Puerta de septiembre

Por la gatera, el gato. Por la luz de septiembre,
el vino; las enramadas parras, vides
en pámpanos.  Por los días
la labor callada de la tierra;
caléndulas
de amargura
miel en colmenas.

Luego en copas las uvas y luego el alma;
como casi verano, casi otoño
luego el silencio y luego sombras
y luego sueños en lagares
fermentando en soledad en las bodegas.

González Alonso

Los gemelos, de Plauto. Teatro romano de Mérida

Los gemelos.- Plauto
Versión de Florián Recio

Teatro romano de Mérida

Resulta saludable poder contar que el teatro romano de Mérida atesora entre las ruinas de dos mil años de piedras tanta vida, tanto ingenio y tanta cultura. Sentarse en sus escaños y entrar en la magia recreada de la obra de Plauto, Los gemelos, es un ejercicio de salud espiritual que reconforta en las noches agosteñas de luna llena de la ciudad de Mérida. No pierdo, pues, más tiempo para reconocer con un aplauso agradecido el trabajo de Florián Recio al traernos en sus carnes vivas al mejor Plauto. Acierto indudable en la interpretación de las claves satíricas e irónicas que la obra de Plauto nos legó, utilizando la risa y la sonrisa para señalar con mordacidad la corrupción que el poder regala dejando de manifiesto los males seculares que  afligen a nuestra sociedad y que vienen aquejando a las sociedades humanas desde tiempos inmemoriales.

Pero de lo dejado dicho anteriormente no debe concluirse que la resignación ha de ser el inevitable resultado a que nos condena esta situación. La risa es un arma de rebeldía inestimable. Así que nada de resignación y sí de mucha y sana risa de la que se nos proporciona en copiosas dosis con la interpretación de Los gemelos en esta coproducción del Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida, Verbo Producciones y Oscuro Total.

El argumento de la comedia se sustenta en los avatares de la búsqueda de su hermano gemelo por parte del otro hermano. Separados accidentalmente en la infancia, uno fue secuestrado y llevado lejos de Siracusa, patria de su nacimiento, hasta la entonces Emérita Augusta, donde crecerá y conseguirá hacer fortuna y carrera en la política. La llegada del desconocido hermano gemelo a la ciudad dará pie a numerosas escenas cómicas en las que la confusión creada será ocasión para ir reparando en cuestiones como la lealtad, el chantaje, el trabajo, el enchufismo y la picaresca de bajo cuño al lado de la corrupción política, el ejercicio del poder y el robo y saqueo de las arcas del Estado sin dejar pasar la oportunidad de hablar de una Europa germanizada, de los bancos, el paro y la emigración.

Asegura Florián Recio en la presentación que hace en el programa de mano que no es una comedia política, sino una comedia de enredo donde todo el mundo busca algo, todo el mundo oculta algo y donde no todos acaban encontrando lo que esperan a lo que añade la pretensión de arrancar al respetable unas risas. Pues, bueno, pretensión conseguida. Pero las risas se montan sobre el bien delineado papel de personajes como la duquesa de Alba, alguna folclórica, el Presidente de la Junta de Extremadura, Monago, o el mismo Presidente de Gobierno actual, Mariano Rajoy, y el que fue Secretario de su partido político, Bárcenas (Fin de la cita).

La magnífica puesta en escena con el contenido carnavalesco de la escenografía y la actuación de la Banda de Plauto, fue más que suficiente para zambullirse en la atmósfera mágica de la comedia magistralmente interpretada por los actores y actrices del reparto que encabeza Fernando Ramos y cierra Nuria Cuadrado. Juan García Tirado, Ana García, Pepa Gracia, Esteban G. Ballesteros, Luisa Hurtado y Pedro Montero, serán el resto de los responsables de llevar a buen término esta interpretación.

A la felicidad de la noche y la celebración festiva y liberadora de la comedia de Plauto, debo añadir la ocasión de haber compartido la velada con el pintor Efrén, que se define como minimalista figurativo, y que resulta ser también músico y actor. Un encuentro casual que hizo más grata la velada de teatro dominada por la luna llena luciendo en mitad de la noche emeritense con soberbia grandeza.

