Pensamiento, palabras y música.- Arthur Schopenhauer

schopenhauer-1-oPensamiento, palabras y música
Arthur Schopenhauer

Prólogo y edición de Dionisio Garzón
Biblioteca Edaf.- Madrid, 2010

Leyendo a Schopenhauer en este libro, he tenido una primera impresión de encontrarme ante un autor seguro de sí mismo, un pensador que analiza de forma muy crítica su trabajo y el de los demás y un escritor que busca la claridad y la calidad de sus escritos sin ahorrarse juicios exigentes sobre la naturaleza, el valor y la función del lenguaje escrito, así como la exaltación del lenguaje musical.

No escurre el bulto Schopenhauer ante los temas que aborda sin que se le pase cuál es  la importancia y dónde reside la calidad de una obra escrita, empezando por el título, al cual equipara con la dirección de una carta que debe conducirnos sin titubeos a su destino; desestima, de ese modo, los títulos prolijos, los que no dicen nada, los oscuros, ambiguos, falsos o engañosos, considerando de entre todos ellos los peores aquellos que ya figuran en otros libros, por su manifiesta falta de originalidad y por ser un plagio.

schopenahuer 24Si, de entrada, se detiene de manera tan rotunda en la importancia de un título ¿qué imaginar de todo lo demás? Repasará, con la misma determinación, las consideraciones que hacen a un autor digno de ser leído o no, parándose con detalle en la cuestión del estilo y recriminando el pecado de la afectación. Schopenhauer considera que el estilo es un reflejo del pensar; aboga por un estilo natural al que, nos dice, renuncian los mediocres, que dejarán a un lado también la espontaneidad. De este modo nos señala a quienes pretenden producir en el lector la apariencia de talento tras la máscara de la incomprensibilidad o la escritura farragosa que conlleva la dificultad de entender. Es decir, tacha de incompetentes a quienes escriben para que nadie lo entienda, que es lo fácil. Alaba y estima, sin embargo, al escritor que expone sus ideas para ser entendidas por todo el mundo, que es lo difícil. Escribir poco claro o mal sólo significa pensar de modo turbio y confuso; la sencillez será, por el contrario, atributo de la verdad y de la naturaleza del genio. El estilo vago, forzado, ambiguo; así como el prolijo y cargado, solamente –asegura Schopenhauer- nos habla de un autor que intenta ocultar su pobreza de pensamiento. Hay, por tanto, que huir de lo pedantesco y difícil de comprender como resultado de intentar escribir con un estilo afectado. De igual manera resulta inconveniente querer escribir como se habla o hablar como se escribe. Sigue leyendo

Don Juan de la calabaza

calabaza

Don Juan de la calabaza

El Don Juan y la Calabacera
se parecen en que son,
aunque lustrosos por fuera,
huecos y sin corazón
.
Pepa Agüera

No teme Don Juan la muerte
ni al amor,
sangre y beso en el acero
de la punta de su espada
y a despecho del honor.

Calabaza  calabacera
que das a los vivos risa
y a los muertos miedo y pena.
Calabaza,
risa y miedo,
calabacera.

Don Juan de la calabaza,
calavera de Don Juan;
en los ojos fuego
y noche,
rejas
de monja.
En el aire
del convento,

sólo
sombras;

calabaza desdentada, calavera
calabacera
de Don Juan
negra silueta,
sino negro,
capa negra,
desafío
acero en mano
a los pies de un panteón.

¡Que llamen al enterrador!

Los vivos ríen
de miedo;

de risa
ríen los muertos
calabaceros.

Calabaza  calabacera
que das a los vivos risa
y a los muertos miedo y pena.
Calabaza,
risa y miedo,
calabacera.

