El Régimen del Pienso.- La Zaranda- Teatro Inestable de Andalucía la Baja

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El Régimen del Pienso

La Zaranda
Teatro Inestable de Andalucía la Baja
Teatro Barakaldo (Bizkaia / Vizcaya)

Eusebio Calonge, que firma esta obra teatral en la que, como método de trabajo se sigue un riguroso proceso de creación en comunidad (según las propias declaraciones del grupo), vuelve a abordar el tema de las relaciones sociales y las estructuras económicas y de poder de las sociedades. Y lo hace desde un irrenunciable compromiso existencial y la fidelidad a sus raíces tradicionales (sic) De ahí el lenguaje rico en matices, abundante en sentencias, variado en formas de expresión, de unos personajes que nos hacen evocar la figura del filósofo cordobés Séneca, el cual pasó a la historia como el máximo representante del estoicismo romano, en una etapa tan turbulenta, amoral y antiética como lo fue la plena decadencia de la etapa imperial en que vivió; estoicismo y moralismo que, al final, lo llevaron a acabar con su propia vida (Wikipedia). Raíces andaluzas y una situación social que en España y los países de nuestro entorno guarda un grave paralelismo con la de aquel final del poderoso Imperio Romano.

La Zaranda bebe de numerosas fuentes culturales; va del romanticismo de Larra: Nuestro carácter se conserva tan intacto como nuestra ruina (Vuelva usted mañana;1833) al teatro del absurdo, en una eficaz depuración de textos y la plasmación de personajes límites(sic), y participa en todas sus obras de un pesimismo positivo, entendiendo por tal aquél que no nos paraliza, sino que sacude nuestro miedo e invita a la acción. La Zaranda presume de haber consolidado un lenguaje propio teatral, y es así. Cualquier trabajo de La Zaranda es perfectamente reconocible y diferenciable en el mundo escénico. Lenguaje propio que abarca la plasmación de recursos dramáticos como el uso simbólico de los objetos y la expresividad visual (sic).

A  medida que transcurría la representación me iba percatando de la profundidad poética del contenido de gran parte de los recitados. La obra, desarrollada como un canon, una rueda que gira una y otra vez sobre sí misma sin solución, avanza –no obstante- hacia un final caótico y esperpéntico, otra magnífica contribución al genio de Valle Inclán. Hay poesía en la muerte, en las autopsias, en la monotonía de la nada, ese trabajo infatigable de los burócratas. El mismo grupo de La Zaranda alude a esta característica cuando declaran que desarrollan una poética teatral alejada de formas estereotipadas o efímeras (sic). Así es y así resulta reconocible sobre el escenario desde el primer minuto de la representación. Culpable de ello es el elenco formado por Javier Semprúm, Gaspar Campuzano, Francisco Sánchez y Enrique Bustos. A ellos, añadir el texto y trabajo de iluminación de Eusebio Calonge y la dirección de Paco de la Zaranda.

La obra, El Régimen del Pienso, la resumen estupendamente bien en el programa de mano, del que entresaco:

Todo apunta al factor nutricional como causa de la epidemia. Unos sostienen que es el engorde rápido, el exceso de pienso; otros apuntan al mal reparto de éste. Las teorías veterinarias enfrentan, pero no frenan, el índice de mortandaz en las pocilgas. Se inicia una simulación medioambiental para clarificar las causas.

La industria porcina comienza a verse afectada; su personal eliminado según los índices de rendimiento. La lucha por el puesto de trabajo, con el único horizonte de un horario rutinario y vacío, sin más esperanza que la de una muerte indolora, hace que las vidas del cerdo y el hombre se crucen y se confundan.

A partir de aquí, animado lector, puedes imaginar toda una serie de situaciones, ires y venires sin sentido y la tragedia humana en una pérdida absoluta de la dignidad,  más allá de la muerte, cuya solución no es la peor perspectiva ante una vida que no pasa de ser un simulacro de la misma, en la que el único valor es el precio de las mercancías, y las únicas mercancías, las personas. Demoledor y desolador. Pero La Zaranda no se anda con zarandajas, si se me permite el juego de palabras.

Con su habitual despedida del público, sin salir de nuevo a recibir los aplausos más que merecidos; y los que reciben, amortiguados o tapados por una música estridente, La Zaranda nos deja con ganas de más de su teatro. Porque con grupos así el teatro se crece, y la vida, también.

González Alonso

Noche de Reyes, de William Shakespeare.- Noviembre Compañía de Teatro

Beatriz Argüello y Rebeca Hernando en Noche de Reyes de William Shakespeare.Noviembre Compañía de Teatro en Noche de Reyes de William Shakespeare.Beatriz Argüello y Daniel Albaladejo en Noche de Reyes de William Shakespeare Noche de Reyes – Twelfth Night – Decimosegunda noche.- William Shakespeare.- Noviembre Compañía de Teatro.- Teatro Barakaldo

Decir que Noche de Reyes (Twelfth Night) es una comedia de enredo de William Shakespeare, podría interpretarse como estar hablando de una obra menor, un trabajo secundario del autor de Hamlet, Otelo, El mercader de Venecia, Ricardo III, Romeo y Julieta, y tantos otros títulos de obras dramáticas que figuran por derecho propio entre las obras cumbre de la Literatura Universal. No es así.

