La voz humana.- Jean Cocteau

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Jean Cocteau.Meritxell Checa.

La voz humana
Jean Cocteau

Moon Produkzioak en el Teatro Barakaldo
15/02/13

Una hora acompañados de la soledad que se abate sobre toda una vida. Esa es La voz humana, de Jean Cocteau. Porque la soledad y el vértigo del abismo que abre en el alma humana, es el tercer personaje de la obra. O el segundo, entre el hombre que se fue y la mujer que se queda, pero que también se va. O, bien mirado, el primero; en el que se mecen los protagonistas. La soledad y el silencio. Silencio y soledad. De ahí la angustia que retuerce el alma y que el cuerpo expresa con desesperación; también por ello la necesidad de hablar, de hablar y hablar para escuchar la propia voz por encima del silencio aterrador. Para no decir nada. Nada por entre el entrecortado soliloquio de amor.

Realmente impresiona la hondura del análisis que sobre el alma humana hace Jean Cocteau con el personaje de su pieza teatral (este año de 2013 hace 50 de su fallecimiento por infarto de miocardio; el mismo día de la muerte de Edith Piaf). Con ambición y decisión, disecciona los sentimientos y hace un recorrido sin concesiones al melodramatismo, el sentimentalismo ni a ningún ismo habido o por haber. El acierto de su agudo análisis encuentra la mejor expresión en el modo de representar ese desgarro ante la soledad, el final del amor, el dolor de la pérdida de los afectos y el futuro de una vejez desilusionada a la que acompañará la ruina sentimental. Para ello, Jean Cocteau se sirvió de un discurso cotidiano, habitual, reconocible; una suerte de frases vacías, de palabras que pretenden ignorar unas veces, otras esconder, chantajear, reinventar continuamente el amor. Palabras en el aire que se condensan en una atmósfera cada vez más pesada y transida por la angustia que lo impregna todo de pesimismo. Y a este discurso vacío que suena como un eco, agrega la expresión corporal, la manifestación del desgarro emocional a través de un cuerpo agitado y convulso arrastrándose por el suelo o subido a la azotea desde la que contemplar el mundo y sus gentes que continúan moviéndose mecánicamente totalmente ajenos a su drama. De la humillación a la desesperación brotan las promesas, las renuncias, las confesiones, el sentimiento de culpa, arrepentimientos vehementes y el suicidio al otro lado del hilo del teléfono. La última llamada, al fin, que nunca llegará.

Expresión corporal, danza y música, sobre los que planea de forma intermitente la palabra que ya no comunica nada, cada vez más fragmentada e inútil. Y el silencio envuelto en oscuridad. Todo ello es el lenguaje total mediante el que nos presenta La voz humana el autor francés, poeta, dramaturgo, pintor, cineasta, apasionado de la música, amigo de Pablo Picasso y controvertido personaje sumido en el consumo de opio, unas relaciones sexuales tormentosas y el catolicismo de sus últimos años de existencia.

El trabajo en escena de la bailarina y actriz catalana Meritxell Checa Esteban resultó ser de una limpieza y fuerza expresiva sorprendentes, muy meritorio y valiente. El acompañamiento en escena del músico y compositor Adrián García de los Ojos se desarrolló perfectamente acorde con el resto de elementos coreográficos y ambientales, iluminación, realización escenográfica y trabajo videográfico. No queda más que agradecer a Moon Produkzioak esta apuesta teatral y felicitar a Fer Montoya por todos los aciertos en la dirección. Y esperar, cómo no, otra nueva y feliz ocasión.

González Alonso

El Buscón.- Francisco de Quevedo

El Buscón de Quevedo.- Teatro Clásico de Sevilla

El Buscón.- Francisco de Quevedo
Versión libre y dirección de Alfonso Zurro

Teatro Clásico de Sevilla

Teatro Barakaldo (Vizcaya / Bizkaia)
12/01/13

Andalucía es tierra de inteligencia que en el teatro se multiplica en grupos como Atalaya, La Zaranda o el Teatro Clásico de Sevilla, el cual llenó el aforo del Teatro Barakaldo con El Buscón de Quevedo en la tarde lluviosa y fría de este 12 de enero . Excelente trabajo de grupo en un lenguaje ágil, deliberadamente atropellado en ocasiones, mordaz y de matices variados, tocado del gracejo andaluz unas veces, del decir culto del Siglo de Oro español, en otras, y pasando por el habla de truhanes, chismosos, agresividad de asesinos a sueldo y la frialdad de los traficantes de armas o la verborrea de los políticos.

El soporte escrito para esta interpretación viene firmado por el dramaturgo Alfonso Zurro, andaluz nacido en Salamanca, al que corresponde, además, el trabajo de dirección. Imagino que no le habrá resultado nada fácil dramatizar la novela de Quevedo; pero puede quedarle el gratificante consuelo de haberlo hecho francamente bien y tenido el acierto de actualizar los diferentes pasajes de la obra de Quevedo jugando acertadamente con el tiempo.

Teatro Clásico de Sevilla en El Buscón de Quevedo (Alfonso Zurro)La picaresca se abre camino, de la mano de Alfonso Zurro, desde El lazarillo de Tormes y El Buscón de Francisco de Quevedo a la España de hoy; afirma creer que esto es algo que llevamos genéticamente dentro en el modo de sobrevivir en medio de la escasez, el hambre y la miseria, mediante el engaño y el robo, generalmente sin violencia y aprovechando la avaricia de los demás y su deseo de conseguir riquezas sin esfuerzo aunque sea engañando o aprovechándose de la aparente inferioridad de otros; pero donde el robo deja de llamarse picaresca es en los límites del poder y los poderosos, de la riqueza y los ricos.