González Alonso

DALÍ

Villa y Marte.- Ron Lalá

cartel-villa-y-marte-ron-lala-1Villa y Marte
Ron Lalá
Dramaturgia: Álvaro Tato
Dirección:  Yayo Cáceres
Intérpretes:  Daniel Rovalher; Juan Cañas; Miguel Magdalena; Fran García; Diego Morales

Teatro Barakaldo, 22 de octubre de 2022

La representación da comienzo a telón bajado. La nave espacial dirigida desde el famoso Pirulí de Madrid (torre de telecomunicaciones Torre España), llega con dificultades a Marte; el astronauta (o madrinauta como dirían los Ron Lalá) y el robot que lo acompaña cuyo apodo es “Trasto”, descubrirán que el planeta rojo está poblado, tiene una atmósfera más respirable que la Tierra y que es una réplica marciana del Madrid más castizo donde no faltan los churros, las corridas de toros (aunque en el ruedo toreen ingenios espaciales como el Rover, enviados por la NASA), las verbenas con música de organillo, los chotis y los líos amorosos. Una marciana de ocho ojos sueñas con visitar la Tierra porque –no sabe bien el porqué- le trae recuerdos de su abuelo; y el astronauta se enamora de Marte y la marciana porque sin saber tampoco por qué le recuerdan a su abuela. Y así, con enredos de celos terrícolas y marcianos, persecuciones policiales en busca de extramartícolas invasores, apresamientos y liberaciones, va transcurriendo el sainete “Villa y Marte” en que se convierte el “Madrid de Villa y Corte”.

VILLA-Y-MARTE-RON-LALA-FOTO-DAVID-RUIZ-3971-scaledLa cuestión que comentaremos ya es conocida de otras representaciones emblemáticas de Ron Lalá, como Cervantina y En un lugar del Quijote, pero no por ello deja de sorprender y admirar; el elenco teatral de Ron Lalá no solamente interpreta e interpreta de manera excepcional, sino que hacen música en directo, cantan, bailan y mueven con acierto todos los resortes del espectáculo teatral, elaborando unos textos desbordantes de ingenio, sin exageraciones, ni mal gusto ni dramatismos fáciles, ni manidas críticas sociales o políticas, con cierto guiño al esperpento y un surrealismo desconcertante. Lo que se puede definir, en definitiva, como teatro inteligente, en el cual el humor y la ironía sirven de soporte y vehículo al mensaje dramático. Sigue leyendo

La casa vacía

La casa vacía

Salieron los libros. En cajas como almacenes de letras fueron amontonados
y las estanterías ofrecen su vientre vacío al aire,
materia de la nada, oquedades estériles en la estancia silenciosa.

Luego los cuadros. Y las paredes enmudecieron; apenas en su piel alguna herida
del tiempo y el polvo donde hablaba la lengua del color y la forma.
Los muebles se resisten en sus espacios conquistados; pero saben
de su gesto inútil, de su poco peso, la ligereza inmutable del destino.

Se vacía la casa de sus palabras aprendidas con esfuerzo
y tropiezan las miradas volando sin encontrar donde posarse. Se van
aquellos recuerdos inolvidables
cuando la luz entra por las ventanas.

El delgado hilo de las horas felices se rompe entre tus manos
y las fotografías sólo son ya imágenes desgastadas
sobre el frágil papel  de la memoria..

No sabías, es cierto, que todo esto sería así; olvidaste
lo aprendido, y los afectos ya no te poseen; huyeron
los sentimientos
para habitar las regiones desoladas del vacío,
a excepción de la tristeza que te amortaja.

Abriste la puerta de la casa vacía. No fue difícil
salir. Así es
la vida. Sin ángeles que la guardan.

González Alonso

Huye de mí, lamento

183411139-un-intento-de-detener-el-tiempo-el-tiempo-no-perdona-a-nadie-lamento-por-el-pasado-el-tiempo-se-esca

Algo de cuanto muere cada día
y es justo por injusto que así muera
ha de ser el lamento que era y no era
razón y confusión, tormento y guía.

De qué le vale al alma la porfía
del recordar constante lo que fuera
aquel tiempo feliz de primavera
cuando de la memoria desconfía.

Huye de mí, lamento del pasado
y ruina de la dicha del presente
con tu pesada carga de tristeza.

