Torre guardiana

La vieja y la muerte

Los ojos manantiales de azul, más grandes,
dueños ya del recuerdo
en miradas sin ira. En las manos
el tiempo, dibujo de sangre detenida
sobre la piel fría. Regueros abiertos
los labios a palabras disolviéndose en el aire
de la sonrisa breve;
en el pulso congelado de los chopos
polen viejo de primavera,
ausente pálpito de vida;
sólo los pájaros ponen un poco de calor
de verano,
luz, torre guardiana de los sueños;
veneros de aguas cristalinas los abesales,
sombra.

    González  Alonso

La joven y la muerte

Traducción al portugués por la escritora Tania Alegría del poema Torre guardiana en el cuaderno Um Oásis de Palavras, dirigido por Ana Muela Sopeña:

TORRE GUARDIANA

Dignidad

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Di NO para ser digno

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Dignidad

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Nota a pie de poema:

Esta foto fue tomada en Hamburgo en 1936, durante las celebraciones por la botadura de un barco. Entre la multitud, una persona se niega a levantar el brazo para realizar el saludo nazi. El hombre era Augusto Landmesser. Él ya había tenido problemas con las autoridades, había sido incluso condenado a dos años de trabajos forzados por haberse casado con una mujer judía.
No sabemos mucho más acerca de Augusto Landmesser, salvo que tuvo dos hijos. Por pura casualidad, uno de sus hijos reconoció a su padre en esta foto cuando fue publicada en un periódico alemán en 1991

Las naranjas del invierno

Imagen propiedad de Artencordoba-Arte, Cultura y Turismo en Córdoba.-Museo de Julio Romero de Torres: Naranjas y limones.

Las últimas naranjas del invierno
agua fresca en tu boca
calendario de abrazos en tus brazos
miel caliente en los labios
y los besos,
ojos del alba.

Sabías que me iría en primavera,
que soy nieve en las cumbres
corriendo en los arroyos
y manando en fuentes de deshielos.

Te dejo, amor, las flores de mi mano
tendidas en la falda de los montes
de tus senos
y un alocado sueño de deseos
en la fértil humedad de tus entrañas.

Sabías, ay, y me amaste
y dejaste que te amara
y a la boca trajimos la lujuria
de las últimas naranjas
del invierno.

González  Alonso

Niña y naranja

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Carcajada salvaje.-Christopher Durang

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Carcajada salvaje.
Christopher Durang
 
Compañía Pentación Espectáculos
Dirección: Josep Costa
 
Teatro Barakaldo (Vizcaya)
14/01/12

La obra de Christopher Durang dirigida por Josep Costa reaparece, actualizada, en la escena española con alusiones, evocaciones y recursos del teatro del absurdo, pero en su vertiente más irónica, con la crítica ácida del humor en la mirada instrospectiva de los personajes que afrontan una realidad demoledora para todos: el individualismo, la soledad y los sucesos hechos noticia de telediario que nos abruman sin descanso. El propio título es un guiño explícito a ese teatro del absurdo, inspirado en la frase de Samuel Beckett que repite  en varias ocasiones uno de los personajes: una carcajada salvaje en medio de la más dolorosa aflicción.

Tratándose de la soledad y la incomunicación o la dificultad para comunicarse, la obra se presenta como dos monólogos a través de los que se cuenta una historia trivial y cotidiana como es el hecho de hacer unas compras en un supermercado. Con este pretexto y en un escenario aparentemente vulgar, se desencadena la puesta en marcha de todas las emociones y pensamientos, generalmente negativos, de los protagonistas acerca de uno mismo y cuanto nos rodea, juzgando, prejuzgando, suponiendo, analizando, decidiendo, cabreándose o reconciliándose con el prójimo desde un diálogo interior que el prójimo ni imagina, a la vez que ese mismo prójimo interpreta, juzga, prejuzga, analiza, supone, se cabrea o reconcilia consigo mismo y con el otro sin que medie palabra entre ambos. O sea, toda una acción interior ante la silenciosa presencia del otro para intentar entender o hacerse entender, lo que termina, inevitablemente, en encontronazo violento.

