Las horas de noviembre

Las horas de noviembre

Qué ensueños, noviembre, tu nombre evoca
en horas septentrionales hacia el invierno
o en amarillo austral pujantes las retamas
floreciendo.

Tienes sabor de tierra, noviembre,
y de camposanto el tacto frío;
pero la vida infatigable llama
a la puerta de los días
y descubre en los ojos
la extensión jovial de los colores.

Oscurece
al norte,
al norte
el frío en los relojes;
al sur se abre la luz en primavera
y mi corazón va y viene
entre oraciones,
peregrino de un tiempo
que jamás se detiene,
el tiempo
que pasa,
pasa

y vuela

vuela

y no vuelve.

González Alonso

Lápida de la vida

Papel impoluto. El tiempo en los relojes
y los calendarios sin fechas.

La mañana es oscura habitación,
alcoba de la aurora, tintero gigantesco
que se tragará el día.

Será el tiempo
pluma que escriba la historia en el blanco
de la memoria; tinta amarga de escritura
sobre el papel luminoso y la llegada de la muerte,
alba del último día, última sonrisa,
fecha última,

lápida
de la vida.

González Alonso

Publicado en el poemario «Testimonio de la desnudez», ganador ex aequo del II Premio Nacional de Poesía Treciembre, número 11 de la colección Maravillas Concretas (Fundación Jorge Guillén/Diputación -Valladolid, 2015)

       Publicado anteriormente en este cuaderno con el título de «Papel»

Ya los barcos

Ya los barcos oxidados de la ría,
recostados
y heridos de muerte
se apartan a los sueños de travesías limpias
por sobre olas de memoria de algas
salobres,
verde y plata
de océanos sin norte arrastrando el silencio
húmedo
que borra sus nombres.

Ya los hierros de sus quillas abiertas
retornan a la memoria del mineral fundido
y se hacen montaña,
gigantesco velero por sobre los mares verdes
orillas
del Cantábrico; y ya las velas
desplegadas
a los vientos de la geografía de su muerte
…………………  se hacen mariposas delicadas
…………………………………………………en mis ojos,
…………………………………..lágrima en la mejilla,
……….apenas beso en labios adolescentes.

González Alonso

Poema publicado en la antología colectiva Árido Umbral (Editorial Alaire, 2011)

Las horas de octubre

Todo está en hora; miras
por la ventana de los días
y llevas en la boca
el otoño en besos.

Octubre de la edad
y el tiempo en calma;
las almas emigran con las penas
a los colores húmedos del bosque,
la memoria antigua de la piel,
el aire del silencio
ya el amor como rosa desangrada
y sola como oración.

Se escucha
el murmullo de la raíz, la gota
en el vuelo, la bruma
densa
a las ramas abrazada.

En hora todo de octubre,
otoño en besos, días por la ventana,
tiempo en calma, el amor como rosa
desangrada, rumor de raíz,
densa la bruma a orillas del arroyo,
leve agua
en la gota, susurro
del faedo

y la calma.

González Alonso

Qué poco, al fin

 

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Qué poco, al fin
(1988-2003-2005)

En la oscura sombra, sombra. Sombras
de sombras. Tampoco hay nombres. No hay nombres
de ningún nombre. Ninguna historia. No hay historia.
Ni palabras, ni voces, ni silencio,
ni noche;
no hay tiempo en los relojes, días en los calendarios
ni años
de cumpleaños.
Nadie guarda un recuerdo en la memoria. Los recuerdos
de los otros
tampoco nos recuerdan. Qué poco
hay de todo.

Primavera. En la luz de primavera
la luz, el aire, también el aire. Y el futuro a la grupa
de los caballos del hambre y de la guerra. Hay hambre.
Hay guerra. Otro siglo. Hay tiempo.
Y al fin, resucitarán los muertos, se irán los vivos.
Por entre los camposantos amanecerán los espinos
blancos. También hay uvas para fermentar el vino
de la victoria y del miedo. Hay miedo, y miedo
al miedo. Un lado oscuro de sonrisas. Los sueños
de los otros
y el sueño como leve vuelo en las alas de las mariposas.

