Sorteo de libros firmados de «Ruido de ángeles»

¡Gran día de Reyes! Y con la referencia de esta fecha y el trabajo de Gallego Rey en su canal de Youtube os invito a participar en el sorteo de 2 ejemplares del poemario «Ruido de ángeles» (Ediciones Vitruvio, 2020) que podéis conseguir por partida doble, aquí y en el canal de Gallego Rey.

Para ello, en este espacio, basta con que dejéis un comentario o un simple saludo en esta publicación y el 15 de marzo daré el nombre de la persona ganadora del sorteo; la persona ganadora deberá escribirme al correo electrónico:  leondar2050@gmail.com  enviándome su dirección de correo postal a donde quiera que le envíe el el libro firmado y dedicado.

También, como podréis escuchar en el vídeo de Gallego Rey, podéis optar a conseguir un ejemplar siguiendo las orientaciones que da en su canal, igual que las anteriores, pero dejando el comentario o saludo en su canal de Youtube.

Espero que os animéis y que este día singular de Reyes os traiga el regalo de la poesía. Un abrazo y salud.

El faro de enero

El faro de enero

Navegabas perdido entre las olas
atado al mástil de la edad y el miedo
la amenaza de un mar sin horizonte
ni la esperanza de llegar a puerto.

Y fue enero quien trajo hasta tus ojos
en la luz de sus costas la promesa
brillante de la nieve como un faro
para orientar tu rumbo con certeza.

El duro frío atado con  los años
de la infancia, los primeros amores,
las primeras promesas, las mentiras
primeras, los primeros torpes besos
en que ardieron los labios y las manos
sujetas al temblor de su cintura,
del delicado abrazo de los cuerpos
junco de flor temprana en su hermosura.

González Alonso

Días de diciembre

Vienen de Oriente
con mensajes confundidos. Muere el año,
nace un niño,
lo celebran los sabios con regalos
y rugen las fronteras,
los aviones sobrevuelan las alturas grises
de los cielos
y se entierra el miedo en los cimientos
destruidos.

¡Ay, qué signos de dolor y de esperanza
apegados al alma y a los ojos!
¡Qué maldición bíblica persigue
el destino de los hombres! ¡Qué terrible
condena
cayó sobre sus cabezas!

Trae el aire de la noche el frío
envuelto en la paz de un villancico
mientras la muerte es viento helado
en las ciudades destruidas. Damasco, Raqa, Homs,
Alepo en la extensión antigua de Babilonia, Siria,
y en Israel y en todos
los territorios ocupados palestinos.

Los días de diciembre son vuelo de palomas
de la paz en desbandada
y en los picos
una ramita de olivo.

González Alonso

………...

Días de noviembre

Pasaron con su olor a crisantemos
los recuerdos y los días;
noviembre vistió sus tumbas
de oraciones,
repicaron
las campanas.

Un viento frío soplaba entre cipreses.

Pasaron en un vuelo de palomas
las ilusiones
de antaño.

¡Qué solitaria quietud
la muerte!

Sobre el nombre de la vida
escrito en mármol
deposité una flor.
El cementerio
reposaba su luz en lápidas

blancas,
dormía,
y volví
pensativo y cabizbajo
sobre mis últimos pasos.

González Alonso

Ortuella, 1980

Ortuella, 1980

Cincuenta niños leían en la escuela
y en sus cuentos infantiles soñaban las páginas
ilustradas, gigantes y brujas buenas,
hadas en las letras mágicas de las palabras.

Un maestro, una maestra, en su corazón
recogían las sonrisas, el gesto de sorpresa, las miradas;
removía en las cocinas la cocinera los olores de las cazuelas
al punto del mediodía, las doce de los ángeles
que ellos no conocían ni esperaban y todo fue un instante,
un descuido del destino que pasó por el patio y por las aulas
aquel octubre
en aquella mañana.

Leonard Cohen lentamente desgrana canciones de amor
y odio, y dice I can dream
con su voz profunda
y grave.

Ahora que resuenan doce campanadas al mediodía
de octubre, y veo volar las páginas de los cuentos,
aquellas últimas sonrisas, las miradas del ángelus,
cincuenta pares de ojos infantiles
leyendo la última palabra, ¡ay, dios, qué terrible
desconcierto!, ¡qué dolor de huesos en cada campanada!

Leonard Cohen desgrana sus canciones de amor
y odio lentamente; I can’t dream,
corrige
con su voz grave y profunda
en cada una
de las doce campanadas.

González Alonso

*Leonard Cohen, poeta y cantautor canadiense.- I can dream: Puedo soñar; I can’t dream: No puedo soñar.

Hace hoy 40 años de la tragedia de Ortuella, que fue la explosión de una bolsa de gas propano en el Colegio Público Marcelino Ugalde y la muerte de 50 niños y niñas y 3 adultos, una cocinera, un maestro y una maestra en estado avanzado de gestación. Pasarán otros 40 y ya no estaré para contarlo, pero otros 100 que pasaran no podría olvidar aquel tristísimo día.