Y no lo es por distintos motivos. El primero porque un autor de la talla de W. Shakespeare convierte en oro de ley cualquier asunto que trate. En segundo lugar, porque el género de la comedia no desmerece al lado de la tragedia y sería un error considerar al autor inglés solamente genial en los dramas en los que aborda las pasiones humanas llevadas al límite, con resultados dramáticos en el enfrentamiento de las mismas. Desde la comedia, con un final amable tocado de humor, William Shakespeare disecciona también aspectos del alma humana y de las costumbres con maestría de cirujano. Noche de Reyes no es una comedia vacía, válida solamente para sonreír o reír abiertamente ante situaciones disparatadas y cómicas; se trata, ante todo, de una obra increíble que aborda sin el menor pudor nada menos que la cuestión de la sexualidad en una época en la que los personajes femeninos eran interpretados por hombres. Esto, sorprendentemente, es algo que después de 440 años todavía escuece en sectores amplios de la sociedad católica, que sigue demonizando cualquier opción sexual diferente a la heterosexual, llegando a ver una amenaza para la supervivencia de la especie en los comportamientos homosexuales, teoría defendida pública y vergonzosamente por autoridades eclesiásticas y políticas, como en el caso del ministro del Interior español, afecto al Opus Dei, y el del jesuita Portavoz y Secretario de la Conferencia Episcopal. Claro que, estas autoridades, no se cuestionan las conductas de abusos sexuales llevadas a cabo históricamente en los centros escolares regidos por sacerdotes y monjas, generalmente de carácter homosexual y contra menores, ni tampoco dan mucho ejemplo para garantizar la perpetuación de la especie cuando han elegido no tener hijos ellos mismos.

La obra, el genio y el ingenio de W. Shakespeare son una denuncia, 440 años más tarde, de la hipocresía de la Iglesia Católica y de políticos de misa y comunión. Pero, también, de su precaria formación, dogmatismo y falta de rigor de los planteamientos que sostienen. La ambivalencia sexual tratada en Noche de Reyes se presenta a través de los personajes que con una definida tendencia heterosexual se sorprenden a si mismos dudando en algunas ocasiones de sus sentimientos e inclinaciones frente a alguien de su mismo sexo; o aparece el personaje decidida y abiertamente homosexual en una relación no correspondida, pero comprendida, así como la mujer seducida por otra mujer disfrazada de hombre. Toda una variedad de situaciones en las que parece que todo es posible y nada es lo que parece se abren paso a través de la comedia de Shakespeare, y sin rasgarse las vestiduras, en esta obra festiva escrita como homenaje de la visita del Duque de Bracciano a la reina Isabel y representada en la misma Noche de Reyes. Conviene aclarar que hasta el mismo título juega un papel en esta gran comedia, pues la decimosegunda noche después de Navidad es la del 5 de enero, víspera de Reyes. Se trata de un periodo en el que, irónicamente, las cosas no son como suelen ser: las gentes se hacen regalos, se reúnen las familias, se deja de trabajar, se da un trato más igualitario y comprensivo, se dejan a un lado diferencias irreconciliables, incluso se declaran periodos de paz o de tregua en las guerras y se desdibujan los papeles atribuidos a los sexos, aspectos todos ellos reconocibles en la comedia shakesperiana.

Pero cualquier obra de teatro, por muy extraordinaria que sea y esté firmada por un autor absolutamente reconocido, puede no ser nada si no encuentra un elenco de actores capaces de hacerla creíble sobre el escenario. En este sentido, Noviembre Compañía de Teatro, con su director Eduardo Vasco y el trabajo de Yolanda Pallín en la versión de la obra, consiguen plenamente el objetivo. El reconocimiento del público del Teatro Barakaldo así lo confirmó calurosamente con sus ovaciones. Con un vestuario años veinte, la actualización del texto sin que pierda un ápice de ternura, humor y poesía, más la incorporación de escenas con viejas melodías del music hall de principios de siglo XX, William Shakespeare llena desde el siglo XVII el espacio de dos horas intensas de espectáculo y muchos huecos en la moral de una sociedad pretendidamente actual y desarrollada del siglo XXI. Todo un ejemplo hecho arte a través del teatro que nos da un baño de libertad en un mundo en el que esta palabra ha sido manoseada y pervertida hasta el extremo de vaciarla de significado. Así que no cabe otra cosa que felicitar a William Shakespeare, felicitar al elenco de actores que de manera tan magnífica desarrollan su labor en Noviembre Compañía de Teatro,  felicitarnos todos por la oportunidad de contar con esta versión inteligente de Noche de Reyes y celebrar la suerte de la ocasión vivida de cuantos pasamos por el teatro.

González Alonso

La voz humana.- Jean Cocteau

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Jean Cocteau.Meritxell Checa.

La voz humana
Jean Cocteau

Moon Produkzioak en el Teatro Barakaldo
15/02/13

Una hora acompañados de la soledad que se abate sobre toda una vida. Esa es La voz humana, de Jean Cocteau. Porque la soledad y el vértigo del abismo que abre en el alma humana, es el tercer personaje de la obra. O el segundo, entre el hombre que se fue y la mujer que se queda, pero que también se va. O, bien mirado, el primero; en el que se mecen los protagonistas. La soledad y el silencio. Silencio y soledad. De ahí la angustia que retuerce el alma y que el cuerpo expresa con desesperación; también por ello la necesidad de hablar, de hablar y hablar para escuchar la propia voz por encima del silencio aterrador. Para no decir nada. Nada por entre el entrecortado soliloquio de amor.

Realmente impresiona la hondura del análisis que sobre el alma humana hace Jean Cocteau con el personaje de su pieza teatral (este año de 2013 hace 50 de su fallecimiento por infarto de miocardio; el mismo día de la muerte de Edith Piaf). Con ambición y decisión, disecciona los sentimientos y hace un recorrido sin concesiones al melodramatismo, el sentimentalismo ni a ningún ismo habido o por haber. El acierto de su agudo análisis encuentra la mejor expresión en el modo de representar ese desgarro ante la soledad, el final del amor, el dolor de la pérdida de los afectos y el futuro de una vejez desilusionada a la que acompañará la ruina sentimental. Para ello, Jean Cocteau se sirvió de un discurso cotidiano, habitual, reconocible; una suerte de frases vacías, de palabras que pretenden ignorar unas veces, otras esconder, chantajear, reinventar continuamente el amor. Palabras en el aire que se condensan en una atmósfera cada vez más pesada y transida por la angustia que lo impregna todo de pesimismo. Y a este discurso vacío que suena como un eco, agrega la expresión corporal, la manifestación del desgarro emocional a través de un cuerpo agitado y convulso arrastrándose por el suelo o subido a la azotea desde la que contemplar el mundo y sus gentes que continúan moviéndose mecánicamente totalmente ajenos a su drama. De la humillación a la desesperación brotan las promesas, las renuncias, las confesiones, el sentimiento de culpa, arrepentimientos vehementes y el suicidio al otro lado del hilo del teléfono. La última llamada, al fin, que nunca llegará.