De manera muy sugerente el escenario se llena de un ropero o armario con una abigarrada colección de trajes roídos y maniquíes descoloridos por el tiempo que cobran vida, van y vienen del pasado para mostrarnos y demostrarnos la persistencia de unos males sociales endémicos en el gran número de comportamientos egoístas, injustos, primarios e hipócritas que desfilan ante nosotros.

Me ha gustado esta manera de hacer teatro social, arrancando de raíz el siempre doloroso asunto de nuestra Historia, pero en una clave universal; de tal modo que esta obra puede ser vista, comprendida y aplaudida tanto en cualquier país de habla hispana como en Europa si se puede disponer de una buena traducción al italiano, francés, inglés, alemán, o cualquiera de las muchas lenguas europeas. Y opino que seguirá siendo igualmente interesante pasados muchos años o cientos de años, pues la condición humana y las miserias que la acompañan poco, me temo, han de cambiar. Dicho de otro modo, creo que tiene vocación de permanencia y obra clásica.

No sería justo cerrar este pequeño comentario sin reconocer el meritorio trabajo de este cuadro escénico andaluz y, dentro de él, la admirable actuación del joven actor Pablo Gómez-Pando  interpretando el papel del Buscón para dar vida a este personaje en la sorprendente variedad de reflejos y tipos que presenta a lo largo de la representación, casi sin transición en la sucesión de escenas que se siguen unas a otras como destellos de las páginas de un libro que van pasando sin cesar.

Teatro vivo, teatro de la vida, de la herida, la llaga que no cierra de una sociedad de la que todos formamos parte y vestimos los trajes de la comedia.

Era sábado y seguía lloviendo en la ciudad; en las montañas caía nieve en la oscuridad de la noche. El alba será blanca.

González Alonso
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Teatro Clásico de Sevilla en El Buscón de Quevedo (Alfonso Zurro)

Tío Vania.- Antón Chéjov

Tío Vania.- Antón Chéjov

Compañía L’OM IMPREBÍS
Teatro Barakaldo

Tío Vania de A. Chéjov por la compañía L'Om Imprebís

Antón Chéjov sigue teniendo no pocos lectores fieles y su teatro es reclamo de numerosos espectadores como los que ayer tarde nos reunimos en el Teatro Barakaldo para presenciar y seguir con interés la obra Tío Vania, interpretada por el cuadro escénico valenciano L’Om Imprebís.

Tuve ocasión con anterioridad de ver otros montajes teatrales de esta compañía, como las piezas Galileo, de Bertolt Brecht y Calígula, de Albert Camus, de la que se puede leer el comentario. Tres obras, tres autores y tres tratamientos distintos que revelan la plasticidad y variedad de recursos de este elenco de actores y actrices dirigidos  por Santiago Sánchez.

La acción transcurre entre el verano y el otoño de un año de finales del siglo XIX en Rusia. La oportunidad de poder ver Tío Vania en un mes de otoño, aunque anecdótica, refuerza el sentimiento que se revela en el drama de unos personajes envueltos en el aroma de la infelicidad como últimas y maravillosas tristes rosas otoñales, descubriéndose a sí mismos al borde de la nada.

Porque Chéjov nos habla de infelicidad. No de la desgracia sobrevenida por otra razón distinta a la del sentimiento íntimo de fracaso y sacrificio de toda una vida por nada y el desasosiego e inseguridad y sensación de vacío que desencadena este descubrimiento. Para este fin, Chéjov echa mano de un compendio de diversos personajes alrededor de una acomodada familia campesina y nos abre los ojos al modo de entender la vida, las inquietudes y los problemas sociales en la convivencia y relación del campesinado y la burguesía.

En la versión de Santiago Sánchez se subrayan aspectos tan reconocibles en nuestro mundo actual, después de 200 años, como el precedente del ecologismo en la actuación del doctor Astrov salvando bosques y defendiendo el equilibrio de los ecosistemas y del hombre con la Naturaleza ante el inmovilismo del campesinado; el papel de la burguesía, representada por el viejo profesor Serebriakov y su joven esposa Helena o el peso de los valores morales y culturales en las relaciones entre hombres y mujeres. Le seguirán el mismo Tío Vania cuando, desencantado, descubre la inutilidad de sus años de trabajo dedicados a su cuñado, el viejo profesor viudo, y le trastorna el amor por la segunda y  joven esposa  de éste, que a su vez siente una atracción correspondida por el doctor Astrov. En todo este enredo de sentimientos, la buena, trabajadora, pero poco agraciada Sonia, se enfrenta a la realidad de su amor imposible con el doctor. Pero todo va, sin embargo, más allá del amor y sus imposibles. Digamos que la afectividad, reprimida, insatisfecha y sujeta a convencionalismos, es la salsa en la que se dilucida el marco social en el que la felicidad se hace imposible sin arriesgar algo en el cambio de ese opresivo y estrecho marco.

Tío Vania de Antón Chéjov.-Compañía L'Om Imprebís.- El viejo profesor y su joven esposa.