Sólo cabría esperar, ¡ay!, que fuera ésta la última versión de la comedia de Plauto, lo que vendría a significar que las castas políticas y los poderosos grupos económicos habrían desaparecido de nuestras vidas para poder compartirlas en una democracia asentada en los valores que repudian los males denunciados. Pero esto también parece que mueve a risa. La de los poderosos. Veremos, finalmente, quién ríe el último.

González Alonso

El perro del hojalatero

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Sobre el suelo de tierra del soportal
cada mañana coloca el hojalatero su banqueta,
los remiendos de su traje de pana, la boina a la cabeza
y el cigarrillo amarillento en la comisura de los labios.
Las vigas ennegrecidas sostienen en lo alto
las tablas astilladas e irregulares del techo
y se apoyan en los torcidos
postes de madera
arrancados a los chopos viejos.

Todo es raro equilibrio en blanco y negro.

El humo de la lumbre que sale del portalón
a bocanadas grises
pone un tono ácido al amargo martillar de los remaches;
así,
mientras tapona el estaño la luz en el fondo de las potas
y el culo de las cazuelas
con el constante golpear del martillo en los metales,
el perro del hojalatero permanece tendido y como ausente
al lado de su trabajo,
con la mirada triste y taciturna de sus pequeños ojos,
las orejas caídas, el pelo negro ensortijado y sucio,
estirando el hocico al aire de los sueños
y royendo con el amo el hueso de la vida.

González Alonso

Papel

Papel

Papel impoluto. El tiempo en los relojes
y los calendarios sin fechas.

La mañana es oscura habitación,
tintero gigantesco que se tragará el día.

Será el tiempo
péndola que escriba la historia en el blanco
de la memoria; tinta amarga de escritura
sobre el papel luminoso y la llegada de la muerte,
alba del último día, última sonrisa,
fecha última,

lápida
de la vida.

González Alonso

Con el título «Lápida de la vida» forma parte del libro «Testimonio de la desnudez» (Ed. Fundación Jorge Guillén / Diputación de Valladolid.- Ex aequo II Premio Nacional de Poesía Treciembre, 2015)

Puerta de agosto

En el calor y el silencio
la trilla sestea,
las amapolas arden en los campos
que aviva el viento
y la tarde
se baña en sudor majando
la mies tendida,
cuando todo madura
en higos y uvas
y los meses se dibujan en los días
de  cabañuelas.

En calor y silencio
la mies tendida,
el sol alto;
amapolas por los campos
y el amor
que espera.

González Alonso

 

Almagro, Festival Internacional de Teatro Clásico 2013

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Almagro, Festival Internacional de Teatro Clásico 2013

Quevedo, Lope y Calderón

1.-QUEVEDO. Donde hay poca justicia es peligroso tener razón
PREM Teatro.- Dirección: Héctor del Saz

En el papel de Francisco de Quevedo, el actor Adolfo Pastor; y en los de Felipa y la novicia, Pilar Massa y Rebeca Sala. Dentro del equipo artístico y técnico, en la dirección, Héctor del Saz. Estos son algunos de los nombres propios responsables de esta puesta en escena. El escenario, el Corral de Comedias de la ciudad de Almagro.

La luna aparecía en el cuadrante superior izquierdo por encima del escenario al dar comienzo la representación de esta obra, un viaje al corazón de Quevedo –en palabras del director- y yo diría al de España, a través de los escritos epistolarios y poemas del autor del Siglo de Oro. La misma luna desaparecía por el cuadrante superior derecho del escenario en un cielo visible desde el patio de butacas, sillas de madera y asiento de caña, con el final de la obra. Y en medio, la sorprendente historia de un hombre atribulado por las persecuciones y rabiosamente libre que no dejó de pagar con creces haber resultado ser el molesto grano en el culo de mandatarios y poderosos de la época, afectados de las mismas ambiciones y falta de escrúpulos de las que se adornan los mandatarios y poderosos de hoy día. El paso último por la cárcel en los sótanos de San Marcos en León, con el río Bernesga por cabecera y todo el frío de los rigurosos inviernos leoneses en los muros y los huesos, resultó decisivo en la balanza de la quebrada salud de Quevedo, que moriría poco después en tierras manchegas de Villanueva de los Infantes.

