Ahora sé

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Ahora sé que me amarías;
en este momento mismo haríamos el amor,
despojaríamos de palabras las horas de la tarde,

abrazarías mi cuerpo

y llorarías por mis ojos.

De nada me sirve saber que me amarías
y que en este momento mismo haríamos el amor;
les pongo sueños a las horas de la tarde,

abrazo mi cuerpo,

lloro por mis ojos.

Julio G. Alonso

Poema publicado en el libro colectivo de poesía Árido Umbral.- Editorial Alaire, agosto de 2011.-ISBN:978-84-939365-0-1
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En vertical la vida

Vertical

Mi escritura es vertical
árbol. De la raíz al cielo
ascienden las preguntas
y en savia las palabras
se vuelven a la tierraY fecundan los páramos hambrientos
y determinan geografías cultivadas.

Las acequias del tiempo
en venas de agua dibujan los paisajes;
¡qué luz posa su levedad en los pétalos,
qué aroma en espirales se alza al aire!

Mi voz es un sí de rotunda
afirmación; vida hecha de pie
y herramienta que labra
la palabra que nombra y adjetiva
y reclama del mundo la cordura.

No es mi escritura palabra
recreada en angosto verso
ni en poesía yacente
si la vida que multiplican los pólenes
y las abejas, mana en la frescura
de las miradas de los ojos de los niños
o en las pupilas de los viejos
se entrega en último resplandor
cuando se llenan las estancias de recuerdos.

En vertical vivo, en pie
canto. En vertical
escribo.

González Alonso

La historia del viejo cascarrabias

Marcio Porcio Catón 

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Era un viejo cascarrabias.

Esta historia
no tiene pies ni cabeza
ni sé quién me la contó.

Lo he pensado
con los ojos cerrados y apretando los dientes,
y me parece estúpida
esta historia.

No hay razón para creerse por las buenas
todo lo que cuentan,
ni siquiera la mitad de lo que juran
haber visto
porque su visión caleidoscópica les impide
ver una Luna sólo.

He buscado, pulsado las opiniones
más diversas
para ser objetivo.
Hasta recé un poco y le ofrecí una vela
a un santo de escayola
que me cayó simpático.

De todas las maneras,
yo jamás he creído
que el viejo de la historia
fuera un cascarrabias.

Julio G. Alonso
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Scrooge.-Cuento de Navidad, basado en una novela de Charles Dickens

Torre guardiana

La vieja y la muerte

Los ojos manantiales de azul, más grandes,
dueños ya del recuerdo
en miradas sin ira. En las manos
el tiempo, dibujo de sangre detenida
sobre la piel fría. Regueros abiertos
los labios a palabras disolviéndose en el aire
de la sonrisa breve;
en el pulso congelado de los chopos
polen viejo de primavera,
ausente pálpito de vida;
sólo los pájaros ponen un poco de calor
de verano,
luz, torre guardiana de los sueños;
veneros de aguas cristalinas los abesales,
sombra.

    González  Alonso

La joven y la muerte

Traducción al portugués por la escritora Tania Alegría del poema Torre guardiana en el cuaderno Um Oásis de Palavras, dirigido por Ana Muela Sopeña:

TORRE GUARDIANA

Las naranjas del invierno

Imagen propiedad de Artencordoba-Arte, Cultura y Turismo en Córdoba.-Museo de Julio Romero de Torres: Naranjas y limones.

Las últimas naranjas del invierno
agua fresca en tu boca
calendario de abrazos en tus brazos
miel caliente en los labios
y los besos,
ojos del alba.

Sabías que me iría en primavera,
que soy nieve en las cumbres
corriendo en los arroyos
y manando en fuentes de deshielos.

Te dejo, amor, las flores de mi mano
tendidas en la falda de los montes
de tus senos
y un alocado sueño de deseos
en la fértil humedad de tus entrañas.

Sabías, ay, y me amaste
y dejaste que te amara
y a la boca trajimos la lujuria
de las últimas naranjas
del invierno.

González  Alonso

Niña y naranja

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Tránsito de los recuerdos

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Transito los recuerdos y hasta ti llego de nuevo
tarde, como la vez primera
de nuevo envuelto en azoradas palabras, en manos
torpes
desnudando tu cuerpo. La noche se hace mansedumbre
y calma que fluye; tú estás siempre sonriéndome,
siempre eres beso
siempre horizonte, deseo
siempre
y la palabra viene y dice
por ti y por mí anhelos susurrados
en miradas.

La noche nos arropa. Nunca fuimos tan bellos,
nunca las estrellas nos envidiaron tanto y se disuelven las horas
en el silencio y el mundo a nuestro alcance
arcilla en nuestras manos flexible y moldeable. Todo
era posible
sólo con quererlo; tan grandes nos sentimos, tan fuertes,
poderosos.