La neurosis de los personajes es sólo el reflejo de la sociedad enferma en la que conviven y sobreviven. Tratan de ser positivos y ver el vaso medio lleno y para eso se suben a un escenario y hablan y hablan sin parar intentando huir de la negatividad, riéndose de todos y de sí mismos en una terapia que les conduce a la única solución que encuentran para no morir, que es respirar. Por eso, en el desencuentro de ambos personajes, acabarán haciendo lo único que pueden hacer juntos, que es respirar, invitándonos a todos a hacer lo mismo. O sea, a que no nos dejemos morir.

No es necesario tirar de avales artísticos para hablar de los encargados de poner sobre las tablas la obra; tanto la actriz Charo López, como el actor Javier Gurruchaga, son dos monstruos de la escena. Si con el monólogo primero de Charo López empecé sonriendo y compartiendo las situaciones en las que nos iba situando, con J. Gurruchaga terminé riendo con ganas y participando de la complicidad de cada una de las escenas. Su interpretación hizo que pareciera que el personaje hubiera sido escrito para él, cortado a la medida de su fantástico histrionismo, contagiando su vitalidad arrolladora con su forma impulsiva y llena de tics de moverse por el escenario, enfatizando y sugiriendo todos los matices de la ironía en sus frases.

Si nos pusiéramos exigentes podríamos reconocer que no es un texto dramático riguroso llamado a pasar a la posteridad, ya que su armazón se construye sobre dos simples y humildes  monólogos seguidos de un epílogo en el que se recrean las situaciones declamadas, con poca consistencia. Tampoco podemos decir mucho de la bondad del tratamiento psicológico de los personajes; se recurre al auxilio de la  caricatura, con la que es más fácil trabajar, y a la representación de la enfermedad mental, neurosis, presunta esquizofrenia y manía, desde la que simbolizar la denuncia del vacío existencial y la demanda de ayuda. Tampoco es un aporte brillante el recurso a los tópicos. Pero consiguen transmitir al público, sin la grandeza del teatro clásico o la aspereza desgarradora del teatro del absurdo, el desasosiego de la vida social en la que estamos sumergidos. Y eso, también cuenta.

Una tarde de teatro de ida y vuelta. Del teatro del absurdo a lo absurdo del teatro de nuestras vidas. Texto nacido en 1987 en la sociedad estadounidense que se nos sube a las barbas de la sociedad española de la crisis de este primer cambio de década del siglo XXI, primero del III milenio. Suena grandioso, pero sólo se trata de nuestra pequeña y única miserable vida personal. Asi que riamos y respiremos juntos.

González Alonso

Carcajada salvaje[4]

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Tránsito de los recuerdos

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Transito los recuerdos y hasta ti llego de nuevo
tarde, como la vez primera
de nuevo envuelto en azoradas palabras, en manos
torpes
desnudando tu cuerpo. La noche se hace mansedumbre
y calma que fluye; tú estás siempre sonriéndome,
siempre eres beso
siempre horizonte, deseo
siempre
y la palabra viene y dice
por ti y por mí anhelos susurrados
en miradas.

La noche nos arropa. Nunca fuimos tan bellos,
nunca las estrellas nos envidiaron tanto y se disuelven las horas
en el silencio y el mundo a nuestro alcance
arcilla en nuestras manos flexible y moldeable. Todo
era posible
sólo con quererlo; tan grandes nos sentimos, tan fuertes,
poderosos.

¡Míra qué miel dulcísima en los panales del tiempo
qué noche sin desvelos!