La interpretación, el ritmo, la intencionalidad y la oportunidad de los textos rayaron a gran altura, conmovieron y removieron rescoldos de rebeldías que amenazan con ser fuegos. Fue, sin duda, una experiencia memorable la de la noche del 19 de julio en el Corral de Comedias de Almagro y es, sin duda, una oportunidad más para reflexionar y tomar nota de cuanto nos acontece desde la voz seria, irónica y mordaz, crítica, y de un inestimable valor literario, de Francisco de Quevedo Villegas.

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2.-La noche toledana.- Lope de Vega

Joven Compañía Nacional de Teatro Clásico
Dirección: Carlos Marchena

La Compañía Nacional de Teatro Clásico, dirigida por Helena Pimienta, trajo al espacio del teatro almagreño entre los muros de la Universidad Renacentista a la Joven Compañía Nacional. Nada puede resultar más gozoso y reconfortante que ver un numeroso y bien nutrido elenco de actrices y actores desenvolviéndose con tanta madurez, frescura y profesionalidad como hicieran los componentes de la Joven Compañía.

El texto de Lope, ágil y lleno de maestría, nos trae de zarandillo y sin descanso por los entresijos de una comedia amorosa que será un juego permanente a través del artificio y del ritmo frenético de los acontecimientos vividos por los personajes, en palabras del director del montaje, Carlos Marchena. La diversión, el entretenimiento y en bastantes ocasiones la sorpresa, están servidas revelando costumbres, inclinaciones y conductas de carácter sexual de una desinhibición admirable en el contexto de la moral de la época.

Sería injusto destacar el mérito de unas actuaciones sin mencionar otras, aunque sí es verdad que tuvieron ocasión de lucirse más quienes como Sole Solís, Natalia Huarte o Francisco Ortiz –entre otros- se metieron en papeles más protagonistas como la Posadera, Liserna o Florencio.

Nada que reprochar y sí mucho que aplaudir. El teatro español sigue vivo y jugará durante mucho tiempo en las primeras divisiones del teatro mundial. Sólo hace falta apostar por la cultura y el arte. Arte y Cultura, en mayúsculas.

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3.-La Gran Zenobia o La hermosura desdichada.- Calderón de la Barca
Teatro Galo Real

La Veleta es un centro cultural de Almagro que acoge un pequeño teatro que se define como de experimentación, laboratorio y ensayo. La noche del 18 de julio, bajo el patrocinio del Teatro Galo Real que corrió a cargo del vestuario, escenografía e iluminación, Gustavo Galindo dirigió su adaptación de la bella obra de Calderón dando a su vez vida a uno de los personajes centrales del drama, el emperador romano Aureliano. El resultado fue muy pobre. Sobre el escenario deambularon los actores sin acertar a darles consistencia a sus personajes, como si se tratara de un grupo escolar de teatro aficionado con buena voluntad y un entusiasmo estéril. No hubo unidad dramática en ningún momento, pues cada actor actuaba por su cuenta con inoportunos recitados que contradecían en su sentido dramático el lenguaje corporal con que se expresaban. El montaje y la secuenciación de las escenas fue otro lío del que no supieron salir. Se puso mucho énfasis en lo circunstancial y anecdótico de la escenografía; pero los objetos, los símbolos, los ambientes recreados por la iluminación, no actúan, sólo sirven a la interpretación del actor, de la que se desentendieron. Cabe, no obstante, reseñar la notable excepción de la jovencísima actriz María García-Alix y la actuación más afortunada de Nadia Alonso. La primera, en el papel principal de la princesa Zenobia del reino de Palmira, fue la única que acertó con una dicción impecable y el tono exacto exigido en cada situación y en cada escena; sin sobreactuaciones ni salidas de tono y un lenguaje y expresión corporal adecuados, dio coherencia e hizo creíble su personaje, salvándonos del aburrimiento al que el resto de la compañía con su director al frente nos condenaron. Como actriz se le adivinan grandes recursos e intuición, plasticidad y gusto por la interpretación.

