
Carretera de Buiza (Concejo de Gordón.-León) Foto de Alfredo G. Álvarez

Carretera de Buiza (Concejo de Gordón.-León) Foto de Alfredo G. Álvarez

Ya es hora de volver a las riberas
y agua de tu niñez junto a los ríos,
torrentes de la edad, años de fríos
y adolescente amor de primaveras.
Volver a compartir las acederas
sobre los verdes prados en estíos
de parvas y de trillas y en bravíos
roquedales de fuentes manaderas.
Tú llamas y a ti vengo ensimismado;
me llamas y respondo a tus anhelos
con fervor y pasión de enamorado.
Si es hora de volver, sea a tus cielos
y a tus besos de escarcha y al alzado
sentir de tus sentidos y mis celos.
González Alonso
El estilo amoroso del soneto pretende subrayar el enamoramiento de la tierra que acogió nuestra infancia y del que no podemos desasirnos en nuestra vida, aunque ésta transcurra en otros territorios y otros paisajes. Se trata de una personificación mediante la cual el pueblo, sus montañas, ríos, estaciones, costumbres y peculiaridades se convierten en el objeto amoroso al que se dirige, pasado el tiempo, el amante, con las declaraciones y los reproches habituales, dudas y miedos propios del lance amoroso. Un poema, en fin, de fidelidad al propio origen y de reconocimiento de las primeras emociones que ese amor nos suscitó en su momento y que conformaron nuestra manera de sentir, podría ser, ya de forma definitiva.



Cuatrocientas y quince vueltas había dado el sol
desde la encarnación del verbo, ¡ay dolor!,
vástago de Teón de Alejandría, el sabio,
hija de los números
y la razón
y la filosofía.
En tu verbo la ciudad aprende,
en tus enseñanzas crece. Por el ágora en tu voz
a Ptolomeo se oye y acuden las estrellas a tu mano
rendidas
en la cita
con los astrolabios.
Impregnando está la plomiza densidad del odio la túnica de tus asesinos
y a los ojos asoma el veneno de la ira; su razón de la fe
es sal en el agua
de tu fe de la razón,
por tu belleza incendiados los corazones, seducidas
por tu juventud las voluntades, Hypatia, ¡ay, mujer de hermosura
en la ancha libertad del mundo
tan grande como tu grave sabiduría!
Qué religión te persigue y alcanza con la furia de la muerte,
qué hombres temen la dulce insumisión de las olas
en los arenales de tus playas y alcanzándote
dan muerte ignominiosa
desatando en tu cuerpo la impotencia
de su espíritu bastardo.
Mas, decidme, ¡cómo cabe asesinar el aroma de las ideas,
la claridad de sus ojos,
la luz de la inteligencia alzada
sobre vuestro corazón de esclavos!
Cuatrocientas y quince vueltas había dado el sol
desde la encarnación del verbo, ¡ay dolor!
El crimen ensombreció las calles de Alejandría.
Ni una más fue necesaria.
González Alonso
*Poema publicado en el libro «Testimonio de la desnudez» (Ed. Fundación Jorge Guillén – Diputación de Valladolid.- II Premio Nacional Treciembre, 2015)



Duele el frío que azota por el Cueto
cuando el gocho se entrega a la matanza
con chillido que a toda Pola alcanza
y anuncia que su fin se lleva a efeto.
En su morir ni salgo ni me meto
que de su vida no hago la semblanza,
pongo el acento al punto en la mudanza
de su sangre en morcilla, que es un reto.
Así envuelta y cocida en la cebolla
con pimentón se mezcla y da a la vida
la morcilla en el fondo de la olla.
Y cuando en los manteles es servida
más sabrosa y jugosa que la molla
se celebra esta sangre así embutida.
González Alonso


