Tienes la edad del amor

 

Chica bajo la lluvia

Como viene el mar azul sumiso
a la tierra volcánica,
en besos húmedos
tú llegas a mis costas,
entretienes mis arenas en tu boca
y abrazo la cintura de tu agua. Tienes
la edad del amor,
la que imparable asciende en risas a los ojos
llenos de luz de mediodía – y no hay
defensa,
no hay combate posible
en el campo de mi piel,
tierra donde dejas
el rosario de cuentas en huellas de los labios –

¡Qué resistencia inútil
al ocaso de los años; qué estéril
el vano enfrentamiento a la pujante vida!

Te contemplo a la caida
de las tardes de verano
con los últimos soles en los cielos de los días.

Te contemplo

sabiendo que las noches
pondrán racimos estrellados a los sueños
de antes de la madrugada,

cuando el mar azul sumiso llegue hasta las playas
con sonrisas de espumas en las olas

y el viento, cambiante, arrastre
las últimas caricias
a poniente.

Julio G. Alonso

Poema publicado en la Antología colectiva Universos Diversos.- Poesía del Siglo XXI (octubre de 2009)

Mujer joven acercándose por la orilla del mar.Mujer joven alejándose por la orilla del mar.

Sólo queda mirar.

 

Soldados hacia el frente.

El crimen.Desesperación.

No se entiende este tiempo; los ojos desorbitados             El asesino.
y la muerte trazando fronteras en tiros
de desconcertados
sentimientos; la piel reseca
y la sed y el hambre columpiándose en el miedo
de la mirada de los niños. Qué tierra
es ésta, qué paraiso de ambiciones                                           La derrota.
nos asola.                                                                                              

¡Ay, Señor!
Si a mis labios impíos asciende una oración
desesperada, a mi boca llegan palabras                                  
confundidas; si en mi corazón alienta                                       La muerte viene del cielo.
la última esperanza de rezar                                                          
es que todo se ha perdido,
la amargura ha sembrado en campos ayer fecundos
y la sal de las lágrimas es la última riqueza
en páramos de futuro.

No encuentro en este tiempo las palabras; aquellas que anidaban
la fronda                                                                                                        Kati Horna: guerra civil española.
de los años de juventud
ya volaron en confusión de días y horizontes;
no cabe en un pecho descreído más fe
de solidarios abrazos;

sólo queda mirar
hasta cegarse los ojos,

volver la vista –si puedes todavía- a la vida; sonreir           Miliciano muerto en el frente, Guerra civil española.
a tus hijos
todavía inocentes de estos crímenes,
contemplar el cielo que nos cubre a todos por igual. Es lo último
que puedo decir

antes que la memoria se extravíe en sombras de locura, Hacia el exilio.
estallen los ecos de la muerte su metralla
en tus oídos

antes que tu lengua ahogue tu garganta
y tu cuerpo sea inerte
y pesada,                                                                                              Camino del exilio.
amarga,
estatua de sal.

Julio G. Alonso                                                                                  

                                                                                                                                                                                                                                     El poeta Miguel Hernández.

De las muertes, las que traen la violencia y la guerra son las menos comprensibles, las más crueles, son las que dejan muertos en los campos de batalla, en las cunetas de las carreteras, debajo de las bombas, en la punta de pistola del asesino; y las que dejan muertos en vida y cadáveres sobre la memoria de las generaciones. Nunca es suficiente gritar contra la guerra.

Poema publicado en el número 4  de la revista multitemática  Alkaid (segundo trimestre de 2009.-Valladolid) que dirige Pilar Iglesias de la Torre.

Nacido en marzo

Anillo de compromiso de nombres entrelazados: Antonio González y Gumersinda Alonso

Dormía junio. Qué calor de caricias encendían
las hogueras de junio,

y ellos todavía no sabían mi nombre.

Soñaba junio. La piel bajo la blusa blanca
en el aire de junio,
en el aire de los besos, junio en el aire

y una rueda de molino movía el agua de mi nombre.

Despertaba junio. En los ojos la memoria
de las estrellas que hicieron noche en el estrecho abrazo
cuando ellos todavía
no sabían mi nombre.

Qué locura de labios pronunciando la vida
con palabras de amor, con los besos recorriendo los rincones de los
cuerpos
persiguiendo el aliento del deseo, el deseo del amor,
el amor de los cuerpos y la luz del alba
cuando ellos no sabían
que amanecía mi nombre.

Se amaron en junio, cuando todo germina y nace
y se hace vida
confundieron sus sangres, multiplicaron sus sueños,
atesoraron miradas y sonrisas para un futuro nuevo
en los nombres enlazados de un anillo de plata
cuando todavía no sabían
que escribían mi nombre.