Hay tanto
y tan poco. Qué poco
hay, al fin

Julio González Alonso

Poema que forma parte de la antología colectiva ÁRIDO UMBRAL (2011) de Editorial Alaire

Catedral

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Catedral

Lenta ojiva hacia atrás en el tiempo
de tu punta hincada
en un cielo
sin dioses;
mentira silenciosa piedra a piedra,
hermosa
y geométrica
pincelada de luz estirada en los colores
de los delgados muros,

te miro en la sonrisa helada de tus inviernos largos
con las sombras heridas
multiplicándose interminables en tus alrededores

calles
sin transeúntes,
sin oraciones.

Te conservas allí, testigo ajeno de los años
y los dueños
de la palabra y las vidas hermanadas en los miedos
de la miseria.

Te conservas
con tu piel fría curtida por los vientos
y las aguas del norte.

Te conservas
con los dedos de tus agujas y la memoria
de lo inflexible.

Te condenamos
a tu estar siempre allí con tu verdad de roca
trabajada
con manos cerradas sobre el martillo.

Te condeno
a ser punto admirable, lugar a donde nunca
volverá nuestra historia.

Y así lo celebramos cuando el pueblo construye,
la mano en la herramienta,
para el pueblo su historia sin dioses sobre ojivas

y tú allí,

te decimos,
nos recuerdas la fuerza
de nuestra humana arcilla
y la decisión
inequívoca
de alcanzar la libertad que apuntan hacia el cielo
tus piedras afiladas.

González Alonso

El poema Catedral fue publicado en la Antología de Poemas Alaire (2009)

Matices del blanco

 

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En dónde amanecerá la duda
escrita
en todos los matices del blanco.

Enumero los recuerdos más tiernos
y resuenan
vacíos
apóstrofes amorosos.

No hay nada más seguro y amable
que un futuro mimado de ausencias de caricias

de ausencias de deseos

de ausencias de pasados,

de rompimientos todos.

Y allí la duda abrirá los párpados
de sus ojos,
será el sol un desagravio
y el aire nombre que vuela
al aire
entre la boca

como una risa entera

escrita

en todos los matices del blanco.

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González Alonso

El poema Matices del blanco forma parte de la antología compartida Árido Umbral (Editorial Alaire, 2011)

Las horas de septiembre

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Las horas de septiembre;

los libros,
los cuadernos, lapiceros,
sacapuntas,
bolis, goma de borrar
el verano.

Horas de curso, estudio,
escuela,
todo nuevo,
amor, amigos,
compañeros,
juegos.

¡Cómo pasan los años
y los meses,
los días!

Pupitre, ventana,
sueño, la voz
del profesor, la
mariposa blanca
alejándose, lágrima
adolescente,
primer beso
y verso primero,
el alma.

¡Cómo pasan los años,

cómo

los sueños!

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González Alonso

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Rondel del imposible amor

 

Tanto dolor y llanto, tanto olvido
cómo será posible remediarlo;
cómo arrancar del corazón vencido
tanto dolor y llanto, tanto olvido,
tanta ansia de querer y ser querido
que es morir con tan sólo desearlo.

¡Tanto dolor y llanto, tanto olvido
cómo será posible remediarlo!

¡Ay, amor, de la vida cruel destino,
incesante tormento de mi alma
más allá de lo humano y lo divino!
¡Ay, amor, de la vida cruel destino
que ciego arrastras mi pasión sin tino,
sin tregua, ni ocasión, ni paz, ni calma!

¡Ay, amor, de la vida cruel destino,
incesante tormento de mi alma!

Lejos de ti vivir morir sería
y cerca un sinvivir es mi existencia;
si estando de ti cerca me moría
lejos de ti vivir morir sería,
que sin tu luz al cabo me vería
consumido de celos e impaciencia.

¡Lejos de ti vivir, morir sería
y cerca un sinvivir es mi existencia!

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González Alonso

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