Odiseo

 

El retorno de Odiseo a Ítaca.

Qué temor, viajero, detiene ante la puerta tus precavidos pasos
y lleno de inquietud desde el umbral tus ojos
escrutan del cavedio los rincones obscuros;

descalza las sandalias y a los pies da descanso
con agua perfumada de las frescas jofainas
y descargando el alma de onerosos presagios
acepta de esta casa la hospitalidad servida.

Háblanos, sin temor, de la ancorada nave
arrumbada a las costas por la mar procelosa
y dinos de qué patria y destino, los dioses
entregaron airados a este lado del agua.

¿No fuisteis, por fortuna, en ofrendas generosos?
¿No alzasteis a los altares en aromadas hogueras
las alabanzas debidas en cánticos y oraciones?
¿No quiso la ventura a los divinos ojos
vuestra vida agradable contemplar complacientes?

No temas, extranjero, y con el polvo de la túnica
deja que sea el vino servido de estas cráteras
quien libre los recuerdos que al espíritu atormentan
y conturban los sentidos con insidiosas sombras
llenas de pesadumbre y amenazas etéreas.

Desnuda, pues, el cinto de la afilada espada
y del hombro descarga el carcaj con las flechas
que tu arco certero conducirá en la batalla
con mensajes de muerte hasta la mitad del pecho.

Acepta, viajero, con las manos que te ofrezco
la paz que a la sombra de estos muros te acoge.
Desde el sitial del ágora dinos si por ventura
eres quien el aedo en célebres versos canta;
el que llegado a las costas de la consagrada Ítaca
de los príncipes que hollando sin dignidad tu casa
y entregados sin pudor a la ambición más soberbia
castigará sin piedad la obstinada insolencia.

Soy, en verdad, quien dices y a quien de tu casa ofreces
con generosa largueza la amistad en tus manos
y de tu espíritu alto hospitalidad tan pródiga;
de Poseidón airado las espantosas olas
empujaron mi nave extraviada a tus costas
y en las finas arenas de las horas de Cronos
se encuentra ahora varada sin movimiento posible.

Soy el que vio cegarse el sol cuando los héroes
vencidos entregaron su aliento ante los muros
de Troya atacada por los bravos argivos
y olvidados de los dioses murieron con sus armas
alejados de su siempre mirada protectora;
el que dices soy, ay, deudor de mi destino
y el que sin tregua navega los cursos del Egeo
pues impaciente espera la hora señalada
en que el castigo abrume en sombras la impudicia
de los que, vivo aún, deshonrando están mi muerte
y sobre mi hogar se aprestan volando con codicia
a devorar mi hacienda como buitres hambrientos.

¿No merecen los griegos una patria más justa?
¿Acaso es sólo castigo dirigido a Odiseo?
¿No es suficiente, acaso, de la mar confundida
sortear los peligros del corpulento cíclope
y las suaves sirenas con engañosos cantos?

Oh rey que así nos hablas y con razón exhortas
desnuda de mentira y en todo extremo justa;
toma de nuestras ánforas el más dulce de los vinos
que las doncellas te ofrecen con la frente humillada
reservado a los héroes y el altar de los dioses
y prosigue luego tu camino oceánico
que te conduzca a Ítaca con nuestras bendiciones
que, cuando el sol un día amaneciendo rojo
se lave en azul cielo sus ardorosos rayos,
sabremos que el camino que conduce tus pasos
habrá por fin concluido y con justos motivos
elevarán sus copas los griegos celebrando
entre cantos alegres y la ofrenda de toros
la instaurada justicia en las rectas costumbres.

González Alonso

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Futuros difuntos.(Eusebio Calonge) Compañía La Zaranda.

Futuros difuntos.-La Zaranda

He podido leer numerosos comentarios y críticas sobre esta magnífica pieza teatral; todas han tocado aspectos reseñables de manera inteligente, pero todas han pasado por alto lo más obvio y a la vez sustancial, lo medular de la obra, que es, a mi entender, cómo este trabajo nos mete de bruces en el espinoso asunto de la organización de las relaciones humanas en las sociedades  y en todo aquello que  hace posible y tolerable la convivencia: cómo se articula el poder y quién manda. Ese es el tema y el drama.

