No te entretengas en entender las palabras

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No te entretengas en entender las palabras;

los hombres
cuando hablan,
callan.

Escucha – no obstante – los gestos de sus ojos
y el aire murmurar alrededor de sus labios;

el silencio por entre sus sonrisas
y la paz de las manos.

No les des palabras. No les des la soledad
de los discursos que apuntan a la nada.

Y dales tu sonrisa,
la paz de tus manos
extendidas,
la palabra rendida de discursos;
el aire de tu aliento,
el aliento de la sangre en corazón de hombre,
de tus ojos la luz

en tu mirada.

González Alonso

Poema publicado en la antología colectiva Universos Diversos, Poesía del Siglo XXI (Editorial Alaire, 2009)

Desencanto

No es, amor, que me duela el desencanto
de saberte ya de otro enamorada;
es que me duele en esta encrucijada
no poderte olvidar y amarte tanto.

Loco de celos vivo; cruel espanto
del día y con la noche desvelada
amarga oscuridad al alma atada
y horas sin fin, desconsolado llanto.

Dime si así vivir vale la pena
o si es mejor morir con la esperanza
de dejar de sufrir esta condena.

O si otro amor podrá desde esta almena
arrojarse en la punta de la lanza
que rompa en su mitad esta cadena.

González  Alonso

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Dulce alienta el amor

Luna llena de agosto

Dulce alienta el amor de tu mirada.
Amarga, la pasión de mi deseo.
Alegre de tu risa el aleteo.
Triste el quejido de mi voz callada.

Tu cara de rubor arde incendiada
y en mitad de tu dicha y regodeo
la suerte mía con desgracia veo
a un sinvivir de penas condenada.

¡Ay destino voluble y caprichoso,
tirano amor que todo lo confundes,
vida que al alma das sin fin acoso!

Mas he de hallar en tu ilusión reposo
y toda la ternura que me infundes
será la suerte para ser dichoso.

González Alonso

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Malalengua

                                      Narrenschiff.-La Nave de Los Locos.- Libro de sátira de Sebastián Brant (1494)

Con malalengua atroz
digo
de iglesias y de políticos
estribo de la mentira;

los ricos y poderosos
estribo de la injusticia;

de los pobres
estribo del dolor,
de la memoria;

y estribo de la ilusión
los niños.

Qué corcel desbocado cabalga el hombre,
qué locura incendia el mundo,
qué cerca el final del futuro.

Alguna vez hubo
para cada cosa un sitio;
águila en el monte de roca,
pájaro en el monte de bosque,
vaca en el monte de pradera.

Qué malalengua atroz dice
como son de campana en los desiertos de las almas.

Julio G.  Alonso

Queja

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Si de mi vida soy apenas dueño
y las horas, altivas, con su frío
son de mi aliento duro desafío
y eres tú de mi amor sólo desdeño.

Si mis ojos se cierran ya sin sueño
y sin sueños que tengan nada mío
corre en los tuyos caudaloso río,
¿de qué me servirán amor y empeño?

De la sangre que mana de esta herida
será injusto decir que eres culpable
ni justo que el remedio a ti te pida.

De lo que así la voluntad decida
no es el amor tampoco condenable
ni responsable del dolor, la vida.

González Alonso

Campana

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   Campanario.Foto del cuaderno Relatemos(otra manera de ver las palabras) en la entrada Campanas

Campana que en la espadaña
permaneces tan callada,
silenciosa;
si el cielo no nos engaña
pronto oiremos tu llamada
temerosa.

Nos llegará en el lamento
de tu voz de bronce puro
ya doblando,
el dolor del sentimiento
que irás con toque seguro
pregonando.

¿De quién, dínos, es la muerte?
¿De quién la triste noticia
tan temida?
¿Quién, al cabo, de esta suerte
siente la postrer caricia
de la vida?

Mirad los campos baldíos,
mirad los pueblos sin gentes,
despoblados;
ved las aguas de los ríos
y los montes y sus fuentes,
asolados.

Si es humana la esperanza
no hay esperanza posible
en este trato,
pues ya esperanza no alcanza
donde alcanza lo increíble
del maltrato.

Así, con la tierra herida,
grito al aire en tristes sones
anunciando
que no es posible la vida
a la vida y sus razones
renunciando.

La desmedida ambición
todo lo acaba y consume
con presteza;
y ha de ser la conclusión
que en muerte así se resume
la certeza.

Cuando gimió la campana
su respuesta de esta suerte
así contando,
nadie la oyó en la mañana;
sólo se la vio a la muerte,
meditando.

González Alonso

Dejo a pie de poema la misma nota publicada en la entrada Coplas a lo que en la vida importa (14 de octubre de 2011), pues se trata del mismo tipo de composición:

Las coplas de pie quebrado eran conocidas en los siglos XIII y XIV y las usó el Arzipreste de Hita. Presentan varias formas, pero la que se hizo más famosa fue la llamada manriqueña o sextilla manriqueña a partir de las Coplas a la muerte de mi padre, de Jorge Manrique, siendo muy popular esta forma durante el siglo XV. Posteriormente, con diferentes variantes, emplearán este tipo de composición autores como Zorrilla y Espronceda en el Romanticismo, Rubén Darío en el Modernismo o Rafael Alberti en la Generación del 27. Incluso tengo entendido que el cantante y poeta Joaquín Sabina compuso alguna canción con estas estrofas.

Las estrofas de este poema son manriqueñas, de rima consonante que siguen la estructura: 8a-8b-4c-8a-8b-4c  Ni que decir tiene que os animo a intentar trabajarlas. Se prestan bien para contar historias de carácter moralizante o para temas amorosos o los de carácter reflexivo; su ritmo ágil facilita mucho la lectura y presentan una suave musicalidad.

