Autoelegía

 

Autoelegía

Ya eres luz de universo, negrura del espacio
en carne abierta de amapolas. Vienes
como incendios de primaveras
a mi nombre de sílabas de aire
a mi boca
y tomas mi voz y mi palabra.

Miro el paisaje, los árboles bebiéndose las nubes;
respiro con tu noche la soledad umbría,
callada sombra de los abesales.

Veo alzarse la lluvia
y llorar el silencio que ya eres,
ausencia toda, plomiza densidad del pesimismo,
memoria en espirales
de voces esparcidas al viento de las horas,
matraz de la existencia a polvo reducida
y besos ya sin labios, y bocas ya sin hambre.

Siento el peso de la vida que me falta, la muerte que te sobra,
la negra luz que nos envuelve y torna
cenizas de la nada.

Ya somos canto de alondra peregrina.

Ya eres
fugaz aroma de higueras y de sueños
en círculos de agua, soplo que mece el junco de tu risa
entre los carrizales.

Julio González Alonso

Nota.-  Poema publicado en el libro Árido Umbral – Poesía.- Selección temática de autores contemporáneos.- Editorial Alaire (Agosto, 2011.- ISBN: 978-84-939365-0-1.-Depósito legal: VI-556/11)

Díme, vida, por qué

Rosa meditativa.- Salvador Dalí

Si en la cadena de una melodía,
en un olor, la luz de una mirada,
el calor de una voz enamorada
o el tibio amanecer del nuevo día;

si en el beso que el labio recibía
y al beso el labio daba amor por nada,
si en un solo color luce encarnada
la rosa en medio de la noche fría;

¡díme, vida, por qué tantos momentos
tan vacíos de música y colores
o de una voz de ardientes sentimientos!

¡por qué sin luz, sin labio, sin olores
tristes viven en ti los pensamientos
y ausentes de alegrías los amores!

Julio G. Alonso

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Preludio

Preludio

Enrejado de metales en los dedos,
aros,
juegos,

entre tu mano y mi mano viven mares,
playas,
cielos

y en tu sonrisa la nieve de mis besos,

luna,
invierno,
mariposa que en la noche
despliega las alas blancas de su seno
seguro de paz y sueños,
nube,
estrella,
lirio,
verso.

Yo quiero tu amor de aros
y de rejas
entre corazón y dedos;
tu amor de luna creciente
entre tu pecho y mi pecho.

Vibra tu vientre el acorde
de la pasión
aire y olas

suave
tierno
sobre la playa desnuda
quiero tu desnudo cuerpo

aros,
sueño, arenas,
juegos.

González Alonso

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La tristeza

                                               Caspar David Friedrich(1774/1840) Monje a la orilla del mar

.

Yo digo melancolía
y la tristeza puebla tus ojos de locura; entonces
no hay barcos en los muelles
ni en puerto seguro atracan los pensamientos;
te duelen las cuadernas que se agarran a una quilla
varada en el desierto, una nube se despeña
por el cielo de la esperanza y una idea desorientada
agoniza en busca de una cabeza sin dueño.

Cada palabra descerraja un tiro de realidad,
pero es demasiado insoportable para acogerla en el corazón;
así que nos guardamos de sus aristas con pesimismo
y pesadillas. Nada hay muy seguro en el silencio,
pero la palabra apunta a la certeza de la pena
cuando la noche es humo de sueño
y al alba la niebla desdibuja las ilusiones
en sombras sin contornos.

No estoy seguro de escribir palabras con palabras o de palabras;
ellas huyen de los poemas como palomas asustadas en vuelo
desplomado
y yo, detrás de ellas, nombro la tristeza
o la soledad
que la acompaña.

Julio G. Alonso

Grito de la necesidad. Epitafio

Poesía es voz del sentimiento, grito
de la necesidad. Lo sé. Por eso
los paisajes
se pintan de lavandas, jaras
y bosquecillos de encinas; los ocasos
arremeten contra el sol vencido de horizontes,
vienen las olas desde las almas del mar de los afectos
y son ojos y son risa, lo sé. También
sé de los días dichosos y los que son del hambre,
la ambición que la alimenta, como sé del olvido,
ese costado sin luz y sin memoria.

Todo esto lo sé. Lo repito a menudo. Lo canto.
Lo escribo. Lo digo.

