Puerta de diciembre

Noches largas de diciembre,
la tierra duerme,
sueña el narciso.

Con castañas junto al fuego
los filandones; se oyen los lobos
y el ulular del viento
como un cuchillo,
¡qué frío!

La tierra duerme,
crujen los leños, arden
y crujen,
¡qué frío!
La larga noche,
los filandones,
naranjas y limones,
sueña el narciso.
González Alonso

Puerta de noviembre

Yo vi los castaños; oí el chillido
del gocho,
miedo y esperanza
miedo,
banco y cuchillo. El día siembra
en tierra removida; yo vi las noches
perfumadas de fuego y crisantemos;
al amor de las hogueras
el magosto, el suave quejido
de las sombras,
de los amantes
los altos
suspiros.

Vas, noviembre, por tus días
y tus noches
treinta veces y dos lunas;
por la obscuridad la nueva,
al frío
vas por la llena

y va tu nombre, sin ruido,
por las horas,
silencioso,
sin reproches.

¡Luna nueva,
luna nueva, ay,
luna llena!

González Alonso

Puerta de octubre

Ya se anuncia el otoño
en las hojas caídas
y como un ópalo noble
el paisaje, el aire
transparente brilla.
En hermosos colores
la tierra se prepara
para la sementera;
engordan las bellotas
los gochos con sus pulpas
dulces
y al amor del fuego
ya es tiempo de potajes
y legumbres. Los castaños, pacientes,
el magosto
esperan.

Los árboles se desnudan;
se van las aves.

¡Las aves estivales
se van,
ya vuelan!

González Alonso

Vendré entonces

Vendré, entonces, y derramaré mis lágrimas
y la voz. Las herrumbrosas
lanzas del tiempo
abren
en la carne fatigada
heridas al frío del invierno;
todos los horizontes miran al oeste en crepúsculos cárdenos
y se aleja de la noche el alba;
ya no llega a la puerta
con su beso húmedo y su luz aterida
la mañana.

Vendré, entonces, a derramar mis lágrimas
en silencio; a dejar las palabras abrazadas a la piedra
de la ciudad gótica, almena acostada a las orillas
en niebla del Bernesga, el gris helado
de la mano de la memoria
(la historia, la guerra, el hambre,
el sueño desvestido de belleza)

Dejas caer, pesado, el fardo de tu cuerpo sobre un banco
del paseo; dejas correr las lágrimas derramadas
por los ojos abiertos. ¡Qué clamor
de viento helado por los pináculos; qué luz
aplomada en vitrales y agua
congelada en las bocas
de las gárgolas!

Todo es grandeza en el humilde espacio
de la ciudad; recorren sus calles mis arterias llevando
hasta el corazón la sangre. Ya tarda
el aliento a mi boca. Veo
barcos de bruma navegando las choperas
y ya León es todo sin nombre y sin destino,
memoria de cristales,
pendón al aire de las arcillas del páramo,
campana en las ruedas de los molinos
y el grito mudo de los oteros de Lancia.

Entonces vendré y derramaré mis lágrimas.
Entonces vendré.
Derramaré mis lágrimas.
Entonces vendré

a derramar las lágrimas.

González Alonso

Ramón Ataz (1965/2013)

      Ramón Ataz (1965/2013)

.

Agua de primavera mentirosa
que en lugar de la vida traes la muerte
como un ramo de flores, de tal suerte
que alienta el corazón lo que la rosa.

Yo siento bajo el peso de la losa
del destino que ya me impide verte
que no podrá evitar cómo quererte
más allá de las sombras de tu fosa

y tal como mimaste la escritura
manarán por tu voz cual agua pura
los versos con amor y vehemencia

denunciando injusticias, la locura,
reclamando justicia y la cordura
de un mundo que ha perdido la conciencia.

