Dios

Eras un niño asustado, dios, a la orilla
del hambre, de las eternas preguntas
sin respuesta; un pequeño ser con los ojos abiertos
al espanto de las horas, ese tiempo humano
transido de derrotas.

Me senté a tu lado y enjugué tus lágrimas,
comprendí tu soledad sin esperanza,
la majestad humana cumplida de imperfecciones,
el largo camino hacia la vida,
la muerte que te huye, dios, y te da la espalda,
ese sueño infinito de la nada. Ni siquiera
los recuerdos te servían de consuelo
y no pude ayudarte con el olvido.

González Alonso

El frutero

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Frutero etrusco, de Luis Soler (Valencia) -Óleo sobre táblex, en el cuaderno LUIS SOLER PINTOR

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Se posan en el frutero las manzanas
y en mezcolanza de estaciones, también peras
y membrillos,
mandarinas, melocotones y naranjas
junto a uvas y fresas. Cosa rara,
extraña eclosión de naturalezas
ajena a los climas y al sol
y las rotaciones de los planetas.

Son en los ojos las frutas la luz en sus colores,
la vida madurando sabores de aguas dulces
y amargas texturas de deseos. Qué muerte
yace en el fondo del frutero cuando sé ya otra luz
en la boca,
ya otra la despedida.

Mientras brilla la abundancia multiplicada en carnes
de sensuales tactos, qué plenitud
de días y aromados sueños, qué íntima sensación
de eterna dicha. Pero es otra
la sombra que desvela
y extiende sus mercurios calientes en la sangre.

Las moscas sobreviven los inviernos. Hay
néctares espesos en los ojos y las pieles
entregadas al amor del acero acuchillado del tiempo. Los esqueletos
de las frutas
reposan en porcelana su belleza
sin armonía.
Retumba en el aire contenido el silencio de los colores;
se cuentan las sombras de la quietud en la ausencia
del aliento.

Un olor ácido duerme en el fondo de la memoria
de las cosas
y en el vacío espacio abierto
acre
de la boca
del frutero.

Julio G. Alonso
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El frutero, de Thuban (Camas, provincia de Sevilla)

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Ahora sé

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Ahora sé que me amarías;
en este momento mismo haríamos el amor,
despojaríamos de palabras las horas de la tarde,

abrazarías mi cuerpo

y llorarías por mis ojos.

De nada me sirve saber que me amarías
y que en este momento mismo haríamos el amor;
les pongo sueños a las horas de la tarde,

abrazo mi cuerpo,

lloro por mis ojos.

Julio G. Alonso

Poema publicado en el libro colectivo de poesía Árido Umbral.- Editorial Alaire, agosto de 2011.-ISBN:978-84-939365-0-1
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En vertical la vida

Vertical

Mi escritura es vertical
árbol. De la raíz al cielo
ascienden las preguntas
y en savia las palabras
se vuelven a la tierraY fecundan los páramos hambrientos
y determinan geografías cultivadas.

Las acequias del tiempo
en venas de agua dibujan los paisajes;
¡qué luz posa su levedad en los pétalos,
qué aroma en espirales se alza al aire!

Mi voz es un sí de rotunda
afirmación; vida hecha de pie
y herramienta que labra
la palabra que nombra y adjetiva
y reclama del mundo la cordura.

No es mi escritura palabra
recreada en angosto verso
ni en poesía yacente
si la vida que multiplican los pólenes
y las abejas, mana en la frescura
de las miradas de los ojos de los niños
o en las pupilas de los viejos
se entrega en último resplandor
cuando se llenan las estancias de recuerdos.

En vertical vivo, en pie
canto. En vertical
escribo.

González Alonso

La historia del viejo cascarrabias

Marcio Porcio Catón 

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Era un viejo cascarrabias.

Esta historia
no tiene pies ni cabeza
ni sé quién me la contó.

Lo he pensado
con los ojos cerrados y apretando los dientes,
y me parece estúpida
esta historia.

No hay razón para creerse por las buenas
todo lo que cuentan,
ni siquiera la mitad de lo que juran
haber visto
porque su visión caleidoscópica les impide
ver una Luna sólo.

He buscado, pulsado las opiniones
más diversas
para ser objetivo.
Hasta recé un poco y le ofrecí una vela
a un santo de escayola
que me cayó simpático.

De todas las maneras,
yo jamás he creído
que el viejo de la historia
fuera un cascarrabias.

Julio G. Alonso
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Scrooge.-Cuento de Navidad, basado en una novela de Charles Dickens

Se insinúa la flor

Mujer con flor y vestido blanco

Se insinúa la flor; mitad sonrisa,
mitad lágrima sola, mitad tierra,
agua que en su mitad la vida encierra
en pétalos de luz, tallo de brisa.

Tan lejos de la edad que mi pie pisa
tu amor la sombra del dolor destierra
y en desigual batalla en esta guerra
soy herido en tus besos y en tu risa.

Alzas tu levedad de flor temprana
ante el viejo solar de mis abrazos
y soy yo más ayer, tú más mañana.

Mas, qué cabe, si al fin la vida es vana
viviéndola sin ti, y entre tus brazos
será la muerte para mí, liviana.

González Alonso

Torre guardiana

La vieja y la muerte

Los ojos manantiales de azul, más grandes,
dueños ya del recuerdo
en miradas sin ira. En las manos
el tiempo, dibujo de sangre detenida
sobre la piel fría. Regueros abiertos
los labios a palabras disolviéndose en el aire
de la sonrisa breve;
en el pulso congelado de los chopos
polen viejo de primavera,
ausente pálpito de vida;
sólo los pájaros ponen un poco de calor
de verano,
luz, torre guardiana de los sueños;
veneros de aguas cristalinas los abesales,
sombra.

    González  Alonso

La joven y la muerte

Traducción al portugués por la escritora Tania Alegría del poema Torre guardiana en el cuaderno Um Oásis de Palavras, dirigido por Ana Muela Sopeña:

TORRE GUARDIANA

Dignidad

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Di NO para ser digno

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Dignidad

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Nota a pie de poema:

Esta foto fue tomada en Hamburgo en 1936, durante las celebraciones por la botadura de un barco. Entre la multitud, una persona se niega a levantar el brazo para realizar el saludo nazi. El hombre era Augusto Landmesser. Él ya había tenido problemas con las autoridades, había sido incluso condenado a dos años de trabajos forzados por haberse casado con una mujer judía.
No sabemos mucho más acerca de Augusto Landmesser, salvo que tuvo dos hijos. Por pura casualidad, uno de sus hijos reconoció a su padre en esta foto cuando fue publicada en un periódico alemán en 1991