Expresión corporal, danza y música, sobre los que planea de forma intermitente la palabra que ya no comunica nada, cada vez más fragmentada e inútil. Y el silencio envuelto en oscuridad. Todo ello es el lenguaje total mediante el que nos presenta La voz humana el autor francés, poeta, dramaturgo, pintor, cineasta, apasionado de la música, amigo de Pablo Picasso y controvertido personaje sumido en el consumo de opio, unas relaciones sexuales tormentosas y el catolicismo de sus últimos años de existencia.

El trabajo en escena de la bailarina y actriz catalana Meritxell Checa Esteban resultó ser de una limpieza y fuerza expresiva sorprendentes, muy meritorio y valiente. El acompañamiento en escena del músico y compositor Adrián García de los Ojos se desarrolló perfectamente acorde con el resto de elementos coreográficos y ambientales, iluminación, realización escenográfica y trabajo videográfico. No queda más que agradecer a Moon Produkzioak esta apuesta teatral y felicitar a Fer Montoya por todos los aciertos en la dirección. Y esperar, cómo no, otra nueva y feliz ocasión.

González Alonso

El Buscón.- Francisco de Quevedo

El Buscón de Quevedo.- Teatro Clásico de Sevilla

El Buscón.- Francisco de Quevedo
Versión libre y dirección de Alfonso Zurro

Teatro Clásico de Sevilla

Teatro Barakaldo (Vizcaya / Bizkaia)
12/01/13

Andalucía es tierra de inteligencia que en el teatro se multiplica en grupos como Atalaya, La Zaranda o el Teatro Clásico de Sevilla, el cual llenó el aforo del Teatro Barakaldo con El Buscón de Quevedo en la tarde lluviosa y fría de este 12 de enero . Excelente trabajo de grupo en un lenguaje ágil, deliberadamente atropellado en ocasiones, mordaz y de matices variados, tocado del gracejo andaluz unas veces, del decir culto del Siglo de Oro español, en otras, y pasando por el habla de truhanes, chismosos, agresividad de asesinos a sueldo y la frialdad de los traficantes de armas o la verborrea de los políticos.

El soporte escrito para esta interpretación viene firmado por el dramaturgo Alfonso Zurro, andaluz nacido en Salamanca, al que corresponde, además, el trabajo de dirección. Imagino que no le habrá resultado nada fácil dramatizar la novela de Quevedo; pero puede quedarle el gratificante consuelo de haberlo hecho francamente bien y tenido el acierto de actualizar los diferentes pasajes de la obra de Quevedo jugando acertadamente con el tiempo.

Teatro Clásico de Sevilla en El Buscón de Quevedo (Alfonso Zurro)La picaresca se abre camino, de la mano de Alfonso Zurro, desde El lazarillo de Tormes y El Buscón de Francisco de Quevedo a la España de hoy; afirma creer que esto es algo que llevamos genéticamente dentro en el modo de sobrevivir en medio de la escasez, el hambre y la miseria, mediante el engaño y el robo, generalmente sin violencia y aprovechando la avaricia de los demás y su deseo de conseguir riquezas sin esfuerzo aunque sea engañando o aprovechándose de la aparente inferioridad de otros; pero donde el robo deja de llamarse picaresca es en los límites del poder y los poderosos, de la riqueza y los ricos.

De manera muy sugerente el escenario se llena de un ropero o armario con una abigarrada colección de trajes roídos y maniquíes descoloridos por el tiempo que cobran vida, van y vienen del pasado para mostrarnos y demostrarnos la persistencia de unos males sociales endémicos en el gran número de comportamientos egoístas, injustos, primarios e hipócritas que desfilan ante nosotros.

Me ha gustado esta manera de hacer teatro social, arrancando de raíz el siempre doloroso asunto de nuestra Historia, pero en una clave universal; de tal modo que esta obra puede ser vista, comprendida y aplaudida tanto en cualquier país de habla hispana como en Europa si se puede disponer de una buena traducción al italiano, francés, inglés, alemán, o cualquiera de las muchas lenguas europeas. Y opino que seguirá siendo igualmente interesante pasados muchos años o cientos de años, pues la condición humana y las miserias que la acompañan poco, me temo, han de cambiar. Dicho de otro modo, creo que tiene vocación de permanencia y obra clásica.

No sería justo cerrar este pequeño comentario sin reconocer el meritorio trabajo de este cuadro escénico andaluz y, dentro de él, la admirable actuación del joven actor Pablo Gómez-Pando  interpretando el papel del Buscón para dar vida a este personaje en la sorprendente variedad de reflejos y tipos que presenta a lo largo de la representación, casi sin transición en la sucesión de escenas que se siguen unas a otras como destellos de las páginas de un libro que van pasando sin cesar.

Teatro vivo, teatro de la vida, de la herida, la llaga que no cierra de una sociedad de la que todos formamos parte y vestimos los trajes de la comedia.

Era sábado y seguía lloviendo en la ciudad; en las montañas caía nieve en la oscuridad de la noche. El alba será blanca.

González Alonso
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Teatro Clásico de Sevilla en El Buscón de Quevedo (Alfonso Zurro)

Tío Vania.- Antón Chéjov

Tío Vania.- Antón Chéjov

Compañía L’OM IMPREBÍS
Teatro Barakaldo

Tío Vania de A. Chéjov por la compañía L'Om Imprebís

Antón Chéjov sigue teniendo no pocos lectores fieles y su teatro es reclamo de numerosos espectadores como los que ayer tarde nos reunimos en el Teatro Barakaldo para presenciar y seguir con interés la obra Tío Vania, interpretada por el cuadro escénico valenciano L’Om Imprebís.

