En vertical la vida

Vertical

Mi escritura es vertical
árbol. De la raíz al cielo
ascienden las preguntas
y en savia las palabras
se vuelven a la tierraY fecundan los páramos hambrientos
y determinan geografías cultivadas.

Las acequias del tiempo
en venas de agua dibujan los paisajes;
¡qué luz posa su levedad en los pétalos,
qué aroma en espirales se alza al aire!

Mi voz es un sí de rotunda
afirmación; vida hecha de pie
y herramienta que labra
la palabra que nombra y adjetiva
y reclama del mundo la cordura.

No es mi escritura palabra
recreada en angosto verso
ni en poesía yacente
si la vida que multiplican los pólenes
y las abejas, mana en la frescura
de las miradas de los ojos de los niños
o en las pupilas de los viejos
se entrega en último resplandor
cuando se llenan las estancias de recuerdos.

En vertical vivo, en pie
canto. En vertical
escribo.

González Alonso

La historia del viejo cascarrabias

Marcio Porcio Catón 

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Era un viejo cascarrabias.

Esta historia
no tiene pies ni cabeza
ni sé quién me la contó.

Lo he pensado
con los ojos cerrados y apretando los dientes,
y me parece estúpida
esta historia.

No hay razón para creerse por las buenas
todo lo que cuentan,
ni siquiera la mitad de lo que juran
haber visto
porque su visión caleidoscópica les impide
ver una Luna sólo.

He buscado, pulsado las opiniones
más diversas
para ser objetivo.
Hasta recé un poco y le ofrecí una vela
a un santo de escayola
que me cayó simpático.

De todas las maneras,
yo jamás he creído
que el viejo de la historia
fuera un cascarrabias.

Julio G. Alonso
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Scrooge.-Cuento de Navidad, basado en una novela de Charles Dickens

Se insinúa la flor

Mujer con flor y vestido blanco

Se insinúa la flor; mitad sonrisa,
mitad lágrima sola, mitad tierra,
agua que en su mitad la vida encierra
en pétalos de luz, tallo de brisa.

Tan lejos de la edad que mi pie pisa
tu amor la sombra del dolor destierra
y en desigual batalla en esta guerra
soy herido en tus besos y en tu risa.

Alzas tu levedad de flor temprana
ante el viejo solar de mis abrazos
y soy yo más ayer, tú más mañana.

Mas, qué cabe, si al fin la vida es vana
viviéndola sin ti, y entre tus brazos
será la muerte para mí, liviana.

González Alonso

Torre guardiana

La vieja y la muerte

Los ojos manantiales de azul, más grandes,
dueños ya del recuerdo
en miradas sin ira. En las manos
el tiempo, dibujo de sangre detenida
sobre la piel fría. Regueros abiertos
los labios a palabras disolviéndose en el aire
de la sonrisa breve;
en el pulso congelado de los chopos
polen viejo de primavera,
ausente pálpito de vida;
sólo los pájaros ponen un poco de calor
de verano,
luz, torre guardiana de los sueños;
veneros de aguas cristalinas los abesales,
sombra.

    González  Alonso

La joven y la muerte

Traducción al portugués por la escritora Tania Alegría del poema Torre guardiana en el cuaderno Um Oásis de Palavras, dirigido por Ana Muela Sopeña:

TORRE GUARDIANA

Dignidad

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Di NO para ser digno

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Dignidad

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Nota a pie de poema:

Esta foto fue tomada en Hamburgo en 1936, durante las celebraciones por la botadura de un barco. Entre la multitud, una persona se niega a levantar el brazo para realizar el saludo nazi. El hombre era Augusto Landmesser. Él ya había tenido problemas con las autoridades, había sido incluso condenado a dos años de trabajos forzados por haberse casado con una mujer judía.
No sabemos mucho más acerca de Augusto Landmesser, salvo que tuvo dos hijos. Por pura casualidad, uno de sus hijos reconoció a su padre en esta foto cuando fue publicada en un periódico alemán en 1991

Las naranjas del invierno

Imagen propiedad de Artencordoba-Arte, Cultura y Turismo en Córdoba.-Museo de Julio Romero de Torres: Naranjas y limones.