Transito con dignidad un poco antigua,
de pose aristocrática,
los recuerdos, aquellos que tercos se resisten
a abandonar sin duelo
el hogar de la memoria
y dejo que, como niños, se alboroten un poco,
nos lastimen un poco y se vayan, luego, confortados
de felicidad, ventura
que como ola
rompe incesante en la playa de los años,
acantilado de la edad,
bajel arrumbado a las costas de los sueños
y las manos torpes, como entonces, desnudando tu cuerpo
como la vez primera
y los besos primeros.

Qué delicado tránsito ungido de nostalgia
qué preocupada atención por el pasado que vuelve
cargado de sentimientos y clara inteligencia.

Tránsito, al fin,
sólo paso.

Julio González Alonso

Salmorejo

Salmorejo cordobés         SALMOREJOSalmorejo cordobésSalmorejo cordobés

Ay bendita humildad que en salsa pones
tomate, pan, aceite,  la alegría
de ajo y pizca de sal, que es compañía
de este manjar modesto que compones.

Porque si en el calor de los fogones
crecen soberbios platos cada día
sólo el color le basta, yo diría,
para nacer sencillo con sus dones.

Fresco, suave y gentil es en el trato
jugando a seducirnos con su aroma
de armonioso equilibrio en su recato.

Y logrólo sin duda en la redoma
antigua del saber el salmorejo
del que fiel, esta salsa, nombre toma.

González Alonso

Rescato hoy, de entre la serie de sonetos gastronómicos generalmente dedicados a la cocina leonesa, este plato que descubrí hace años en la ciudad de Córdoba y del que me hice aficionado. Se trata de una sopa o salsa -no sabría distinguir bien-, hermana humilde del humilde gazpacho, que se sirve fría. No requiere, por tanto, de fogones ni complicadas y largas maniobras en la cocina; elementos primarios sencillos, naturales, bien aprovechados y ofrecidos con la virtud de su sabor, el aroma,  y el color que los acompaña. Espero que disfrutéis del contenido de estos catorce versos que pretenden hacer justicia a un gran plato, uno de tantos, nacidos de la necesidad y la imaginación de  gentes acostumbradas a pasar con poco y de lo poco hacer virtud.

Café chino.- Ira Lewis

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Café chino.- Ira Lewis

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Café chino. Ira Lewis.- Teatro del Conservatorio de Música Andrés Isasi (Las Arenas.-Vizcaya). Sábado, 17 de diciembre de 2011.

Haría falta algo más que café chino para espabilar y despertar esta obra de teatro y hacerla, a su vez, atractiva, sugerente, interesante o, simplemente, entretenida para el espectador que, en este caso, sí es sufrido.

El texto de Ira Lewis, con todos los respetos, toca un tema interesante (pienso que no hay malos temas, sino solamente malos tratamientos de los temas), pero de manera fallida. La historieta de dos amigos, un escritor hipocondriaco de mediana edad y un fotógrafo algo más que maduro que no encontró en la fotografía la vida artística plena que la primera vocación por la literatura le negó, se desarrolla durante noventa largos minutos sin la grandeza de la tragedia ni la grandeza de lo cotidiano. Un discurrir plano de la acción con algunos ramalazos de brillante ironía para merecer, por decir algo, el título de tragicomedia. Naturalmente, toda la enjundia de la obra se desenvuelve alrededor de todos los tópicos que sobre los artistas, en general, y sobre los escritores, en particular, pueda uno imaginar. La pobreza exenta de aureolas bohemias, la frustración, el fracaso, envidia, celos, depresiones, ataques de histeria y la profunda y cada vez más lejana esperanza de convertirse en autores de culto.

El teatro, cuando lo es, exige algo más que unos actores parloteando en un decorado. Esta obra de teatro se puede ver con los ojos cerrados y, si no te duermes, no te pierdes nada.