Hablar de poder y de mandar puede puerilmente remitirnos a ideas sobre la naturaleza del autoritarismo, de las dictaduras o las autocracias. Nada de eso. Cualquier sociedad moderna, democrática, liberal, progresista, capitalista o comunista, está asentada en una organización del poder y la delegación -de grado o por fuerza- de la autoridad en algunos individuos, ciudadanos y partidos políticos que organizarán la convivencia, mandando. Hasta la más utópica sociedad libertaria no podría serlo sin este requisito para que verdaderamente sea la Anarquía la máxima expresión del orden, como expresó Eliseo Reclús. Incluso para el orden, reclamará Proudhon la máxima dignidad e importancia al afirmar que  la libertad no es la hija, sino la madre del orden. Conviene, al efecto, no juzgar de forma maniquea estos conceptos de orden, libertad, mandar y poder.

El texto de Eusebio Calonge nos remite a un país en el que hasta ese momento la convivencia estaba organizada por un dictador que ejercía una autoridad sin escrúpulos y en el  vacío de poder que sobreviene tras su muerte. El mundo de los locos y el manicomio como institución serán los materiales con los que construir este discurso áspero sobre el poder. Tal vez por la plasticidad que brindan, el dramatismo consecuente a la duda que sobre lo verdadero y lo falso representa la conciencia del loco; también porque tememos la palabra del loco, de quien se asegura que dice la verdad desnuda de lo que ve, liberado de las trabas racionales y el temor a las consecuencias por lo que dice, de las que no pueden escapar los cuerdos, o porque -sea como sea- vivimos al dictado de las opiniones que se nos imponen desde los medios del poder constituido: gobiernos, partidos políticos, organizaciones no gubernamentales, radio, televisión, prensa, la red o internet, etc. Parece que pensamos y opinamos, pero no deja de ser algo ilusorio, de tal modo que podemos reconocernos sin demasiados ascos en un verdadero mundo de locos en el que vamos haciendo lo que se nos va dictando.

Ocurre, no obstante, que si en una sociedad, un país, el gobierno del mismo duda de que manda, entre los mandados se extenderá inexorablemente la incertidumbre  de que realmente mande, y se abrirá una brecha en la confianza, creciendo la duda sobre las opiniones de quienes mandan y su validez o necesidad de aceptarlas.

Tengamos en cuenta  que mandar es, sobre todo, sustentar una opinión y cargar o poner en manos de alguien algo que hacer (1) Se trata, siguiendo a Ortega y Gasset, de disponer de un sistema de opiniones, ideas, preferencias, opiniones y propósitos, desde los que mandar.

En la obra Futuros Difuntos se produce la desaparición del director de la institución. En el manicomio no hay nadie que mande (2) y ocurre lo que también Ortega y Gasset describe que ocurriría en cualquier escuela de la que desaparece el maestro; los alumnos, viéndose y sintiéndose libres de nadie que les mande, se expresarán a su gusto, dejarán sus trabajos, se entregarán -en fin- a la cabriola, que es -justamente- lo que les ocurre en un primer momento a los locos de la obra de E. Calonge. Pero pasado un tiempo, sin nada que hacer, surgirá el aburrimiento, el vacío, el desconcierto, y ya nada funcionará. Los locos desempolvarán sus antiguos trajes, rememorarán sus historias más antiguas, se preguntarán quién les va a dar de comer, quién les va a dirigir, incluso acariciarán la idea de ser dueños de su propio destino, y cuando se entregan a ello, volverán a repetir los mismos errores, erigirán tiranos, harán revoluciones, pasarán por la guillotina a otros autócratas, intentarán democracias y ensayarán guerras que finalmente les conducirán a la autodestrucción y la muerte en la lucha por el poder.