Nota 1: 1.- Gocho: cerdo o puerco, en leonés. 2.- Pola.- La Pola de Gordón, municipio leonés (España) 3.- El Cueto.- monte de Pola o La Pola. 4.- efeto, arcaísmo por efecto. 5.- Molla: parte magra de la carne
Nota 2.- Hace ya algún tiempo, por no decir varios años, que me decidí a poner en solemnes sonetos los mejores platos, más populares y entrañables, de la cocina leonesa en particular y de la española, en general. El primer soneto quise dedicarlo a la morcilla gordonesa (morcilla al estilo leonés) porque, dentro de la enorme variedad de morcillas conocidas, era la más conocida por mí y la que presentaba rasgos más diferenciados con las demás morcillas. Recordé los fríos días de principio de invierno, cuando mi tía Encarna organizaba la matanza del gocho; allí los mayores ayudando y los guajes curioseando, éramos testigos del trasiego y faena que hacía que las despensas se aprovisionaran de chorizos, jamones y morcillas para hacer frente a los rigores de las nevadas y días de hielo. Por eso, la mejor manera de contar la morcilla era contar la muerte del gocho, nunca entregado de buen grado a la faena, y glosar el resultado final de esta entrega a las mesas y manteles. El soneto es una composición formada por versos endecasílabos generalmente acentuados en las sílabas 6ª y 10ª (también pueden formarse versos sáficos con acento en 4ª, 8ª y 10ª) que se organizan en cuatro estrofas: dos cuartetos (rima consonante A-B-B-A) y dos tercetos (rima consonante C-D-C ; C-D-C u otras combinaciones, pues hay cierta libertad) y que pueden terminar, aunque no es lo usual, en un estrambote que consiste en tres versos, el primero de 7 sílabas que rimará con el último verso del segundo terceto, seguido de dos endecasílabos pareados (con la misma rima).
El tiempo trae; también nos quita y lleva;
suma y resta,
y de la cuenta que hacemos
es más hoy lo ganado que perdido,
que aunque el olvido
ponga su mano gris a algunas fechas
siempre serán más los días felices de recuerdos
y más el número de los sueños compartidos
que tristezas.
¡Cuántos años de niños te acompañan,
de escritura en renglones bien derechos,
de preguntas y respuestas y palabras
volando por sus ojos! Y hoy los cuentos
volviendo están alegres a los libros
y harán nido esperando que otras voces
para otros niños los nombren a la vida,
ese mar que trae olas
y barcos
y peces y gaviotas
y nos descubre siempre un horizonte nuevo.
Hoy sobre los pupitres se alzan puentes
de sonrisas al futuro; quedando en silencio están
las voces de los días
como rumor de limpias aguas manaderas,
el murmullo de los años
transitados,
las olvidadas penas.
Nos quita, sí, y nos lleva el tiempo; pero también es cierto
que nos trae
y nos acerca
su júbilo al pairo de las velas tendidas
de los sueños. Tempus, ubi est victoria tua?
¿Dónde sacias tu sed de primaveras,
tiempo?
Una canción infantil traigo en los labios,
hoy aire, luz, ira, memoria,
lo que fuimos una vez, y una sonrisa alegre
anuncio de esta hora, carpe diem
del pulso
del infinito resto de las horas.
Julio González Alonso
Hace dos años que leí este poema en la fiesta por la jubilación de cinco compañeros y compañeras. Este año lo publico y me incluyo en la dedicatoria, pues el curso pasado ha sido para mí el último de muchos años dedicados a la Enseñanza; tantos, que me tiembla un poco la voz cuando los pronuncio… Por eso, por si me tiembla el pulso, ni lo escribo. Y dejo algunas fotos de mis alumnos y alumnas de este último curso y alguna otra de uno o dos cursos anteriores.
Quiero dar las gracias a los jóvenes de hace años que me brindaron la oportunidad de compartir su tiempo y muchos de sus sueños y a los niños y niñas de estos últimos tiempos que me regalaron su alegría, su ternura y sus miedos y angustias, esperando que les haya podido servir en algo de ayuda. A mí, todos ellos, me enseñaron que la vida es hermosa, que enseñar es aprender y que educar es amar. Con mil besos y las gracias por todo.
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Qué forma adquiere el tiempo, ceniza de los años,
crisol de los silencios y palabras no dichas;
qué dolor en el beso si anuncia las desdichas
que junto a los adioses traerán los desengaños.
En medio del incendio de toda la belleza
qué es vivir, me preguntas; cómo el pájaro puede
sin herirse las alas ni en el aire se enrede
volar sin sombra alguna del cielo la grandeza.
Ahora ríes y ríes, y entre tu risa atrapo
una lágrima mía solitaria y furtiva
que morirá en silencio, tristemente cautiva
de una cara pintada de muñeca de trapo.
Yo soy la despedida; tú el saludo temprano;
auroras son tus sueños, mis ojos son cansancio
y memoria de un vino de recuerdos que escancio
en copas de caricias servidas por tu mano.
Yo sólo soy ayer; tú, mañana
y milagro.
González Alonso
La composición del poema se ha hecho en cuartetos de versos alejandrinos con un verso suelto de cierre escrito en dos líneas para enfatizar la pausa.
Los alejandrinos son versos de 14 sílabas con dos hemistiquios ; es decir, cada verso se divide en dos frases que tienen cada una 7 sílabas y entre las cuales no puede haber sinalefa, la cual se produce cuando una palabra termina en vocal y la siguiente también comienza por vocal, uniéndose en una misma sílaba.