El encuentro de las dos clases sociales mencionadas anteriormente, campesinado y burguesía, en el entorno de la convivencia de los miembros de una misma familia, personal de servicio, el médico y un vecino, se transforma en choque de intereses y forma de entender la existencia, alterando profundamente sus costumbres cotidianas, poniendo en jaque todo su sistema de valores y descubriendo cada uno de ellos su profunda infelicidad. Cuando la burguesía intelectual representada por el viejo profesor propone liquidar el modo de vida campesina vendiendo la hacienda para entrar en el mercado bursátil comprando valores del Estado, todo salta por los aires, se genera un enfrentamiento violento con la rebelión de Tío Vania al que seguirá una reconciliación civilizada y la separación definitiva. Cada cual volverá a su espacio social y sus hábitos sin haberse resuelto a cambiar esencialmente en una resignada vuelta y acomodo a su modo de vida de siempre, aunque con el peso en la conciencia de haber descubierto y aceptado su radical y profunda infelicidad. Porque, entiendo, no se trata de un drama personal de los personajes desposeídos de su pasado y de su futuro en la edad madura, sino de un problema incrustado en la sociedad que exige cambios de estructuras que regulen de manera más libre y democrática las relaciones humanas y el funcionamiento del sistema económico y productivo. Los pequeños cambios personales al estilo de los llevados a cabo por el doctor acabarán por conducir a un cambio social. Pero hay que arriesgarse, hay que actuar, como veía con lucidez el viejo y desahuciado profesor desde la marginalidad de su jubilación.

Pesimismo existencial magistralmente tratado por Antón Chéjov y que L’Om Imprebís pone sobre las tablas con austeridad, vigor, profundidad de la psicología de cada personaje y sin concesiones a lo puramente ornamental ni a efectismos que distraigan del tema. Una buena tarde de teatro, de reflexión, aprendizaje y entretenimiento. Esto es lo que tienen los grandes escritores, que siempre están vigentes y siempre tienen algo más que enseñarnos sin necesidad de aburrirnos o hastiarnos con burdas y vulgares propuestas al uso y abuso como las habituales de las diferentes cadenas televisivas. Que nos dure el teatro.

Salud.

González Alonso

La importancia de llamarse Ernesto.- Oscar Wilde.- Teatro Barakaldo (Vizcaya/Bizkaia)

Elenco de la Fundación Municipal Teatro Gayarre de Pamplona

La importancia de llamarse Ernesto
Oscar Wilde

Fundación Municipal Teatro Gayarre de Pamplona
Dirección: Alfredo Sanzol

Teatro Barakaldo
Vizcaya

Por si alguien se pregunta por la posibilidad de que una comedia escrita en 1895 pueda resultar divertida para el público de 2012, apuntaré el comentario elocuente de un espectador a la salida del teatro: ¡qué bueno es reírse un buen rato! Y es que, me parece, las obras teatrales escritas con inteligencia y que tocan lo medular de la existencia humana y sus relaciones, nunca prescriben. Más allá de ciertas costumbres y usos sociales, el modelo de convivencia se rige por parámetros similares en todas las épocas; y en todas ellas el amor y cómo conseguir poner en práctica los sentimientos amorosos, la pretensión de vivir bien, aún a costa de los demás, la tendencia a sacralizar ciertos valores imponiéndolos al resto de los ciudadanos desde el ejercicio del poder, económico, cultural, religioso, y la no menos acusada tendencia a practicar una doble moral entre las clases dominantes, ricas, poderosas y cultas, es una constante que subsiste con el paso del tiempo. Ello hace posible no sólo la comprensión y disfrute de esta obra, sino –llevando la cuestión a tiempos más pretéritos- reír y disfrutar con comedias como las de Aristófanes o Cratino de la Atenas del siglo V anterior a Cristo.

¿Qué más hace falta para que una comedia nos divierta? Pues, evidentemente, un elenco de actores capaces de comunicar el texto y darle forma a cada situación; cuestión sobradamente cumplida por las actrices y actores que el pasado sábado, día 3, se subieron al escenario del teatro Barakaldo. Y lo hicieron de la mejor manera posible, desarrollando sus papeles de menos a más, en una progresión constante de adueñarse del personaje y conducirlo hasta el espectador para exhibir todos los matices del mismo, en una atmósfera teatral perfecta que envolvió la representación. Lo hicieron en una puesta en escena fiel al texto de Oscar Wilde y a la época victoriana en la que se desenvuelve la acción, tanto en vestuario como en escenografía, con un trabajo interpretativo del texto en el que la frenética agilidad de los diálogos no decayó en ningún momento, lo que contribuyó de manera eficaz a mantener la atención del respetable y provocar las risas y las carcajadas en los momentos cruciales en los que la sonrisa se quedaba corta.

Podemos decir que La importancia de llamarse Ernesto es una comedia de enredo que desviste con ironía y mucha dosis de sarcasmo la sociedad de la época de Oscar Wilde, en una descarnada crítica de la doble moral practicada por las clases dominantes, las clases altas de la sociedad victoriana y sus interesados y discutibles valores, siendo el de la honestidad el más valorado y exigible y el que resulta, por contra, ser más transgredido y traicionado. Al hilo del título y el valor moral aludido, pienso que en español le cuadraría mejor el de La importancia de ser llamado Honesto, con lo cual nos aproximaríamos más atinadamente al doble significado que en inglés tiene el nombre del personaje en su pronunciación. Pero es una cuestión menor, un problema a veces de difícil solución en las traducciones. La obra, al efecto bastante bien traducida y adaptada, se encuentra plagada de aforismos y frases ingeniosas que se suceden casi sin interrupción y sin descanso para el espectador. Algunos ejemplos:
Óscar WildeLa educación es algo admirable. Pero es bueno recordar de vez en cuando, que nada que valga conocerse puede ser enseñado.
La opinión pública sólo existe donde no hay ideas.
El que dice la verdad, puede estar seguro de que tarde o temprano será descubierto.
Amarse a sí mismo es el comienzo de un idilio que durará toda la vida.
Las mujeres están hechas para ser amadas, no para ser comprendidas.
Los hombres se casan por cansancio. Las mujeres por curiosidad. Los dos se llevan una desilusión.
La única forma de vencer una tentación es dejarse arrastrar por ella.
No soy tan joven como para saberlo todo.