El pesimismo de esta obra no es más que un grito desgarrador llamando a la conciencia colectiva a estar alerta sobre lo que significa el poder, la libertad y la organización en libertad de ese poder. Resulta clara y dramáticamente reconocible la historia de España en todo el discurso teatral, con un manejo de la ironía que roza el sarcasmo en ocasiones, con una interpretación desgarradora, esperpéntica al más puro estilo de Valle Inclán, en ocasiones instalada en el teatro del absurdo o sin salir de sus espacios, según se mire. Pero si la realidad española ha servido y hecho los mimbres de la creación literaria, su mensaje no deja de ser universal -de ahí la grandeza de este texto- y cualquier pueblo, nación o país, puede reconocerse en él y aprender de él.

Cómo no mencionar, sería imperdonable, el trabajo de los tres actores que recrean este mundo de locos visto con tanta lucidez desde la obra teatral de Eusebio Calonge. Estos actores,  Gaspar Campuzano, Francisco Sánchez y Enrique Bustos, son merecedores de todo el reconocimiento y los aplausos a los que renunciaron en la representación del Teatro Barakaldo (Vizcaya) el pasado día 9, dejándonos ir, abandonar la sala, con unas lúgubres campanadas de fondo. Genial. Creo que hay trabajos a los que engrandece la interpretación. Este es el caso de la puesta en escena por el grupo teatral La Zaranda (Cádiz). En una entrega total, sin dejar decaer ni un instante el ritmo, atrapan al espectador, lo zarandean y sacuden y lo ponen frente a cada situación y cada encrucijada, ayudándonos a encontrar la clave y la solución a la desolación de la muerte y la destrucción, que es ayudarnos a encontrar una opinión propia sobre la que sustentar nuestra cabeza y el funcionamiento de la maquinaria de nuestra sociedad. O de lo contrario, sí seremos los futuros difuntos.

González Alonso

(1) Mandar es dar quehacer a las gentes, meterlas en su destino, en su quicio: impedir su extravagancia, la cual suele ser vagancia, vida vacía, desolación
(2) El que manda es, sin remisión, cargante [  ] Tal vez cansados de tanto cargarles y que les encarguen, pueden las gentes sentir como una fiesta la ausencia de que manda. Pero la fiesta dura poco y pronto las mismas gentes sentirán su vida en pura disponibilidad, de tal modo que -como ocurre desde hace mucho tiempo con la juventud- de puro sentirse libres, exentos de trabas, se sienten vacíos, porque vivir es tener que hacer algo determinado, es cumplir un encargo, y en la medida en que eludamos poner a algo nuestra existencia, evacuamos nuestra vida.
(Ortega y Gasset: La rebelión de las masas)

Luis Pastrana, Cronista Oficial de León, y el Día del Libro.

El Día del Libro nos acerca, a través de las páginas escritas, a sus hacedores, esas personas abnegadas en el trabajo de las palabras que llamamos escritores.

Los escritores son, se me antoja, hermosos troncos que sujetan y multiplican en las hojas de sus ramas el oxígeno que enriquece el aire que respiramos. Son vida.

Los árboles nos dan vida, también, con su sombra. Cuando desaparecen los árboles, desaparece la sombra, y un hueco con luz extraña se abre en torno de lo que fue el espacio que ocuparon sus troncos y la frondosidad de sus ramas; desaparece el rumor del aire y nos sobrecoge una indescriptible sensación de orfandad. En invierno nos traen sombras grises de agua y frío desprendidas de las ramas sin hojas. En verano, la rotundidad de un sol vencido en las copas verdes. En la primavera, sombra fresca de tallos nuevos y lluvias. Otoño es sombra larga envuelta en colores que se van haciendo lentamente para volar al suelo.

Sin luz no hay sombra; sin árboles no hay sombra buena, que es, incluso, la sombra de otra sombra mayor que es la noche.