Julio Glez. Alonso

A Ramón Ataz, poeta murciano, amigo, compañero de los foros de poesía Alaire, no lo conocí personalmente; pero nos conocimos en nuestros poemas y comentarios, además de compartir con él algunas tareas para la elaboración de una futura antología en la que estarán sus versos. Tuve la fortuna de compartir con él el libro de poesía Árido Umbral, y de leer  sus poemas en algunas de las presentaciones realizadas.  Persona seria, trabajadora, cuidadoso del lenguaje que amaba para ponerlo al servicio de la belleza de su poesía, hubiera disfrutado del anuncio de este otoño; pero, desgraciadamente, la primavera lo quiso sólo para sí y con ella se lo llevó, sin avisar, con una premura dolorosa para su familia y conocidos. Los que quedamos a pie del tiempo y las estaciones, echamos de menos su compañía. Nos consolamos con sus versos; pero siempre parece que esperamos más, la palabra imposible, la voz reconocible, un gesto.

La muerte invita al silencio. Nos queda el lenguaje interior que se extiende al recuerdo y a cuanto vemos y se expresa con vehemencia. Desde ese silencio y lenguaje interior nace este soneto como homenaje al amigo, al poeta, al que supo extender su mirada sobre las cosas y encontrar su belleza, reclamar un mundo mejor, nombrarlo, escribirlo. Parte de su obra  se encuentra en lo que dejó escrito en su cuaderno El bosque de Mnemea que se halla en los enlaces de este cuaderno, Lucernarios; otra parte se mueve en los foros de poesía de Alaire. En su memoria.

Puerta de septiembre

Por la gatera, el gato. Por la luz de septiembre,
el vino; las enramadas parras, vides
en pámpanos.  Por los días
la labor callada de la tierra;
caléndulas
de amargura
miel en colmenas.

Luego en copas las uvas y luego el alma;
como casi verano, casi otoño
luego el silencio y luego sombras
y luego sueños en lagares
fermentando en soledad en las bodegas.

González Alonso

El perro del hojalatero

.

Sobre el suelo de tierra del soportal
cada mañana coloca el hojalatero su banqueta,
los remiendos de su traje de pana, la boina a la cabeza
y el cigarrillo amarillento en la comisura de los labios.
Las vigas ennegrecidas sostienen en lo alto
las tablas astilladas e irregulares del techo
y se apoyan en los torcidos
postes de madera
arrancados a los chopos viejos.

Todo es raro equilibrio en blanco y negro.

El humo de la lumbre que sale del portalón
a bocanadas grises
pone un tono ácido al amargo martillar de los remaches;
así,
mientras tapona el estaño la luz en el fondo de las potas
y el culo de las cazuelas
con el constante golpear del martillo en los metales,
el perro del hojalatero permanece tendido y como ausente
al lado de su trabajo,
con la mirada triste y taciturna de sus pequeños ojos,
las orejas caídas, el pelo negro ensortijado y sucio,
estirando el hocico al aire de los sueños
y royendo con el amo el hueso de la vida.

González Alonso

Papel

Papel

Papel impoluto. El tiempo en los relojes
y los calendarios sin fechas.

La mañana es oscura habitación,
tintero gigantesco que se tragará el día.

Será el tiempo
péndola que escriba la historia en el blanco
de la memoria; tinta amarga de escritura
sobre el papel luminoso y la llegada de la muerte,
alba del último día, última sonrisa,
fecha última,

lápida
de la vida.

González Alonso

Con el título «Lápida de la vida» forma parte del libro «Testimonio de la desnudez» (Ed. Fundación Jorge Guillén / Diputación de Valladolid.- Ex aequo II Premio Nacional de Poesía Treciembre, 2015)

Puerta de agosto

En el calor y el silencio
la trilla sestea,
las amapolas arden en los campos
que aviva el viento
y la tarde
se baña en sudor majando
la mies tendida,
cuando todo madura
en higos y uvas
y los meses se dibujan en los días
de  cabañuelas.

En calor y silencio
la mies tendida,
el sol alto;
amapolas por los campos
y el amor
que espera.

González Alonso