Clown Houses
Merlin Puppet Theatre de Grecia

Teatro Barakaldo, 22 de marzo de 2015
Sobre el fondo oscuro del teatro se abre otro pequeño escenario de apenas dos metros y medio de largo por uno y medio de alto para dar vida, o lo que les queda de vida –según se verá-, a unas marionetas de unos cuarenta y cinco centímetros al estilo del teatro negro de Praga.
Al decir lo que les queda de vida quería referirme al contenido profundamente pesimista de cada mirada a la vida de los inquilinos de esta casa de pisos rematada por una terraza con su antena de televisión, su luna en cuarto menguante en la noche y sus suicidas. De la terraza abajo, el miedo a vivir, la rutina de lo cotidiano y asfixiante, el secuestro de la vida real por la del mundo virtual, el caos de la convivencia familiar, violenta, llena de acidez, en medio de la cual flota un leve sueño de amor y juventud obsesivamente en una canción de los Beatles y los ojos y la expresión ensimismada y ausente, la usura, la avaricia y el materialismo feroz, la soledad extrema, la depresión y la tristeza. Y detrás de cada escena la no vida, el final irremediable; en definitiva, la muerte. De ahí que aludiera al pesimismo radical expresado con una estética de crudos contrastes de luces y sonidos chirriantes. La voz que acompaña las transiciones entre los cuadros también se arrastra grave y apocalíptica y en inglés. Las escenas de humor negro, alejadas del fino humor británico, no dejan lugar a especulaciones.
Mencionado lo del inglés, hay que aclarar que no es imprescindible conocer el idioma para seguir la representación; pero también se puede decir que no costaría demasiado grabar los textos en español y el espectador agradecería el esfuerzo.
Representación, por la forma y el contenido, para adultos. Tal vez despiste el que se trate de teatro de marionetas y eso haga acudir a la sala a padres con sus hijos pequeños. ¡A ver cómo se lo explican luego en casa! Al menos, algunas de las preguntas que oí hacer a una niña a su padre, situados detrás de mí. No es ningún drama, pero las situaciones planteadas y sus finales no son nada inocentes y están muy por encima de las capacidades de juicio, las necesidades, las expectativas y las habilidades infantiles.
La magia del teatro es así, y la compañía griega Merlin Puppet Theatre ha destilado tristeza y pesimismo a lo largo de una hora de representación con esta radiografía del esqueleto del alma humana en un trabajo excelente, de lo que hay que felicitarse y aplaudir. Sacudir los miedos y los fantasmas que se agazapan en nuestra vida cotidiana, puede servirnos para aprender a encontrar la mirada alegre, confiada y solidaria del resto de nuestros días. Y si no es así y para tanto, tampoco importa; esta portezuela de la esperanza ya no se cerrará.
González Alonso

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El arte de la entrevista
de antemano de la bondad de este trabajo de Juan Mayorga, que es –de verdad- un muy buen trabajo. Más bien, pienso que la razón del éxito –del que me alegro- reside en el tirón televisivo del actor y las actrices del reparto. Una jovencísima Elena Rivera, con protagonismo en series de televisión como Cuéntame, en una actuación muy natural, digna y con momentos de gran acierto. Tal vez, como ocurrió con el resto del reparto, esa naturalidad pecó de excesiva, haciendo ininteligibles algunas partes y diálogos que, interpretados de ese modo, en la televisión no es problema para oirse con claridad. Sobre esta cuestión puede que tenga algo que decir el director, Juan José Afonso. No estoy pidiendo una sobreactuación de los personajes, que los haría menos creíbles y la obra aburrida, sino apuntando que debió existir o desarrollarse una actuación más teatral. Seguimos con el personaje masculino interpretado por Ramón Esquinas, que consiguió el mejor resultado posible con el papel menos brillante del reparto. Luisa Martín, gran profesional, en una interpretación sin fisuras y llena de matices bien trabajados le imprimió un ritmo estupendo a su actuación. Y Alicia Hermida, simplemente magnífica en el papel de la abuela, la pieza que se rompe de este puzle de la vida familiar y que, necesariamente, obliga a ala recomposición de las relaciones y los afectos.
Una vez puesto el pero de resultar un montaje teatral atacado de excesiva naturalidad, digamos que –aparte de la ya mencionada dificultad de una buena y clara audición- hizo que la obra transcurriera demasiado plana, con escasos momentos en los que la intensidad dramática te sobrecogiera o, al menos, te sorprendiera. Obra de teatro de telón y acto único. De texto. Se sube el telón, se ve, se disfruta, se echan en falta las cuestiones ya señaladas, se sonríe, a veces también se ríe, se piensa, se reflexiona ante el desarrollo y los lugares por donde se conduce la acción, se baja el telón. Y se aplaude, cómo no. Porque es teatro y está bien hecho. Porque tampoco es imprescindible romper todos los esquemas en cada nueva representación, e incluso porque está bien utilizar los esquemas conocidos, con sabiduría y prudencia.