De sombras buenas viven las personas buenas; que luego están las malas sombras, sombras hechas con los mordiscos que da la vida…

Luís Pastrana, a través de lo que fue su vida y de lo que es su obra, continúa siéndonos necesario y dador de vida, de buena sombra, cuando con la discreción e intuición que le caracterizaban,  apuntaba la denuncia, a veces la protesta, a través de los datos ofrecidos en sus trabajos, que acaban siendo retrato y reivindicación de nuestra condición de leoneses, porque «antes hubo mucho de olvido y todo de abandono» (dice de forma directa y poética  al hablar de Peñalba, Montes y Compludo-1987) y así, pienso, ahora como entonces, que «el camino es una senda para la aventura y las galochas«.

En gran medida ese olvido y abandono convierten  el tránsito por nuestra realidad en una aventura no exenta de riesgos, siendo el mayor y más grave aquel que desdibuja nuestra memoria de tanto mirar sin ver y oír sin escuchar. Y es que Luís Pastrana se dedicó en gran parte a la tarea de ver y escuchar para alimentar la memoria que nos hace fértiles como ciudadanos de un país que proclamaba a sus reyes al grito de ¡León, León, León y todo su Reíno...!(Políticas Ceremonias, pag.183) desde los balcones del Ayuntamiento y ante el pueblo.

El Día del Libro nos abre las páginas de la vida en cada obra de cada escritor. Y en León  tenemos, si no muchos, sí buenos escritores; y  algunos, muy buenos. Y con todos ellos tenemos contraída una deuda de gratitud con los que -y especialmente con Luís Pastrana- difícilmente podremos saldar, aunque podemos intentar devolverles un poco de cuanto nos dan, simplemente leyéndolos, acogiéndonos a su siempre generosa oferta.

Necesitamos los libros. Necesitamos a los escritores. Buscamos la protección de la sombra y encontramos la generosidad de los árboles, de las personas que nos tienden los brazos y nos acogen y dan un descanso a nuestro camino. Luís Pastrana, Cronista Oficial de León, fue una de estas personas. Lo sigue siendo. Es la buena sombra.

Julio González Alonso

Al año siguiente de la muerte de mi amigo Luís Pastrana quise recordarlo en el día especial del 23 de abril, Día del Libro, y escribí este pequeño texto que se publicó en la edición en papel del Diario de León. Hoy lo traigo aquí, a este rincón abierto de lucernarios por donde dejar entrar la luz de la poesía y la palabra, como renovado homenaje al amigo con quien tanto pude compartir, sobre todo su confianza,  amistad desinteresada y alegría. Para siempre quedaron grabados en la memoria hermosos días de León en los que me descubría sus secretos e historias con la pasión de quien ama las cosas; atrás quedan las horas de charla y siempre las gracias por el detalle de tener, sin olvido,   preparado en cada ocasión  el último de sus libros publicados para ofrecérmelo como regalo; libros que leía con fervor y de los que sacaba provecho utilizándolos en mis recorridos por tierras leonesas de la provincia o recorriendo sus páginas amenas de relatos, descripciones y anécdotas. Libros que siempre tengo presente y a los que acudo a menudo. Vaya un estrecho abrazo, amigo Luis, allá donde te encuentres, con el afecto que nada ni nadie, sabes, puede arrebatarme.

Salud

Tienes la edad del amor

 

Chica bajo la lluvia

Como viene el mar azul sumiso
a la tierra volcánica,
en besos húmedos
tú llegas a mis costas,
entretienes mis arenas en tu boca
y abrazo la cintura de tu agua. Tienes
la edad del amor,
la que imparable asciende en risas a los ojos
llenos de luz de mediodía – y no hay
defensa,
no hay combate posible
en el campo de mi piel,
tierra donde dejas
el rosario de cuentas en huellas de los labios –

¡Qué resistencia inútil
al ocaso de los años; qué estéril
el vano enfrentamiento a la pujante vida!

Te contemplo a la caida
de las tardes de verano
con los últimos soles en los cielos de los días.

