Paradoja de amor

Si es en la voz del viento
que un suspiro de amor el alma advierte
confieso lo que siento
si envidia de esa suerte
se acosta al lado el miedo de no verte.

Y de la misma guisa
que el miedo me atenaza con perderte
corre la misma prisa
otro miedo más fuerte
cual sería la dicha de tenerte.

Que es el amor tan raro
tan frágil e inconstante en su andadura
que necesita amparo
de celos y locura
que la ilusión sujete a la cordura.

De este confuso modo,
en oleaje de amor y de vaivenes
ya no encuentro acomodo
si del amor los bienes
son desgracia si tienes… y no tienes.

Julio González Alonso

La estrofa empleada es la lira. Fue introducida por Garcilaso de la Vega en el siglo XVI y es de origen italiano. El nombre lo toma del único poema en liras que compuso (Oda a la flor de Guido) y que contiene esta palabra en su primer verso: Si de mi baja lira / tanto pudiese el son que en un momento / aplacase la ira / del animoso viento / y la furia del mar y el movimiento…

La estructura, a base de versos heptasílabos y endecasílabos con rima conosnante es : 7a -11B- 7a- 7b- 11B. Cinco veros, según se ve, que encierran bastante dificultad y San Juan de la Cruz las llevó a su perfección. Aunque no es una estrofa muy usada, creo que merece un puesto importante en la métrica española.

En otro lugar de este cuaderno también pueden encontrarse las siguientes liras:     Postal de vida y de muerte

Teatro Colón de Buenos Aires.- Un ballo in maschera, de Giuseppe Verdi

Un Ballo in Maschera
Un baile de máscaras
Giuseppe Verdi

Teatro Colón.- Buenos Aires
6 de diciembre de 2013

De entrada, debo confesar que es un lujo poder comentar  una ópera desde el Teatro Colón de Buenos Aires. La sola presencia de este monumental edificio ya inspira los sentidos; contemplarlo por dentro es un regalo, y vivirlo con la representación de la ópera Un ballo in maschera, de Giuseppe Verdi, fue la experiencia completa de algo excepcional.

Coincide esta representación con la celebración del bicentenario del nacimiento de Verdi. Pero cualquier ocasión es buena para acercarse a la obra de este reconocido autor de finales del siglo XIX. Conocedor de su época y el mundo que emergía tras la Revolución Francesa, la crítica al poder absoluto no pasará desapercibida ni será bien tolerada por las decadentes monarquías europeas de la época. Así, su ópera se vio envuelta en rocambolescas aventuras con la censura, modificándola hasta el extremo de trasladar el asesinato del rey sueco Gustavo III, ocurrido en 1792, a la ciudad de Boston, en Estados Unidos, con otro nombre y estatus, de soberano a señor, y otras muchas modificaciones no menos absurdas.

Verdi, que se confesaba contento a medias con la ópera Gustavo III, título inicial, y de la cual opinaba que era grandiosa y vasta; bella… pero que también tenía los modos convencionales de todas las óperas, cosa que siempre me desagradó, y que ahora se me ha tornado insufrible, no puede digerir los recortes y cambios impuestos por la censura, vaciando casi por completo la obra de su verdadero sentido, la denuncia del poder y las luchas políticas y enfrentamientos sangrientos entre absolutistas y liberales tras la Revolución Francesa.

Como en toda ópera convencional, G. Verdi sitúa una historia de amor en el centro de su argumento. El rey y su primer ministro y mejor amigo, la mujer del ministro y el rey. El amigo que lucha y expone su vida para salvar la del rey, amenazada por los conspiradores; el descubrimiento por parte del ministro y amigo, de los amores entre su mujer y el rey. La decisión del ministro de unirse a los conspiradores y terminar con la vida del rey.

Toda esta historia, envuelta en la música verdiana, se desgrana poco a poco sobre el escenario. El asesinato del rey se llevará a cabo durante la celebración de un baile de máscaras, de donde –finalmente- la obra tomará el título. Y todo acabaría ahí, como un testimonio hermosamente compuesto por Verdi y por su libretista Antonio Somma, sobre los totalitarismos del XIX, si no fuera porque su puesta en escena actual con la dirección escénica de Alex Ollé, de La Fura dels Baus, nos desvelara –con indudable acierto- las claves de la razón de ser de los totalitarismos enquistados en el capitalismo y su modo de manejar la crisis económica y el malestar social bajo la apariencia de la democracia.