Qué desvarío de temores cuando el día amanece
y las estrellas se llevan sus secretos. En el cielo
azul
junio crece,
entre sus días el agua de los ríos crece,
y ellos, ay, aún no lo sabían…

Mi nombre fue llamado en junio, se hizo luz
en junio
en ese choque brutal de amores y de miedos
cuando junio enciende sus hogueras,
crece las aguas de los ríos, las noches
con estrellas,
los días con azules
y los chopos verdecen orilla los arroyos

Cuando la vida empuja
y te trae y te nombra
a este lado de la vida,
junio,
y tú no lo sabías…

Julio González Alonso

Es habitual y lícito recordar a los padres, exaltar su memoria estén vivos o no, poner de relieve lo que significaron en nuestras vidas, real o imaginado o anhelado o simplemente hecho emoción fosilizada o fértil. Es igual, pero los padres son y han sido nuestra realidad. Yo he querido participar también de este hábito; pero he querido imaginar a mis padres muy jóvenes, en el momento de su encuentro en las praderas de la primavera ya incendiadas de los soles del verano. Evoco ese encuentro como una llamada a mi nacimiento y participo, así, de su aventura y la pasión y los sueños que inundan los corazones y los sentidos de los jóvenes cuando se aman. Es, en definitiva, mi particular homenaje a ellos, aunque ellos jamás sospecharán de la existencia de estos versos y si en su avanzada edad los conocieran y leyeran, me temo que no entenderían mucho de estas cosas que ahora le da por hacer a su hijo. Es igual; de todos modos, aquí están los versos para aquellos padres, muy iguales en casi todo a cuantos fueron y hemos sido padres.

Salud.

Corre, caballo de lascivia

Lady Godiva

Corre, caballo de lascivia, que no te sobrepase el tiempo, que se muera el
tiempo
hecho papel y tinta sobre los calendarios.

Anuda
las manecillas del reloj de la piel entre tus manos,
desboca
tu freno
y hunde el húmedo belfo en la bruma de la mañana;
que amanezcan en tu pecho crisantemos y anémonas, que se inunden tus ojos
con amaneceres de cuerpos desnudos sedientos de tu tacto.

Y lleva los besos en tu boca como la miel en los panales, dispuesta
a ser robada; presta a ser ofrecida,
dejando que otras bocas
besen
la palabra de tu lengua,
beban en la saliva de tu vida,
buceen las aguas de tus ríos.

Corre, amoroso toro de la canícula del verano, entre el polvo de la tarde de la era;
hunde la testuz en los senos de la noche
y que tu semen ilumine de constelaciones los confines del cielo. Antes
de que el tiempo
se haga pausa
en el pulso de tus sueños, surco en la geografía de tu cuerpo,
distancia
en lo profundo de la mirada de tus ojos,
muerte. Antes de que la felicidad quede a tus espaldas
y la memoria se clave cada día en las paredes.

González Alonso

El poema  está publicado en la Antología de Poemas Alaire (Editorial Alaire, enero, 2009. Antología colectiva). Forma parte también del libro de poesía «Lucernarios» (Ediciones Vitruvio.-Colección Baños del Carmen, Madrid, 2016). Anteriormente fue seleccionado para su publicación en la antología virtual Un Mundo y Aparte (2008), el cual mereció las siguientes palabras del prologuista y poeta Jerónimo Muñoz:

Si abandonamos el punto de vista de la métrica y ponemos nuestra
atención en los temas elegidos, nos encontramos con que, como podía
esperarse, el amor y el desamor, en algunas de las múltiples facetas
que presentan y desde algunas de las variadas ópticas desde las que
pueden ser divisados, copa prioritariamente la atención de los poetas.
Así, nos encontramos con poemas tales como “Corre, caballo de
lascivia”, de Julio González Alonso, en el que la lascivia, pez rémora
del amor, se trenza con la desbocada huida del tiempo: Magnífico
corcel, este del tiempo, para transportar a tan erótico jinete. Clama el
poeta, en su desasosiego ante la consunción, clama, en magníficas
imágenes, por no dejar pasar sin provecho ese tiempo devorador de
vida, e incluso menciona, en su variopinta muestra de metáforas, a ese
río heraclitiano que, sin dejar de ser, no es. Poesía luminosa, plena de
hallazgos y llovida por aquella angustia existencial machadiana.
 Carlos Arteaga.- Toro con mujer indefensa (Óleo, 2009)

Vidrieras.- Catedral de León.- En vitrales y piedra

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Vitrales de la catedral de León.Catedral de León.Vitrales. Catedral de León

Vidrieras
Catedral de León

Abierta al aire,  de caliza piedra
en vanos deshojada y rosetones
te alzas etérea uncida de visiones
como abrazado chopo por la hiedra.

Son tus vidrieras fuego donde medra
la fe rezada en luz y en oraciones
verticales en cantos y pregones
de honda alegría que el temor arredra.

