Queja

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Si de mi vida soy apenas dueño
y las horas, altivas, con su frío
son de mi aliento duro desafío
y eres tú de mi amor sólo desdeño.

Si mis ojos se cierran ya sin sueño
y sin sueños que tengan nada mío
corre en los tuyos caudaloso río,
¿de qué me servirán amor y empeño?

De la sangre que mana de esta herida
será injusto decir que eres culpable
ni justo que el remedio a ti te pida.

De lo que así la voluntad decida
no es el amor tampoco condenable
ni responsable del dolor, la vida.

González Alonso

Campana

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   Campanario.Foto del cuaderno Relatemos(otra manera de ver las palabras) en la entrada Campanas

Campana que en la espadaña
permaneces tan callada,
silenciosa;
si el cielo no nos engaña
pronto oiremos tu llamada
temerosa.

Nos llegará en el lamento
de tu voz de bronce puro
ya doblando,
el dolor del sentimiento
que irás con toque seguro
pregonando.

¿De quién, dínos, es la muerte?
¿De quién la triste noticia
tan temida?
¿Quién, al cabo, de esta suerte
siente la postrer caricia
de la vida?

Mirad los campos baldíos,
mirad los pueblos sin gentes,
despoblados;
ved las aguas de los ríos
y los montes y sus fuentes,
asolados.

Si es humana la esperanza
no hay esperanza posible
en este trato,
pues ya esperanza no alcanza
donde alcanza lo increíble
del maltrato.

Así, con la tierra herida,
grito al aire en tristes sones
anunciando
que no es posible la vida
a la vida y sus razones
renunciando.

La desmedida ambición
todo lo acaba y consume
con presteza;
y ha de ser la conclusión
que en muerte así se resume
la certeza.

Cuando gimió la campana
su respuesta de esta suerte
así contando,
nadie la oyó en la mañana;
sólo se la vio a la muerte,
meditando.

González Alonso

Dejo a pie de poema la misma nota publicada en la entrada Coplas a lo que en la vida importa (14 de octubre de 2011), pues se trata del mismo tipo de composición:

Las coplas de pie quebrado eran conocidas en los siglos XIII y XIV y las usó el Arzipreste de Hita. Presentan varias formas, pero la que se hizo más famosa fue la llamada manriqueña o sextilla manriqueña a partir de las Coplas a la muerte de mi padre, de Jorge Manrique, siendo muy popular esta forma durante el siglo XV. Posteriormente, con diferentes variantes, emplearán este tipo de composición autores como Zorrilla y Espronceda en el Romanticismo, Rubén Darío en el Modernismo o Rafael Alberti en la Generación del 27. Incluso tengo entendido que el cantante y poeta Joaquín Sabina compuso alguna canción con estas estrofas.

Las estrofas de este poema son manriqueñas, de rima consonante que siguen la estructura: 8a-8b-4c-8a-8b-4c  Ni que decir tiene que os animo a intentar trabajarlas. Se prestan bien para contar historias de carácter moralizante o para temas amorosos o los de carácter reflexivo; su ritmo ágil facilita mucho la lectura y presentan una suave musicalidad.

Me gustaría que os gustaseny gracias por leer e incluso comentar.

Dios

Eras un niño asustado, dios, a la orilla
del hambre, de las eternas preguntas
sin respuesta; un pequeño ser con los ojos abiertos
al espanto de las horas, ese tiempo humano
transido de derrotas.

Me senté a tu lado y enjugué tus lágrimas,
comprendí tu soledad sin esperanza,
la majestad humana cumplida de imperfecciones,
el largo camino hacia la vida,
la muerte que te huye, dios, y te da la espalda,
ese sueño infinito de la nada. Ni siquiera
los recuerdos te servían de consuelo
y no pude ayudarte con el olvido.

González Alonso

El frutero

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Frutero etrusco, de Luis Soler (Valencia) -Óleo sobre táblex, en el cuaderno LUIS SOLER PINTOR

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Se posan en el frutero las manzanas
y en mezcolanza de estaciones, también peras
y membrillos,
mandarinas, melocotones y naranjas
junto a uvas y fresas. Cosa rara,
extraña eclosión de naturalezas
ajena a los climas y al sol
y las rotaciones de los planetas.

Son en los ojos las frutas la luz en sus colores,
la vida madurando sabores de aguas dulces
y amargas texturas de deseos. Qué muerte
yace en el fondo del frutero cuando sé ya otra luz
en la boca,
ya otra la despedida.

Mientras brilla la abundancia multiplicada en carnes
de sensuales tactos, qué plenitud
de días y aromados sueños, qué íntima sensación
de eterna dicha. Pero es otra
la sombra que desvela
y extiende sus mercurios calientes en la sangre.

Las moscas sobreviven los inviernos. Hay
néctares espesos en los ojos y las pieles
entregadas al amor del acero acuchillado del tiempo. Los esqueletos
de las frutas
reposan en porcelana su belleza
sin armonía.
Retumba en el aire contenido el silencio de los colores;
se cuentan las sombras de la quietud en la ausencia
del aliento.

Un olor ácido duerme en el fondo de la memoria
de las cosas
y en el vacío espacio abierto
acre
de la boca
del frutero.

Julio G. Alonso
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El frutero, de Thuban (Camas, provincia de Sevilla)

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Ahora sé

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Ahora sé que me amarías;
en este momento mismo haríamos el amor,
despojaríamos de palabras las horas de la tarde,

abrazarías mi cuerpo

y llorarías por mis ojos.

De nada me sirve saber que me amarías
y que en este momento mismo haríamos el amor;
les pongo sueños a las horas de la tarde,

abrazo mi cuerpo,

lloro por mis ojos.

Julio G. Alonso

Poema publicado en el libro colectivo de poesía Árido Umbral.- Editorial Alaire, agosto de 2011.-ISBN:978-84-939365-0-1
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