Que apartada tu suerte de mi lado
como el agua que mana de la fuente
la vida ha de brotar en su pureza.

González Alonso

Viajes al otro mundo.- Aventuras oníricas de Randolph Carter.- H.P. Lovecraft

Viajes al otro mundo
Aventuras oníricas de Randolph Carter

H.P. Lovecraft
Alianza Editorial.- Madrid, 1980

Este ejemplar de H.P. Lovecraft, que dormía el sueño de los justos al lado de otras obras del mismo autor y diversos títulos catalogados como literatura fantástica, ciencia ficción o terror, me devolvió en sus páginas desgastadas dos cosas: una, la evocación de un tiempo ya pretérito de estudiante de Psicología en Barcelona; y dos, el aroma del mundo obsesivo de los sueños. En aquellos años, a algunos estudiantes se les ocurrió la idea de crear una especie de red de lectores de estos géneros poco valorados; circulaba una lista de títulos disponibles que los interesados en el asunto nos intercambiábamos o prestábamos. Así llegó a mis manos este libro de Lovecraft. Armado de cierto temerario valor, lo tomé como material de trabajo para escribir sobre el mismo analizándolo según los presupuestos de Sigmund Freud, entre ellos el de que todos los sueños pueden ser interpretados y que todos –incluidas las pesadillas- son la manifestación de un deseo reprimido. Al profesor de la asignatura no le pareció mal el intento y me sirvió para aprobar, aunque del resultado yo no me quedara tan satisfecho y no me pareció bien conservarlo. Así que hoy nada puedo nada puedo aportar de aquel pequeño trabajo.

Pero yendo a lo que de singular puede encontrar un lector de hoy en los “Viajes al otro mundo”, debo aclarar que no será la calidad literaria lo que le subyugará. Rafael Llopis, que escribió un estupendo prólogo a esta edición, lo expresa de manera clara y elocuente: Decir que se lee a Lovecraft por la belleza de su lenguaje es como decir que se asiste a un striptease para admirar la voz de la artista.

Efectivamente, H.P. Lovecraft persiguió siempre de manera compulsiva el Paraíso desde las ataduras de su vida y sus principios; al efecto, iniciará un largo viaje a través de los años que cada vez lo alejaban más de la infancia, el lugar feliz al que ansiaba retornar porque sentía, como entendía Erich Fromm, que solamente en la infancia se encontraba ese Paraíso o “estado de unidad original con la naturaleza”, el “estado de inocencia” de que hablaba Hegel.

Lovecraft reivindicará la realidad del mundo irracional, su verdad, e inicia la exploración de ese mundo a través de los sueños, donde coexisten la locura, la poesía y el simbolismo mágico del mundo infantil. De este modo, este racionalista riguroso, escéptico total, se aventura a la reconquista del paraíso perdido, “ese arquetipo o modalidad vivencial arcaica que se expresa de manera natural en el mundo infantil y en lo que de ese mundo pervive en el adulto”. Buscar la infancia perdida es tanto como buscar la felicidad, lo luminoso, lo mágico, y el tiempo en que fuimos todopoderosos. Y ese mundo mágico en el que caben el paraíso y el infierno encuentra su espacio en los sueños. Sigue leyendo

La vida es más

El Chaltén2

La vida es más
Altissima quaeque flumina minimo labuntur sono
(Los ríos más profundos son los que corren con menor rumor)
Curtio

No se me achacará ambición alguna
por escribir los versos de un poema,
pues más allá del amor
la empresa más ruinosa
es la de la poesía.

No es verdad,
no mintáis,
no engañéis vuestros ojos
con la belleza cultivada de palabras
ni deis al corazón trabajo estéril
golpeando en el yunque de los sueños.

Vivir es más. Las horas de los días
pasan con su rumor como corren las aguas
de los ríos profundos
y la sabiduría se aventura
en búsquedas
de llanuras incultas.

