MIGUEL HERNÁNDEZ QUE ESTÁS EN LOS CIELOS.-Unai Izquierdo
Pabellón 6.- Producción
Teatro Pabellón 6.- 21 de mayo de 2023
Intérpretes: Alfonso Díez, Irene Bau, Unai Izquierdo, Yeray Vázquez
Dirección: Gorka Martín
En 2022 se cumplieron80 años de la muerte de Miguel Hernández en la cárcel. El “poeta del pueblo” pagó la culpa de ser honesto y consecuente con unas ideas de progreso, justicia y libertad aplastadas por el bando sublevado en la guerra civil española de 1936.
El texto dramático escrito para la ocasión por Unai Izquierdo sintetiza, casi en forma de documental, la vida del poeta de Orihuela. Hay que reconocer el mérito de su claridad, la cual alcanza una profundidad poética estimable, así como el valor didáctico de su trabajo. En la representación de la obra el ritmo no decae en ningún momento y las escenas de fuerte contenido emocional no se recrean en lo melodramático. Se da una perfecta armonía entre lo que se cuenta y lo que se quiere transmitir. A ello, obviamente, contribuye el trabajo del cuadro escénico, del que formará parte el mismo Unai Izquierdo representando el personaje de Miguel Hernández. Una obra de teatro, pienso, muy apropiada para llevar a los institutos (o llevar al alumnado de los institutos a ver la obra), pues no hay mejor manera de explicar literatura e historia a un mismo tiempo.
La música, tal vez para los que recordamos las canciones de Joan Manuel Serrat, pareció un poco floja y desangelada, pero siempre oportuna y eficaz.
Al lado de la figura de Miguel Hernández se alza con solidez la de su mujer, Josefina Manresa. Esta mujer excepcional sufrirá la muerte de su padre, guardia civil, a manos de los republicanos, la de su primer hijo de corta edad, el desgarro de ver a su marido perseguido y encarcelado, el dolor de su muerte en prisión y la larga lucha que mantendrá durante toda su vida para custodiar y preservar la obra del poeta.
Vemos desfilar los personajes bien perfilados en sus rasgos más característicos de Ramón Sijé, el obispo Luis Almarcha, José María de Cossío, Pablo Neruda, Federico García Lorca, María Zambrano, Vicente Aleixandre o la pintora Maruja Mallo, todos ellos de singular importancia para Miguel Hernández, el “poeta pastor” al que –como se menciona en el programa de mano- conmutaron la pena de muerte y luego mataron abandonándolo en la cárcel cuando contaba 31 años de edad.
Y, aplaudiendo la siempre loable labor del teatro, también me sumo a la reivindicación de la poesía de Miguel Hernández y la necesidad de los poetas, de aquellos que nos los matan o se nos mueren, recordando a los grandes mientras esperamos a los nuevos, como concluye el texto del programa de mano y tal como se representa en esta obra.
González Alonso




DELICADAS.- Alfredo Sanzol
Bajo el mismo cielo, azul, despejado, luminoso, anublado, primaveral, lluvioso, en calma o agitado por el viento, transcurren las horas del amor, las horas del miedo, de búsquedas, de sorpresas, milagros y esperanza, también las de la amistad.
Si te has levantado alegre y combativo y tienes el día con ganas de ajustar cuentas vete al teatro y disfruta de la representación. A mí me pilló esta obra con todos los telediarios vistos y saturado de tanto ruido, así que hubiera debido quedarme en casa. Me explicaré. Hablemos –hablamos- de la explotación y precariedad laboral; hablemos de la corrupción, de empresarios poderosos y políticos, presidentes de gobierno de partidos con cajas de contabilidad A, B, C y D o Z perfectamente identificables como los nefastos presidentes de la derecha española, rancia y catastrofista que –además de la más impúdica exhibición de corrupción generalizada- llevaron a España al borde de la fractura en sus enfrentamientos con la no menos cerril y caciquil derecha, irónicamente autodenominada izquierda nacionalista e independentista catalana. A las hemerotecas me remito.
La voluntad de creer
Sobre el escenario se reproduce una película en un viejo televisor que durará lo que dura la representación. En la película se desarrolla una historia en la que aparecen personajes de otra época y otro siglo viviendo escenas paralelas a las de la representación teatral. Y empieza el laberinto de preguntas, dudas, preguntas que se van enredando en sus respuestas para no saber qué preguntas ni saber qué responder. Hablamos del teatro, hacemos metateatro; ¿es real el teatro? ¿es verdadero? ¿la película es real, es verdadera? ¿Y la vida?
Como en cualquier terapia de grupo, no puedes esperar oír cantar alabanzas a la vida; por definición, el grupo estará formado por personas con problemas personales de todo tipo, desde drogodependencias a existenciales o derivados de experiencias vitales o de relación que han resultado ser muy traumáticas. Y esto es, precisamente, lo que ocurre con este grupo de mujeres. De ahí en adelante, todo resulta muy previsible. Los sucesos dolorosos se centrarán en la relación materna y las experiencias afectivas, sexuales y de convivencia con los hombres que se cruzaron en su camino. Unas madres castradoras, egoístas, controladoras y manipuladoras. Unos hombres violentos, sádicos, paranoicos, hedonistas o psicópatas. ¿Qué cabe esperar de todo ello? Pues no es difícil deducir que nos encontramos ante las vidas destrozadas de cinco víctimas de la violencia. La niña abusada por su abuelo, su tío y el cura sesentón que la dejó preñada; la mujer enloquecida por su madre hacia la que desarrolla sentimientos asesinos y protectores a la vez; la que se somete al terror de los comportamientos sádicos o la que se siente culpable y justifica las palizas de un hombre desequilibrado incapaz de manejar de forma positiva sus sentimientos y liberar sus miedos. De todas las situaciones extremas posibles sólo se salvaron las de las relaciones patológicas con la figura paterna y el asesinato. 
El diablo cojuelo.- Luís Mayorga, sobre la novela de Luís Vélez de Guevara.
La novela clásica del siglo XVII será tomada por Luis Mayorga y apropiada para la escena por Rhum & Cia montando un espectáculo burlesco, de reflejos picarescos, con tintes esperpénticos y pinceladas surrealistas del teatro del absurdo para mostrarnos cómo pasan los siglos, pero los vicios permanecen. De manera grotesca y divertida, los actores -los muy buenos actores y músicos- tienden un puente entre el teatro barroco y el mundo de los payasos cuando un grupo de ellos decide trascender su vida artística interpretando una obra clásica que demostrara a sus descendientes su valor y capacidad como artistas. Así, el empeño por llevar la obra a escena les hace descubrir sus posibilidades, limitaciones, vicios y virtudes, pasando a ser los primeros en convertirse en objeto del diablo cojuelo. Y en el envite, los espectadores serán investidos a su vez de becarios (que pagan, pero aprenden) y convertidos necesariamente en coprotagonistas y víctimas del diablo cojuelo. A lo largo de la representación de este retablo colorista se oirá pedir justicia en varias ocasiones, una constante gritada y exigida a través de los siglos y, como resulta innecesario resaltar, todavía no resuelta.