Alex Ollé nos presenta una ópera fiel a su interpretación musical y a su letra, pero que trata, además, de fijar el discurso de esta versión en la desconfianza que el concepto mismo del poder genera en el ciudadano anónimo. Todavía más cuando, en la actual crisis del capitalismo, el poder político y el financiero se confunden en una trama corrupta de intereses ambiguos del todo ajenos al bien común*. Así, las voces de los indignados cobrarán cuerpo en el personaje colectivo y anónimo, detrás de las máscaras, cuya intención será, sin embargo, arrancarle la máscara al poder*. Todos los personajes ocultarán sus intenciones y sus miedos con una máscara a lo largo de toda la obra, y en el baile final morirán todos junto al rey mientras se quitan las máscaras y aparecen otros personajes, los herederos del poder, con nuevas máscaras, éstas de gas, alzándose armados por encima de los cadáveres tendidos en el suelo.

El final referido, sugiriéndonos un inquietante poder cerrado sobre sí mismo en una forma evolucionada de un nuevo absolutismo o de un totalitarismo refundado*, nos hace agarrarnos al presente y el colapso de la sociedad producido por la crisis económica y la ya mencionada corrupción del poder político y financiero. De este modo, la ópera de Giuseppe Verdi deja de ser un simple adorno burgués o un testimonio histórico alejado de nuestro presente.

Puedo considerar que la iluminación refuerza en exceso con sus grises y sombras la intención de resaltar los aspectos más sórdidos del poder, o que el vestuario podría ser más variado sin temor a introducir alguna nota de color o mezclando trajes de diferentes épocas, lo que no restaría peso al pesimismo sin renunciar a una mayor belleza plástica. Pero son consideraciones de simple espectador nada ducho en la materia. Porque todo funcionó a la perfección, orquesta y coros, puesta en escena y el acierto interpretativo de los actores del día, con la elección –tal vez- menos acertada de la voz del tenor Marcelo Puente para el personaje de Gustavo III.

Saber de la existencia del Teatro Colón en la capital argentina de Buenos Aires, ciudad inquieta y culturalmente abierta, es creer que habrá una solución y salida digna de la crisis y problemas que asolan a nuestros pueblos y sociedades. Si entre sus paredes y sobre su escenario se representan obras como la que estamos comentando de Verdi, creo que es más posible aún y que el arte y los artistas son ariete y frente de batalla en esta guerra. Me alegra íntimamente que no se rindan.

González Alonso

*Declaraciones de Alex Ollé en los ·Comentarios del director de escena» del programa de mano de la obra.

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Navidades 2013

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Renovar afectos y buenas intenciones no deja de ser saludable, y estas fechas navideñas cumplidoras de solsticios, invernales del hemisferio boreal o de verano en el austral, me parecen a mí apropiadas al caso. Todo está inventado; pero -como en el amor- todo debe ser mimado, conquistado y descubierto de nuevo. Así, hoy, os traigo mis renovados y sinceros deseos de colmada felicidad. Que cada cual escoja lo que le conviene a su bienestar y que le sea concedido.

Acompaño deseos y felicitaciones con las dos creaciones que comparto con el amigo Paco Mallada. Él, en la parte musical, y yo en la correspondiente a la letra, hemos venido a colaborar muy gratamente para hacer dos canciones navideñas, un villancico y unas coplas al ramo leonés de Navidad. Sólo espero que las disfrutéis y os acompañen con bien. Salud.

lV aniversario

Cuatro años son apenas nada en la vida de una persona, pero resultan ser un número respetable en la existencia de un cuaderno. A lo largo de estos cuatro años ya cumplidos he sentido la cercanía de los buenos amigos que pasaron a leer y, muchos de ellos también a comentar. De esta suerte mis experiencias personales son también un poco las de ellos y así seguimos, aprendiendo, compartiendo y dejando una visión personal del mundo y de las cosas.

Gracias por estar ahí, encendiendo velas, dando luz a las sombras, esperanza a la vida, alegría y palabras que atesoran abrazos. Os espero un año más.

Salud.

Puerta de diciembre

Noches largas de diciembre,
la tierra duerme,
sueña el narciso.

Con castañas junto al fuego
los filandones; se oyen los lobos
y el ulular del viento
como un cuchillo,
¡qué frío!

La tierra duerme,
crujen los leños, arden
y crujen,
¡qué frío!
La larga noche,
los filandones,
naranjas y limones,
sueña el narciso.
González Alonso

Puerta de noviembre

Yo vi los castaños; oí el chillido
del gocho,
miedo y esperanza
miedo,
banco y cuchillo. El día siembra
en tierra removida; yo vi las noches
perfumadas de fuego y crisantemos;
al amor de las hogueras
el magosto, el suave quejido
de las sombras,
de los amantes
los altos
suspiros.