Tuve ocasión con anterioridad de ver otros montajes teatrales de esta compañía, como las piezas Galileo, de Bertolt Brecht y Calígula, de Albert Camus, de la que se puede leer el comentario. Tres obras, tres autores y tres tratamientos distintos que revelan la plasticidad y variedad de recursos de este elenco de actores y actrices dirigidos  por Santiago Sánchez.

La acción transcurre entre el verano y el otoño de un año de finales del siglo XIX en Rusia. La oportunidad de poder ver Tío Vania en un mes de otoño, aunque anecdótica, refuerza el sentimiento que se revela en el drama de unos personajes envueltos en el aroma de la infelicidad como últimas y maravillosas tristes rosas otoñales, descubriéndose a sí mismos al borde de la nada.

Porque Chéjov nos habla de infelicidad. No de la desgracia sobrevenida por otra razón distinta a la del sentimiento íntimo de fracaso y sacrificio de toda una vida por nada y el desasosiego e inseguridad y sensación de vacío que desencadena este descubrimiento. Para este fin, Chéjov echa mano de un compendio de diversos personajes alrededor de una acomodada familia campesina y nos abre los ojos al modo de entender la vida, las inquietudes y los problemas sociales en la convivencia y relación del campesinado y la burguesía.

En la versión de Santiago Sánchez se subrayan aspectos tan reconocibles en nuestro mundo actual, después de 200 años, como el precedente del ecologismo en la actuación del doctor Astrov salvando bosques y defendiendo el equilibrio de los ecosistemas y del hombre con la Naturaleza ante el inmovilismo del campesinado; el papel de la burguesía, representada por el viejo profesor Serebriakov y su joven esposa Helena o el peso de los valores morales y culturales en las relaciones entre hombres y mujeres. Le seguirán el mismo Tío Vania cuando, desencantado, descubre la inutilidad de sus años de trabajo dedicados a su cuñado, el viejo profesor viudo, y le trastorna el amor por la segunda y  joven esposa  de éste, que a su vez siente una atracción correspondida por el doctor Astrov. En todo este enredo de sentimientos, la buena, trabajadora, pero poco agraciada Sonia, se enfrenta a la realidad de su amor imposible con el doctor. Pero todo va, sin embargo, más allá del amor y sus imposibles. Digamos que la afectividad, reprimida, insatisfecha y sujeta a convencionalismos, es la salsa en la que se dilucida el marco social en el que la felicidad se hace imposible sin arriesgar algo en el cambio de ese opresivo y estrecho marco.

Tío Vania de Antón Chéjov.-Compañía L'Om Imprebís.- El viejo profesor y su joven esposa.

El encuentro de las dos clases sociales mencionadas anteriormente, campesinado y burguesía, en el entorno de la convivencia de los miembros de una misma familia, personal de servicio, el médico y un vecino, se transforma en choque de intereses y forma de entender la existencia, alterando profundamente sus costumbres cotidianas, poniendo en jaque todo su sistema de valores y descubriendo cada uno de ellos su profunda infelicidad. Cuando la burguesía intelectual representada por el viejo profesor propone liquidar el modo de vida campesina vendiendo la hacienda para entrar en el mercado bursátil comprando valores del Estado, todo salta por los aires, se genera un enfrentamiento violento con la rebelión de Tío Vania al que seguirá una reconciliación civilizada y la separación definitiva. Cada cual volverá a su espacio social y sus hábitos sin haberse resuelto a cambiar esencialmente en una resignada vuelta y acomodo a su modo de vida de siempre, aunque con el peso en la conciencia de haber descubierto y aceptado su radical y profunda infelicidad. Porque, entiendo, no se trata de un drama personal de los personajes desposeídos de su pasado y de su futuro en la edad madura, sino de un problema incrustado en la sociedad que exige cambios de estructuras que regulen de manera más libre y democrática las relaciones humanas y el funcionamiento del sistema económico y productivo. Los pequeños cambios personales al estilo de los llevados a cabo por el doctor acabarán por conducir a un cambio social. Pero hay que arriesgarse, hay que actuar, como veía con lucidez el viejo y desahuciado profesor desde la marginalidad de su jubilación.

Pesimismo existencial magistralmente tratado por Antón Chéjov y que L’Om Imprebís pone sobre las tablas con austeridad, vigor, profundidad de la psicología de cada personaje y sin concesiones a lo puramente ornamental ni a efectismos que distraigan del tema. Una buena tarde de teatro, de reflexión, aprendizaje y entretenimiento. Esto es lo que tienen los grandes escritores, que siempre están vigentes y siempre tienen algo más que enseñarnos sin necesidad de aburrirnos o hastiarnos con burdas y vulgares propuestas al uso y abuso como las habituales de las diferentes cadenas televisivas. Que nos dure el teatro.

Salud.

González Alonso

La importancia de llamarse Ernesto.- Oscar Wilde.- Teatro Barakaldo (Vizcaya/Bizkaia)

Elenco de la Fundación Municipal Teatro Gayarre de Pamplona

La importancia de llamarse Ernesto
Oscar Wilde

Fundación Municipal Teatro Gayarre de Pamplona
Dirección: Alfredo Sanzol

Teatro Barakaldo
Vizcaya

Por si alguien se pregunta por la posibilidad de que una comedia escrita en 1895 pueda resultar divertida para el público de 2012, apuntaré el comentario elocuente de un espectador a la salida del teatro: ¡qué bueno es reírse un buen rato! Y es que, me parece, las obras teatrales escritas con inteligencia y que tocan lo medular de la existencia humana y sus relaciones, nunca prescriben. Más allá de ciertas costumbres y usos sociales, el modelo de convivencia se rige por parámetros similares en todas las épocas; y en todas ellas el amor y cómo conseguir poner en práctica los sentimientos amorosos, la pretensión de vivir bien, aún a costa de los demás, la tendencia a sacralizar ciertos valores imponiéndolos al resto de los ciudadanos desde el ejercicio del poder, económico, cultural, religioso, y la no menos acusada tendencia a practicar una doble moral entre las clases dominantes, ricas, poderosas y cultas, es una constante que subsiste con el paso del tiempo. Ello hace posible no sólo la comprensión y disfrute de esta obra, sino –llevando la cuestión a tiempos más pretéritos- reír y disfrutar con comedias como las de Aristófanes o Cratino de la Atenas del siglo V anterior a Cristo.