Las últimas naranjas del invierno
agua fresca en tu boca
calendario de abrazos en tus brazos
miel caliente en los labios
y los besos,
ojos del alba.

Sabías que me iría en primavera,
que soy nieve en las cumbres
corriendo en los arroyos
y manando en fuentes de deshielos.

Te dejo, amor, las flores de mi mano
tendidas en la falda de los montes
de tus senos
y un alocado sueño de deseos
en la fértil humedad de tus entrañas.

Sabías, ay, y me amaste
y dejaste que te amara
y a la boca trajimos la lujuria
de las últimas naranjas
del invierno.

González  Alonso

Niña y naranja

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Carcajada salvaje.-Christopher Durang

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Carcajada salvaje.
Christopher Durang
 
Compañía Pentación Espectáculos
Dirección: Josep Costa
 
Teatro Barakaldo (Vizcaya)
14/01/12

La obra de Christopher Durang dirigida por Josep Costa reaparece, actualizada, en la escena española con alusiones, evocaciones y recursos del teatro del absurdo, pero en su vertiente más irónica, con la crítica ácida del humor en la mirada instrospectiva de los personajes que afrontan una realidad demoledora para todos: el individualismo, la soledad y los sucesos hechos noticia de telediario que nos abruman sin descanso. El propio título es un guiño explícito a ese teatro del absurdo, inspirado en la frase de Samuel Beckett que repite  en varias ocasiones uno de los personajes: una carcajada salvaje en medio de la más dolorosa aflicción.

Tratándose de la soledad y la incomunicación o la dificultad para comunicarse, la obra se presenta como dos monólogos a través de los que se cuenta una historia trivial y cotidiana como es el hecho de hacer unas compras en un supermercado. Con este pretexto y en un escenario aparentemente vulgar, se desencadena la puesta en marcha de todas las emociones y pensamientos, generalmente negativos, de los protagonistas acerca de uno mismo y cuanto nos rodea, juzgando, prejuzgando, suponiendo, analizando, decidiendo, cabreándose o reconciliándose con el prójimo desde un diálogo interior que el prójimo ni imagina, a la vez que ese mismo prójimo interpreta, juzga, prejuzga, analiza, supone, se cabrea o reconcilia consigo mismo y con el otro sin que medie palabra entre ambos. O sea, toda una acción interior ante la silenciosa presencia del otro para intentar entender o hacerse entender, lo que termina, inevitablemente, en encontronazo violento.

La neurosis de los personajes es sólo el reflejo de la sociedad enferma en la que conviven y sobreviven. Tratan de ser positivos y ver el vaso medio lleno y para eso se suben a un escenario y hablan y hablan sin parar intentando huir de la negatividad, riéndose de todos y de sí mismos en una terapia que les conduce a la única solución que encuentran para no morir, que es respirar. Por eso, en el desencuentro de ambos personajes, acabarán haciendo lo único que pueden hacer juntos, que es respirar, invitándonos a todos a hacer lo mismo. O sea, a que no nos dejemos morir.

No es necesario tirar de avales artísticos para hablar de los encargados de poner sobre las tablas la obra; tanto la actriz Charo López, como el actor Javier Gurruchaga, son dos monstruos de la escena. Si con el monólogo primero de Charo López empecé sonriendo y compartiendo las situaciones en las que nos iba situando, con J. Gurruchaga terminé riendo con ganas y participando de la complicidad de cada una de las escenas. Su interpretación hizo que pareciera que el personaje hubiera sido escrito para él, cortado a la medida de su fantástico histrionismo, contagiando su vitalidad arrolladora con su forma impulsiva y llena de tics de moverse por el escenario, enfatizando y sugiriendo todos los matices de la ironía en sus frases.