Te contemplo

sabiendo que las noches
pondrán racimos estrellados a los sueños
de antes de la madrugada,

cuando el mar azul sumiso llegue hasta las playas
con sonrisas de espumas en las olas

y el viento, cambiante, arrastre
las últimas caricias
a poniente.

Julio G. Alonso

Poema publicado en la Antología colectiva Universos Diversos.- Poesía del Siglo XXI (octubre de 2009)

Mujer joven acercándose por la orilla del mar.Mujer joven alejándose por la orilla del mar.

Vidrieras.- Catedral de León.- En vitrales y piedra

.

Vitrales de la catedral de León.Catedral de León.Vitrales. Catedral de León

Vidrieras
Catedral de León

Abierta al aire,  de caliza piedra
en vanos deshojada y rosetones
te alzas etérea uncida de visiones
como abrazado chopo por la hiedra.

Son tus vidrieras fuego donde medra
la fe rezada en luz y en oraciones
verticales en cantos y pregones
de honda alegría que el temor arredra.

¡Ay de mí, descreído de lo humano
que niega lo divino,  impenitente
de su barro mortal amortajado;

hoy vengo a ti admirando al artesano
hombre que en vidrio de color candente
fundió la luz de un cielo ya olvidado!

González Alonso

Soneto publicado en la Antología de Poemas Alaire (Editorial Alaire, 2009.-Antología colectiva). Los vitrales de la catedral de León, así como la obra del templo, suscitan la admiración del visitante en su extremada belleza y evocación de un mundo en el que la espiritualidad se refleja en  la luz multiplicada de colores llenos de significados, como un gigantesco libro en el que puede leerse la explicación del mundo desde la concepción medieval. Cualquier sensibilidad, creyente o no, no puede menos que caer rendida ante tan magnífica y delicada obra en su ensimismada contemplación.

Catedral de León.-Foto de Alfredo García (Página Comarca de Gordón)Catedral de León.-Foto de Alfredo García(Página Comarca de Gordón)Rosetón norte.-Catedral de León.-Foto de Michael Reckling(en la red)

Fresa

fresa[2]

FRESA

Si en el espacio torpe de mi boca
eres sabor que a la lujuria incita
no ignores el regalo de esta cita
festiva, juvenil, alegre y loca.

Que si la vida es frágil, corta y poca,
su fugaz brevedad en ti concita
largo placer que con pasión invita
a vivir el amor que me provoca.

Pongo en mis labios besos que te besan
y deshago en mi lengua los placeres
que en húmedas caricias se me entregan.

Te como y te hago mía mientras llegan
con ardor los prestados menesteres
de los sentidos tientan y embelesan.

Quienes saben, confiesan
de esta jovial y lúbrica  locura
que no hay, por repetir, miedo a la  hartura.

González Alonso

                                          

El sueño de una noche de verano.- William Shakespeare. Ur Teatroa.

El sueño de una noche de verano.- William Shakespeare. UR TEATROA.- Teatro Barakaldo (Vizcaya)

Ur Teatroa.-El sueño de una noche de verano.- W.Shakespeare.

Reconforta el encuentro con un texto clásico de William Shakespeare en la recreación excepcionalmente imbricada en la realidad social de este siglo XXI, llevada a cabo por la salmantina  Helena Pimienta y puesta en escena con generosidad, frescura, desenfado, profesionalidad, inspiración e innegable acierto –entre otras consideraciones- por la compañía vasca Ur Teatroa. Hay que aplaudir la iniciativa de reestrenar esta pieza teatral 18 años después de su primera representación. Aplaudir y agradecer la oportunidad ofrecida de bucear en el mundo mágico de W.Shakespeare con este Sueño de una noche de verano a quienes nos perdimos la primera ocasión, porque –además de revivir una pieza única- se demuestra la bondad de la adaptación del texto de Helena Pimienta  poniendo de manifiesto la actualidad con que se siguen todas y cada una de sus aportaciones en la lectura contemporánea que del mismo ha llevado a efecto. Lectura que, en clave de cultura española, tendrá vigencia para muchos  años más, no sé si para más de los cuatrocientos que lleva escrito el texto de Shakespeare, pero sí los suficientes para ser reconocida, con todo merecimiento, como  una pieza clásica de nuestro teatro.