Oscar Wilde, este irlandés de Dublín (en aquella época formando parte del Reino Unido), al que se le define como de ingenio muy agudo y mordaz, brillante conversación y vestir extravagante, sufrió el azote de la sociedad conservadora inglesa, siendo perseguido y encarcelado, reprimiendo y condenando la homosexualidad del autor de Dorian Gray y El alma del hombre bajo el socialismo, obra en la que volcó su ideario político a través de su anarquismo filosófico (A veces la gente se pregunta bajo qué tipo de gobierno viviría mejor el artista, y sólo hay una respuesta: en ninguno). A la salida de la cárcel viajó a Francia, donde moriría.

González Alonso

La Escuela de la desobediencia.- Sobre L’École des filles (Anónimo) y Ragionamenti de Pietro Aretino. Compañía Producciones Andrea D’Odorico y Teatro Portátil.

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María Adánez y Cristina Marcos

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La Escuela de la desobediencia.
Texto adaptado por Paco Bezerra sobre L’École des filles-Anónimo- y Ragionamenti, de Pietro Aretino

Producciones Andrea D’Odorico y Teatro Portátil
Director: Luis Luque

Teatro Barakaldo (Vizcaya) 18 de marzo de 2012

No hay muchas maneras mejores de pasar una buena tarde de domingo. El teatro es causa de entretenimiento, de conocimiento y sorpresa, así como mágica realidad irrepetible en cada representación que solamente podrá ser revivida en la memoria del espectador y la huella de la emoción que nos deja.

De entrada, debo reconocer en el trabajo escénico de la obra La Escuela de la desobediencia, la seriedad con que las actrices solventaron el difícil reto de llenar de magia, complicidad y poesía, todo el tiempo de la representación, del primero al último minuto. Supieron llevar su actuación con sensibilidad y arte sin dejar un resquicio, una duda, al tiempo vacío; todo fue ritmo y cadencia con el contrapunto ocasional de la música renacentista a la viola da gamba de Sofía Alegre y la voz de la soprano Rosa Miranda. Y me gustó más, si cabe, porque las actrices superaron el cliché televisivo de las series en las que obtuvieron notables éxitos, para interpretar con toda la gama de matices posible  sus personajes, libres ya de los moldes prefabricados. Fantásticas ambas, María Adánez en el papel de Fanchon, y Cristina Marcos en el de Susanne.

Pero hechos estos reconocimientos y los que corresponden a la parte del Equipo Artístico, con la dirección de Luis Luque, y al Equipo Técnico, tal vez merezca la pena detenerse un poco en comentar el porqué del interés de este texto adaptado por Pedro Bezerra.

Los antecedentes en los que se inspira esta obra se encuentran en los textos libertinos franceses del siglo XVII, entre los cuales contamos con L’École des filles ou La Philosophie des dames, atribuida a Michel Millot y por ello condenado a la horca mientras quemaban los libros “contrarios a las buenas costumbres” De otros textos, como Los ejercicios de devoción, del Abate de Voisenon, he dado cuenta aquí, en el apartado de Lucernarios, Biblioteca de bitácora.-libros para leer y releer. Pero, en su momento, y después de vista esta bien representada Escuela de la desobediencia, comentaré y os recomendaré otros escritos como La Academia de las damas, del maestro Nicolás Chorier, y Margot la remendona de Fougeret de Montbron.

María Adánez y Cristina MarcosMe pareció, en las lecturas libertinas francesas referidas, siempre reseñable la vigencia y el valor de actualidad que encierran; vigencia y actualidad confirmadas en la puesta en escena de La Escuela de la desobediencia, con un planteamiento arriesgado, austero aunque ricamente acompasado con la música y la iluminación, para dar protagonismo a un texto irónico, directo, sugerente y crítico, en las escenas que se van sucediendo cargadas de un fuerte erotismo o una tierna poesía. El trabajo de dicción de las actrices, modulando de manera exquisita la voz en cada situación, junto a una muy bien estudiada y acertada expresión corporal, hicieron que el reto fuera superado con indudable éxito. El lenguaje explícito sobre el sexo se hace al margen de eufemismos y explicaciones retóricas; no es ni obsceno, ni cutre, ni procaz, como habitualmente ocurre en tantas películas de éxito o programas televisivos de gran audiencia donde la vulgaridad y la banalidad los hacen grotescos. Sin embargo, todavía en el teatro parece que causa reparo y se ponen objeciones al desnudo y el erotismo. Hablo en general, no exactamente por esta obra, aunque sí por las reacciones que he podido presenciar en otras similares o más atrevidas.

Quería referirme, como dije, a la vigencia y actualidad de una obra que, arrancando del siglo XVII, nos trae al siglo XXI la voz de la mujer y la reivindicación de su sexualidad y la libertad para sentir, desear y amar. En este sentido, no resulta baladí la denuncia que se hace de la doble moral que niega a las mujeres lo que se admite en los hombres; la crítica a instituciones como la Iglesia, en la que sus miembros, monjas, frailes, curas y obispos, practican sin mesura, con esmero y refinamiento, lo que prohíben y persiguen desde los púlpitos, o la denuncia de una educación al servicio del control y dominio de la vida de las mujeres, negándoles la sexualidad y el placer mediante la información falseada, la reprobación moral y el miedo.