¿Qué más hace falta para que una comedia nos divierta? Pues, evidentemente, un elenco de actores capaces de comunicar el texto y darle forma a cada situación; cuestión sobradamente cumplida por las actrices y actores que el pasado sábado, día 3, se subieron al escenario del teatro Barakaldo. Y lo hicieron de la mejor manera posible, desarrollando sus papeles de menos a más, en una progresión constante de adueñarse del personaje y conducirlo hasta el espectador para exhibir todos los matices del mismo, en una atmósfera teatral perfecta que envolvió la representación. Lo hicieron en una puesta en escena fiel al texto de Oscar Wilde y a la época victoriana en la que se desenvuelve la acción, tanto en vestuario como en escenografía, con un trabajo interpretativo del texto en el que la frenética agilidad de los diálogos no decayó en ningún momento, lo que contribuyó de manera eficaz a mantener la atención del respetable y provocar las risas y las carcajadas en los momentos cruciales en los que la sonrisa se quedaba corta.

Podemos decir que La importancia de llamarse Ernesto es una comedia de enredo que desviste con ironía y mucha dosis de sarcasmo la sociedad de la época de Oscar Wilde, en una descarnada crítica de la doble moral practicada por las clases dominantes, las clases altas de la sociedad victoriana y sus interesados y discutibles valores, siendo el de la honestidad el más valorado y exigible y el que resulta, por contra, ser más transgredido y traicionado. Al hilo del título y el valor moral aludido, pienso que en español le cuadraría mejor el de La importancia de ser llamado Honesto, con lo cual nos aproximaríamos más atinadamente al doble significado que en inglés tiene el nombre del personaje en su pronunciación. Pero es una cuestión menor, un problema a veces de difícil solución en las traducciones. La obra, al efecto bastante bien traducida y adaptada, se encuentra plagada de aforismos y frases ingeniosas que se suceden casi sin interrupción y sin descanso para el espectador. Algunos ejemplos:
Óscar WildeLa educación es algo admirable. Pero es bueno recordar de vez en cuando, que nada que valga conocerse puede ser enseñado.
La opinión pública sólo existe donde no hay ideas.
El que dice la verdad, puede estar seguro de que tarde o temprano será descubierto.
Amarse a sí mismo es el comienzo de un idilio que durará toda la vida.
Las mujeres están hechas para ser amadas, no para ser comprendidas.
Los hombres se casan por cansancio. Las mujeres por curiosidad. Los dos se llevan una desilusión.
La única forma de vencer una tentación es dejarse arrastrar por ella.
No soy tan joven como para saberlo todo.

Oscar Wilde, este irlandés de Dublín (en aquella época formando parte del Reino Unido), al que se le define como de ingenio muy agudo y mordaz, brillante conversación y vestir extravagante, sufrió el azote de la sociedad conservadora inglesa, siendo perseguido y encarcelado, reprimiendo y condenando la homosexualidad del autor de Dorian Gray y El alma del hombre bajo el socialismo, obra en la que volcó su ideario político a través de su anarquismo filosófico (A veces la gente se pregunta bajo qué tipo de gobierno viviría mejor el artista, y sólo hay una respuesta: en ninguno). A la salida de la cárcel viajó a Francia, donde moriría.

González Alonso

Tarde de ópera: Un giorno di regno (Rey por un día) de Giuseppe Verdi.- Teatro Euskaduna de Bilbao

Un  giorno di regno.- Giuseppe Verdi

Un giorno di regno (Rey por un día).-Giuseppe Verdi

Teatro Euskalduna.- Bilbao

Director musical: Alberto Zedda
Director de escena: Pier Luigi Pizzi
Director del coro: Boris Dujin
Coreografía: Luca Veggetti

No habría tenido Giuseppe Verdi motivo para quejarse del público en la noche del 27 de octubre como lo hizo amargamente tras el estreno de Un giorno de regno en el Teatro de La Escala de Milán aquel 5 de septiembre de 1840. Por dos razones; una, teniendo en cuenta la atención con que fue seguida la representación con aplausos, si no entusiastas, sí de cierta importancia en distintos momentos, y otra, porque esos aplausos fueron intensos y sinceros al concluir la representación.

Cuando conocí el dato de la extremada juventud de Verdi a la hora de abordar el trabajo de escribir esta ópera, contando a la sazón con 25 años de edad, el asombro y la admiración por el autor italiano se hicieron aún más grandes, pues el resultado tan brillantemente conseguido exige un gran dominio de la técnica, inspiración, y un considerable esfuerzo para ejecutar su composición, amén de una dedicación intensa que no sobrepasó, sin embargo, los dos meses de trabajo, cuestiones que no impedirían que la exigencia del autor le llevara a realizar revisiones posteriores.

Un giorno di regno de G.VerdiPara los que no sabemos gran cosa de ópera, llama la atención el virtuosismo de la música que acompaña y conduce con tanta naturalidad este tema de ópera bufa o burlesca; la facilidad con que resuelve en el mismo discurso musical cantado acciones complejas en las que se producen dos diálogos simultáneos y la habilidad para enlazar los diferentes momentos de la acción. Ya el inicio es una exhibición musical y coreográfica que nos introduce en el ambiente cortesano de la época a través del baile. La danza y la coreografía juegan un papel decisivo, con un indudable acierto al programar la iluminación y diseñar el vestuario con la elección de colores atrevidos y bien combinados. La Orquesta Sinfónica de Navarra y el Coro de Ópera de Bilbao dirigido por Boris Dujin, resultaron ser otros dos pilares fundamentales en la puesta en escena de esta ópera así como del resultado final del que Verdi, repito, habría estado más que orgulloso y contento, agradecido.