Teatro Campos.- Bilbao
Lo mejor del argumento de esta pieza teatral se puede encontrar en la desinhibición de la mujer a la hora de enfrentar sus necesidades de relación y sexuales, tomando la iniciativa y explorando todas sus posibilidades. El papel del hombre se reduce, ya que no a ser simple comparsa, a seguir las pautas marcadas por la mujer.
La dificultad o dificultades para mantener un tipo de relación sexual aséptica, desprovista de implicaciones afectivas (recuerda muy mucho a El último tango en París), harán acto de presencia cuando afloran los sentimientos y surge el enamoramiento. La pareja se encuentra ante el dilema de continuar, renunciando a esa explosión de afectividad que los embarga, o dejar que la relación evolucione hacia una forma de relación, digamos, convencional. Conscientes de que ya no pueden aparentar que nada les ha cambiado, enfrentan el compromiso de iniciar una vida juntos, pero el miedo a ese compromiso desde el convencimiento íntimo de que toda relación de pareja está abocada al fracaso les hace renunciar para vivir del recuerdo, embellecerlo y rememorarlo en las sesiones de psicoanálisis en las que se desenvuelve la acción. El psicoanalista, con voz en off, les irá guiando por todo el recorrido de su experiencia.
La obra teatral se basa en un guión de Philipe Blasband sobre el que se hizo la película Une liason pornographique (1999) de notable éxito en Francia. La puesta en escena en el renovado Teatro Campos de Bilbao no pasa de discreta, incluso aburrida. Las razones hay que buscarlas en la naturaleza del texto y el tratamiento de unos diálogos tan absolutamente previsibles como monótonos. Sólo salvan el resultado final, digno, la valiosa interpretación de Pastora Vega y Juan Ribó. Pero no basta. El trabajo de dirección de Manuel González Gil no arriesga nada, ni ofrece aristas nuevas, propuestas estéticas o de planteamiento conceptual al tema. La obra se desenvuelve con timidez a caballo de la comedia que invita más a la sonrisa que a la risa y el drama, pero sin ahondar en la fractura humana, abandonada al conformismo. No es una obra valiente. El tema está abordado desde la perspectiva y el pudor de una sociedad pequeño-burguesa. No escandaliza, aunque no sea requisito de una obra de teatro el escandalizar; pero tampoco remueve las conciencias e invita al conformismo, lo que -evidentemente- no amenaza para nada la vida de la pequeña burguesía, siendo complaciente con los hábitos morales establecidos.
La pulcritud de la interpretación, con sus aciertos en el uso de los recursos dramáticos, no consigue impedir un resultado global deficiente. El teatro, previsiblemente, se llenará en las sesiones de Bilbao, pero más debido al «tirón» de los actores que a la bondaz de la pieza teatral; lo que me lleva a la amarga reflexión de que el público elige los espectáculos por razones muchas veces ajenas al teatro. Cualquiera de las obras que esta temporada se han representado en el Teatro Barakaldo y de las que he dado cuenta en esta bitácora, han resultado ser insuperablemente mejores, pero en muchas ocasiones -salvo excepciones- no había más de media entrada. Esa es la realidad. Pero, puestos a hablar, también hay que tener en cuenta el precio del Teatro Campos para esta sesión, de 29 euros, contra las entradas del Teatro Barakaldo, entre 11 euros (para los Amigos del Teatro) y los 15 euros. Eso también cuenta.
Al menos, como consuelo, he de decir que la velada resultó agradable disfrutando de un Teatro Campos totalmente renovado, confortable y de una acústica muy buena, en el que se han respetado los elementos arquitectónicos originales. Construido en 1902, es de estilo art noveau. La fachada fue diseñada por Jean Baptiste Darroquy, con aplicaciones cerámicas de Daniel Zuloaga. La reconstrucción costó 26 millones de euros cofinanciados por el Ayuntamiento de Bilbao y la SGAE.
González Alonso
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Luna llena de julio blanca; el cielo de Berlín,
biblioteca de Pérgamo, puerta a la cultura
del universo,
Atenea mira desde lo alto.
La ciudad se desviste sin recato en las estatuas de piedra
desnudas de color, sólo esencia de la belleza,
sólo emoción y pensamiento, tacto de la vista,
seda del agua, terciopelo verde en la hondura
de sus bosques.
He visto, Berlín, tus largas estelas ajardinadas,
lápidas pétreas de nombres y de lágrimas
y angelotes tocando las trompetas,
frisos reflejados en el cauce del Spree,
sediento río de cultura en el beso de los pilares
de los museos.
Sobrevuelan Berlín picos de acero, alas poderosas
de aviones
con su carga de lenguas extranjeras, bocas
para las sonrisas, ojos para el asombro.
Con blandura de paz se posan en tus calles,
con su aliento perfuman el aire de tus plazas.
He visto, Berlín, he sentido tus musculosos brazos sosteniendo el mundo;
los jóvenes soñaban orillas los estanques, el espíritu más libre
ardía en los teatros. Sonaba la sinfonía del amor de tus gentes
con sus manos borrando el estigma de la vergüenza,
los pasos sobre las cenizas, vidrio y acero
en vertical futuro
a los abrazos cayendo de los aviones mansamente
a la alegría.
Julio González Alonso