¡Míra qué miel dulcísima en los panales del tiempo
qué noche sin desvelos!

Transito con dignidad un poco antigua,
de pose aristocrática,
los recuerdos, aquellos que tercos se resisten
a abandonar sin duelo
el hogar de la memoria
y dejo que, como niños, se alboroten un poco,
nos lastimen un poco y se vayan, luego, confortados
de felicidad, ventura
que como ola
rompe incesante en la playa de los años,
acantilado de la edad,
bajel arrumbado a las costas de los sueños
y las manos torpes, como entonces, desnudando tu cuerpo
como la vez primera
y los besos primeros.

Qué delicado tránsito ungido de nostalgia
qué preocupada atención por el pasado que vuelve
cargado de sentimientos y clara inteligencia.

Tránsito, al fin,
sólo paso.

Julio González Alonso

Noticias al alba de octubre

Fotografía del cuaderno Ribera del Torío (León)

Eran con su luz vestidas
musgo de la mañana,
cuando pasan por delante de tu puerta
y se detienen, miran.

Eran del alba
picos abiertos de pájaros a la claror del día,
olas de brumas rasgadas
en los faedos, otoño en abesales de sueños
como sangre sujeta a las raíces
de los miedos.  Ay, qué quietud y qué frío
por los hombros; qué sombras
por lo oscuro de los ojos, brocales
de pozos de oscurecidas aguas.

Eran del alba como del labio el beso
y una flor encarnada.

Vienen en sones de campanillas, titilando
en plata de cruces y de ramas;
así vienen con su canción ya muerta por la boca
y los espejos de la madrugada. Eran
del alba
las calles de León desiertas, silenciosas
las pisadas, aire en escarcha en las márgenes
del río. Del alba eran,
enamoradas.

González Alonso

León, años 50.- Calle Ancha.León, años 50.- Barrio Húmedo

Puedes decir

 

Cedazo o ceranda.Racimo de uvas moradas.Clepsidra

Puedes decir: es cierto, comiste del racimo de la vida,
con mansedumbre atado al yugo del amor, viviste;
y los días te ungieron con sana complacencia
de regaladas horas.

Puedes decir: es cierto, levantada la vista
sin temor escrutaste del sedicioso mar
todos los horizontes
y entretuviste en el tacto las suaves anatomías
de los desiertos arenosos y sus dunas,
las que naciendo de olas
que el navarca surcó en bastimento de años,
libres de las sevicias de las crueles tormentas,
meciendo están sus siluetas
entre dos azules.

Puedes decir: es cierto, la existencia se apura
en el tiempo líquido de las clepsidras; las últimas uvas
llegan dulcísimas a tu boca,
el aire mueve las aspas y en los cedazos la harina
promete el pan amasado de mañana,
la memoria en la mezcla homogénea
de la espiral de los deseos.

Julio González Alonso

Bruno: Clepsidra de la vida

Barcelona

 

Pablo Picasso.- Mujer con sombrero

Multitud.
Multitudes.

Y tantos viejos borrachos
en los bancos.

Multitud.
Multitudes.

Y policías con pistolas
acechando.

Multitud
de agujeros vomitando
multitud de enfermos
al asfalto
y multitud de ruidos,
multitudes
de pequeños niños sonrosados.

¿Qué harás cuando seas grande?

– Me haré un vestido de humos
y un anillo de guijarros
del Parque Güell
y un sombrero
del Museo de Picasso.

Me pondré un collar de luces
de las calles de los barrios
y un gran broche con las fuentes
de Montjüic
y haré un gran ramo
de las flores de las Ramblas…

cuando sea grande y grande
de borrachos,
policías
ruidos
y enfermos
y barcos

en las aguas verdinegras
de los muelles de mis años.

González Alonso

Discurso del ermitaño

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Simón el estilita

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Al ermitaño le salieron sabañones en el invierno
y se puso muy contento
porque tenía algo
que ofrecer a Dios.

(Yo no me he preguntado todavía
si a Dios le gustan los sabañones
del ermitaño
o los sabañones, simplemente)

En el verano el sol calentó su cabeza
tanto,
que sintió vómitos y dolores
y padeció de alucinaciones violentas.

El ermitaño sigue allí, en su montaña,
rezando en la soledad.

Su significación no es plena porque los sabañones del invierno
le atormentaron
por razones metafísicas
y el verano no le proporcionó ideas de calidades nuevas.

Pero él sigue allí,
ajeno al mundo real
o dándole una dimensión inválida.

Posiblemente en este invierno
encuentre otros sabañones que ofrecer a Dios.

Julio G. Alonso