Como no me gusta abundar en lo negativo de las cosas, voy  a dejarlo aquí tal  y como está para destacar lo más notable de la dirección de Begoña Bilbao. No sé, la verdad, qué otra cosa o qué más podría hacerse con este texto desde el punto de vista de la dirección; salvo haber resuelto la acción profundizando en la personalidad enfermiza de los personajes y sus conflictos para llevarlos a alguna situación extrema, un suicidio a dos o algo así, no sé… o algo menos dramático, pero más creíble que ese final sin final, en el que Ira Lewis no sabe qué hacer, se le encoge la mano y deja de escribir dejando, a su vez, que sus personajes se vayan de escena y de su obra definitivamente, tal y como vinieron. Tengo la impresión, en fin, de que tal y como está planteado el trabajo,  puestos los dos actores sobre el escenario, la cosa se ha limitado a decidir muy poco y dejar rodar el texto con el buen hacer de los intérpretes. Porque, justo es reconocerlo, la dedicación, profesionalidad y empeño de Manuel Galiana  y Asier Homaza, merecen un cariñoso aplauso; no se puede hacer mucho más de lo que hicieron y la obra se hace soportable hasta el final sólo gracias a su soberbia actuación en una interpretación realmente notable.

Quede así y aquí, por tanto, el testimonio de una tarde de teatro desabrida y fría en cuanto a la meteorología prácticamente invernal que pareció apoderarse de la sala, pequeña, acogedora y coqueta, del Consevatorio de Música Andrés Isasi de Las Arenas.

González Alonso

Navidad de 2011

Ramo Leonés de Navidad

Navidad de 2011

Cada cual, en su historia personal, tendrá motivos suficientes para celebrar el transcurso de este año tanto para bien como para mal; que la vida, nos reparte juego y hay manos que ganamos y otras que nos toca perder. Quiero desearos, no obstante, suerte para los meses que se llegan de 2012 y alegrarme con las alegrías que os hayan querido acompañar este 2011. Para ello acompaño el ramo leonés de navidad; esa manera antigua, precristiana, que hunde sus raíces en las costumbres y creencias astures y celtas, de pedir a la madre naturaleza los frutos y la protección en el duro invierno. Dada la persistencia de la  crisis económica, más dura que el más duro invierno, en la que nos han metido y que nos están obligando a pagar a escote con gravísimas consecuencias para las economías y  modo de vida de los más débiles, quiero poner en los deseos la esperanza de ver el final de este túnel con un futuro más digno y justo para todos. Para ello, también, os invito a cantar un villancico, de raigambre y tradición cristiana en la afirmación de la vida y la alegría compartida, que compuso el amigo Víctor F. Mallada y al que, por deseo expreso suyo, puse letra. ¡Sed felices! Con un abrazo y salud.

Julio González Alonso

Villancico ¡Ya llegó la Navidad! : http://www.youtube.com/watch?v=m9QJubRFIEQ&feature=recentlik

Antonio Gamoneda: el encuentro con el poeta. Presentación de Árido Umbral en León.

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Antonio Gamoneda recita en la presentación en León de Árido Umbral.

Antonio Gamoneda: el encuentro con el poeta. Presentación de Árido Umbral en León.

Estas palabras sólo pretenden ser crónica de una emoción, la del encuentro con el poeta y el hombre en la persona de Antonio Gamoneda. En su poesía ya hace años que vengo enredándome con admiración. En el universo gris y melancólico en que envuelve su decir, su ira y su pasión descarnada, subyace un optimismo impenitente, un claro grito de afirmación y vida. Pero de la obra y su autor quiero ocuparme en otro momento y lugar. Ahora hablo del encuentro con el hombre, el ciudadano que recorre a pie las aceras de las calles de su ciudad y mira al aire alto de la catedral y a los ojos de las personas que se cruzan en su camino. Del hombre que respira y duerme y sueña y vive enamorado de su hermosa nieta Cecilia y de quienes le rodean, hablo.