El muy hermoso texto de Calderón, con un tema tan interesante como oportuno para ser aprovechado y sacar partido de él, fue una ocasión desperdiciada sin remedio. El argumento nos traslada a las luchas por el poder en Roma y en Palmira y a las guerras entre el imperio y el reino, con asesinatos, conspiraciones y todo tipo de traiciones. Pero pone de relieve, sobre todo, el papel de la mujer en el concierto del poder político. Zenobia, que consigue victorias ante Roma como estratega, se queja cuando le niegan el derecho a asumir todo el poder del reino, como lo hiciera un hombre, diciendo que le reconocían su valía para traer victorias, pero le negaban el derecho y la capacidad para legislar, gobernar y ejercer el poder. Por medio, el amor, la puesta aprueba de la lealtad y los actos de valentía, completan la salsa de una pieza teatral, como hemos dicho, realmente bella.

Gomzález Alonso

Yilliqiyya

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Yilliqiyya

Ya los cantos, ya los versos,
Inmensas las llanuras, ya las voces,
León, León, te alzas con tu herida al costado,
La lanza que te sangra,
Imparables tus ríos, epopeya
Que en los cimientos de Lancia ya es memoria.
Imagino tus lágrimas de nieve,
Ya tu silencio de aire hecho de cumbres,
Ya tus páramos de adobe, ya las rejas
Arando en mar de sombras y de nombres.

González Alonso

Nota.- Yilliqiyya es el nombre con el que los árabes denominaban a todo el Reino de León en la Edad Media.

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El caserío, de Jesús Guridi – Teatro Arriaga de Bilbao

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El caserío
Jesús Guridi

Libreto de Federido Romero y Guillermo Fernández-Shaw
Dirección de escena: Pablo Viar
Dirección musical: Miguel Roa

Teatro Arriaga
Bilbao
28 de junio de 2013

La zarzuela es un género teatral con vocación de ópera –alguna, como Marina de Emilio Arrieta, lo es- sumergida en el costumbrismo. Todos los tópicos,  tradiciones y creencias, acostumbran a desfilar por sus canciones y las partes habladas del libreto, de manera prácticamente exclusiva, en torno a un argumento en el que se repite una historia de amor y enredo con final feliz.

Dicho lo anterior, El caserío del maestro Jesús Guridi  no es la excepción, o de lo contrario me temo que no estaríamos hablando de una zarzuela.

Tiene un gran mérito este género peculiarmente español que nos ofrece retratos estereotipados de una sociedad de finales de siglo XIX y principios del XX, con ánimo de entretenimiento y exhibición orgullosa de sus valores. En este caso, la idiosincrasia vasca hace alarde de sus características a través de las danzas, el deporte tradicional, la religiosidad y las costumbres rurales próximas a lo urbano. La historia de amor lo es también hacia la tierra y los ancestros en el cuerpo, piedras y muros del caserío familiar. Así, para que éste y cuanto representa no se pierda, su dueño hace lo posible e imposible para casar a sus sobrinos, la joven y bella Ana Mari y el fuerte y apuesto joven pelotari José Miguel. Una boda entre primos que pasa antes por la posibilidad de que sea entre tío y sobrina en la estratagema urdida por el propio tío para desencadenar el compromiso y la declaración de amor de sus sobrinos, que es lo que verdaderamente deseaba. Una costumbre que podría calificarse de incestuosa y que era bastante frecuente a fin de salvar el patrimonio de la herencia familiar.

Me satisface haber podido presenciar y disfrutar esta zarzuela en su esencia, es decir, tal y como fue ideada y representada en su estreno hace 85 años. Pero esa puede ser también la mayor crítica que cabe hacer sobre la misma. Porque la recreación de una zarzuela puede tener un valor documental y testimonial, como es el caso, o puede convertirse en ocasión de afrontar una recreación actual, artísticamente hablando, respetando su esencia y razón de ser costumbrista.