¡Ay de mí, descreído de lo humano
que niega lo divino,  impenitente
de su barro mortal amortajado;

hoy vengo a ti admirando al artesano
hombre que en vidrio de color candente
fundió la luz de un cielo ya olvidado!

González Alonso

Soneto publicado en la Antología de Poemas Alaire (Editorial Alaire, 2009.-Antología colectiva). Los vitrales de la catedral de León, así como la obra del templo, suscitan la admiración del visitante en su extremada belleza y evocación de un mundo en el que la espiritualidad se refleja en  la luz multiplicada de colores llenos de significados, como un gigantesco libro en el que puede leerse la explicación del mundo desde la concepción medieval. Cualquier sensibilidad, creyente o no, no puede menos que caer rendida ante tan magnífica y delicada obra en su ensimismada contemplación.

Catedral de León.-Foto de Alfredo García (Página Comarca de Gordón)Catedral de León.-Foto de Alfredo García(Página Comarca de Gordón)Rosetón norte.-Catedral de León.-Foto de Michael Reckling(en la red)

Fresa

fresa[2]

FRESA

Si en el espacio torpe de mi boca
eres sabor que a la lujuria incita
no ignores el regalo de esta cita
festiva, juvenil, alegre y loca.

Que si la vida es frágil, corta y poca,
su fugaz brevedad en ti concita
largo placer que con pasión invita
a vivir el amor que me provoca.

Pongo en mis labios besos que te besan
y deshago en mi lengua los placeres
que en húmedas caricias se me entregan.

Te como y te hago mía mientras llegan
con ardor los prestados menesteres
de los sentidos tientan y embelesan.

Quienes saben, confiesan
de esta jovial y lúbrica  locura
que no hay, por repetir, miedo a la  hartura.

González Alonso

                                          

Postal de vida y de muerte

Postal de vida.Postal de muerte.

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La postal de la vida
puede tener el rostro de princesa
y a la mirada uncida
dulce color de fresa
que a los años de infancia te regresa.

La postal de la muerte
la dibujan con sangre las pistolas
y es el odio la suerte
ahogada en caracolas
y rojo en campos rojos de amapolas.

¡Ay paisajes de infancia
donde el azul es cielo en la mañana
y en la noche fragancia
leve y sutil que emana
la luna en sueños que tu amor devana!

¡Ay trincheras del miedo
odio, rencor, dolor, hambre y venganza
que en el latido quedo
que al corazón alcanza
se alzan contra la vida y la esperanza!

Yo busco en el encuentro
del amigo la risa de la vida,
y la pongo en el centro
del corazón que anida
feliz memoria y dicha compartida.

Y siento si la suerte
adversa del destino llega presta
y lleva con la muerte
en la perdida apuesta
del amigo su flor en la floresta.

Julio G. Alonso

El poema Postal de vida y de muerte está compuesto en liras. La lira es una estrofa renacentista introducida por Garcilaso de la Vega y que toma el nombre del primer verso del poema A flor de Guido escrito con esta modalidad estrófica en el cual aparece la palabra lira:

Si de mi baxa lira
tanto pudiese el son, que en un momento
aplacase la ira
del animoso viento
y la furia del mar y el movimiento,

En el caso del presente poema, cada estrofa ofrece un aspecto positivo y otro negativo de la vida en una especie de secuencia en la que encontrar la cara y cruz que  el mismo hecho de vivir comporta.

Es una estrofa de tratamiento suave y agradable musicalidad. Su estructura se compone de cinco versos de rima consonante en una variación de heptasílabos y endecasílabos:  7a -11B -7a -7b -11B

Proclamas en ovillejos

 

Novecento

¿Quién la libertad destierra?
¡La guerra!

¿Y en qué la vida convierte?
¡En muerte!

¿Y qué mata la inocencia?
¡La violencia!

Egoista en su demencia
la persona que esto olvida
sólo encontrará en la vida
guerra, muerte y violencia.

¿Pues no amas la libertad?
¡Verdad!

Y al fin, ¿Cuál es tu intención?
¡Comprensión!

¿Y quién te sirve mejor?
¡Amor!

Sabiendo que es el candor
el que a la dicha abre paso
bien cumplen en este caso
verdad, comprensión y amor.

¿Qué es lo contrario a morir?
¡Vivir!

Y vivir, ¿qué es en su esencia?
¡Conciencia!

Y ésta en sí, ¿cómo se escribe?
¡Ser libre!

Si lo que aquí se transcribe
en todo lleva razón
es mejor, en conclusión,
vivir, en conciencia, libre.

¿Qué es mejor en sociedad?
¡Igualdad!

¿Y quién hacerla es capaz?
¡La paz!

¿Y qué traen en su embeleso?
¡Progreso!