La ocasión del encuentro la brindó la presentación en León del libro de poesía Árido Umbral, en el que tomo parte. Fijada la fecha del 3 de diciembre y señalado el lugar, el Bar Correo de la calle Cervantes, se había acordado citar al poeta y escritor Antonio Gamoneda en el transcurso de una comida en el restaurante Zuloaga, a pocos metros de su casa. Luego, por la tarde, nosotros nos dedicaríamos a dar a conocer a los leoneses el libro de poesía Árido Umbral.

 Antonio Gamoneda saluda a los miembros de Alaire en LeónCon paso lento y una sonrisa en los labios, Antonio Gamoneda se aproximó al grupo que estaba esperándolo, con una palabra de saludo para cada uno. Cuando se acercó a mí y me lo presentaron, le confesé que me sentía un poco aturdido porque eran tan grandes la admiración y el respeto por su persona y lo que representaba que casi me parecía irreal lo que estaba ocurriendo, acostumbrado a verlo pasar ocasionalmente por las calles de León sin atreverme nunca a acercarme para saludarlo. Se detiene, me mira y sonríe mientras mueve su mano en un gesto de afectuosa desaprobación para decirme algo así como que no era para tanto ni era él tan importante. Luego, a la mesa, mientras compartíamos cecina, pulpo y croquetas, habló de su vida primera en los primeros años en el León de la postguerra y el hambre, que por eso -decía con ironía- era incapaz de dejar algo en el plato y que si continuaba así, ofreciéndole comida sin parar, sería incapaz de rehusar la invitación aunque no le conviniera aceptar más. Me recordó, inmediatamente, la actitud de mis padres y el valor y lugar que la comida ocupó siempre en sus vidas, cosa que el poeta entendió con una amplia sonrisa. También me habló de poesía y su admiración por César Vallejo, de su intuición a la hora de componer y de la dificultad de la poesía social para ser poesía, de la que reconocía que sólo unos pocos escritores habían conseguido hacer de la denuncia algo más que mereciera el calificativo de poesía, además del de social. Tocamos el tema de Miguel Hernández, de F.G. Lorca… y le pregunté directamente qué se sentía al ser consciente de formar parte de los grandes poetas consagrados. Negó insistentemente con la cabeza y su gesto habitual con las manos para asegurar que él sólo era un poeta de los del medio, lejos de los poetas a los que me refería. Insistí, convencido, de que él ya formaba parte de la historia de la literatura y subrayé que, lo quisiera o no,  su lugar ya estaba al lado de Neruda, Lorca, Machado, Celaya, Aleixandre, Cernuda… pero que me parecía muy loable que él no se lo creyera porque de hacerlo, seguramente, se bloquearía y no escribiría más o lo haría sin poder liberarse del peso de esa idea y la responsabilidad que conlleva. Su respuesta fue una nueva amplia sonrisa para tomarme la mano y con un bueno, bueno… invitarme a dejar el tema donde estaba. La conversación siguió por otros derroteros en los que confesó que no sabía si estaba escribiendo mucho o poco, que tiene una carpeta llena de poemas que se van amontonando a lo largo de estos años, repletos de correcciones; y también de la posibilidad, si es que me los editan -dijo- de publicar dos nuevos poemarios.

Julio González Alonso y Antonio GamonedaSiempre, junto a la afabilidad, encontré una sana humildad en cada una de las palabras de Antonio Gamoneda. Llegados al tema de la situación actual y la crisis económica, le planteé que así como los problemas del comunismo no se pudieron resolver con más comunismo, pensaba que los problemas del capitalismo no tendrían solución con más capitalismo y el empobrecimiento de cada vez más gente con recortes sociales y la imposición de una clase de vida cada vez de peor calidad. Escuchó con interés y asintiendo lentamente me dijo que teníamos que dejar de hacernos preguntas para empezar a dar respuestas; en definitiva, que lo que nos toca es actuar.

