castillo o las alcobas. A veces son tronos, otras mesas, olas, espejos en los que se reflejan la crueldad o la desesperación, espadas o lanzas que, finalmente, se abatirán sobre el tirano en una escena final apoteósica.

Pero si la obra finaliza así, acompañada de la música de Mikel Laboa en un doble homenaje al cantante fallecido y a todas las víctimas de las tiranías, no resulta menos impactante el comienzo, cuando se  nos muestra la vida en la Corte, las intrigas, recelos, alianzas, amores, pactos y traiciones, en unos pasos de danza esperpénticos de los personajes, moviéndose, encontrándose, buscándose o huyéndose por las estancias palaciegas y reales. La iluminación de Alejandro Conesa  es otro recurso, un personaje más,  perfectamente imbricado en el montaje que llena el espacio de acción y tensión dramática, apoyada siempre en el trabajo musical de Emilio Morales.

No desdeña el grupo Atalaya el uso de recursos dramáticos expresivos como el teatro de sombras o el teatro balinés, y con un esmerado trabajo de expresión corporal, entre el comienzo y el final de la obra no dejan los actores y actrices que decaiga el ritmo y la tensión en ningún momento. A  la dificultad de reducir la obra a 90 minutos de representación de las probables 4 horas que llevaría la interpretación de la original, hay que añadir el problema de adaptar los versos yámbicos utilizados por W.Shakespeare, al español. La naturalidad de este tipo de verso en lengua inglesa y la fuerza fonética del mismo, encuentra difícil acomodo en nuestro idioma. El resultado de este esfuerzo se ha traducido en un texto magníficamente inteligible en la dicción perfecta de los intérpretes sin perder la fuerza expresiva original ni el ritmo acentual.

Pero todo este trabajo de equipo sería baladí sin los actores y actrices sobre el escenario. A la cabeza del reparto que hace posible esta explosión de arte en escena figura el actor Jerónimo Arenal. De su actuación, de su trabajo esmerado sobre el personaje del rey Ricardo III, de quien disecciona hasta el último gesto o pensamiento, sólo cabe el más rendido reconocimiento. No sólo hace creíble la figura del tirano, sino que nos transmite el temor y hace sentir el verdadero horror de sus crímenes. No me cuesta alabar y aplaudir su trabajo de ayer como tuve la ocasión y el placer de aplaudir su anterior trabajo en Ariadna, en un papel más corto pero no menos importante dando forma y vida al dios Dionisios, de lo que dejé constancia en su momento en esta bitácora.

Al placer de aplaudir la tarea del elenco del Teatro Atalaya y la de Jerónimo Arenal a su cabeza, me cabe el de haber tenido la ocasión de saludarle y estrechar su mano al final de la representación para hacerle llegar una pequeña parte del entusiasmo que él nos regala sobre las tablas, en forma de admiración.

Podría continuar escribiendo sobre obra y actores más y mejor si fuera crítico teatral, pero -todavía con la emoción reciente del espectáculo de ayer tarde- será mejor invitar a quien tenga la paciencia de leer hasta aquí a experimentar el teatro en estado puro acudiendo a la próxima representación de este Ricardo III de W. Shakespeare en la creación del grupo Atalaya, porque -y concluyo- William Shakespeare más el Teatro Atalaya es un fórmula explosiva que no deja indiferente a nadie.

González Alonso

París

   Museo de Orsay.-París

No puedo escribir París.  París no podrá ser nunca un poema,
sino el mundo,  hembra de pechos negros,
falo erecto en hierros sobre el Sena
que remueve sus aguas y sus pólenes.

Abre su luz París en pétalos de labios,
en besos húmedos y trenes suburbanos;
las calles multiplicando los ecos de Babel,
el gótico en volteo de campanas
y la belleza espontánea y natural,
cautivadora
en la mirada de la joven
y el saludo fugaz de su sonrisa.  París es grito
de alameda, Panteón de murmullos ilustrados,  l’amour l’après midi,
catedral de incienso.

No puedo escribir París; sólo razón, filosofía, barricada
de jóvenes airados, años repitiéndose a sí mismos
e interminable abrazo,  futuro,  espejo
en el que encontrarnos siempre
con el alma desnuda.  Si no puedo escribir París
escribo el mundo.

