Las diez de últimas

 

Las diez de últimas

Barajaron tus padres la partida
en un lance de amor. Fue gran ventura
tu venida a este mundo y la hermosura
del precioso regalo de la vida.

El juego que tocó, a la suerte unida,
te premió con jugadas y largura
en la felicidad que el tiempo apura
con días de alegría sin medida.

Pero llegada, al fin, la postrer mano
cuando quiso la muerte las penúltimas
cartas jugar, erró en su vano intento.

No es que  del juego fuera yo un portento
pero supe guardarme de antemano
el triunfo que me dio las diez de últimas.

González Alonso

Sanchica

Sanchica

Quince años, dos arriba dos abajo
Sanchica cumplirá. Como una lanza
es la moza al decir de Sancho Panza
que parió su mujer Tere Cascajo.

Fuerte y capaz de hacer cualquier trabajo
para ser gran condesa bien le alcanza
todo el aire del campo, la templanza
y saber cocinar las sopas de ajo.

Tal mañana de abril fresca y lozana
ninfa del verde bosque bien sería
y agua que limpia de la fuente mana.

Más fina que la fina porcelana
su cara de condesa luciría
en su curtido rostro de aldeana.

González Alonso

En la sima

En la sima

Desde la sima en que la mala suerte
quiso poner a Sancho en duro aprieto
se oye con sus lamentos el discreto
silencio de su burro ante la muerte.

¿Y qué esperar después de conocerte,
guardarme la amistad con tu respeto,
si el trance de esta noche y su secreto
traerán  la desdicha de perderte?

Pasan las horas lentas en el sucio
triste y frío  lugar de la vileza
con lágrimas, lamentos y querellas.

Y en silencio profundo sigue el rucio
filosofando mudo y con tristeza
los mensajes del viento y las estrellas.

González Alonso

*Sancho y su rucio caen por la noche en una profunda sima. El burro, silencioso y patas arriba, miraba la noche estrellada por el agujero del precipicio mientras Sancho gritaba y  se lamentaba convencido de que allí, amo y pollino, acabarían su paso por la vida. (El Quijote.- II, 55)

Alonso Fernández de Avellaneda

Alonso Fernández de Avellaneda
Malo es todo aquello que para el fin deseado
vale poco (El Quijote de Avellaneda, cap. XVII)

Si para el fin querido vale poco
todo aquello que es malo, hagamos cuenta
de cuan poco ha valido aquí la afrenta
robándole a Cervantes este loco.

Avellaneda dicen en el zoco
ser el avellanado que dio a imprenta
esta segunda parte donde asienta
su torpeza escribiendo; yo así invoco

a  Dulcinea desterrada; al triste
hidalgo sin amor; al escudero
simple, ramplón, rufián y avaricioso.

¡Que don Quijote sin amor no existe!
¡Que no hay Sancho más fiel y aventurero!
¡Que no hay sin Dulcinea mundo hermoso!

González Alonso

Hoy

Hoy

Hoy te miro con ojos de amor adolescente
cuando el otoño llega, se duele la memoria
y dormitan las horas en todos los relojes
con sueños olvidados oliendo a poesía.

Hoy te quiero en la calma de la tarde lluviosa
y busco en los recuerdos cobijo como el pájaro
busca amparo en el nido, como buscan las alas
el vuelo libre y alto y  los labios los besos.

Hoy  humedece el llanto el te quiero no dicho,
las caricias, el tacto de tu piel en mis dedos,
la luz de tu sonrisa, la voz de los deseos.

Hoy te quiero y te nombro, pongo al amor palabras
que habitan los jardines de la melancolía
como habitan la lluvia las gotas de los versos.

González Alonso

La vida en cada andanza

La vida en cada andanza

Sentiste lo terrible y la tristeza
herir de soledad y de amargura
el alma condenada a la angostura
de un tiempo sorprendido en su extrañeza.

Sufriste del destino la rareza
de encontrarte de frente la locura
y abierta de la pena la costura
de lo cierto perdiste la certeza.

Pero en tu pecho alienta la esperanza,
nueva luz que palpita entre tus ojos
como la melodía de una danza

y sabrás que la vida en cada andanza,
dudas, tropiezos, alegría, antojos,
no te olvida jamás en su mudanza.

González Alonso

Dejar de ser

Dejar de ser
Cuando eres consciente de la muerte, acabas
asumiendo tu propia soledad.- Rosa Regás

Cuando el alma descubre que está sola
y el pasado son sombras, ¿qué esperanza
cabe anhelar de lo que el tiempo alcanza
arrasando la edad con furia de ola?

Cuando la vida en soledad se inmola
y escapa la memoria, ¿qué templanza
tener si todo trueca en la mudanza
que  al sueño mata y lo vivido asola?

¡Qué terrible fortuna nos espera,
qué dolor insufrible, qué presagio,
qué frío tacto de la fría cera!

Pues si nadie será lo que antes fuera,
nadie tampoco evitará el naufragio
de dejar de ser ya lo que quisiera.

González Alonso

La espada de don Quijote

.

La espada de don Quijote

Desde el acero noble de tu espada
quien fuiste antes Alonso que Quijote
con Rocinante al paso o bien al trote
persigues sueños de una edad dorada.

Si supiste poner nombre a tu amada
y darle con tu amor el alma en dote
¿por qué olvidar poner del arma el mote
que dio a tu apodo fama consagrada?

Yo sé bien que Filona armó tu brazo
y tu valor; venciste al vizcaíno
con fortuna y la gloria fue tu abrazo.

Y aun Fielfilona fuiste cuando el vino
sangraste de aquel odre, gigantazo
encantado en la venta del camino.

González Alonso

Sonetillo numérico con cuernos

Sonetillo numérico con cuernos

Cuando hablemos de mari   2
y cuernos, no habrá ning     1
que encuentre muy oport    1
hacer chistes diverti            2

Pero estando tan doli          2
de amantes no hacen ay     1
y con talante mor               1
a otras hembras caen rendi 2

Y así hasta el más chapu     0
de todos estos pillas           3
nunca  será tan sin             0

que en medio del agua       0
reconozca en sus desas      3
que siempre habrá otro ter 0

González Alonso

A veces

A veces

A veces la alegría que hay en tu alma
envuelve en soledad de cautiverio
el amor ya perdido, la imposible
caricia, la emoción, beso en la boca
que consumen las llamas del recuerdo.

A veces te presentas entre sombras
como la noche entrando por mis ojos
y sobrecoges con tu imagen viva
las láminas aladas de los sueños.

A veces vienes sin aviso previo
por la puerta trasera del olvido
alborotando miedos y emociones
con tu presencia sola y silenciosa.

A veces, sin embargo, sólo temo
abrir los ojos y al llegar el alba
no verte más; maldigo luego el día
y la luz que te borra y te acaricia
y celosa te esconde
y que te abraza.

González Alonso