No se puede dudar de la indisimulada satisfacción de la parroquia que abarrotaba el Teatro Arriaga ante el despliegue de recursos culturales y tradicionales desplegados a lo largo de la representación con algunos guiños a los tiempos actuales bien traídos y oportunos y otros bastante desafortunados, excéntricos y pueriles. Entre los primeros pongamos el intento de euskaldunizar en parte algunos pasajes hablados o el uso popular y coloquial del español tocado irónicamente por un pronunciado acento vasco; en el segundo caso llamaría la atención esa ramplona y desacertada decisión de hacer desfilar a un grupo de figurantes con la camiseta del club de fútbol bilbaíno, entre otras.

Pero, en mi opinión, lo peor de todo es haber perdido la oportunidad de interpretar El caserío con más ambición y altura de miras teatrales y artísticas; convertir esta pieza de zarzuela en algo de hoy profundizando en una nueva estética de la puesta en escena, subrayando lo esencial del costumbrismo sin caer en lo chabacano y simple folclore.

El primer acto, presidido por la fachada monumental y pesada del caserío, pecó de acartonado y rígido. A todo el movimiento de escena le faltó aire, naturalidad, y estuvo carente de intención. Las piezas bailadas o las exhibiciones deportivas mostradas resultaron artificiales y nada creíbles. Cabalmente, se tradujo en una sucesión de secuencias y actuaciones, que, una tras otra e individualmente, tuvieron su mérito; pero que no formaban una unidad o conjunto. Todo apuntaba al aburrimiento.

El segundo acto supuso una mejora apreciable en el tratamiento de la acción y el espacio escénico con una meritoria gestión del papel del coro. Las sombras reflejadas sobre las paredes del inmenso frontón y el movimiento bien conjuntado de los actores congelando la acción en medio de las partes cantadas para darle continuidad después, haciendo una narración paralela, resultó muy eficaz y acertado. Se respiró otro ritmo y el desarrollo de la obra empezó a cobrar entidad e interés, mermado puntualmente por algunos de los guiños a la actualidad anteriormente mencionados que, por su mal gusto y extemporaneidad, sacaban al espectador del interés por la obra.

El tercer acto fue una mera continuación del segundo con un breve pasaje que nos recordó lo desacertado del primero.

Lo mejor, sin duda, fueron los cantantes y la Orquesta Sinfónica de Bilbao. Destacar la preciosa voz de Ainhoa Arteta que dio vida al personaje de Ana Mari, la magnífica actuación de José Luis Sola en la representación del pelotari Jose Miguel y, aunque con muy poca parte cantada, la estupenda interpretación vocal de Loli Astoreka en el papel de Inosensia, sin desmerecer para nada el resto del reparto que encabezaba Javier Franco en el Tío Santi. También hay que mencionar el muy meritorio trabajo, elegante e impecablemente realizado, del cuerpo de baile que dio vida a las diferentes danzas, las parejas de bailarines de Aukeran. Me gustó mucho, también, el trabajo de iluminación y, fiel a la esencia de la zarzuela representada, todo el vestuario.

Una tarde –resumiendo- agradable y agradecida por un público entregado de antemano a una zarzuela con todo el sabor de las más vetustas raíces vizcaínas. Un marco incomparable, el del precioso Teatro Arriaga, para acoger esta obra a la que por muchos años, pienso y espero, no le van a faltar seguidores entusiastas.

González Alonso

Punto final

Qué haces aquí si este mausoleo a otro
le estaba reservado; por qué
en el jardín de la muerte
estás temblando. Qué marmórea soledad,
a tus huesos sujeta, las pupilas del asombro
abre. Cómo del corazón en pálpitos de pétalos
los latidos se hacen leve rumor de vida.

Baten las costas olas de amargura
y el mercurio se alza febril por tus entrañas;
mariposas en tu frente con frágil vuelo besan
los sueños; alzan los pájaros su canto,
tus manos, ay, se abren mansas de caricias.

Todo es piel de horas concluidas,
todo distancia. Qué haces
aquí, brisa en las pestañas, si el aire la lengua envuelve
de palabras
y ausentes los labios las pronuncian.

González  Alonso