González Alonso

*Del libro  «Lucernarios» (Editorial Vitruvio.- Madrid, 2016)

La ecuación de la esperanza

Invierno.- Fotografía de Alfredo García ÁlvarezPrimavera.- Foto de Alfredo García Álvarez

Duerme la tarde en el jardín silente;
entre rumores de agua de verano
sueñan horas del aire que, serrano,
da apacible frescor al sol ardiente.

He llegado hasta el borde de esta fuente
de la edad, pretendiendo siempre en vano
alcanzar su frescura con mi mano
o que deje sus besos en mi frente.

Quizás será el otoño la ternura
de cantarines sones desvestida
y en colores mostrada su hermosura;

O amor será, tal vez, la noche obscura
del invierno que en nieves dé a la vida
la vida en primaveras de agua pura.

González Alonso

Verano.- Foto de Alfredo García ÁlvarezOtoño.- Foto de Alfredo García Álvarez

Bilbao, en once versos y dos poemas

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Acróstico de Bilbao

Bebes la noche húmeda, convulsa,
incierta y vacilante,
libre;
bogando en sueños como mares sueñas,
ausente ya de barcos, eres bancos, catedrales
o puentes o museos o algas de tu nombre.

Bilbao breve

No temas durar.     Resiste
Bilbao
la pisada del tiempo
y álzate en ola de lluvia al cielo
gris de tu  ría.         No temas.

González Alonso

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Poema publicado en el libro «Lucernarios» (Ediciones Vitruvio, Madrid-2016)

De azul me gustas

"Aeromoça" de Ana Patricia Almeida (en flickr, 19/10/08)

Azulito el vestido por la rodilla
de azul me gustas,
sin preguntar los años buceo en la mirada
tus ojos
claros
azules en tu risa

¡ay, niña!
risa de azul, el vestido en el aire
y el aire brisa
pasas como la alegría pasa
ligera
por la vida

y te posas
azulito el vestido
por la rodilla
en alas de mariposa, tacto
de aire, azul
de brisa
me gustas de azul;
tus ojos claros, los labios
rojos
como incendios de besos
apagándose
en el fuego de tu boca, sueños
de azul cuando llegas
pasas
y el aire empuja
en retamas y monte la fragancia avariciosa
de tu cuerpo
niña
cuando llegas y pasas azulito
el vestido
por la rodilla
me gustas de azul
azul
de azul
me gustas.

González Alonso

Navidad 2010

Ramo leonés de navidad.

La felicitación de estas fiestas viene acompañada de la ocasión de un villancico compuesto por Víctor F. Mallada con el que colaboré poniéndole letra. Yo digo que es un villancico gordonés, dado que tanto Víctor F. Mallada como el que escribe compartimos en La Pola de Gordón (León) años de infancia y juventud, así que algo o mucho de aquella memoria y raíces pienso que habrá en la composición que se completa con un vídeo con motivos navideños en los que no faltan las referencias a nuestra tierra, tales como el ramo leonés de navidad, las pinturas románicas de S.Isidoro con el tema de los pastores o las fotografías sobre La Pola de Gordón aportadas por el amigo Eloy José.

No creo que hubiera podido encontrar un motivo mejor para este deseo de felicidad y salud que este sencillo villancico que aquí os dejo y con el que renuevo todos y cada uno de los deseos que para todos dejé en la felicitación navideña de 2009. Espero  que os guste y que se vean cumplidos  vuestros mejores sueños.

Podéis pinchar en el siguiente enlace para escuchar el villancico ¡YA LLEGÓ LA NAVIDAD!:

http://www.youtube.com/watch?v=m9QJubRFIEQ&feature=recentlik

Salud.

Julio G. Alonso

NOTA.- También podéis seguir este villancico y encontrar la tablatura con los acordes de guitarra en la página musical de Víctor F. Mallada:

¡YA LLEGÓ LA NAVIDAD! Víctor F. Mallada

Aburrimiento

Aburrimiento ante el periódico*Mosca al borde del plato*Pintura de Ángelo Bronzino (Florencia, 1503/1572)

Dos veces pasó la mosca; volaba el aire
pegajoso y plomizo de la estancia
a la hora de la siesta
y se quedó, mancha negra, en el techo
envolviéndolo todo
con el silencio pesado de los espejos, las manos,
la tacita de café sobre la mesa,
los sueños entre los párpados y las horas analógicas
del reloj de pared.