¿Y en qué aspectos de esta obra incidió Helena Pimienta  para esta ocasión? En primer lugar, en el lenguaje. Los recitados en verso  de la obra de Shakespeare están trabajados en la escena con una endiablada rapidez,  lo que imprime a la acción un ritmo intenso, pero siempre son perfectamente comprensibles. Nunca el espectador pierde el hilo del argumento enredado en el lenguaje de los recitados. En segundo lugar, en esa combinación del texto clásico con diálogos humorísticos y costumbristas de corte actual, poniendo en escena unos personajes que formarán el cuadro de actores que en la comedia ensayan una obra de teatro para representar en las bodas del Gran Duque e Hipólita, en Atenas. Estos personajes toman la forma de los distintos tipos de personas que con sus diferentes lenguas y modos de expresión culturales representan la diversidad española. Es algo que nos hace muy próxima la problemática de la comedia, ya que todo transcurre en el mundo de los sueños y la magia,  donde ensayan y ponen en escena su obra y así, con este escudo protector, se tocan los tópicos de los encuentros y desencuentros de catalanes, vascos, gallegos, andaluces, o los inmigrantes, reflejados estos en el personaje del polaco. Hay como una visión de España, desenfadada en el planteamiento y desmitificadora de los problemas que nos atribulan, que nos hace, a modo de espejo, visibles a nosotros mismos, reconocibles en nuestro particular modo de relacionarnos y compartir historia y cultura, a la vez que también de manera mágica nos reconcilia con nosotros mismos. Es como si hubiera una obra de teatro dentro de otra obra de teatro.

Pero si tenemos que explicar cuál es el tema de la comedia de W. Shakespeare y de la adaptación llevada a cabo por Helena Pimienta, digamos –sin ambages- que éste es el amor y la expresión de todas sus grandezas y servidumbres. ¿Y en qué estado puede vivirse el amor en su más natural y libre expresión? La respuesta es, en el sueño. En el sueño todo es posible, en oposición a la realidad, donde los convencionalismos y las limitaciones sociales, económicas y culturales, imponen unas formas determinadas de servirse del amor.

William Shakespeare sitúa la acción en la Atenas clásica, presentándonos a una joven que debe aceptar en matrimonio a un hombre al que no ama. La solución será la huida al bosque para reunirse con el hombre de quien verdaderamente está enamorada. Este viaje al bosque desde la ciudad, representa el viaje del mundo real al mundo de la Naturaleza, un mundo gobernado por los instintos y donde caben muchas otras realidades. El mundo del bosque es el mundo de los sueños, donde hacen y deshacen  faunos y hadas inmiscuyéndose en las cosas de los humanos y propiciando situaciones y vivencias inimaginables. Este viaje nos habla de nuestra realidad, descubriéndola más profunda y compleja de lo que imaginamos. Cuando se acaba el sueño e iniciamos el camino de regreso, nos frotamos los ojos recordando –todavía con la emoción latiendo en el pecho- lo que nos hemos atrevido a vivir y esperando, en cierto modo, encontrar parte de ello en la realidad del mundo consciente o, al menos, volver a sumergirnos en un nuevo sueño.

Es lo que produce la visión de esta comedia desarrollada –como he apuntado- con varias tramas argumentales en diferentes estilos y tipos de lenguaje interpretativos que van del estilo realista al poético, pasando por el circense, la danza o la farsa. Los actores y actrices de Ur Teatroa ( seis en total para dar vida a dieciocho personajes) nos llevan y nos traen del mundo real, de la vigilia, al mundo mágico y el sueño, llenándonos el alma de sensaciones agradables, sumergiéndonos en la confusión de los sentidos, los anhelos, los deseos prohíbidos, para posarnos luego, suavemente, de nuevo en la realidad, con la duda de si todo lo vivido fue realmente soñado o si lo soñado fue realmente vivido.

