24
oct
14

Ofrenda

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Nos perfumaba el placer de la carne y el aroma de higueras

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Nos perfumaba el placer de la carne
y el aroma de higueras; sólo ya
felicidad del alma, llaga de agua
de la concupiscencia,
arañazos de piedra,
cataratas rupestres,
realidad quieta,
imagen que se mueve, y dónde –nos miramos-
estábamos nosotros
cuando en ofrendas de hecatombes
en los altares los toros ardían en hogueras.

Nos abrazaba la vida en miradas de almendra
y miel; ya sólo
beso de ingles y contenido aliento
de bosques entregados a los abrazos de las ramas
primaveras.

Qué ha de ser si en los párpados encierro tus miradas,
si en mi saliva la sal de tu piel, tus pechos
en los labios
y caricias de otoños en mis manos, si nos aroman
aires de cumbres donde alcanzan
sólo los dioses a respirar su esencia.

González Alonso

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19
oct
14

El nombre de la rosa, de Umberto Eco.- Teatro

El nombre de la rosa, de Umberto Eco

Dirección: Garbi Losada
Adaptación: Garbi Losada y José Antonio Vitoria
Teatro Barakaldo, 18 de octubre de 2014

El título El nombre de la rosa, de Umberto Eco, fue doblemente celebrado con la publicación de la novela (1980) y la adaptación al cine de Jean-Jacques Annaud (1986) en la que sobresalía el trabajo del actor Sean Connery en el papel de Guillermo de Baskerville. Ahora llega la versión teatral en español. También hay un gran trabajo de los actores, aunque es difícil dejar de compararlo con la película porque, pienso, el planteamiento de la obra y el guión se mueven muy próximos a ella, junto a la intención declarada de ser fiel al texto, cosa que se consigue. Pero no hay nada novedoso, e incluso la audición y comprensión se resienten y quedan comprometidas en muchas de las intervenciones y declamación del texto, más propias del cine o la televisión.

La adaptación no es mala si –como he dicho- persigue esa fidelidad al texto de la novela y el desarrollo de la acción; no obstante, resulta fallida al replegarse al peso de la obra de Umberto Eco y no poder superar la efectividad de los recursos cinematográficos. Querer contarlo todo tal vez no habría sido posible si el enfoque de la puesta en escena hubiera hecho hincapié en alguno de los muchos aspectos relevantes como las luchas en el seno de la Iglesia, la naturaleza del amor, el control cultural en manos de las abadías, el valor de los libros, el fanatismo y la superstición, el racionalismo y el progreso, el valor de la fe, el poder de la Inquisición, etc. Pero la apuesta se resolvió en el sentido de querer contar todo de esta crónica medieval de intriga y estilo policiaco: se va a celebrar un encuentro entre las facciones enfrentadas de la Iglesia para resolver sus diferencias, los franciscanos defensores de la pobreza, por una parte, y el papado, defensor de la propiedad de bienes y riquezas, por otra. El lugar, una afamada abadía benedictina italiana. Antes de la llegada de las distintas delegaciones, en la mencionada abadía se suceden una serie de muertes violentas misteriosas. Todo gira en torno a un libro de Aristotéles, un tratado sobre la risa que se guarda en la biblioteca a la que solamente tiene acceso un reducido grupo de frailes; un libro que mataba a quien lo leía, envenenado por el fanático e intransigente fraile ciego de origen español Jorge de Burgos.

El olor a incienso y la música gregoriana ayudaron de manera eficaz a crear la atmósfera medieval en la que se desenvuelve la trama, así como la caracterización de los personajes, un trabajo arduo y realmente digno de aplaudir. La obra, literalmente, transcurre dentro de un libro que se despliega, se retrae, cambia y da forma y cabida a los espacios de la abadía en los que transcurre la trama de la acción. La iluminación pecó de tenebrismo y contribuyó a dar la sensación de representación plana, uniforme. Hubo, también hay que decirlo, efectos realmente conseguidos, como la incursión de Guillermo de Baskerville y Adso de Melk, su novicio, en el laberinto de la biblioteca, el encuentro con el fraile cielo Jorge de Burgos y el posterior incendio que devoró los fondos de una de las mayores bibliotecas de la cristiandad.

