La venganza de don Mendo
Pedro Muñoz Seca
Teatro La Bombonera
Castillo de Carboneras (Almería)
29 de julio de 2016
La oportunidad de disfrutar de esta astracanada de Muñoz Seca en el marco del castillo de Carboneras es ocasión, también, de recordar la tragedia de las guerras. El autor de La venganza de don Mendo y otras ciento treinta y cuatro obras de teatro, fue fusilado por los milicianos en Paracuellos del Jarama por sus ideas y actitud crítica ante La República. Un crimen más de los perpetrados por uno y otro bando en una guerra vergonzosa reflejo del fracaso y la incapacidad política de los gobernantes de turno, así como el secuestro de la voluntad popular por una parte del ejército para erigirse en salvadores de la patria aquellos mismos que debieron velar por la paz y la legalidad.
No se trata de hacer proclamas de condena de un hecho histórico tan doloroso, pero me gustaría resaltar aquí la anécdota repetida que dice mucho del talante irónico del inteligente dramaturgo cuando –en una de las versiones que corren por ahí- delante del pelotón de fusilamiento, dice: Podéis quitarme hacienda y riquezas, la casa, las tierras, el reloj de pulsera o las monedas que guardo en mis bolsillos; podéis quitarme, como así vais a hacer, la vida. Pero hay una cosa que no podréis, por más que lo intentéis, quitarme jamás… ¡y es el miedo que tengo!
Muñoz Seca, admirado y respetado por otros escritores y dramaturgos, como Valle Inclán, Jacinto Benavente o Azorín, se inventa un género teatral que él llama astracán o astracanada. La venganza de don Mendo es un excelente ejemplo del género. La desfiguración del lenguaje natural y la mordacidad de la crítica convierten la tragedia en comedia, o tal vez haga que nos descubra la tragedia que toda comedia encierra. Así, de manera demasiado natural, consigue que el espectador acepte el cuadro final de la obra en el que se suceden, una tras otra, las muertes violentas de los protagonistas, muy al estilo parodiado de las obras de W. Shakespeare y con la facilidad ingeniosa para el verso y el enredo de un Lope de Vega.
La crítica general que se hace de la sociedad, la impostura, la ambición, el sexo, los celos, el honor, se construye en el recreado ambiente medieval del Reino de León en tiempos del emperador leonés Alfonso VII, también rey de Castilla, que tuvo varias mujeres e hijos en otras relaciones extramatrimoniales. Harán aparición otros personajes leoneses, como el mismo Don Mendo, Don Pero de Toro, Don Nuño Manso y su hija Magdalena, o la hermosa mora Azofaida, perdidamente enamorada de Don Mendo cuando, para pasar inadvertido y tramar su venganza, se convierte en el juglar Renato. Los mismos nombres son un guiño humorístico: Pero de Toro, en su condición de cornudo; Nuño Manso, como padre de Magdalena, mujer de condición casquivana y ambiciosa, o el mismo Renato o renacido, tras escapar de la muerte en el castillo y aparecer como juglar. Con estos recursos y la amplia variedad de estrofas empleadas, chistes y retruécanos, Muñoz Seca consigue una obra llena de comicidad e interés.
Poner sobre las tablas esta Venganza de don Mendo en el castillo de Carboneras (Almería), fue responsabilidad de La Bombonera. Creo que acertaron en todo, incluso hasta en las improvisaciones cuando el viento derribó parte del decorado, y la actuación –que en este tipo de obras se presta fácilmente a la exageración- resultó comedida, desenfadada y correcta, consiguiendo arrancar risas y sonrisas del público que siguió con entusiasmo esta representación en la noche veraniega de Carboneras y en el patio de su hermoso y bien remodelado castillo. Un placer haber podido participar de esta ocasión de acercarse al teatro de Pedro Muñoz Seca de la mano de un cuadro artístico como el formado por las mujeres y hombres de La Bombonera.
González Alonso










En la representación, serán dos jugadores aficionados que se hacen llamar Bailén y Waterloo, más un tercero sin nombre que se acercará y propondrá distintas variantes a la partida, los que alrededor del tablero desarrollen las mejores jugadas de sus vidas, las peores y los inevitables empates. Todo un discurso agridulce mediante el cual nos sumergen en las eternas partidas de nuestra propia existencia, trasladando a cada espectador la responsabilidad de mover pieza.
sentido. Lo sorprendente, dada la penosa situación económica del país y la persecución –más que desatención- de la cosa cultural por parte del gobierno de turno, es que haya todavía personas como éstas, de tan grande capacidad profesional y artística como comprometidas de manera tan generosa con el arte escénico. Ante esto, al igual que ante el brillante resultado de su trabajo, no cesarán de sonar los más agradecidos aplausos y ganar esta desigual partida.