En el transcurso del desarrollo de la obra teatral, una joven sobrina es instruída por su tía sobre los diferentes aspectos de la sexualidad femenina y las distintas maneras de disfrutar con un hombre. Luego vendrá la parte práctica, arreglándoselas para que todo ocurriera en el debido secreto y ofreciendo a familiares, vecinos y conocidos, la más casta y honrada imagen que se pueda exigir e imaginar. Las apariencias esconden una conducta en la que la fuerza de la naturaleza se abre paso por encima de las normas sociales y la represión de los impulsos. La joven así instruída encuentra la felicidad de sentirse viva con su vida y con su cuerpo y, aprendida la lección, no está dispuesta a renunciar al fruto de su aprendizaje. Claro está que todo ello, como se ha dicho, ha de vivirlo guardando las apariencias y cumpliendo con las pautas marcadas para su condición social, entre las que se encuentra el matrimonio convenido por los padres. Ante el rechazo de la joven, la tía le hace ver que esto no será obstáculo para su felicidad porque puede fácilmente engañar a su marido. Pero algo más profundo planea sobre el alma de la joven, que va más allá del deseo y unido al placer, como es el amor y su libertad de elegir. Porque cuando se abre la puerta de la libertad y se experimenta el placer y la felicidad, pero las normas y las costumbres no cambian, ¿cómo hacer para seguir viviendo sin renunciar a la vida y el placer de ser feliz sin ser por ello objeto de persecución y castigo? Por ello, ante esta imposibilidad, una última solución asoma amenazadora a la mente de la joven. La tía se espanta y preocupa, pero la sobrina le sugiere que tal vez de este modo en tantas ocasiones enviudaron jóvenes casadas, arrojando, de paso, una sombra de duda sobre la temprana viudedad de su propia tía. El dilema está propuesto y la solución moral al dilema se exige de manera dramática. El final de la obra es, así, una última denuncia que nos requiere una respuesta; pero esta última respuesta será, necesariamente, también la respuesta a todas las críticas expuestas sobre la represión de la sexualidad femenina y su papel en la sociedad. Asignatura pendiente.

González Alonso
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Cristina Marcos y María Adánez

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Carcajada salvaje.-Christopher Durang

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Carcajada salvaje.
Christopher Durang
 
Compañía Pentación Espectáculos
Dirección: Josep Costa
 
Teatro Barakaldo (Vizcaya)
14/01/12

La obra de Christopher Durang dirigida por Josep Costa reaparece, actualizada, en la escena española con alusiones, evocaciones y recursos del teatro del absurdo, pero en su vertiente más irónica, con la crítica ácida del humor en la mirada instrospectiva de los personajes que afrontan una realidad demoledora para todos: el individualismo, la soledad y los sucesos hechos noticia de telediario que nos abruman sin descanso. El propio título es un guiño explícito a ese teatro del absurdo, inspirado en la frase de Samuel Beckett que repite  en varias ocasiones uno de los personajes: una carcajada salvaje en medio de la más dolorosa aflicción.

Tratándose de la soledad y la incomunicación o la dificultad para comunicarse, la obra se presenta como dos monólogos a través de los que se cuenta una historia trivial y cotidiana como es el hecho de hacer unas compras en un supermercado. Con este pretexto y en un escenario aparentemente vulgar, se desencadena la puesta en marcha de todas las emociones y pensamientos, generalmente negativos, de los protagonistas acerca de uno mismo y cuanto nos rodea, juzgando, prejuzgando, suponiendo, analizando, decidiendo, cabreándose o reconciliándose con el prójimo desde un diálogo interior que el prójimo ni imagina, a la vez que ese mismo prójimo interpreta, juzga, prejuzga, analiza, supone, se cabrea o reconcilia consigo mismo y con el otro sin que medie palabra entre ambos. O sea, toda una acción interior ante la silenciosa presencia del otro para intentar entender o hacerse entender, lo que termina, inevitablemente, en encontronazo violento.

La neurosis de los personajes es sólo el reflejo de la sociedad enferma en la que conviven y sobreviven. Tratan de ser positivos y ver el vaso medio lleno y para eso se suben a un escenario y hablan y hablan sin parar intentando huir de la negatividad, riéndose de todos y de sí mismos en una terapia que les conduce a la única solución que encuentran para no morir, que es respirar. Por eso, en el desencuentro de ambos personajes, acabarán haciendo lo único que pueden hacer juntos, que es respirar, invitándonos a todos a hacer lo mismo. O sea, a que no nos dejemos morir.

No es necesario tirar de avales artísticos para hablar de los encargados de poner sobre las tablas la obra; tanto la actriz Charo López, como el actor Javier Gurruchaga, son dos monstruos de la escena. Si con el monólogo primero de Charo López empecé sonriendo y compartiendo las situaciones en las que nos iba situando, con J. Gurruchaga terminé riendo con ganas y participando de la complicidad de cada una de las escenas. Su interpretación hizo que pareciera que el personaje hubiera sido escrito para él, cortado a la medida de su fantástico histrionismo, contagiando su vitalidad arrolladora con su forma impulsiva y llena de tics de moverse por el escenario, enfatizando y sugiriendo todos los matices de la ironía en sus frases.

Si nos pusiéramos exigentes podríamos reconocer que no es un texto dramático riguroso llamado a pasar a la posteridad, ya que su armazón se construye sobre dos simples y humildes  monólogos seguidos de un epílogo en el que se recrean las situaciones declamadas, con poca consistencia. Tampoco podemos decir mucho de la bondad del tratamiento psicológico de los personajes; se recurre al auxilio de la  caricatura, con la que es más fácil trabajar, y a la representación de la enfermedad mental, neurosis, presunta esquizofrenia y manía, desde la que simbolizar la denuncia del vacío existencial y la demanda de ayuda. Tampoco es un aporte brillante el recurso a los tópicos. Pero consiguen transmitir al público, sin la grandeza del teatro clásico o la aspereza desgarradora del teatro del absurdo, el desasosiego de la vida social en la que estamos sumergidos. Y eso, también cuenta.

