CELEBRANDO 12 AÑOS
En primer lugar, mi agradecimiento a cuantos leéis, dejáis vuestra huella a través de ese gesto amable de pinchar en el “Me gusta” o con unas palabras a modo de comentario y saludo en cada entrada de este cuaderno. Sois uno de los motores principales de esta nave de la poesía y otras hierbas. Mil gracias por ello.
Y el 12, ese número que los matemáticos denominan como semiperfecto, pentagonal y sublime (sin que sepa cabalmente qué significa), se nos aparece de muchas variadas maneras, profundas, misteriosas o divertidas en algunos casos. Los 12 meses del año. Las 12 tribus de Israel. Las 12 veces que la Luna gira
en un año alrededor de la Tierra. Los 12 apóstoles de Jesucristo. Los 12 del cónclave de Qumran. El 12 de octubre de 1492. Las 12 del mediodía y las 12 de medianoche. Los 12 cascabeles de la canción de Joselito. Las 12 puertas de Jerusalén. El 12 como número atómico del magnesio. Los 12 nervios craneales. Los 12 dioses de la mitología griega. Las 12 letras de mi fecha de nacimiento: siete de marzo. Las 12 uvas de fin de año. Las 12 estrellas de la bandera de Europa como símbolo del orden cósmico, la perfección y la unidad. Los 12 frutos del árbol de la vida…
Seguro que muchos de vosotros podréis completar la lista del número 12. Si lo hacéis y me lo hacéis saber, estupendo. Yo concluyo aquí, el 12 de noviembre, con este aniversario feliz. Un abrazo y salud.
González Alonso


El viaje a ninguna parte
Dejadas aquí las felicitaciones pertinentes al cuadro escénico y todo el equipo técnico por su meritorio trabajo, podemos recapitular sobre el contenido y alcance de la obra que Fernando Fernán Gómez publicara en 1.985 para ser llevada al cine apenas dos años más tarde. Este viaje a ninguna parte nace de la memoria, la experiencia y el amor por el teatro de un cómico, gran actor, escritor y poeta. Lleva en sus palabras la rabia de la reivindicación, la lucha contra el olvido y la fe en una profesión esquiva e inestable, sujeta a todas las inclemencias de los tiempos. Y aquellos tiempos de los que nos habla Fernán Gómez se enmarcan en la postguerra de una España castigada por el hambre y la dictadura que alargaría su oscura sombra de represión por espacio de más de cuarenta años. Si nada era fácil para nadie, menos aún lo fue para aquellos hombres y mujeres, herederos de los cómicos de la legua, que formaban pequeñas compañías familiares y paseaban sus espectáculos por los pueblos, trabajando cuando podían, como podían y siempre mal pagados. El haber conseguido plasmar un retrato realista de tal dureza fue un logro, pero fue un atino mayor hacerlo desde dentro del alma de sus protagonistas en los que palpitaban los sueños y las ilusiones junto a los amores y desamores, fracasos y pequeños éxitos que ardían como la llama temblorosa en el pabilo de una vela siempre a punto de apagarse. 
Nos encontramos ante una obra eminentemente poética en la que la cadencia narrativa y plástica discurren con gran belleza por los versos de este soberbio poema dramático. La historia del asesinato de Inés de Castro decretado por el rey Alfonso IV de Portugal a instancias de los nobles influyentes de la corte, desatará la desesperación del infante don Pedro, enamorado de Inés y secretamente casado con ella; a la desesperación le seguirán la ira y la venganza, haciendo la guerra a su padre y persiguiendo a los asesinos de Inés hasta darles muerte. Inés será coronada reina de Portugal después de desenterrarla y sentarla en el trono.
Adiós, dueño mío – La traición de la amistad
De la autora, que además de la comedia “La traición de la amistad” escribió poesía y novela, se dice que está considerada la segunda mejor narradora de la época, reconocida en su momento y elogiada por Lope de Vega. Entre sus obras destacan las “Novelas amorosas y ejemplares” o el “Decamerón español”, construido según el marco narrativo de la obra de Boccaccio y de claras influencias cervantinas en cuanto al estilo, naturalidad y frescura de su prosa. En el siglo XVIII, sin embargo, será prohibida por la Inquisición y los textos de María de Zayas, copiados a mano, pasaban de unas personas a otras de manera clandestina. 
Una ciudad de la España cristiana hace mil años
Sobre el contenido del libro que nos regala Sánchez Albornoz, lo primero que me sale decir es que si algún director de cine quisiera hacer una película, ya tiene el trabajo hecho sólo con seguir sin quitar ni poner nada la pormenorizada exposición del autor. Siendo la obra de un historiador riguroso como lo fue Claudio Sánchez Albornoz; siendo una obra muy fundamentada en la cual cada detalle, nombre, frase, uso o costumbre, encuentra su referencia histórica y documental, es, sin embargo, una obra amena, entretenida y de la cual, por supuesto, se extraen muchos conocimientos y que permite casi ver cómo era la vida cotidiana de nobles y plebeyos en León cuando se constituyó en la capital del reino cristiano más poderoso del siglo X.