El argumento, pienso, no resulta relevante; una serie de intrigas palaciegas, amores y compromisos de matrimonio que se harán y desharán en diferentes situaciones comprometidas para resolverse felizmente y a satisfacción de todos. Quiero reseñar, no obstante, junto a la casi perfección académica del tratamiento y desarrollo de la obra, la sensación agridulce que se percibe en medio de las situaciones cómicas, como si un halo de romántica tristeza impregnara la acción. En ningún momento se pone Verdi tan serio o trascendental que pareciera apuntar a lo dramático; pero sí he creído encontrar un reposado fondo de queja y dolorida expresión, como si Verdi se hubiera cuidado de no convertir su ópera bufa en algo ramplonamente burlesco, caricaturesco o esperpéntico. La belleza y la mesurada ironía recorren con delicia cada nota de su pentagrama.

Por concluir de alguna manera con lo que dio de sí la noche de ópera en el Teatro Euskalduna de Bilbao, consciente de los innumerables aspectos reseñables que se quedan en el tintero, me gustaría subrayar el hecho –imputable a la visión y planteamiento de la dirección musical, de escena, del coro y de la coreografía- de que la opera se representa tanto como se canta. Quiero decir que los cantantes desarrollan sus cualidades interpretativas más allá de la voz, y asumen la representación de una manera integral, con recursos de danza y teatro, expresando con todo el cuerpo y dando así vida a los personajes de una manera convincente y plásticamente de manera muy bella. Me gustó mucho el planteamiento de numerosas escenas, en algunas de las cuales toma parte el coro, o ese sugerente baño que se toma la marquesa en un sensual striptease en el que la voz desnuda los sentimientos a la vez que se deshace de sus ropas, sin perder ese punto dulce de ironía en frases, movimientos y gestos. Y ahora sí, concluyo.
Salud.

González Alonso

Un giorno di regno (Rey por un día) de Verdi

La ópera: Nabucco, de Giuseppe Verdi. Palacio Euskalduna de Bilbao

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Nabucodonosor, rey de Asiria.

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Nabucco
Giuseppe Verdi (1813-1901)

ABAO-OLBE
Palacio Euskalduna.- Bilbao

Producción del Teatro Regio di Parma

Esta vez, sí. La entrada a la ópera resultó ser por la puerta grande. Creo que mereció la pena esperar sesenta y dos años para vivir esta experiencia. Las cosas ocurren cuando tienen que ocurrir, siempre a su tiempo, que nunca es demasiado tarde, ni tampoco demasiado pronto.

La puerta grande, en esta ocasión, está formada por el autor romántico italiano Giussepe Verdi, por una de sus óperas de mayor éxito y reconocimiento, Nabucco, por el marco del Palacio Euskalduna de Bilbao y por la interpretación de los cantantes, los coros y una orquesta de excelente calidad. ¿Qué más se puede pedir?

Palacio Euskalduna de Bilbao.

El aforo, completo. La atención del público, total. La dedicación de actores y orquesta, absoluta. Resultado, una tarde memorable para disfrutar y para el recuerdo.

Desde mi posición de novato en estas artes, solamente puedo expresar la honda impresión que me causó la música de Verdi en la interpretación de la Orquesta del Teatro Regio de Parma. Del mismo modo, me gustaría destacar el trabajo del Coro de la Ópera de Bilbao, en todo convincente. En la parte interpretativa me quedo, sobre todo, con la actuación de María Guleghina en el papel de Abigaille que, según se lee en el programa de mano, debutó con este papel en ABAO-OLBE.

La escenografía de Luigi Perego y la iluminación de Valerio Alfieri resultaron ser de una belleza plástica encomiable, ambientando a la perfección y con natural sencillez el periodo histórico en que se enmarca la acción, los tiempos de Nabucodonosor del que el tema de la ópera toma el título, y el imperio asirio.

Pero yendo un poco más allá de la cuestión estética y el virtuosismo vocal de los cantantes o la magnífica interpretación de la orquesta, me llamaron la atención dos aspectos a los que me referiré sucintamente. El primero nos remite a la concepción de la ópera como espectáculo. Desde el principio me ha hecho evocar de manera directa el teatro clásico griego por el sentido trágico del argumento y la manera de desarrollarlo. El tratamiento del espacio y el tiempo busca la trascendencia de los hechos para ponerlos a la altura de los dioses y sus designios; el coro participa como un personaje colectivo representando al pueblo, a los ejércitos o a los mismos dioses, sirviendo de narrador y dialogando con los personajes. El segundo aspecto se refiere al mensaje que nos transmite el texto con el soporte de la música y que conforma la parte narrativa del drama. En este caso hay, en mi opinión, un excesivo fervor patriótico y nacionalista, propio del momento histórico y la situación social y política vivida por Verdi con todos los ingredientes del romanticismo. Hay, también, un sentido religioso de exaltación del monoteísmo judío en la intervención de carácter bíblico de Jehová convirtiendo a Nabucodonosor a su credo a través del rayo que enloquece y confunde al rey asirio, o el riesgo de muerte de su hija Fenena convertida también al judaísmo tras sus amores con el príncipe judío Ismaele. Así, lo que inicialmente se presenta y promete como drama amoroso entre príncipe y princesa de diferentes religiones y distintos países, se diluye y transforma, acabando por resultar ser una afirmación de la superioridad judía frente al poder asirio, lo que le quita interés y credibilidad. En el colmo del éxtasis místico y demostración del poder divino se llega a afirmar que el hombre ya no existe, es decir, no es sujeto de su historia ni dueño de su destino, que queda en manos y al arbitrio de Dios.