Veo en tal razón de peso
que en toda humana invención
se cumpla tal condición
de igualdad, paz y progreso.

Julio G. Alonso

Pese a ser considerado el ovillejo una estrofa adecuada casi exclusivamente al tema irónico, festivo o satírico, la intención en esta composición ha sido la de utilizarlo como tema de denuncia social y reivindicación. La oportunidad que para la reflexión abren las sucesivas preguntas que se hacen sobre el tema, creo que da pie también a este tipo de tratamiento.

El poema, magníficamente declamado, lo podéis escuchar en la voz de Rosa Iglesias:

LA VOZ BORDADA EN VERSO, de Rosa Iglesias

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p

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Ovillejo de La mujer y el vino

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Mujer y vino para un ovillejo.Vino y mujer para un ovillejo

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¿Qué es bueno sin desatino?
¡El vino!

¿Y es del hombre gran  placer?
¡La mujer!

¿Y qué cumple en su presencia?
¡Prudencia!

Pues si no cabe en su ausencia
la felicidad lograr
tampoco se ha de olvidar:
¡con vino y mujer, prudencia!

González  Alonso

 Mujer y vino.

El ovillejo es una clase de estrofa que algunos denominan de alarde y que inventó en su forma actual Miguel de Cervantes Saavedra. La usó en el capítulo XXVII de su novela El ingenioso hidalgo Don Quijote de La Mancha, escribiendo tres ovillejos para la ocasión. Los ovillejos se hicieron muy populares, pero luego su uso decayó hasta ser prácticamente  abandonado. Más tarde, en el Neoclasicismo, después en el Romanticismo, como hizo  Zorrilla en el Tenorio, aunque con algunas licencias,  y, por último, en el Modernismo, volvieron a ser utilizados. Miguel de Unamuno, uno de los mayores exponentes de la Generación del 98 (Antonio Machado, Pío Baroja, Ramiro de Maeztu, Ramon María del Valle Inclán y José Martínez Ruiz) también tuvo en cuenta esta estrofa en sus trabajos.

Es una estrofa brillante y muy sonora que implica cierta dificultad. Su elaboración artificiosa hace de esta estrofa un instrumento muy adecuado para la ironía, lo burlesco, lo humorístico o la sátira.

Teseo en Cnosos

Ivana Manzi,2002

Minotauro:
-Si te ofrezco el cuello, ¿seré cobarde?
Teseo:
-No, Minotauro. Algo me dice que podrías combatir y no quieres.
Te prometo herir bien, como se hiere a los amigos.
(Los Reyes.- Julio Cortázar)

Teseo, el que va a morir no es hijo de la muerte
y lee su destino en las paredes del laberinto;
te espera con la testuz aprestada para el golpe
de tu espada bruñida en el sol de Tesalónica.
Llegaste en tu arrogante nave a las costas de Creta
y las mujeres te ofrecieron vino y miel y un lecho a la sombra;
pero tus ojos sólo buscan a Ariadna en sus miradas
para ofrecerle el doble sacrificio del amor y la muerte.

En tu cuerpo los músculos son como la cuerda de un arco
fatalmente tensada en sus extremos anudados
y tu mano reposa sobre el pomo de la espada
en una caricia fría de temerosos presagios.

El que va a morir te espera y sabe que llegarás
dispuesto a cubrir de gloria tu juventud temprana;
pero no opondrá su fuerza, entregado a los cretenses
que compartieron a su lado los amorosos días.

Llegas repitiéndote insensatas sentencias y augurios
sobre el destino
del Toro que guardaba Ariadna en su pecho,
y rasgarás su túnica para anudar el largo cordel
que ha de llevarte al centro del laberinto.

No han de oír los dioses el lamento de la muerte
cuando el suave belfo humedezca la tierra
y todo el aire se contendrá cuando tu espada silbante
busque la sangre del noble cuello vencido.

Qué victoria has de contar para tus pocos años;
¿ no ves a los jóvenes y las mujeres llorando?,
¿ no ves qué tristeza sin límites traen las olas del Egeo
hasta las costas de Atenas?

Ay, qué laberinto has desatado hoy en Cnosos
que los cretenses van y vienen con los ojos arrasados en lágrimas
y te ofrecen las dulces uvas de los héroes.

Mira cómo Ariadna sólo escucha lo hondo de los cielos,
las palabras de su hermano, con los brazos tendidos
a lo largo de su cuerpo desnudo, y llorando su muerte
saluda tu juventud demoledora y fulgurante.

Antes de nada sabías que habías de matar al Toro
y te hubiera resultado más fácil si al menos hubiera luchado
o al inclinar su testuz no te hubiera mirado
con su mirada dulce y poderosa.

González Alonso

*Publicado en el libro «Lucernarios» (Ediciones Vitruvio.-Colección Baños del Carmen, Madrid-2016)