Esperaré despierto

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Esperaré despierto el canto del cuclillo
en las encinas, y sabré que es primavera.
Despierto
espero
mientras el día llega
derramando el silencio en bocanadas de pez,
branquias abiertas
a la agonía del aire.
 
La negrura líquida del agua de la lluvia
persistente, no oculta la eventual aurora. Veo correr
aterida la luz, persiguiendo, tal vez, el vuelo
de una mariposa, infancia a salvo del tiempo
y sevicias de una memoria
como astilla clavada entre las uñas.
 
Siempre invierno y aliento de lobos en asagüeiros*
sobre la nieve tendida. Frío y miedo
del hambre entre los ojos
que no pueden dejar de ver.
Y este temblor que es carne dolorida
en su desnudez de besos.
 
Pasan las sombras por las esferas de las horas
en el péndulo del reloj
y me siento muy cansado, como si mis brazos empujaran
inutilmente hacia el alba.
 
Por eso esperaré despierto
el canto del cuclillo en las encinas
cuando el viento levanta la niebla entre las ramas,
cuando se visten las novias para el día,
y sabré que otra vez es primavera.
 
Julio G. Alonso
 

*Asagüeiro.- en leonés, el aullido lastimero o canto quejumbroso del lobo.

 
 

Infortunio

Foto: PARDO DE VAL.- La vieja negrilla- Plaza de Sto Domingo en la ciudad de León

Infortunio

Ya no sientes el aire que brizaba los negrillos;

languidecen con sarmentosas ramas

en medio de la primavera. Secas, también, sus raíces,

son atalaya de la muerte, frágil clamor de sombras

que la claridad del día desparrama por el suelo.

¡Cómo se resisten a los ojos

estos paisajes de olmos ennegrecidos,

de aullar de perros y lampares temblando su luz

en las tinieblas! Pero si el infortunio entró en la casa

de tu patria, casa de judas y casa

de los justos,

sólo las lágrimas alimentan ya tu aliento.

Díme si acaso no es triste este destino,

si no debería alzar la indignación en apretado puño

o si cabe la ira antes que las palabras,

aún después de entregadas

al imaginario del olvido

y la amarga tarea

de entonar epicedios.

Julio González Alonso

Puerta de marzo

                                                 Isla de La Palma (Canarias)

Puerta de marzo

Las vides se desvisten
en la poda

y los narcisos
abren puertas a la primavera;
lo saben las primeras golondrinas,
lo sabe la veleta
que ni dos horas se está quieta,
lo sabes tú, lo sabes tú
desvistiéndote de invierno
y sombras
y de noches;

aguamarina de mis ojos
son tus días
cada día, cada día;

cada día
una promesa.

Julio G. Alonso

Contrarios

Opuestos

No conocería el nombre de la muerte
si no existiera la vida; así es que vivo
porque la muerte existe y así es que conozco el nombre del amor
porque sé de la existencia del odio.

Los filósofos nos enseñan a ver cosas como éstas
de los contrarios y los mundos imaginados
de enanos sin nombre porque no existen los gigantes
o países de tontos que nunca sabrán que lo son;
mas si para nombrar a un asesino nos hace falta una víctima,
si para poner nombre a la riqueza es necesaria la pobreza,
si para nombrar la paz es preciso decir guerra,
¿por qué no ser ricos sin saber que lo somos,
listos sin darnos cuenta de ello
y vivir en paz porque no existe el nombre guerra?

La enfermedad hace la salud, y la felicidad
la desgracia; la pena nace de la alegría
y la generosidad del egoismo. Mentira y verdad. ¡Hay tantos contrarios
innecesarios! Frío y calor,
izquierdas
derechas,
selva y desierto; seco y húmedo; arriba y abajo;
delante, detrás;
tú y yo.

Ni siquiera el cielo se libra del infierno
y Dios para existir puso a un ángel
nombre de diablo.

No sé qué pensaría Heráclito llegados a este punto; pero a mí me sobran
muchos nombres en la lista de contrarios;
aunque reconozco que echaría en falta
el corto y escaso número de aquellos que responden
a la palabra amigo.

Julio González Alonso

Nota.- Después de escrito el anterior poema encontré en la red el siguiente artículo sobre Heráclito en el cuaderno CAVERNISOFÍASEGUNDA PLANTA que os aconsejo. Destinado a estudiantes de Bachillerato, Juan Antonio Negrete, autor del texto, expone con humor, imaginación y sutileza, lo esencial de la filosofía de Heráclito sobre los conceptos tratados en el poema.