Inevitable la noticia; habías muerto
en la voz del sentimiento, grito
de la necesidad. Lo supe con la pena del dolor
que bebe el agua de la melancolía. Tú
también lo sabías. Lo repetías a menudo. Lo cantabas.
Lo escribías. Lo decías. Y aquella tarde
el verano, o tal vez el otoño, de pronto se tiñó
un poco
de invierno

y nubes
temblando

suspendidas
del alero

de la poesía.

González Alonso

Aire arriba

Cantante Katy Perry

Aire arriba las faldas
me lleva por tus muslos al deseo
del placer de atracar entre tus nalgas. Eres mar
rugiendo embravecido de lujuria
en las olas alzadas de tus pechos
y es mi pasión bajel echando el ancla
en el puerto seguro de tu sexo.

En el enhiesto mástil de mi nave
eres vela inflamada por el viento;
aguas son que humedecen mi costado
de uno en uno, a la vez, todos tus besos.

Ignoro a qué costa de lascivia
arribará mi nave ni en qué arena
hundirá sus cuadernas y su quilla;
mas no importa si en esta travesía
igualará tan solo el don de amarte
el gozo de encallar entre los brazos
del fondo de tus playas y en tu orilla.

González Alonso

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Llueve sobre el mar

Llueven sobre el mar
torrentes de agua contra el agua
en inútil abrazo,
infecundo amor desbordado en océanos de besos
de misnúsculas gotas; porque
el agua
se debe a la tierra,
a la tierra
y la sed que la abraza y hace suya
para ponerla pura en manantiales de vida.

Pero llueve en el mar
desértico de olas
la estéril agua
que a nadie sacia y vuelve en nubes grises
al cielo
como palabras vacías de un hermoso poema
lloviendo sobre poemas mansamente
palabras sobre palabras en infecunda lluvia.

Te digo
que no quiero llorar sobre mis lágrimas
ni devolverle al eco de mi voz la voz de mis palabras
en estéril e infecundo amor. Quiero
poner lluvias de estrellas en tus manos
o de rocío
o de amapolas –si es verano-
que en tu calor germinen
en sonrisa
o esperanza
o que una lágrima sola –tal vez furtiva-
apremie en tu garganta
el dolor de la saliva,
quiero
llorar sobre los hombres, ser fértil humedad
en los surcos de lo cotidiano,
no arruga
sobre la seca piel de los años y los días en las hojas
de los calendarios,
tal vez
viento
que esparza tu lluvia
entre los hombres
quiero ser

porque si llueve en el mar,
todo es amargo.

Julio G. Alonso

Tibidabo .- Parque de atracciones de Barcelona

Noria del Parque del Tibidabo en Barcelona.Carrusel del Tibidabo en Barcelona

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1.- Dame una manzana y vamos
al castillo encantado
y la casa del miedo.

Añoranzas en la pulpa de las manzanas desprovistas
de sueños;
arriba, arriba,
el cielo
y un carrusel loco en la casa del miedo.

Abajo, arriba,
la muerte
¡Uhhhh…!
Y un fantasma indolente sobre el muro
del castillo que cerca el foso de los peces;
peces pequeños,
rojos,
alegres y vivaces
entre las aguas verdes.

2.- La montaña rusa

Una moneda para correr las cimas
de montañas y colinas;
montañas ligeras y altas
de muy lejos,
lejos,
hasta alcanzar el dibujo
de su silueta
a las nubes elevada.

Ruidoso y loco y voraz,
vertiginoso,
el ascenso y descenso
el ascenso y descenso…

3.- El laberinto

Corre, corre,
que ha sonado la campana.
¿Fue la bruja?
No.
Corre, corre.
Laberinto verde
dime tu secreto.
¡Corre, corre, corre,

enreda mis senderos!
¿Y si puedo volar?
¡Corre, corre, corre,
vuela al cielo!

4.- Volvamos porque
es muy tarde, porque
las brujas duermen pronto
y mañana “es colegio”.

Pequeña alma mía
sé buena,

es muy tarde y los bosques se cierran de sombras y de fríos;
vente conmigo a casa
a la camita guapa
de almohadones blancos como nubes de sueños;

guarda la llave de tu ardiente fantasía

y mañana…
¡al colegio!

Julio G. Alonso
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Castillo encantado.. Parque del Tibidabo en Barcelona