La Zaranda.- Teatro Inestable de Andalucía La Baja
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Maribel y la extraña familia se estrenará en 1959, el mismo año que Miguel Mihura recibe el Premio Nacional de Teatro. El argumento es sencillo. Una joven prostituta de barra americana y un joven empresario de provincia, tímido y apocado, entablan relación en un club de alterne. El joven se enamora y trae a la mujer a la casa de su madre y su tía en Madrid. Las ancianas la acogen con alegría y hacen todos los esfuerzos posibles para que se quede y se case con el joven. La muchacha no encuentra el momento y el modo de explicarles cuál es su profesión. Cuando la ocasión aparece, ni el joven ni las ancianas quieren saberlo, aceptando a la persona que tienen delante y una pequeña biografía, simple e inocente, que hacen de la joven. Seguirán los enredos en los que se verán envueltas las prostitutas amigas de la protagonista, los temores de todas y la extrañeza de pretenderla por esposa junto a otras circunstancias que provocarán escenas cómicas. Pero el amor acabará triunfando para derribar las barreras de los prejuicios sociales.
Miguel Mihura, que durante la guerra civil y escapando de la situación del Madrid republicano en el que los señoritos –y Miguel lo era- no tenían acomodo fácil, busca refugio en San Sebastián, donde será enterrado a su muerte en 1977. Se apuntó a la Falange, cosa que de grado o por fuerza tantos otros tuvieron que hacer intentando garantizar su seguridad, aunque el carné de falangista no significó un cambio en su manera de pensar o escribir, aparte de algunas publicaciones propagandísticas, el precio mínimo exigido por la dictadura franquista para hacerse un hueco entre los vencedores.

Luigi Pirandello (Premio Nobel de Literatura, 1934) estrena la obra Seis personajes en busca de autor, en 1921. A principios del siglo XX el dramtaturgo italiano pone no pocas de las bases en los precedentes de lo que había de ser el teatro moderno y en la gestación del llamado teatro del absurdo. Innovaciones en lo formal y en lo conceptual. Comedia sin actos ni escenas, prescinde del telón que permanecerá levantado durante toda la representación, el escenario vacío, ausencia de decorados, iluminación ligera. En lo conceptual, el teatro apunta al conflicto existencial de la persona en el drama de vivir y convivir; un teatro de la palabra que hurga sin piedad en los sentimientos y las pasiones humanas.
Dentro de este teatro de la palabra tan bien entendido e interpretado por el elenco de la compañía que lo subió a las tablas y en la desnudez de una bella austeridad escenográfica, lo que deslumbra es la acción, lo que atrapa es el sentido existencial del drama, lo que conmueve es la realidad, y la verdad que nuestra propia realidad encierra se presenta al desnudo en la realidad de los demás reclamando el derecho a existir.


Puedo acabar resumiendo que si bien es verdad que la fiel representación del Macbeth de Shakespeare nos permitiría –sin duda- extrapolar la acción a la actualidad, con su miseria, ambición, fraudes, impunidad, crímenes, corrupción y robos entre la clase política y empresarial, también es de agradecer esta denuncia directa, con nombres y apellidos, con ambientes geográficos y sociales de nuestro entorno y nuestra actualidad. Todo se hace, así, evidente ante nuestros ojos y nos mueve a la repulsa y la censura. Poner de manifiesto que la constante de la ambición humana actúa a través de los siglos no nos consuela; queremos acabar con esta situación, con justicia y rigor, y lavar la sangre derramada por las manos asesinas, soñar y creer que otro mundo y otra sociedad son posibles.
El nombre de la rosa, de Umberto Eco
El olor a incienso y la música gregoriana ayudaron de manera eficaz a crear la atmósfera medieval en la que se desenvuelve la trama, así como la caracterización de los personajes, un trabajo arduo y realmente digno de aplaudir. La obra, literalmente, transcurre dentro de un libro que se despliega, se retrae, cambia y da forma y cabida a los espacios de la abadía en los que transcurre la trama de la acción. La iluminación pecó de tenebrismo y contribuyó a dar la sensación de representación plana, uniforme. Hubo, también hay que decirlo, efectos realmente conseguidos, como la incursión de Guillermo de Baskerville y Adso de Melk, su novicio, en el laberinto de la biblioteca, el encuentro con el fraile cielo Jorge de Burgos y el posterior incendio que devoró los fondos de una de las mayores bibliotecas de la cristiandad.