Este año de 2016 se cumplen cien del nacimiento de Blas de Otero que él, más o menos, nos cuenta así: «Pensándolo bien, lo primero que hay que tener en cuenta es que con la misma facilidad con que nací, pude no haber nacido. Así, como suena, no haber nacido. Creo que esa fue una posibilidad con muchas posibilidades de que ocurriera. Pero se equivocaron y a cierta hora del día 15 de marzo de 1916 salí afuera… y aquí estoy.”
Uno ya se preguntaba el año pasado, sorprendido, por las razones de este éxito, los verdaderos límites de la música grande, culta, y el alcance de este género admirable. La primera de las variadas razones es la de ofrecer conciertos a un precio asequible, más baratos que una entrada de cine. Pero también son determinantes la calidad de las orquestas e intérpretes, así como la gran y variada oferta musical. Digamos, por fin, que una organización meticulosa e impecable, sin fallos apreciables, hacen el resto o, tal vez, los fundamentos de este indiscutible éxito.
ocurrió con la Orquesta de Conservatorio Rafael Frühbeck de la ciudad de Burgos que actuó en el gran Auditorio, bautizado para este evento como Auditorio Odisea. Impecable y magnífica interpretación recorriendo diversos pasajes de las obras de Wagner, Mendelssohn y Schubert, y una gran emoción agradecida de los jóvenes intérpretes burgaleses. También hubo ocasión para escuchar a la Orquesta y Coros del Conservatorio Profesional Tomás Luís de Victoria llegados desde Ávila y disfrutar de la buena ejecución de la Sinfonía nº3 en Re Mayor de Schubert a cargo de la Orquesta Sinfónica del Conservatorio Profesional de León.
El Bacha en el Concierto para piano y orquesta nº 1 en Sol Menor de F. Mendelssohn. La proverbial inspiración de Abdel Rahman hace del piano una creación única, como un torrente en busca de las notas más puras. Podría decirse que Abdel Rahman escribió a Mendelssohn y le dictó la partitura. R. Strauss y F. Schubert también pasaron por las cuerdas, el viento y la percusión de esta gran orquesta dirigida por Giancarlo Andretta.
En tercer lugar, pero a la misma altura y nivel que las anteriores interpretaciones comentadas, si no mayor, debo mencionar el recital de obras para piano a cuatro manos de Mendelssohn y Schubert, llevado a cabo por la donostiarra Marta Zabaleta y el portugués de Oporto, Miguel Borges. El virtuosismo y compenetración de estos intérpretes rayó a gran altura, haciéndose amable su interpretación, tanto para especialistas como para simples espectadores como yo, carentes de conocimientos musicales y escaso bagaje cultural de la historia de la música.



Difícil sustraerse al impacto de este paseo mágico y dramático por el universo contradictorio, profundamente nihilista y destructor, que nos conducirá al reinado de la droga que consumió a la juventud de los años setenta del pasado siglo, el caballo o heroína. Pero no sólo eso. La obra de teatro Desde Berlín pone sobre la mesa el reto y la dificultad de vivir las convenciones sociales cuando se quiere y se está dispuesto a vivir a fondo, lo que abarca el abanico de las pasiones, el amor, la necesidad de libertad absoluta. Pero la absoluta decisión de sentirse vivos conduce a callejones sin salida, viajes sin retorno y, sobre todo, la amarga constatación de que la felicidad pasa de largo o se nos queda poco tiempo entre las almas y las carnes, no pudiendo ser apresada y congelada en una fotografía; de igual modo, resulta inevitable -por más que nos tapemos los oídos y cerremos los ojos- sentir que la felicidad de los demás, los hijos, los amigos, la pareja, la familia, los vecinos, exige ceder parte de la necesidad propia para saber del otro y no morir ahogado en uno mismo.
condujeron a expresar su descontento. Vivió el primero y sobrevivió a la segunda para morir en Southampton-EEUU, en 2013. Había nacido en Nueva York el año 1942.
Buen texto del trío Juan Villoro, Juan Cavestany y Pau Miró. No han desdeñado ninguno de los recursos dramáticos a su alcance para construir este soberbio poema musical que te retrotrae a los años más duros de la heroína y los mejores para el rock and roll en los temas de Lou Reed. Por acá y por allá asoman la angustia existencial de la búsqueda de uno mismo, la incomunicación en el mejor de los lenguajes del teatro del absurdo o la ternura como la otra cara de la moneda de la violencia. Todo puesto blanco sobre negro, sin circunloquios ni aditamentos estériles, en el desnudo cuadro de una vida enfrentada al muro insalvable de uno mismo frente a la sociedad y sus contradicciones.
Una obra, como he dejado dicho, magnífica; un gran poema –porque todo se sostiene sobre la intensa subjetividad de la poesía- que se construye con la música de uno de los grandes de la música, el autor de Berlín, en la que –repetimos- se cimienta esta pieza dramática y del que conservo en la memoria y conservo en vinilo álbumes como Rock and Roll Animal, Heroin o Sweet Jane. Lou Reed, cantante y guitarrista que abordó los temas de la prostitución y la transexualidad, habiendo padecido él mismo, con 14 años, duros tratamientos psiquiátricos y sesiones de electroshock para “curar” o corregir sus tendencias homosexuales. De esos mimbres está hecha la obra de teatro ante la que nos enfrentamos el pasado domingo en el teatro Barakaldo.