Autoelegía

 

Autoelegía

Ya eres luz de universo, negrura del espacio
en carne abierta de amapolas. Vienes
como incendios de primaveras
a mi nombre de sílabas de aire
a mi boca
y tomas mi voz y mi palabra.

Miro el paisaje, los árboles bebiéndose las nubes;
respiro con tu noche la soledad umbría,
callada sombra de los abesales.

Veo alzarse la lluvia
y llorar el silencio que ya eres,
ausencia toda, plomiza densidad del pesimismo,
memoria en espirales
de voces esparcidas al viento de las horas,
matraz de la existencia a polvo reducida
y besos ya sin labios, y bocas ya sin hambre.

Siento el peso de la vida que me falta, la muerte que te sobra,
la negra luz que nos envuelve y torna
cenizas de la nada.

Ya somos canto de alondra peregrina.

Ya eres
fugaz aroma de higueras y de sueños
en círculos de agua, soplo que mece el junco de tu risa
entre los carrizales.

Julio González Alonso

Nota.-  Poema publicado en el libro Árido Umbral – Poesía.- Selección temática de autores contemporáneos.- Editorial Alaire (Agosto, 2011.- ISBN: 978-84-939365-0-1.-Depósito legal: VI-556/11)

Preludio

Preludio

Enrejado de metales en los dedos,
aros,
juegos,

entre tu mano y mi mano viven mares,
playas,
cielos

y en tu sonrisa la nieve de mis besos,

luna,
invierno,
mariposa que en la noche
despliega las alas blancas de su seno
seguro de paz y sueños,
nube,
estrella,
lirio,
verso.

Yo quiero tu amor de aros
y de rejas
entre corazón y dedos;
tu amor de luna creciente
entre tu pecho y mi pecho.

Vibra tu vientre el acorde
de la pasión
aire y olas

suave
tierno
sobre la playa desnuda
quiero tu desnudo cuerpo

aros,
sueño, arenas,
juegos.

González Alonso

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La tristeza

                                               Caspar David Friedrich(1774/1840) Monje a la orilla del mar

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Yo digo melancolía
y la tristeza puebla tus ojos de locura; entonces
no hay barcos en los muelles
ni en puerto seguro atracan los pensamientos;
te duelen las cuadernas que se agarran a una quilla
varada en el desierto, una nube se despeña
por el cielo de la esperanza y una idea desorientada
agoniza en busca de una cabeza sin dueño.

Cada palabra descerraja un tiro de realidad,
pero es demasiado insoportable para acogerla en el corazón;
así que nos guardamos de sus aristas con pesimismo
y pesadillas. Nada hay muy seguro en el silencio,
pero la palabra apunta a la certeza de la pena
cuando la noche es humo de sueño
y al alba la niebla desdibuja las ilusiones
en sombras sin contornos.

No estoy seguro de escribir palabras con palabras o de palabras;
ellas huyen de los poemas como palomas asustadas en vuelo
desplomado
y yo, detrás de ellas, nombro la tristeza
o la soledad
que la acompaña.

Julio G. Alonso

Grito de la necesidad. Epitafio

Poesía es voz del sentimiento, grito
de la necesidad. Lo sé. Por eso
los paisajes
se pintan de lavandas, jaras
y bosquecillos de encinas; los ocasos
arremeten contra el sol vencido de horizontes,
vienen las olas desde las almas del mar de los afectos
y son ojos y son risa, lo sé. También
sé de los días dichosos y los que son del hambre,
la ambición que la alimenta, como sé del olvido,
ese costado sin luz y sin memoria.

Todo esto lo sé. Lo repito a menudo. Lo canto.
Lo escribo. Lo digo.

Inevitable la noticia; habías muerto
en la voz del sentimiento, grito
de la necesidad. Lo supe con la pena del dolor
que bebe el agua de la melancolía. Tú
también lo sabías. Lo repetías a menudo. Lo cantabas.
Lo escribías. Lo decías. Y aquella tarde
el verano, o tal vez el otoño, de pronto se tiñó
un poco
de invierno

y nubes
temblando

suspendidas
del alero

de la poesía.

González Alonso