Julio G. Alonso lee a Antonio Gamoneda en LeónPero el momento de mayor emoción para mí fue cuando me invitaron a recitar en la sobremesa un poema  de  A.Gamoneda. No eran las mejores condiciones para leer en voz alta, pues a pesar de lo avanzado de la hora, en el comedor aún quedaban otros comensales que estaban entregados a sus conversaciones y ese ruido de fondo me obligaba a elevar la voz más de lo habitual en una lectura. Así y todo, más debido a la calidad de los versos que a mi pobre intención, el recitado puso más de una lágrima en los ojos de algunas personas y el gesto de emoción agradecida en nuestro invitado, antes de recoger el recuerdo que de este día le dejamos. Y si este momento fue, por sí, importante, la sorpresa mayúscula fue cuando no me dejó levantarme de la mesa para ir al coche a buscar un ejemplar de Árido Umbral con la intención de regalárselo acompañado de nuestras firmas, diciéndome que siguiera sentado a su lado, que era la hora del café y que después, a la tarde, ya habría ocasión para darle el libro. ¿A la tarde?, creo que pregunté. -repuso- ¿no vais a estar a las ocho y media en el Bar Correo? Pues eso está al lado de mi casa y si mi mujer no empeora y le sube la fiebre, allí estaré para todo lo que me mandéis…

Sobrepuesto a la sorpresa de su decisión de acudir a la convocatoria de la tarde, le comenté que yo  ni me sentía capaz ni podía mandarle nada, pero que si acudía a la cita, le rogaba y le pedía  que nos acompañara con la lectura de un poema suyo. Meditó un momento para añadir: Bien, si es así, me esperáis a eso de las ocho y media o nueve menos veinticinco, y aunque no pueda quedarme toda la velada, tendré el gusto de leeros un poema inédito en el que estoy trabajando y que yo mismo me oiré en voz alta por primera vez, así que igual le cambio alguna cosa sobre la marcha, y luego  vosotros ya seguís con lo vuestro.No sólo llegó puntualmente a la cita, no sólo nos regaló la lectura de un poema inédito dedicado a su nieta Cecilia, no sólo nos premió con sus palabras y su compañía para escuchar, según nos dijo, en el delantal de nuestra poesía algunos de nuestros poemas; sino que se quedó hasta el final del acto, uno más entre todos, uno con todos, uno de los más grandes poetas vivos en lengua española de todos los tiempos.

Julio G. Alonso

Algunas fotos del día 3 de diciembre en León

Ante el Restaurante Zuloaga de León, esperando la llegada del poeta Antonio Gamoneda.Rafel Calle, Julio González y JJMartínez Ferreiro en una cafetería en León.Leyendo Antonio Gamoneda en el restaurante Zuloaga de León.Comida con Antonio Gamoneda en el restaurante Zuloaga de León.Miembros del grupo Alaire con Antonio Gamoneda en León.Julio González, Antonio Gamoneda, Rafael Calle.Con Antonio Gamoneda a la entrada del restaurante Zuloaga en León.Un momento de la comida con Antonio Gamoneda en León.Agurtzane Zubizarreta y Julio González con Antonio Gamoneda.Paseando por León, frente al bar La Lola de Los Quijano.Rafael Calle, Julio González Alonso y Víctor F. Mallada.Víctor, Julio, Pilar, Ferreiro y Rafael.Presentación de árido Umbral en el Bar Correo de León.Antonio Gamoneda lee un poema en el Bar Correo de León.Presentación de Árido Umbral en el Bar Correo de León.Calle Ancha, León.Momento de la presentación de Árido Umbral en León.Víctor, Julio y Rafael en la plaza de la catedral de León.  