González Alonso

La amarga victoria de Albert Camus a los 50 años de su muerte

Albert Camus

Cumplidos los 50 años del nefasto accidente de automóvil en el que perdió la vida el autor de La peste, El extranjero o la obra teatral Los justos – comentada en esta bitácora LUCERNARIOS– la figura del Premio Nobel (1957) se alza con la crudeza y la claridad de una verdad que nos desnuda de los trágicos errores de la izquierda intelectual heredera de J. Paul Sartre; errores tales como el del papel ignominioso que se asignaba a la violencia revolucionaria. Ya en la precitada obra drámatica Los justos se cuestionaba esta actitud enfrentándonos al dilema moral que significaba el asesinato en la actividad subversiva sustentada en el convencimiento de que el fin justifica los medios, o que ante la violencia institucional y la injusticia social ejercidas por los gobiernos, la respuesta debía ser igualmente violenta para restablecer la justicia social y empujar a las clases trabajadoras a la acción para su emancipación. La postura de rechazo de A. Camus será contundentemente más explícita desde las páginas de El primer hombre. Pero la reacción de J.Paul Sartre y sus seguidores ante esta toma de postura, parapetados en los adarves de la formación intelectual y universitaria de la que A. Camus carecía y que obscenamente  le era echado en cara,  fue de un desprecio absoluto por la persona del escritor y la condena de su obra.

Empero, lo que supo ver A.Camus y tuvo el coraje intelectual de mantenerlo, venía servido –como subraya Jose Mª Ridao en su artículo de El País (La verdad transparente de Camus.- 2/01/10)- por Albert Camus con su mujer e hijosuna actitud ante la vida diametralmente opuesta a la de sus detractores.  A. Camus, escogiendo la vía de la naturalidad y la experiencia íntima en la concepción de la totalidad del mundo, fue construyendo sobre el mismo,  laboriosa y dolorosamente,  sus posiciones políticas y morales.  De ahí –como hemos subrayado en el comentario sobre la obra Calígula, de A. Camus- que la poesía y la belleza se instalen en sus escritos como vehículo de expresión y conocimiento por encima de las elucubraciones de los discursos obscuros y las argumentaciones de una racionalidad alambicada y confusa. La verdad es bella y terrible,  parece gritarnos Camus,  y exige mucho coraje, el mismo que no escatimó para ser de los pocos escritores que se atrevieron a denunciar los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki o alzando la voz para proclamar que la II Guerra Mundial no la ganaron unos países y la perdieron otros, sino que fue un inmenso drama en el que se impuso la victoria de los hombres y mujeres de todos los países –incluídos Alemania e Italia- que defendieron la libertad frente al totalitarismo.

Esta postura, mal entendida y peor interpretada, que se resumía en rechazar la idea de que el nazismo se identificara con Alemania, considerando a este país como la primera víctima del mismo, la mantuvo con firmeza reclamando, como escritor, su independencia frente al poder y reclamando igualmente dicha actitud a todos los escritores, a quienes pide que sostengan con orgullo, incluso con soberbia, las consecuencias de ejercerla.

Han transcurrido 50 años de la desaparición de A.Camus. Los errores de la izquierda han pasado una factura demoledora para las aspiraciones de la emancipación de la clase obrera, diluida, Noticia de la muerte de Albert Camus en 1960 fagocitada,  por el desarrollo del capitalismo con la incorporación de gran parte de las demandas sociales de los programas políticos de la izquierda, como educación, sanidad o sistemas de pensiones. Pero si Camus pudiera enjuiciar desde su particular independencia intelectual y moral la nueva situación, su intuición,  la naturalidad de su conocimiento,  le llevaría previsiblemente a plantear el dilema moral suscitado con la explotación de los recursos naturales y humanos del planeta en un mundo más globalizado que nunca, y el recurso a los mismos argumentos de la violencia y la guerra, la corrupción y la ambición, para ejercer y llevar a cabo dicha explotación por parte de los poderosos,  apelando a la libertad y el orden democrático e, incluso, al nombre de Dios en la lucha contra el mal. Es decir que, al igual que para la izquierda intelectual europea estaba justificada la violencia revolucionaria, para el capitalismo triunfante está justificada la violencia bélica asentada esta idea  en el principio de que  el fin justifica los medios.