Las páginas de los periódicos reposan sus titulares
obscenos,
callan los pájaros y el sol se estrella
contra las fachadas.

Nada anunciaba nada nuevo. La mosca, muda,
llenó el aburrimiento de silencios grotescos. Se vaciaron
las palabras
de los libros,
la música sonó en campana de vacío;
tampoco, entre el sopor, se movieron las ideas
o un gesto, un dedo, ni dedal, un pelo,
una pata
de silla o de mosca, una musaraña.

Cuando la mosca vuela dos veces
llega el aburrimiento de las cosas.

Julio González Alonso

Mosca doméstica

APUNTES SOBRE LA ESTROFA Y EL POEMA

Es pronto aún para decirlo y dependerá, en gran medida, de la suerte y la ocasión de estos nuevos poetas. Pero es posible que estemos asistiendo al nacimiento de las estrofas del siglo XXI. Y de la poesía del siglo XXI.

Sería conveniente superar la estructura del verso libre e inventar nuevas estrofas para el tiempo que nos ha tocado vivir y la manera concreta de tratar los temas eternos de la poesía.

González Alonso

Reseña del artículo La estrofa y el poema. Apuntes para las estrofas del siglo XXI

La estrofa y el poema. Apuntes para las estrofas del siglo XXI

Como hay una ciencia para todo, la Poética viene a ser aquélla que se ocupa del lenguaje poético y, según el DRAE, de los principios y reglas de la poesía, tanto en su forma como en su esencia.

Me temo que la Poética es la ciencia que menos conocen los poetas, que se mueven por los mundos del Parnaso distinguiendo a duras penas la poesía llamada lírica, la más practicada universalmente sobre todo en el tema amoroso, de la poesía épica o la dramática. Echad un vistazo a cualquier foro de poesía y podréis comprobar cómo el mundo del subjetivismo desde el que se expresan con mayor o menor calor los sentimientos, arrasa en aportaciones de trabajos. Los textos más objetivos sobre temas históricos, contar hechos o hazañas, propios de la épica, son apenas inexistentes. Y algo semejante ocurre con la poesía dramática en la que el subjetivismo y la objetividad se complementan cuando el autor entra a formar parte de la historia o se esconde tras los personajes.

Pero esta introducción es solamente un pretexto para entrar a pensar cómo se escribe actualmente y por qué se hace así. Cuando digo el modo de escribir actualmente me estoy refiriendo nada menos que al espacio de todo el siglo XX y lo que llevamos del XXI; el periodo más largo de la Historia de la Literatura en el que una forma de escribir, un estilo, ha pervivido y todo parece indicar que irá para largo. Porque, básicamente, puliendo los aspectos más circunstanciales de los estilos que acostumbran a agruparse por corrientes, escuelas o modas de una manera más o menos artificial, la poesía que se escribe a lo largo de toda la centuria anterior y casi la década de ésta, es en verso libre. El verso libre es, normalmente, el refugio del sinfín de poetas que tienen la sana costumbre de caer en la tentación de escribir y que, en ocasiones, lo hacen francamente bien y con una eficacia loable, sin caer en la cuenta de que es el estilo más difícil de practicar y de conseguir hacerlo bien, se entiende. Porque, contrariamente a lo que se acostumbra a pensar, escribir verso libre no es escribir ni cualquier cosa ni de cualquier manera con tal de trazar renglones de diferente longitud a modo de versos.

La dificultad mayor del verso libre radica en que, abandonando el uso de las estrofas con métrica, el poema se sostiene con el ritmo interno y las pausas de lectura que el autor nos marque con una musicalidad muy afinada; es decir, que el poeta escribe música sin pentagrama ni notaciones musicales, pero el poema tiene que sonar y sonar bien arropando o siendo soporte de los sentimientos y emociones que el mismo poeta pretende transmitir. Porque -como he dicho en otras ocasiones y lugares- el arte más próximo a la poesía es la música. Diría más, aseguraría que la poesía nace de la música y que el verso, la unidad fija menor de un poema, procede directamente de la música tomando forma con las pausas, la acentuación, la rima y la medida de las sílabas.