En mi opinión, el libreto, aún conservando su trasfondo de reivindicación nacionalista del pueblo como aspiración de la unidad política italiana que parece ser que es lo que se desprende de la obra, podía haberse centrado más en la historia de amor de la princesa asiria secuestrada por el príncipe judío, al estilo de lo que hizo Paris con Helena en la Iliada, y agregándole la genialidad de un William Shakespeare en Romeo y Julieta, hubiera trascendido la grandeza de la  literatura con el tratamiento poético para hacerse universal. Y esto, el texto, lo malogra y no lo consigue.

No puedo terminar sin dejar de hacer mención a la parte más famosa de la ópera Nabucco, que resulta ser la interpretación por el coro de los esclavos del Va, pensiero. Sin quitarle ningún mérito a otras partes cantadas del coro, hay que reconocer el valor de los endecasílabos que componen los cuartetos de esta canción que apuntan casi al aire de marcha, conmovedores y acertados:

¡Ve, pensamiento, con alas doradas,
pósate en las praderas y en las cimas
donde exhala su suave fragancia
el dulce aire de la tierra natal!

Va, pensiero, sull’ali dorate;
va, ti posa sui clivi, sui colli,
ove olezzano tepide e molli
l’aure dolci del suolo natal.

Salvando la cuestión del precio de las entradas para la ópera, elevado también porque el coste de producción es muy elevado, debo admitir que se trata de un gran arte y que, por fortuna, parece ser que ya no es el pretexto para la exhibición y ostentación de la alta burguesía, utilizándola como una joya más con que deslumbrar. En este caso la joya, que lo es, fue seguida con emoción por un público heterogéneo de clase media sin alardes de vestimentas y exhibiciones. Yo, con mis vaqueros y camisa de cuadros.
Salud.

González Alonso

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Ópera Nabucco, de Giuseppe Verdi. Producción del Teatro Regio di Parma

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La ópera española «Marina», del compositor Emilio Arrieta

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Sergio Escobar, tenor..

Marina, de Emilio Arrieta.
Libreto de Francisco Camprodón y Miguel Ángel Carrión.

Madrid Arte y Escena en el teatro Barakaldo (Vizcaya)
29 de abril de 2012

Estrenada con escaso éxito como zarzuela el 21 de septiembre de 1855 y reestrenada como ópera en tres actos dieciseis años después con gran éxito y muy buena aceptación del público, Marina es una pieza con sabor a enredo y el dramatismo justo para hacer posible un final feliz. Tema amoroso; jovencita enamorada de joven capitán de barco, éste enamorado, a su vez, de ella, y ninguno de los dos a sabiendas de los sentimientos del uno por el otro; joven armador del pueblo también enamorado de Marina, tremendamente celoso, que le hace saber de su enamoramiento y del afecto que le profesaba desde siempre y compromiso un tanto azaroso de ambos que se deshará al final para dar paso al verdadero amor entre Marina y el capitán y facilitar el encuentro feliz y esperado.

Mi experiencia como espectador en el arte del teatro cantado, ya sea en forma de zarzuela o de ópera, es tan escasa que apenas puedo dejar constancia de una obra de zarzuela a la que haya asistido puesta en escena por un cuadro del que sus componentes no pasaban de meros aficionados, y tres ensayos generales de distintas óperas. Corto bagaje para poder opinar con criterio sobre cuestiones artísticas y musicales. Es ésta, por tanto, la primera ocasión de disfrutar de la puesta en escena de una ópera, como ahora se la define, o zarzuela en tres actos, si se quiere, y referir la buena impresión del espectáculo, en general, y la emoción que se suscita, en particular, en algunas de las partes cantadas en forma de arias, dúos y romanzas. Una obra ambientada en un pueblecito catalán, pero alejada de las referencias folclóricas y los temas musicales populares de la zarzuela. Hecha al estilo italiano por el autor nacido en Puente la Reina (Navarra) cuya formación se desarrolló en gran parte en Milán gracias a un noble benefactor italiano.

La realidad de un teatro lleno hasta la bandera no puede dejar de interpretarse como un éxito del género y la constatación de la existencia de un público fiel al mismo. Claro es, también, que las ocasiones de poder acudir a ver y oir zarzuela u ópera son escasas, además de caras. En este caso, sin embargo, el precio ha resultado ser mucho más asequible que el de las sesiones de la temporada de ópera organizadas en Bilbao.

Bien, sea como sea, me cogratulo de haber podido presenciar y disfrutar de esta pieza, acompañada en su interpretación por la Orquesta Sinfónica de Bilbao y con una puesta en escena que dice mucho y bien de la dirección escénica de Lorenzo Moncloa. Me gustaron las interpretaciones del tenor Sergio Escobar, con su voz atronadora, en el papel de Jorge y de la soprano Eugenia Enguita, con su virtuosismo y la calidez de sus variadas tonalidades, en el de Marina. Los otros personajes tuvieron, también, sus buenos momentos y el coro cumplió su papel con toda solvencia. El momento más espectacular resultó ser, quizás, el inicio del tercer acto cuando cantan la famosa y única canción que yo conocía, aunque no supiera que correspondía a esta ópera:

A beber, a beber, a ahogar
el grito de dolor,
que el vino hará olvidar
las penas del amor

A beber, a beber y apurar
las copas de licor,
que el vino hará olvidar
las penas del amor…

Y después de este brindis, no me queda  más  por decir, salvo que espero tener pronto una nueva ocasión de acercarme al mundo del teatro cantado, sea en forma de zarzuela o de ópera. Más vale tarde… que nunca.
Salud.

González Alonso

La Escuela de la desobediencia.- Sobre L’École des filles (Anónimo) y Ragionamenti de Pietro Aretino. Compañía Producciones Andrea D’Odorico y Teatro Portátil.

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María Adánez y Cristina Marcos

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La Escuela de la desobediencia.
Texto adaptado por Paco Bezerra sobre L’École des filles-Anónimo- y Ragionamenti, de Pietro Aretino

Producciones Andrea D’Odorico y Teatro Portátil
Director: Luis Luque

Teatro Barakaldo (Vizcaya) 18 de marzo de 2012

No hay muchas maneras mejores de pasar una buena tarde de domingo. El teatro es causa de entretenimiento, de conocimiento y sorpresa, así como mágica realidad irrepetible en cada representación que solamente podrá ser revivida en la memoria del espectador y la huella de la emoción que nos deja.