Le tocaría de nuevo a A.Camus alzar la voz para exigir la independencia de los escritores y periodistas frente al poder. Y volvería a ser anatemizado, me temo, por los defensores de los valores occidentales y la economía de mercado. Porque se puede apreciar que continuamos, 50 años después, sin resolver los problemas en los que fracasó la izquierda, y que el capitalismo –sin alternativas reales-  los ha extendido al mundo entero como un reguero de pólvora al que se le ha prendido la mecha. Y es que parece estar más claro cada día que el capitalismo no es la solución al capitalismo y que, parafraseando a Camus, podríamos aseverar que no hay que identificar, por ejemplo, fundamentalismo con países árabes, señalando arteramente el fundamentalismo malo contra al que será lícito combatir a la vez que se niega y pone a salvo el fundamentalismo propio, el bueno, desde el que iniciar las agresiones contra pueblos enteros. Porque el fundamentalismo es idéntico –como lo eran el fascismo y el nazismo- en cualquier país bajo cualquier cultura y bandera.  Así que si hay alguna solución no será la de la confrontación de culturas, sino el compromiso –una vez más- de hombres y mujeres de todo el mundo con la libertad y un orden de justicia que excluyan definitivamente la miseria y restituyan la dignidad humana a cada persona en cada rincón del planeta. Tal vez sea mucho pedir. Tal vez volvamos a la utopía. Pero, como se escribió en los muros de París en los sucesos de aquella revolución pequeñoburguesa protagonizada por los estudiantes del mayo del 68, lo más real será reivindicar lo imposible.

Julio G. Alonso

Postal de vida y de muerte

Postal de vida.Postal de muerte.

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La postal de la vida
puede tener el rostro de princesa
y a la mirada uncida
dulce color de fresa
que a los años de infancia te regresa.

La postal de la muerte
la dibujan con sangre las pistolas
y es el odio la suerte
ahogada en caracolas
y rojo en campos rojos de amapolas.

¡Ay paisajes de infancia
donde el azul es cielo en la mañana
y en la noche fragancia
leve y sutil que emana
la luna en sueños que tu amor devana!

¡Ay trincheras del miedo
odio, rencor, dolor, hambre y venganza
que en el latido quedo
que al corazón alcanza
se alzan contra la vida y la esperanza!

Yo busco en el encuentro
del amigo la risa de la vida,
y la pongo en el centro
del corazón que anida
feliz memoria y dicha compartida.

Y siento si la suerte
adversa del destino llega presta
y lleva con la muerte
en la perdida apuesta
del amigo su flor en la floresta.

Julio G. Alonso

El poema Postal de vida y de muerte está compuesto en liras. La lira es una estrofa renacentista introducida por Garcilaso de la Vega y que toma el nombre del primer verso del poema A flor de Guido escrito con esta modalidad estrófica en el cual aparece la palabra lira:

Si de mi baxa lira
tanto pudiese el son, que en un momento
aplacase la ira
del animoso viento
y la furia del mar y el movimiento,

En el caso del presente poema, cada estrofa ofrece un aspecto positivo y otro negativo de la vida en una especie de secuencia en la que encontrar la cara y cruz que  el mismo hecho de vivir comporta.

Es una estrofa de tratamiento suave y agradable musicalidad. Su estructura se compone de cinco versos de rima consonante en una variación de heptasílabos y endecasílabos:  7a -11B -7a -7b -11B