Merece la pena detenerse un poco en este aspecto que considero relevante. Si somos observadores, caeremos fácilmente en la cuenta de que cada lengua o idioma tiene sus propias características referentes a la entonación y el sentido del ritmo; por tanto, cada lengua genera sus propios sistemas de versificación. Pero las lenguas, como cuerpos vivos del lenguaje, evolucionan y encuentran en cada época histórica un tipo de uso y expresión adecuados a la comunicación de la realidad histórica, cultural y el desarrollo económico de ese periodo. La evolución en el campo de las artes, empezando por la música, es evidente y va sujeta a los cambios sociales mencionados. Por eso, cada época ha encontrado su manera concreta de expresarse en poesía a través de las diferentes estrofas, conjuntos de versos de número variable, que constituyen el orden inferior al poema. Y por eso, también, las mismas estrofas exportadas de un idioma a otro, han tenido que ajustarse a las peculiaridades de cada lengua en cuanto a acentuación, medida y entonación. Baste recordar los intentos primeros de la adecuación del soneto a la lengua española del Marqués de Santillana (S. XV) hechos al itálico modo hasta su consolidación en el siglo XVI gracias a los trabajos de Boscán y el apoyo de Garcilaso de la Vega.

Monjas rapsodasLa traslación de la música a la lectura en la poesía, que nace siendo cantada y acompañada por instrumentos como la lira, se concreta en la medida y entonación del verso, y éste dentro de la unidad superior de la estrofa. Así, desde el s.XII se usa la redondilla en las coplas populares tradicionales; la cuarteta, que nace en el s.XVI, se extenderá hasta el Barroco donde el mismo Lope de Vega la aconseja y la usa para los diálogos de amor en el teatro, entre otras funciones. En el Romanticismo se hará una adaptación de la cuarteta, pasando a ser asonantada o tirana, utilizada con carácter popular. Los siglos XI y XII dan origen a las seguidillas; estrofas utilizadas en poesía popular y culta, como es el caso de Federico García Lorca que la rescata, o de Manuel Machado, en pleno siglo XX. El siglo XVI es el siglo del cuarteto y el serventesio que en el siglo XIX recuperará de nuevo el Romanticismo.

Una de las creaciones más antiguas y singulares en lengua española fueron los cuartetos de alejandrinos monorrimos que se practicaron en el Mester de Clerecía y que el Modernismo y la Generación del 27 actualizarán con la estructura A-B-A-B. De los textos cultos del Mester de Clerecía, generalmente latinos y de posible influencia francesa, cabe destacar por su significación tanto literaria como histórica el Libro de Alexandre, del leonés Juan Lorenzo de Astorga (s. XIII-XIV). La estrofa más frecuente era el conocido tetrástrofo monorrimo o cuaderna vía en versos alejandrinos de catorce sílabas. La importancia capital de esta literatura y del Libro de Alexandre es que constituyen la cuna de las lenguas romances.

En el siglo XVII se consolida el soneto, se introduce la décima o espinela muy adecuada para la lírica y el teatro y Miguel de Cervantes nos regala el ovillejo, muy apropiado, también, para el género dramático.

Ya en los siglos XIX y XX se usa la seguidilla compuesta, prosperará el verso suelto apoyado en versos blancos que se venía utilizando desde el Renacimiento, sobre todo para la traducción de poemas de otras lenguas, y se desarrollará la estrofa denominada silva para, finalmente, llegar a las estrofas del verso libre.