Una tarde de teatro de ida y vuelta. Del teatro del absurdo a lo absurdo del teatro de nuestras vidas. Texto nacido en 1987 en la sociedad estadounidense que se nos sube a las barbas de la sociedad española de la crisis de este primer cambio de década del siglo XXI, primero del III milenio. Suena grandioso, pero sólo se trata de nuestra pequeña y única miserable vida personal. Asi que riamos y respiremos juntos.

González Alonso

Carcajada salvaje[4]

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Café chino.- Ira Lewis

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Café chino.- Ira Lewis

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Café chino. Ira Lewis.- Teatro del Conservatorio de Música Andrés Isasi (Las Arenas.-Vizcaya). Sábado, 17 de diciembre de 2011.

Haría falta algo más que café chino para espabilar y despertar esta obra de teatro y hacerla, a su vez, atractiva, sugerente, interesante o, simplemente, entretenida para el espectador que, en este caso, sí es sufrido.

El texto de Ira Lewis, con todos los respetos, toca un tema interesante (pienso que no hay malos temas, sino solamente malos tratamientos de los temas), pero de manera fallida. La historieta de dos amigos, un escritor hipocondriaco de mediana edad y un fotógrafo algo más que maduro que no encontró en la fotografía la vida artística plena que la primera vocación por la literatura le negó, se desarrolla durante noventa largos minutos sin la grandeza de la tragedia ni la grandeza de lo cotidiano. Un discurrir plano de la acción con algunos ramalazos de brillante ironía para merecer, por decir algo, el título de tragicomedia. Naturalmente, toda la enjundia de la obra se desenvuelve alrededor de todos los tópicos que sobre los artistas, en general, y sobre los escritores, en particular, pueda uno imaginar. La pobreza exenta de aureolas bohemias, la frustración, el fracaso, envidia, celos, depresiones, ataques de histeria y la profunda y cada vez más lejana esperanza de convertirse en autores de culto.

El teatro, cuando lo es, exige algo más que unos actores parloteando en un decorado. Esta obra de teatro se puede ver con los ojos cerrados y, si no te duermes, no te pierdes nada.

Como no me gusta abundar en lo negativo de las cosas, voy  a dejarlo aquí tal  y como está para destacar lo más notable de la dirección de Begoña Bilbao. No sé, la verdad, qué otra cosa o qué más podría hacerse con este texto desde el punto de vista de la dirección; salvo haber resuelto la acción profundizando en la personalidad enfermiza de los personajes y sus conflictos para llevarlos a alguna situación extrema, un suicidio a dos o algo así, no sé… o algo menos dramático, pero más creíble que ese final sin final, en el que Ira Lewis no sabe qué hacer, se le encoge la mano y deja de escribir dejando, a su vez, que sus personajes se vayan de escena y de su obra definitivamente, tal y como vinieron. Tengo la impresión, en fin, de que tal y como está planteado el trabajo,  puestos los dos actores sobre el escenario, la cosa se ha limitado a decidir muy poco y dejar rodar el texto con el buen hacer de los intérpretes. Porque, justo es reconocerlo, la dedicación, profesionalidad y empeño de Manuel Galiana  y Asier Homaza, merecen un cariñoso aplauso; no se puede hacer mucho más de lo que hicieron y la obra se hace soportable hasta el final sólo gracias a su soberbia actuación en una interpretación realmente notable.

Quede así y aquí, por tanto, el testimonio de una tarde de teatro desabrida y fría en cuanto a la meteorología prácticamente invernal que pareció apoderarse de la sala, pequeña, acogedora y coqueta, del Consevatorio de Música Andrés Isasi de Las Arenas.

González Alonso

Malandain. Ballet de Biarritz

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Malandain.- Ballet de Biarritz

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Malandain.- Ballet de Biarritz.

Magifique (Tchaikovski-Suites).- La Mort du Cygne (Saint-Saëns).- L’Amour Sorcier (Manuel de Falla)

Teatro Barakaldo, 26 de noviembre de 2011

El pasado domingo tuve ocasión de ver un espectáculo de ballet. No soy habitual de estos eventos que, por otra parte, no se prodigan demasiado en los escenarios. Como la ópera, se tiene la vaga impresión de tratarse de un espectáculo de minorías selectas, sobre todo económicamente, que lo utilizan para dar lustre a sus relaciones sociales con un barniz cultural que cause admiración. Lo que, con toda seguridad, fue así en tiempos no muy pretéritos, no lo es hoy día, al menos de forma general. Élites quedan y quedan también viejos resabios de la utilización de la cultura con fines espurios; pero hay que reconocer, junto con la evolución de estas artes, la extensión de su disfrute a capas sociales más extensas, aún sin dejar de ser minoritarias.

El caso es que, después de lo visto y disfrutado, me siento mejor dispuesto e  inclinado a cambiar mis hábitos y hacerme más asiduo del ballet; porque lo que los sentidos me permitieron percibir fue todo un cúmulo de sensaciones y sorpresas enmarcadas en la grandeza de la música y la belleza de la danza.

La elección de autores como Tchaikovski, Sain-Saëns y Manuel Falla, posibilitó una cercanía atractiva y una variedad llena de sugestivas propuestas de baile. Tal vez, resumiendo, me atrevería  a subrayar tres cosas:

1.- La ejecución de los pasos a dos. El primero de ellos arrancó con la sugerente música de Tchaikovski interpretada por dos bailarines masculinos con una delicadeza y sensibilidad admirables; el segundo, arropado con los compases de El Amor Brujo de Falla, ejecutado por un bailarín y una bailarina que consiguieron transmitir con fuerza y pasión los más atormentados e intensos sentimientos del amor.