Si nos pusiéramos exigentes podríamos reconocer que no es un texto dramático riguroso llamado a pasar a la posteridad, ya que su armazón se construye sobre dos simples y humildes  monólogos seguidos de un epílogo en el que se recrean las situaciones declamadas, con poca consistencia. Tampoco podemos decir mucho de la bondad del tratamiento psicológico de los personajes; se recurre al auxilio de la  caricatura, con la que es más fácil trabajar, y a la representación de la enfermedad mental, neurosis, presunta esquizofrenia y manía, desde la que simbolizar la denuncia del vacío existencial y la demanda de ayuda. Tampoco es un aporte brillante el recurso a los tópicos. Pero consiguen transmitir al público, sin la grandeza del teatro clásico o la aspereza desgarradora del teatro del absurdo, el desasosiego de la vida social en la que estamos sumergidos. Y eso, también cuenta.

Una tarde de teatro de ida y vuelta. Del teatro del absurdo a lo absurdo del teatro de nuestras vidas. Texto nacido en 1987 en la sociedad estadounidense que se nos sube a las barbas de la sociedad española de la crisis de este primer cambio de década del siglo XXI, primero del III milenio. Suena grandioso, pero sólo se trata de nuestra pequeña y única miserable vida personal. Asi que riamos y respiremos juntos.

González Alonso

Carcajada salvaje[4]

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Tránsito de los recuerdos

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Transito los recuerdos y hasta ti llego de nuevo
tarde, como la vez primera
de nuevo envuelto en azoradas palabras, en manos
torpes
desnudando tu cuerpo. La noche se hace mansedumbre
y calma que fluye; tú estás siempre sonriéndome,
siempre eres beso
siempre horizonte, deseo
siempre
y la palabra viene y dice
por ti y por mí anhelos susurrados
en miradas.

La noche nos arropa. Nunca fuimos tan bellos,
nunca las estrellas nos envidiaron tanto y se disuelven las horas
en el silencio y el mundo a nuestro alcance
arcilla en nuestras manos flexible y moldeable. Todo
era posible
sólo con quererlo; tan grandes nos sentimos, tan fuertes,
poderosos.

¡Míra qué miel dulcísima en los panales del tiempo
qué noche sin desvelos!

Transito con dignidad un poco antigua,
de pose aristocrática,
los recuerdos, aquellos que tercos se resisten
a abandonar sin duelo
el hogar de la memoria
y dejo que, como niños, se alboroten un poco,
nos lastimen un poco y se vayan, luego, confortados
de felicidad, ventura
que como ola
rompe incesante en la playa de los años,
acantilado de la edad,
bajel arrumbado a las costas de los sueños
y las manos torpes, como entonces, desnudando tu cuerpo
como la vez primera
y los besos primeros.

Qué delicado tránsito ungido de nostalgia
qué preocupada atención por el pasado que vuelve
cargado de sentimientos y clara inteligencia.

Tránsito, al fin,
sólo paso.

Julio González Alonso

Salmorejo

Salmorejo cordobés         SALMOREJOSalmorejo cordobésSalmorejo cordobés

Ay bendita humildad que en salsa pones
tomate, pan, aceite,  la alegría
de ajo y pizca de sal, que es compañía
de este manjar modesto que compones.

Porque si en el calor de los fogones
crecen soberbios platos cada día
sólo el color le basta, yo diría,
para nacer sencillo con sus dones.

Fresco, suave y gentil es en el trato
jugando a seducirnos con su aroma
de armonioso equilibrio en su recato.

Y logrólo sin duda en la redoma
antigua del saber el salmorejo
del que fiel, esta salsa, nombre toma.