Vas, noviembre, por tus días
y tus noches
treinta veces y dos lunas;
por la obscuridad la nueva,
al frío
vas por la llena

y va tu nombre, sin ruido,
por las horas,
silencioso,
sin reproches.

¡Luna nueva,
luna nueva, ay,
luna llena!

González Alonso

Puerta de octubre

Ya se anuncia el otoño
en las hojas caídas
y como un ópalo noble
el paisaje, el aire
transparente brilla.
En hermosos colores
la tierra se prepara
para la sementera;
engordan las bellotas
los gochos con sus pulpas
dulces
y al amor del fuego
ya es tiempo de potajes
y legumbres. Los castaños, pacientes,
el magosto
esperan.

Los árboles se desnudan;
se van las aves.

¡Las aves estivales
se van,
ya vuelan!

González Alonso

Vendré entonces

Vendré, entonces, y derramaré mis lágrimas
y la voz. Las herrumbrosas
lanzas del tiempo
abren
en la carne fatigada
heridas al frío del invierno;
todos los horizontes miran al oeste en crepúsculos cárdenos
y se aleja de la noche el alba;
ya no llega a la puerta
con su beso húmedo y su luz aterida
la mañana.

Vendré, entonces, a derramar mis lágrimas
en silencio; a dejar las palabras abrazadas a la piedra
de la ciudad gótica, almena acostada a las orillas
en niebla del Bernesga, el gris helado
de la mano de la memoria
(la historia, la guerra, el hambre,
el sueño desvestido de belleza)

Dejas caer, pesado, el fardo de tu cuerpo sobre un banco
del paseo; dejas correr las lágrimas derramadas
por los ojos abiertos. ¡Qué clamor
de viento helado por los pináculos; qué luz
aplomada en vitrales y agua
congelada en las bocas
de las gárgolas!

Todo es grandeza en el humilde espacio
de la ciudad; recorren sus calles mis arterias llevando
hasta el corazón la sangre. Ya tarda
el aliento a mi boca. Veo
barcos de bruma navegando las choperas
y ya León es todo sin nombre y sin destino,
memoria de cristales,
pendón al aire de las arcillas del páramo,
campana en las ruedas de los molinos
y el grito mudo de los oteros de Lancia.

Entonces vendré y derramaré mis lágrimas.
Entonces vendré.
Derramaré mis lágrimas.
Entonces vendré

a derramar las lágrimas.

González Alonso

Ramón Ataz (1965/2013)

      Ramón Ataz (1965/2013)

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Agua de primavera mentirosa
que en lugar de la vida traes la muerte
como un ramo de flores, de tal suerte
que alienta el corazón lo que la rosa.

Yo siento bajo el peso de la losa
del destino que ya me impide verte
que no podrá evitar cómo quererte
más allá de las sombras de tu fosa

y tal como mimaste la escritura
manarán por tu voz cual agua pura
los versos con amor y vehemencia

denunciando injusticias, la locura,
reclamando justicia y la cordura
de un mundo que ha perdido la conciencia.

Julio Glez. Alonso

A Ramón Ataz, poeta murciano, amigo, compañero de los foros de poesía Alaire, no lo conocí personalmente; pero nos conocimos en nuestros poemas y comentarios, además de compartir con él algunas tareas para la elaboración de una futura antología en la que estarán sus versos. Tuve la fortuna de compartir con él el libro de poesía Árido Umbral, y de leer  sus poemas en algunas de las presentaciones realizadas.  Persona seria, trabajadora, cuidadoso del lenguaje que amaba para ponerlo al servicio de la belleza de su poesía, hubiera disfrutado del anuncio de este otoño; pero, desgraciadamente, la primavera lo quiso sólo para sí y con ella se lo llevó, sin avisar, con una premura dolorosa para su familia y conocidos. Los que quedamos a pie del tiempo y las estaciones, echamos de menos su compañía. Nos consolamos con sus versos; pero siempre parece que esperamos más, la palabra imposible, la voz reconocible, un gesto.

La muerte invita al silencio. Nos queda el lenguaje interior que se extiende al recuerdo y a cuanto vemos y se expresa con vehemencia. Desde ese silencio y lenguaje interior nace este soneto como homenaje al amigo, al poeta, al que supo extender su mirada sobre las cosas y encontrar su belleza, reclamar un mundo mejor, nombrarlo, escribirlo. Parte de su obra  se encuentra en lo que dejó escrito en su cuaderno El bosque de Mnemea que se halla en los enlaces de este cuaderno, Lucernarios; otra parte se mueve en los foros de poesía de Alaire. En su memoria.