2.- La sensación de que la música seguía por el escenario a los bailarines, realizando sus evoluciones con una ligereza y levedad que parecía vaciar de todo peso sus cuerpos para ser sólo espíritu o alma alzada en vuelo. La interpretación de La Muerte del Cisne de Saint-Saëns, me cautivó en todas y cada una de las cuatro veces que bailaron la pieza las tres bailarinas encargadas de dar vida a esta pieza bajo los focos, una vez cada una y, finalmente, las tres conjuntamente, introduciendo matices de delicada sensibilidad en la recreación de una escena tan bella como dura, cual es presenciar una muerte, y dotando de alma humana al ave condenada a morir.

3.- La introducción de elementos de danzas populares en la coreografía, así como un uso mesurado del ballet en su esencia clásica junto con una desarticulación de los movimientos y la reproducción de gestos cotidianos en la danza. El ballet explora con una libertad estudiada todos los recursos expresivos del cuerpo y el espacio para conseguir emocionarnos.

Poco más puedo añadir como profano en la materia. El espectáculo de Malandain, Ballet de Biarritz, puso en la tarde del domingo del teatro Barakaldo de Vizcaya un aire de frescura y sensibilidad que el público que llenaba la sala supo reconocer y agradecer con sus largos y continuados aplausos. Una buena tarde de arte y belleza expresados a través del ballet.

González Alonso

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La casa (Sobre «La casa de Bernarda Alba» – Federico García Lorca) .- Grupo de Teatro Independiente .- A-Teatral

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La casa (sobre La casa de Bernarda Alba, de F.G.Lorca) A-Teatral

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La casa.- Grupo de Teatro Independiente – A-Teatral .-Dirección y puesta en Escena de María Guimarey.- Fotos: Ana Soler.

Sala Kontainer Aretoa .- Bilbao, 25 de noviembre de 2011

Federico García Lorca subtituló esta obra como Drama de mujeres en los pueblos de España. La casa de Bernarda Alba, ambientada en el paisaje de la Andalucía natal del poeta, adquiere no sólo en la intención de su título, sino en su desarrollo y tratamiento temático, un valor universal en el alma de la mujer española y en las costumbres decimonónicas que alcanzaron con su peso mortal gran parte del siglo XX. De igual modo profundiza en la reflexión y denuncia de las relaciones de poder, cómo se establecen éstas y el modo de ejercerlas.

La obra representada por A-Teatral en la sala Kontainer de Bilbao lleva por título La casa. El hecho de obviar el nombre de Bernarda Alba pone de manifiesto la intención de subrayar el valor casi absoluto de la casa como representación de la mujer y su vida atormentada, la expresión de sus sentimientos, la represión y la castración impuestas por una sociedad llena de prejuicios y normas morales estrictas que sojuzgaban a las mujeres y, de manera paradójica, hacía esclavos a los hombres a los cuales pretendían beneficiar, obligándolos a mantener actitudes de dominación y considerando a la mujer como una propiedad, con un sentido del honor asentado en el orgullo y resuelto en lances de muerte.

La mujer a la que se asomó F.G.Lorca, sufre la represión de sus deseos y sentimientos; la sexualidad está al servicio de la familia y del hombre, y ésta se organizará más en función de los intereses económicos y sociales que de la libre elección de la mujer. Será la mujer también, en este caso de la mano de la madre Bernarda Alba, la que ejerza de transmisora de estos valores, imponiéndolos en su entorno de manera férrea y asumiendo el destino como una maldición milenaria de la que no se puede ni debe huir ni rechazar.  Y todo ello llevado hasta un extremo axfisiante en el ambiente más enervante y caluroso del verano en el que transcurre la acción. De esta forma, la muerte y el suicidio se convertirán de forma dramática en la expresión de rebeldía ante tanta opresión, y la misma muerte violenta será negada por la familia para salvaguardar el buen nombre al que se sienten obligadas las mujeres que la componen. La joven no puede morir colgada de una soga en su propia casa, ni puede haber disfrutado a escondidas del amor de un hombre, el prometido de una de sus hermanas. Morirá, a los ojos de todos, en la cama y virgen.

Resulta llamativa la circunstancia de que, sin aparecer un solo hombre en escena, sea éste el protagonista alrededor del que gira la vida de las mujeres. Dos causas pueden explicarlo; por un lado, el amor y las necesidades sexuales de las mujeres, y por otro, el hecho de que conseguir a un hombre era el medio de abandonar la casa. El drama es que, tanto los deseos de la mujer como la configuración de un nuevo hogar, se llevarán a cabo desde la sumisión total e impuesta ante la figura del hombre.

La casa.-A-Teatral, sobre La casa de Bernarda Alba, de Federico García Lorca

Todos estos y otros aspectos relevantes de la obra de Federico García Lorca, se hacen patentes con rotundidad en la interpretación y puesta en escena del grupo A-Teatral. El elenco de las nueve mujeres que interpretan a Bernarda, sus hijas, la abuela de éstas y la criada, consiguen un ritmo sostenido del drama lorquiano con algunos momentos de intenso dramatismo y emoción, sobre todo en los momentos inicales de la representación y el desenlace de la obra. Las actrices se mueven con solvencia en un espacio escénico bien diseñado, bien pensado, y me pareció un acierto la decisión de hacer rotar a los personajes siendo representados sucesivamente por cada una de las actrices. El ambiente recreado con un vestuario austero, neutro, refleja de manera acertada el ambiente de la obra y ayuda a introducirnos en el clima apropiado. La diferenciación de los personajes se hace a partir de la utilización de elementos ornamentales sencillos: el bastón de Bernarda, la toquilla de la abuela, unos abanicos, un cuellecito, un pañuelo, una cruz… La luz y el sonido están muy bien manejados y los elementos escenográficos son simples y efectivos, cuatro bancos dispuestos en un espacio cuadrado rodeado por los espectadores.