                     Ferreiro, Rafael y Julio.Cartel.Julio, Agurtzane y Víctor interpretan una canción

Dedicatoria de Antonio Gamoneda a Julio González en Visión del Frío.Dedicatorias en Visión del Frío y Esta Luz.Dedicatoria de Antonio Gamoneda a Julio González en Esta Luz

Dedicatoria en Esta Luz:

Para Julio González, en la fraternidad del paisanaje y de la poesía. Un Abrazo. Antonio Gamoneda. León, 3-12-2011

Dedicatoria en Visión del Frío:

* Julio González, cercano en la mesa, en las convicciones, en los propósitos, en todo, lo sé. Tuyo siempre. Antonio Gamoneda. León, 3-12-2011

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Malandain. Ballet de Biarritz

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Malandain.- Ballet de Biarritz

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Malandain.- Ballet de Biarritz.

Magifique (Tchaikovski-Suites).- La Mort du Cygne (Saint-Saëns).- L’Amour Sorcier (Manuel de Falla)

Teatro Barakaldo, 26 de noviembre de 2011

El pasado domingo tuve ocasión de ver un espectáculo de ballet. No soy habitual de estos eventos que, por otra parte, no se prodigan demasiado en los escenarios. Como la ópera, se tiene la vaga impresión de tratarse de un espectáculo de minorías selectas, sobre todo económicamente, que lo utilizan para dar lustre a sus relaciones sociales con un barniz cultural que cause admiración. Lo que, con toda seguridad, fue así en tiempos no muy pretéritos, no lo es hoy día, al menos de forma general. Élites quedan y quedan también viejos resabios de la utilización de la cultura con fines espurios; pero hay que reconocer, junto con la evolución de estas artes, la extensión de su disfrute a capas sociales más extensas, aún sin dejar de ser minoritarias.

El caso es que, después de lo visto y disfrutado, me siento mejor dispuesto e  inclinado a cambiar mis hábitos y hacerme más asiduo del ballet; porque lo que los sentidos me permitieron percibir fue todo un cúmulo de sensaciones y sorpresas enmarcadas en la grandeza de la música y la belleza de la danza.

La elección de autores como Tchaikovski, Sain-Saëns y Manuel Falla, posibilitó una cercanía atractiva y una variedad llena de sugestivas propuestas de baile. Tal vez, resumiendo, me atrevería  a subrayar tres cosas:

1.- La ejecución de los pasos a dos. El primero de ellos arrancó con la sugerente música de Tchaikovski interpretada por dos bailarines masculinos con una delicadeza y sensibilidad admirables; el segundo, arropado con los compases de El Amor Brujo de Falla, ejecutado por un bailarín y una bailarina que consiguieron transmitir con fuerza y pasión los más atormentados e intensos sentimientos del amor.

2.- La sensación de que la música seguía por el escenario a los bailarines, realizando sus evoluciones con una ligereza y levedad que parecía vaciar de todo peso sus cuerpos para ser sólo espíritu o alma alzada en vuelo. La interpretación de La Muerte del Cisne de Saint-Saëns, me cautivó en todas y cada una de las cuatro veces que bailaron la pieza las tres bailarinas encargadas de dar vida a esta pieza bajo los focos, una vez cada una y, finalmente, las tres conjuntamente, introduciendo matices de delicada sensibilidad en la recreación de una escena tan bella como dura, cual es presenciar una muerte, y dotando de alma humana al ave condenada a morir.

3.- La introducción de elementos de danzas populares en la coreografía, así como un uso mesurado del ballet en su esencia clásica junto con una desarticulación de los movimientos y la reproducción de gestos cotidianos en la danza. El ballet explora con una libertad estudiada todos los recursos expresivos del cuerpo y el espacio para conseguir emocionarnos.

Poco más puedo añadir como profano en la materia. El espectáculo de Malandain, Ballet de Biarritz, puso en la tarde del domingo del teatro Barakaldo de Vizcaya un aire de frescura y sensibilidad que el público que llenaba la sala supo reconocer y agradecer con sus largos y continuados aplausos. Una buena tarde de arte y belleza expresados a través del ballet.

González Alonso

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