González Alonso

Rescato hoy, de entre la serie de sonetos gastronómicos generalmente dedicados a la cocina leonesa, este plato que descubrí hace años en la ciudad de Córdoba y del que me hice aficionado. Se trata de una sopa o salsa -no sabría distinguir bien-, hermana humilde del humilde gazpacho, que se sirve fría. No requiere, por tanto, de fogones ni complicadas y largas maniobras en la cocina; elementos primarios sencillos, naturales, bien aprovechados y ofrecidos con la virtud de su sabor, el aroma,  y el color que los acompaña. Espero que disfrutéis del contenido de estos catorce versos que pretenden hacer justicia a un gran plato, uno de tantos, nacidos de la necesidad y la imaginación de  gentes acostumbradas a pasar con poco y de lo poco hacer virtud.

Café chino.- Ira Lewis

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Café chino.- Ira Lewis

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Café chino. Ira Lewis.- Teatro del Conservatorio de Música Andrés Isasi (Las Arenas.-Vizcaya). Sábado, 17 de diciembre de 2011.

Haría falta algo más que café chino para espabilar y despertar esta obra de teatro y hacerla, a su vez, atractiva, sugerente, interesante o, simplemente, entretenida para el espectador que, en este caso, sí es sufrido.

El texto de Ira Lewis, con todos los respetos, toca un tema interesante (pienso que no hay malos temas, sino solamente malos tratamientos de los temas), pero de manera fallida. La historieta de dos amigos, un escritor hipocondriaco de mediana edad y un fotógrafo algo más que maduro que no encontró en la fotografía la vida artística plena que la primera vocación por la literatura le negó, se desarrolla durante noventa largos minutos sin la grandeza de la tragedia ni la grandeza de lo cotidiano. Un discurrir plano de la acción con algunos ramalazos de brillante ironía para merecer, por decir algo, el título de tragicomedia. Naturalmente, toda la enjundia de la obra se desenvuelve alrededor de todos los tópicos que sobre los artistas, en general, y sobre los escritores, en particular, pueda uno imaginar. La pobreza exenta de aureolas bohemias, la frustración, el fracaso, envidia, celos, depresiones, ataques de histeria y la profunda y cada vez más lejana esperanza de convertirse en autores de culto.

El teatro, cuando lo es, exige algo más que unos actores parloteando en un decorado. Esta obra de teatro se puede ver con los ojos cerrados y, si no te duermes, no te pierdes nada.

Como no me gusta abundar en lo negativo de las cosas, voy  a dejarlo aquí tal  y como está para destacar lo más notable de la dirección de Begoña Bilbao. No sé, la verdad, qué otra cosa o qué más podría hacerse con este texto desde el punto de vista de la dirección; salvo haber resuelto la acción profundizando en la personalidad enfermiza de los personajes y sus conflictos para llevarlos a alguna situación extrema, un suicidio a dos o algo así, no sé… o algo menos dramático, pero más creíble que ese final sin final, en el que Ira Lewis no sabe qué hacer, se le encoge la mano y deja de escribir dejando, a su vez, que sus personajes se vayan de escena y de su obra definitivamente, tal y como vinieron. Tengo la impresión, en fin, de que tal y como está planteado el trabajo,  puestos los dos actores sobre el escenario, la cosa se ha limitado a decidir muy poco y dejar rodar el texto con el buen hacer de los intérpretes. Porque, justo es reconocerlo, la dedicación, profesionalidad y empeño de Manuel Galiana  y Asier Homaza, merecen un cariñoso aplauso; no se puede hacer mucho más de lo que hicieron y la obra se hace soportable hasta el final sólo gracias a su soberbia actuación en una interpretación realmente notable.

Quede así y aquí, por tanto, el testimonio de una tarde de teatro desabrida y fría en cuanto a la meteorología prácticamente invernal que pareció apoderarse de la sala, pequeña, acogedora y coqueta, del Consevatorio de Música Andrés Isasi de Las Arenas.

González Alonso