Que así
te abrace el tiempo
con su túnica blanca
y el animoso verbo
que enciende el aba en luz,
el canto que compite con la alondra
y se debe a sí mismo y a sí mismo se entrega
con libertad infinita. Luego
podemos despreciar los altos rascacielos,
la belleza geométrica de insolentes pirámides,
la música sublime  de un concierto
de Bach
o de Vivaldi o de Haydn
o de Pachelbel

y podemos tener sexo a la hora
del desayuno
aunque el resto del día sólo pueda
amarte,
contar –como Virgilio- asomado al brocal de tu mirada
que reconozco las huellas
de un antiguo fuego.

González Alonso

Los botes espaciales de carburo

Antes de ser construido en La Pola de Gordón el ya desaparecido colegio Doctor Álvarez Miranda en el solar del edificio que, según creo,  había sido centro de enseñanzas medias durante la Segunda República y que mucho más tarde y hasta día de hoy acabaría reconvertido en Centro de Salud, se podía ver una fragua pegada al costado de la pared de la izquierda del inmueble de piedra y ladrillo raseado. Por la callejuela de la fragua o herrería se llegaba al río Bernesga, y en su orilla había un potro de madera con todos los artilugios para herrar a los animales. Toda la margen del río estaba comida de matorrales y chopos recrecidos que desafiaban a los guajes y ponían a prueba su espíritu aventurero intentando adentrarse por entre los ramajes y, aún, consiguiéndolo en gran parte.

El olor de la fragua, los fuelles y el ruido de los martillos golpeando el yunque todavía resuena con claridad en el recuerdo. Todo forma ya parte del paisaje infantil del pueblo animado de juegos que duraban días.

El caso es que, a orillas de aquella mítica y casi arruinada fragua, se amontonaba el carburo, esa sustancia blancuzca y pesada de olor ácido que formaba parte de los residuos de la actividad de la industria. Sigue leyendo

Locura

árboles en la bruma

Había un hombre solo; detrás de su tristeza
miraba inmóvil a través de la ventana.

Veía sombras de luz, ángeles desnudos
por entre la lluvia y los árboles, amándose
con el placer frío del invierno.

No perturbaron
su ánimo
la claridad del día ni las tinieblas
que acostumbran a traer las noches. Allí
seguía
solo, detrás de su tristeza
y  la ventana, los ojos abiertos e inmóvil.

Los ángeles van y vienen y se abrazan
silenciosos. La humedad
es bruma que envuelve los recuerdos
de un amor frío en la piel de la memoria,
cenizas que esparcen sus miradas.

Dijeron que estaba loco. Lo encontraron solo
y detrás de la ventana, inmóvil. Pero él ya corría
por la humedad del invierno entre los árboles
abrazando su desnudez a los ángeles
y su luz.

González Alonso

Ataque a un enemigo de la libertad.- Cicerón

Ataque a un enemigo de la libertad
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Editorial Taurus, 2021

La expresión popular “echar una filípica”, después de leer a Cicerón, cobra todo su sentido y no se nos escapa el alcance del dicho. No se ahorrará retórica ni ingenio siguiendo el ejemplo de Demóstenes, creador del invento unos trescientos años antes, en sus discursos contra Filipo II de Macedonia. En este discurso ante el Senado y en presencia del mismo Marco Antonio, Cicerón firmará su sentencia de muerte. Lo sabía, lo temía, y lo que temía y sabía se cumplió puntualmente. El 7 de diciembre del 43 a.C. fue asesinado cuando huía de Italia.

CiceronNo falta en la oratoria de Cicerón ningún exceso cuando se trata de señalar y denunciar las actuaciones ilícitas, extravagantes y torticeras de Marco Antonio. Lo más suave que se permite decir sobre él es que era un completo imbécil. Lo demás, criminal, ambicioso, anteponer sus intereses personales a los intereses de la República, perseguir de manera vergonzosa la gloria y prostituirse en la cama a cambio de dinero, son algunas de las perlas dejadas en forma de acusaciones vertidas en estas filípicas. Sigue leyendo