Una buena, excelente noche de teatro, una representación seria, de mucho trabajo y buena articulación del movimiento escénico, con momentos puntuales de notable intensidad, pero sin la chispa propia y necesaria o la genialidad para hacerte olvidar mientras la veías de la novela de Umberto Eco ni de la película de Jean-Jacques Annaud. Arriesgado y difícil competir desde el teatro con los dos grande hitos mencionados, pero ahí estaba la gracia. No se consiguió y, sin quitarle ningún mérito a lo visto y aplaudido, hay que reconocerlo como fue. No siempre se alcanza lo genial; pero en el intento, esfuerzo, trabajo y recorrido, quedan muchas grandes cosas como las de ayer noche en el teatro. Otro aplauso.

González Alonso

12
oct
14

Carpe diem

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Carpe diem

Cuanto a tu mano llega, cuanto alcanzas
de la vida a vivir día tras día
aprovéchalo, el sabio te decía,
antes que sólo sean añoranzas;

que si amores y aventuras son andanzas
componiendo su dulce melodía,
aún antes de cumplirse el mediodía
serán apenas cantos de semblanzas.

No hay nada más allá de este momento
que al corazón anega de ternura
y el alma llena de feliz contento.

Alza tu copa y bebe sin mesura
de los labios del amor y el sentimiento,
que esperar a mañana, no es cordura.

González Alonso

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05
oct
14

Las amistades peligrosas, de Choderlos de Laclos

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Las amistades peligrosas
Choderlos de Laclos

Compañía Metatarso Producciones
Teatro Barakaldo, 2 de octubre de 2014

Nos llega en forma de teatro una de las más conocidas publicaciones libertinas francesas del siglo XVIII. Hace algunos años pudimos disfrutar esta misma obra en forma de cine; pero me apresuraré a decir que la obra teatral de la que estamos hablando supera en todo a la película de Stephen Frears, desde el tratamiento y fidelidad al texto de Choderlos de Laclos, hasta la puesta en escena y el desarrollo de toda la trama y la acción. No es exagerar. Es, simplemente, cuestión de ser justos.

La obra de teatro, a diferencia de la conocida película, no hace ninguna concesión meramente sentimental a las relacciones que se establecen entre los personajes. No cae en la trampa de teñir la crudeza de las conductas sexuales con un barniz amoroso o afectivo. Si esto se refiere al contenido de la obra, lo que sigue –en comparación con la película- es pura magia, originalidad y acto creativo en todo cuanto la puesta en escena y la representación nos deparan.

Con Las amistades peligrosas estamos en un siglo de pelucones, miriñaques, enaguas, corsés, polvos blancos en la cara, rape, vestidos masculinos ostentosos y llenos de colorido, duelos a espada, las ideas de la Ilustración y una nobelza enriquecida, ociosa y entregada a los placeres del mundo y de la carne, sin escrúpulos y profundamente narcisista. En este contexto aparecerán obras como Margot la remendona (Historia de una prostituta) de Fougeret de Montbron; Los ejercicios de devoción, del Abate Voisenon y La Academia de las Damas, escrita en latín por el Maestro Nicolás Chorier. Todas ellas de una inaudita audacia reflejando con su erotismo la doble moral de clérigos, monjas y frailes, así como la de una nobleza hipócrita y pragmática en los asuntos sexuales. La cumbre de toda esta filosofía de vida llegará con el Marqués de Sade, a finales del XVIII y principios del XIX,  escritor y filósofo francés, ateo radical, que defendió el triunfo del vicio sobre la virtud, autor de Justine, y que se pasó más de media vida encarcelado, recluído en manicomios y a punto de ser guillotinado.

Una de las cuestiones deslumbrantes de Las amistades peligrosas en su puesta en escena es el acierto de recrearnos los personajes en sus trajes de época sobre un escenario poblado de micrófonos e instrumentos musicales, piano, guitarras eléctricas y batería. La música clásica inicial al piano dará paso al rock and roll más agresivo, ráfagas operísticas o baladas, como si fuera la música un personaje más en escena. La belleza de este contraste recreado por una buena iluminación, los pasos de baile, el carácter cómico y caricaturesco de algunos pasajes junto a la brutalidad de las relaciones establecidas entre los diferentes personajes y el desenlace trágico de algunos de ellos, hacen de esta representación algo digno de ver y recordar.