La primera vez que pude ver este recurso de convertir el escenario convencional en un cuadrilátero alrededor del cual se disponen los espectadores, fue bien avanzados los años 70 del pasado siglo en el Teatre Lliure de Barcelona. En aquella ocasión los asientos estaban dispuestos en gradas y se trataba de un teatro nuevo y grande, destinado a ser el centro experimental dramático de Cataluña. Recuerdo cierta sensación de incomodidad y desconcierto, acrecentados por la utilización de las gradas también como espacio de actuación, con una proximidad tan estrecha con el espectador que te hacía compartir cada gesto y aliento de cada personaje. Luego, la magia del teatro me hizo olvidar esta circunstancia para disfrutar plenamente del espectáculo.

Desde entonces acá, naturalmente, muchas cosas han cambiado en las puestas en escena, con nuevos recursos y aciertos. La sencillez de la propuesta del grupo A-Teatral en la obra La casa, le da un valor añadido al contenido del trabajo, lo hace más eficaz en esa proximidad con las actrices en la que, así como los pequeños e inevitables errores, se hace más visible la belleza del espectáculo y se alcanza de forma más directa a experimentar el cúmulo de emociones puestas en juego sobre la escena.

No quisiera terminar este pequeño comentario sin detenerme en la reflexión sobre el papel que juegan los grandes circuitos teatrales que recorren las compañías profesionales y el que protagonizan los pequeños circuitos en salas generalmente  de aforos reducidos  en los que tantos elencos de carácter amateur desempeñan una labor cultural valiosa y admirable. Creo que merecen todo nuestro apoyo y reconocimiento porque con pocos medios y una entrega generosa, estos pequeños grupos son capaces de alzar grandes obras como la que hoy nos ocupa, sin complejos y con honestidad. Vaya mi enhorabuena para estas personas esforzadas junto con un caluroso y sincero aplauso.

González Alonso

La casa.- A-Teatral, sobre La casa de Bernarda Alba (Federico García Lorca).La casa.- A-Teatral, sobre La casa de Bernarda Alba, de Federico García Lorca

COURT MIRACLES .- Le Boustrophédon (Francia)

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COURT MIRACLES.- Compañía francesa (Toulouse) LE BOUSTROPHÉDON

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COURT MIRACLES.- Compañía Le Boustrophédon (Francia) dirigida por Christian Goumin.-  Teatro Barakaldo, 6 de noviembre de 2011

Sobre las tablas, dos actrices y dos actores, más un pianista, se multiplican en personajes de marionetas con los que se integran hasta el punto de no poder distinguir cabalmente quién resulta ser más real en un espectáculo para el que no cabe ahorrar elogios. El elenco francés procede de la ciudad de Toulouse y del Lido, el Centro de Artes del Circo, y con la aparente facilidad con que se realizan los trabajos más serios y difíciles, nos deslumbran y adentran en su mundo, que es nuestro mundo, sin agrios reproches ni lamentos desgarradores; sino con la ternura e ironía de la vida que se sabe viva, aún en medio de la mayor desolación, como puede ser el escenario sempiterno del dolor de la guerra.

Esta obra se gestó en un viaje de los actores a Gaza (Palestina) en el año 2006 para participar en la campaña Payasos Sin Fronteras. Court Miracles es un espectáculo en el que las acrobacias circenses, el malabarismo y el ingenio, junto con los títeres y la danza, estalla ante nuestras narices con un sentido estético admirable.

Pero hablar de las bondades y sorpresas del espectáculo sería banal si nos quedáramos sólo en eso y el mismo planteamiento del espectáculo no valiera de instrumento eficaz para profundizar en el asunto de que trata; en este caso, sirviéndose únicamente del gesto, la danza, la música y los efectos especiales, arman una consistente denuncia de los horrores de la guerra. En un campo de refugiados se contabilizan muertos, se recogen heridos que, con el guardián y los enfermeros, sobreviven a la guerra organizando y compartiendo la vida cotidiana llena de privaciones y carencias, pero valorando y disfrutando cada pequeña cosa y oportunidad. Nos ofrecen, en medio de un paisaje desolador, una actitud de resistencia y esperanza que va más allá del último ataque de la aviación que los diezma y deja aún peor malparados, como si se tratara de una maldición o una enfermedad degenerativa e irreversible. Y, aún así, mientras las ratas van progresivamente adueñándose de las ruinas, intentarán una y otra vez más reorganizar su vida o los despojos de la misma, con menos recursos, más débiles y malheridos, pero siempre con tanta poesía y humor como alegre disposición y esperanza; porque la decisión -en mi opinión, acertada- de este magnífico cuadro escénico francés, es la de hablar de la guerra y el horror implacable de sus consecuencias sin perder la humanidad, la dignidad que reviste la existencia de sus víctimas, aniquiladas, pero no vencidas.

COURT MIRACLES.- Compañía Le Boustrophédon (Toulouse-Francia)Al final del espectáculo de este montaje teatral, el aplauso y el abrazo desde el corazón, surgen espontáneos y naturales, continuándose por unos minutos más en el recibidor del teatro donde actores y marionetas invitan a los espectadores que abandonan la sala a compartir un delicioso té moro y admirar, una vez más como un regalo, la destreza y arte de estos actores que, fundiéndose de nuevo con sus marionetas, en un montaje de manipulación de las mismas, ofrecerán un pequeño concierto con una batería, un acordeón y un saxo desafinado.

Obra, espectáculo, arte y trabajo, mucho más que recomendable; imprescindible. Diría más, obligatorio; si valiera de algo obligar. Dejémoslo, en fin, como la mejor decisión personal e inteligente de quien tenga la oportunidad de asistir y verlo.

González Alonso