El poema que hace hoy referencia a aquella experiencia es uno de los 70 que forman parte del libro «Ruido de ángeles» (Ediciones Vitruvio.- Colección Baños del Carmen.- Madrid, 2020)

El monumento «La flor truncada» fue donada por el escultor José Noja (Huelva) y levantada en Ortuella en 1981. En su placa reza la inscripción: «De todos los niños de España a los niños de Ortuella».

El poema publicado en El Correo del 23 de octubre: ORTUELLA 1980, el poema de un maestro a los niños

 

 

Los libreros de Bagdad

Los libreros de Bagdad

Los libreros de Bagdad
dejan, al cerrar sus tiendas, los libros en la calle
porque piensan
que los lectores no roban
y los ladrones no leen.

Los libreros de Bagdad
son sabios; sus enseñanzas nos descubren
la epifanía de los libros en las calles,
hojas bulliciosas de palabras
para llenar el fardo de la vida.

Los libreros de Bagdad entonan cantos
ferozmente felices aunque saben
que hay palabras que ahorcan
y otras que liberan
si su tinta corre en ríos como el Tigris
por la ciudad que es regalo de dios, la biblioteca
de la Casa del Saber, pasión del conocimiento
y las humanidades
en los confines del mundo,
escuela de traductores,
templo de erudición,
la libertad que vuela entre poemas
y enraíza en la urbe a cal y canto construida
y a la que alcanzan todavía
las sombras antiguas de los cedros.

González Alonso

Días de octubre

Días de octubre

Era decir octubre y era otoño,
nostalgia de colores, luz herida,
el aire ensimismado de silencio
y el amor en un vuelo de gaviotas.

Era decir los días entre mares
y entre cielos de nubes era ella
toda entera sonrisa enamorada,
beso sujeto al tallo de la vida.

Era decir sus ojos la belleza
conmovida y serena en la mirada
y a sus manos prendidas las caricias.

Era callar te quiero, era gritarlo
cuando las hojas vuelan de los árboles
y el viento con su abrazo nos vestía.

González Alonso

Cayeron las sombras sobre Babilonia

Pañuelo azul
en la cabeza; Babilonia
mece al aire el verde en sus palmeras
y los papiros se adornan de colores
y palabras. Veo una torre alzarse hasta el azul del cielo,
sabiduría
de arquitectos del mundo
y de poemas.

Sobre los hombros leve la seda azul vaporosa
y en los ojos, brillo de miel, el ámbar,
rosa encarnada los labios y la boca
abierta al beso, cintura estrecha
abrazada del amor.

Luego un disparo en el pecho de la alegría; la muerte
hecha rezos, el odio en oraciones,
el miedo de los cobardes
en el nombre de dios.

Así  Babilonia perece en el desierto
y entrega a las arenas el aroma de las flores
de sus jardines colgantes. Así se cercena el camino
a las estrellas. Así el amor  y la sabiduría.
Así la libertad.

Cayeron las sombras sobre Babilonia.
La joven vestía un pañuelo azul
en la cabeza,

pero llevaba
un libro
entre las manos.

González Alonso

Días de septiembre

Los días de septiembre
eran calles de León
y plazas,
días abriendo el curso
de Instituto
y eran los libros nuevos
con su olor de tinta fresca
y sus palabras nuevas.

Los días de septiembre
fueron pasos calle Ancha arriba
hasta la catedral y sus pináculos,
delicada altura gótica,
sombra de soportales de la Plaza
Mayor, chatos de vino agrio
en la Casa Benito,
la estrecha y quebrada calle
Matasiete,
Barrio Húmedo, isla de bares
y en Casa Blas más vino
y las patatas picantes
voceadas por el dueño,
cazurro y socarrón,
en céntimos y reales.

Los días de septiembre
eran días de paseo interminable,
Papalaguinda en las mañanas largas
y soleadas
de domingo,
las tardes tras las chicas por Ordoño
y en un escaparate los discos más vendidos,
en la cubierta los Beatles;
Love me do”, número uno
y la noche de aquel día
sonando en los altavoces,

poco dinero
en los bolsillos
y horas de sueños en sesión continua
envueltos en la penumbra de los cines
hasta el último pase.

González Alonso

Camacho, Basilio y Quiteria

Joven Camacho, toda tu riqueza
no bastará a alcanzar las pretensiones
de hacer tuyos los bienes y los dones
del amor de Quiteria y su belleza.

Siendo tan generosa tu largueza
en la vida y las bodas que dispones
no ha de ser suficiente ante razones
como las de Basilio en su pobreza.

Que el amor se descuelga por las ramas
del árbol del deseo y los caprichos
sin permiso de mozos ni de damas.

¡Ay corazón tirano que cuando amas
como aman los amantes antedichos
ardes tan sin remedio entre tus llamas!

González Alonso

*Del Quijote (I, capXX): Donde se cuentan las bodas de Camacho el rico, con el suceso de Basilio el pobre