Volveré a insistir en la dificultad de este tipo de escritura llamada verso libre, dificultad ignorada por poetas novatos y por los poetas vagos que piensan equivocadamente que es más complicado escribir sonetos, liras, manriqueñas, ovillejos o cualquiera de las estrofas conocidas. No es así. Las estrofas clásicas –al igual que las estrofas de verso libre- desarrollan con naturalidad una estructura de pensamiento poético. Las estrofas se adaptan mejor a una clase de temas u otros; las de pie quebrado parecen más adecuadas para temas como el paso del tiempo o la muerte, las décimas o espinelas para la poesía lírica, pero también para la poesía reflexiva, la octava real se adecua bastante bien a la poesía épica y la bucólica, así como los tercetos modernistas sirven a las disertaciones, las elegías o las epístolas. ¿Y las estrofas de verso libre? Pues la respuesta es que se pueden adaptar y se intentan adaptar a cualquier tipo de tema; ¿pero cómo, de qué manera? Pues de manera intuitiva alargando los versos o usando los serventesios en los temas épicos o dramáticos y acortándolos cuando el poema se hace lírico, con el tema del amor dominando la mayor parte de las creaciones. El poema de estrofas de verso libre busca la adaptación al tema y la finalidad de la creación alterando el ritmo o adecuándolo con recursos como la repetición de significados, ideas y esquemas sintácticos, apoyándose en las pausas naturales de la lectura y en las palabras escogidas que aporten sonoridad y brillo al tema. El oficio del poeta radica en el desarrollo de un finísimo sentido del ritmo asociado a la carga emocional que intenta transmitir. Eso, insisto, es muy complicado de conseguir. Así que, generalmente, se recurre a buscar frases aparentemente brillantes e inteligentes, a escribir versos sueltos al estilo de cadáveres exquisitos en un puro ejercicio caleidoscópico, cayendo también demasiado frecuentemente en el sinsentido, el anacoluto, la vaciedad y la tontería. Un buen poema puede resistir uno o dos versos puramente ornamentales, pero poco más.

Cuadro de mujer leyendo.- Benjamín DomínguezPuede existir un buen poeta escribiendo solamente en verso libre, como puede existir un buen pintor que sólo haga creaciones abstractas. Pero me parece raro. Los pintores que han creado y explorado un estilo pictórico, suelen descollar con mérito en otras facetas de la pintura. Los buenos escritores, aunque consigan su mejor manera de expresarse en una clase de género, suelen ser buenos o al menos más que discretamente buenos en otros campos de la escritura, en general. Por eso, ante unos brochazos emborronando un lienzo o unos versos más o menos incoherentes sobre el papel, nadie puede asegurar estar ante un autor. Hace falta algo más. El escritor del poema único, genial y de antología, es algo más que imposible. Y de existir, ese autor escribirá con corrección una carta a su madre, redactará un artículo o llegará a escribir un relato breve, un cuento o una novela. Si no lo hace, es otro tema. Lo espantoso es comprobar el nivel de escritura general de muchos de los enamorados del verso libre donde parece –craso error- que todo vale y nada es criticable (en la métrica, claro, la cosa es como es, e ineludible su resultado) cuando escriben una simple nota, una cartita o un remedo de relato. El verso libre, saco roto para todo, es como el arte abstracto en la pintura, que parece estar al alcance también de cualquier osado concursante que haya superado un poco el pudor.

La conclusión a la que me siento cada vez más inclinado a llegar es pensar que sería conveniente superar la estructura del verso libre e inventar nuevas estrofas para el tiempo que nos ha tocado vivir y la manera concreta de tratar los temas eternos de la poesía: el amor, la soledad, la muerte, el miedo, la injusticia, la nostalgia, la vida, la alegría, la duda, la fe, el futuro, el conocimiento, la angustia, el vacío, la infancia, el desengaño, la vejez, la esperanza, el paso del tiempo, la amistad y etc. etc., uno por uno o comprendiendo dos o más de ellos en cada trabajo. La vida del poema en estrofas de verso libre se mantiene y será estrofa practicada vigorosamente todavía por mucho tiempo; pero empiezo a observar, de igual modo, cómo algunos poetas parecen inquietarse y buscar estructuras estróficas que tienden a ser más regulares en medida, acentuación y rima; y eso apunta inexorablemente –desde la estrofa de verso libre- al nacimiento de nuevas estrofas, evolucionadas y de contenido más rico y ambicioso. Es pronto aún para decirlo y dependerá, en gran medida, de la suerte y la ocasión de estos nuevos poetas, pero es posible que estemos asistiendo al nacimiento de las estrofas del siglo XXI. Y de la poesía del siglo XXI.

Julio González Alonso

Artículo publicado en el número 2 de la revista en papel Alaire (Illes Balears) el 2 de marzo de 2009