Recuerdo que el pasado verano fue ésta una de las obras de teatro que formaban parte del cartel del Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro. Entonces, no pude verla. Hoy, no me arrepiento de, al fin, haberla podido ver.

El argumento desarrolla la lucha de seducción y poder entre la Marquesa de Merteuil y el Vizconde de Valmont, poniéndose pruebas que a cada cual exigía someter sexualmente a terceras personas, muchachas adolescentes, casadas reputadas por su honestidad, jovenzuelos inexpertos o madres precavidas con la custodia y virtud de sus hijas. Retos difíciles que ambos van superando recurriendo a cualquier artimaña y sin el más mínimo escrúpulo. Las víctimas no importan. Lo que verdaderamente importa es el placer y la sensación de poder. En su arriesgado juego de seducción, ganará quien logre la mayor proeza, manifieste el mayor desprecio y supere la prueba sin mostrar debilidad o amor. En cierto modo todo nos recuerda al personaje del teatro romántico español Don Juan Tenorio, de Zorrilla, o su predecesor el Don Juan de El convidado de piedra, de Tirso de Molina. Solamente que en el caso de esta novela hoy convertida en pieza teatral, serán dos los seductores, una mujer y un hombre, los cuales –a su vez- lucharán entre sí por ver quién acaba siendo seducido y vencido por quién.

Si del resultado final de esta versión de Las amistades peligrosas firmada por Javier Patiño y Darío Facal solamente podemos expresar los más altos elogios, del conjunto formado por los actores y actrices que con tanta naturalidad, entrega y profesionalidad recrean y dan vida a los personajes en un trabajo complejo que les exige, además, interpretar música, actuar y resolver con escrupuloso arte las escenas eróticas de la obra, sólo podemos reconocer y alabar su trabajo y el resultado del mismo. El desarrollo de la acción apoyada, fundamentalmente, en el intercambio epistolar, es la base en la que se sustenta la representación. Un ir y venir de cartas y una sucesiva ocasión de encuentros y desencuentros magistralmente medidos y magistralmente interpretados.

Carmen Conesa, en Merteuil; Cristóbañl Suárez, en Velmont; Iria del Río como Jourvel; la jovencísima Lucía Díez, en Cecile; Mariano Estudillo, en Danceny y Lola Manzano como Volanges, conforman el elenco artístico que de forma tan coordinada hicieron posible una noche mágica más de teatro en Barakaldo.

Si la crisis económica que padecemos desde hace cinco largos años y que parece querer ir para otros tantos no acaba con el teatro, espero que actores, dramaturgos, directores, técnicos y productores, puedan seguir regalándonos arte y cultura, de los que tanto necesitamos. Y no va más, sino este aplauso para la Compañía Metatarso Producciones y quienes la componen.

González Alonso

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01
oct
14

Agua de octubre

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Nieve temprana de octubre
que nueve meses cubre;
de hojas
que el campo cubre
octubre;

octubre
lluvioso
y año copioso. Octubre
octubre
que la tierra cubre
que besa la tierra
y en agua
la aquieta.

Un suspiro hondo
de aire
de octubre,
agua
y soledad
por las ramas secas.

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28
sep
14

La violación de Lucrecia, de William Shakespeare

La violación de Lucrecia
William Shakespeare

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Nuria Espert
Dirección: Miguel del Arco
Producción: Juanjo Seoane

Teatro Barakaldo (Vizcaya)
27 de septiembre de 2014

Una representación de tal naturaleza podría despacharse brevemente con un gran elogio de admiración, y punto. Permitidme, no obstante, compartir con vosotros un comentario algo más extenso y algo más allá del merecido elogio. Porque hablar de Nuria Espert y todo lo que toca en el teatro y la vida artística es discurrir por el camino del acierto, el prodigio escénico y el éxito reconocido con total merecimiento. En el caso de la obra que nos ocupa podemos decir que algo tan sublime y difícil sólo puede ser llevado a cabo por alguien tan prodigioso como la actriz catalana de Hospitalet de Llobregat.