Me gustaría que os gustaseny gracias por leer e incluso comentar.

La ópera: Nabucco, de Giuseppe Verdi. Palacio Euskalduna de Bilbao

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Nabucodonosor, rey de Asiria.

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Nabucco
Giuseppe Verdi (1813-1901)

ABAO-OLBE
Palacio Euskalduna.- Bilbao

Producción del Teatro Regio di Parma

Esta vez, sí. La entrada a la ópera resultó ser por la puerta grande. Creo que mereció la pena esperar sesenta y dos años para vivir esta experiencia. Las cosas ocurren cuando tienen que ocurrir, siempre a su tiempo, que nunca es demasiado tarde, ni tampoco demasiado pronto.

La puerta grande, en esta ocasión, está formada por el autor romántico italiano Giussepe Verdi, por una de sus óperas de mayor éxito y reconocimiento, Nabucco, por el marco del Palacio Euskalduna de Bilbao y por la interpretación de los cantantes, los coros y una orquesta de excelente calidad. ¿Qué más se puede pedir?

Palacio Euskalduna de Bilbao.

El aforo, completo. La atención del público, total. La dedicación de actores y orquesta, absoluta. Resultado, una tarde memorable para disfrutar y para el recuerdo.

Desde mi posición de novato en estas artes, solamente puedo expresar la honda impresión que me causó la música de Verdi en la interpretación de la Orquesta del Teatro Regio de Parma. Del mismo modo, me gustaría destacar el trabajo del Coro de la Ópera de Bilbao, en todo convincente. En la parte interpretativa me quedo, sobre todo, con la actuación de María Guleghina en el papel de Abigaille que, según se lee en el programa de mano, debutó con este papel en ABAO-OLBE.

La escenografía de Luigi Perego y la iluminación de Valerio Alfieri resultaron ser de una belleza plástica encomiable, ambientando a la perfección y con natural sencillez el periodo histórico en que se enmarca la acción, los tiempos de Nabucodonosor del que el tema de la ópera toma el título, y el imperio asirio.

Pero yendo un poco más allá de la cuestión estética y el virtuosismo vocal de los cantantes o la magnífica interpretación de la orquesta, me llamaron la atención dos aspectos a los que me referiré sucintamente. El primero nos remite a la concepción de la ópera como espectáculo. Desde el principio me ha hecho evocar de manera directa el teatro clásico griego por el sentido trágico del argumento y la manera de desarrollarlo. El tratamiento del espacio y el tiempo busca la trascendencia de los hechos para ponerlos a la altura de los dioses y sus designios; el coro participa como un personaje colectivo representando al pueblo, a los ejércitos o a los mismos dioses, sirviendo de narrador y dialogando con los personajes. El segundo aspecto se refiere al mensaje que nos transmite el texto con el soporte de la música y que conforma la parte narrativa del drama. En este caso hay, en mi opinión, un excesivo fervor patriótico y nacionalista, propio del momento histórico y la situación social y política vivida por Verdi con todos los ingredientes del romanticismo. Hay, también, un sentido religioso de exaltación del monoteísmo judío en la intervención de carácter bíblico de Jehová convirtiendo a Nabucodonosor a su credo a través del rayo que enloquece y confunde al rey asirio, o el riesgo de muerte de su hija Fenena convertida también al judaísmo tras sus amores con el príncipe judío Ismaele. Así, lo que inicialmente se presenta y promete como drama amoroso entre príncipe y princesa de diferentes religiones y distintos países, se diluye y transforma, acabando por resultar ser una afirmación de la superioridad judía frente al poder asirio, lo que le quita interés y credibilidad. En el colmo del éxtasis místico y demostración del poder divino se llega a afirmar que el hombre ya no existe, es decir, no es sujeto de su historia ni dueño de su destino, que queda en manos y al arbitrio de Dios.

En mi opinión, el libreto, aún conservando su trasfondo de reivindicación nacionalista del pueblo como aspiración de la unidad política italiana que parece ser que es lo que se desprende de la obra, podía haberse centrado más en la historia de amor de la princesa asiria secuestrada por el príncipe judío, al estilo de lo que hizo Paris con Helena en la Iliada, y agregándole la genialidad de un William Shakespeare en Romeo y Julieta, hubiera trascendido la grandeza de la  literatura con el tratamiento poético para hacerse universal. Y esto, el texto, lo malogra y no lo consigue.

No puedo terminar sin dejar de hacer mención a la parte más famosa de la ópera Nabucco, que resulta ser la interpretación por el coro de los esclavos del Va, pensiero. Sin quitarle ningún mérito a otras partes cantadas del coro, hay que reconocer el valor de los endecasílabos que componen los cuartetos de esta canción que apuntan casi al aire de marcha, conmovedores y acertados:

¡Ve, pensamiento, con alas doradas,
pósate en las praderas y en las cimas
donde exhala su suave fragancia
el dulce aire de la tierra natal!

Va, pensiero, sull’ali dorate;
va, ti posa sui clivi, sui colli,
ove olezzano tepide e molli
l’aure dolci del suolo natal.

Salvando la cuestión del precio de las entradas para la ópera, elevado también porque el coste de producción es muy elevado, debo admitir que se trata de un gran arte y que, por fortuna, parece ser que ya no es el pretexto para la exhibición y ostentación de la alta burguesía, utilizándola como una joya más con que deslumbrar. En este caso la joya, que lo es, fue seguida con emoción por un público heterogéneo de clase media sin alardes de vestimentas y exhibiciones. Yo, con mis vaqueros y camisa de cuadros.
Salud.

González Alonso

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Ópera Nabucco, de Giuseppe Verdi. Producción del Teatro Regio di Parma

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