Ahora bien, mencionado lo anterior, agregaré que una vez concluída la representación y todavía sujetando a duras penas la emoción desatada, no estaba nada seguro de quién había dirigido a quién, si Miguel del Arco a Nuria Espert –como justificadamente orgulloso confiesa- o Nuria Espert a Miguel del Arco. Porque, hay que subrayar, toda la obra y puesta en escena está al servicio del genio y coraje de la actriz, a partir de un texto admirablemente traducido por José Luis Rivas Vélez que, sin perder la belleza del lenguaje del siglo XVI de este poema de juventud de William Shakespeare, se hace absolutamente comprensible y asequible, facilitando la percepción de la belleza poética en los giros y expresiones propios de la época.

La obra, evidentemente, admite otras posibilidades escénicas. Sostener todo el texto del poema durante una hora y cuarto en la interpretación de una sola actriz, dando vida alternativamente a Lucrecia, Tarquino, Colatino o Junio Bruto, a la vez que va desarrollando la narración, es el extraordinario, extremado y difícil camino elegido. Pero, junto al narrador –en este caso narradora-, optar por poner en escena a los personajes precitados, incluso al padre de Lucrecia y las sirvientas, sería añadir valor plástico y belleza al espectáculo, siempre que la dirección de escena acertara –cosa para la cual hay buenos y sobrados candidatos- con las exigencias dramáticas del poema. Y no me sorprendería que, en un futuro, se aborde de este modo la representación de La violación de Lucrecia que hoy y en este caso ha sido entregada a la experiencia, genio, sabiduría, arte y –como he dicho anteriormente- excepcional coraje de Nuria Espert.

La violación de Lucrecia es un poema narrativo de tema histórico y carácter dramático a través del cual William Shakespeare no desperdicia la ocasión de ofrecernos una reflexión crítica sobre la sociedad, sus mecanismos de poder y la condición humana. Basado en un texto de Ovidio, nos relata cómo el desenfreno, orgullo y falta de escrúpulos del príncipe Sexto Tarquino le llevaron a violar a la mujer de su mejor amigo, el general Colatino, para lo cual abandona  secretamente el campamento y se dirige a la casa de Lucrecia, de quien Colatino había alabado públicamente su belleza y demostrado su fidelidad y castidad. Las consecuencias de semejante agresión serán el final de Lucrecia y el final de los reyes en Roma. Lucrecia se dará muerte confesando el nombre del violador en presencia de su padre Lucrecio, Colatino y otras personas, entre las que se encontraban Publio Valerio y Junio Bruto; este último, aprovechando la oportunidad que le brindan las circunstancias, va a ser quien les anime a impulsar una rebelión popular, denunciando el crimen de Tarquino y exponiendo públicamente ante los ojos de los romanos el cuerpo sin vida de Lucrecia. Como consecuencia de todo ello acabará la etapa del reinado en Roma, siendo depuesto el rey y desterrados todos los miembros de la familia de Tarquino, lo que daría lugar al inicio del periodo de la república con el paso del poder a manos de los cónsules.

El teatro, abarrotado, aplaudió largamente de pie la representación de Nuria Espert y su generosa entrega. Merecidos aplausos que siguen aquí y seguirán allí  donde se represente esta obra.

González Alonso

21
sep
14

Los naranjos de Íllar

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Los naranjos de Íllar

En el mediodía y la tarde de junio
y la hospitalidad del poeta Perfecto Herrera en su casita de Íllar

Con sus picos
los pájaros limpiaban las migas de la mesa
y llegaba entonces la muerte pequeña
de la tarde
allá en su casa de
limoneros y naranjos
como siesta recostada en el agua de las laderas,
como agua fresca en las raíces del nogal,
domeñada en las superficies de los espejos del cielo de las balsas.

Las horas son sombra de junio asomándose al valle
y el pueblo en el altozano. Aromas de higueras y azahar
prefumaban las palabras
y las agrestes cumbres, roquedales ardiendo en rojos
todo en torno, todo arriba y seco sol
de aquietado desierto.

Es entonces cuando los ojos se llenan con miradas claras
de atardecer y brisa
y hay como un rumor lejano que ilumina
olas en las orillas de las playas; y como un aire de huerta
y verso
sobrevolando los tejados en Bentarique, los présules
y flores perfumadas de Íllar,
canto que rueda en aguas del Andárax,
alpujarra asomada a las alturas del frío
por las cumbres de Sierra Nevada

y en sus picos, los pájaros,
lo anunciaban.

Julio G. Alonso

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