De entrada, debo reconocer en el trabajo escénico de la obra La Escuela de la desobediencia, la seriedad con que las actrices solventaron el difícil reto de llenar de magia, complicidad y poesía, todo el tiempo de la representación, del primero al último minuto. Supieron llevar su actuación con sensibilidad y arte sin dejar un resquicio, una duda, al tiempo vacío; todo fue ritmo y cadencia con el contrapunto ocasional de la música renacentista a la viola da gamba de Sofía Alegre y la voz de la soprano Rosa Miranda. Y me gustó más, si cabe, porque las actrices superaron el cliché televisivo de las series en las que obtuvieron notables éxitos, para interpretar con toda la gama de matices posible  sus personajes, libres ya de los moldes prefabricados. Fantásticas ambas, María Adánez en el papel de Fanchon, y Cristina Marcos en el de Susanne.

Pero hechos estos reconocimientos y los que corresponden a la parte del Equipo Artístico, con la dirección de Luis Luque, y al Equipo Técnico, tal vez merezca la pena detenerse un poco en comentar el porqué del interés de este texto adaptado por Pedro Bezerra.

Los antecedentes en los que se inspira esta obra se encuentran en los textos libertinos franceses del siglo XVII, entre los cuales contamos con L’École des filles ou La Philosophie des dames, atribuida a Michel Millot y por ello condenado a la horca mientras quemaban los libros “contrarios a las buenas costumbres” De otros textos, como Los ejercicios de devoción, del Abate de Voisenon, he dado cuenta aquí, en el apartado de Lucernarios, Biblioteca de bitácora.-libros para leer y releer. Pero, en su momento, y después de vista esta bien representada Escuela de la desobediencia, comentaré y os recomendaré otros escritos como La Academia de las damas, del maestro Nicolás Chorier, y Margot la remendona de Fougeret de Montbron.

María Adánez y Cristina MarcosMe pareció, en las lecturas libertinas francesas referidas, siempre reseñable la vigencia y el valor de actualidad que encierran; vigencia y actualidad confirmadas en la puesta en escena de La Escuela de la desobediencia, con un planteamiento arriesgado, austero aunque ricamente acompasado con la música y la iluminación, para dar protagonismo a un texto irónico, directo, sugerente y crítico, en las escenas que se van sucediendo cargadas de un fuerte erotismo o una tierna poesía. El trabajo de dicción de las actrices, modulando de manera exquisita la voz en cada situación, junto a una muy bien estudiada y acertada expresión corporal, hicieron que el reto fuera superado con indudable éxito. El lenguaje explícito sobre el sexo se hace al margen de eufemismos y explicaciones retóricas; no es ni obsceno, ni cutre, ni procaz, como habitualmente ocurre en tantas películas de éxito o programas televisivos de gran audiencia donde la vulgaridad y la banalidad los hacen grotescos. Sin embargo, todavía en el teatro parece que causa reparo y se ponen objeciones al desnudo y el erotismo. Hablo en general, no exactamente por esta obra, aunque sí por las reacciones que he podido presenciar en otras similares o más atrevidas.

Quería referirme, como dije, a la vigencia y actualidad de una obra que, arrancando del siglo XVII, nos trae al siglo XXI la voz de la mujer y la reivindicación de su sexualidad y la libertad para sentir, desear y amar. En este sentido, no resulta baladí la denuncia que se hace de la doble moral que niega a las mujeres lo que se admite en los hombres; la crítica a instituciones como la Iglesia, en la que sus miembros, monjas, frailes, curas y obispos, practican sin mesura, con esmero y refinamiento, lo que prohíben y persiguen desde los púlpitos, o la denuncia de una educación al servicio del control y dominio de la vida de las mujeres, negándoles la sexualidad y el placer mediante la información falseada, la reprobación moral y el miedo.

En el transcurso del desarrollo de la obra teatral, una joven sobrina es instruída por su tía sobre los diferentes aspectos de la sexualidad femenina y las distintas maneras de disfrutar con un hombre. Luego vendrá la parte práctica, arreglándoselas para que todo ocurriera en el debido secreto y ofreciendo a familiares, vecinos y conocidos, la más casta y honrada imagen que se pueda exigir e imaginar. Las apariencias esconden una conducta en la que la fuerza de la naturaleza se abre paso por encima de las normas sociales y la represión de los impulsos. La joven así instruída encuentra la felicidad de sentirse viva con su vida y con su cuerpo y, aprendida la lección, no está dispuesta a renunciar al fruto de su aprendizaje. Claro está que todo ello, como se ha dicho, ha de vivirlo guardando las apariencias y cumpliendo con las pautas marcadas para su condición social, entre las que se encuentra el matrimonio convenido por los padres. Ante el rechazo de la joven, la tía le hace ver que esto no será obstáculo para su felicidad porque puede fácilmente engañar a su marido. Pero algo más profundo planea sobre el alma de la joven, que va más allá del deseo y unido al placer, como es el amor y su libertad de elegir. Porque cuando se abre la puerta de la libertad y se experimenta el placer y la felicidad, pero las normas y las costumbres no cambian, ¿cómo hacer para seguir viviendo sin renunciar a la vida y el placer de ser feliz sin ser por ello objeto de persecución y castigo? Por ello, ante esta imposibilidad, una última solución asoma amenazadora a la mente de la joven. La tía se espanta y preocupa, pero la sobrina le sugiere que tal vez de este modo en tantas ocasiones enviudaron jóvenes casadas, arrojando, de paso, una sombra de duda sobre la temprana viudedad de su propia tía. El dilema está propuesto y la solución moral al dilema se exige de manera dramática. El final de la obra es, así, una última denuncia que nos requiere una respuesta; pero esta última respuesta será, necesariamente, también la respuesta a todas las críticas expuestas sobre la represión de la sexualidad femenina y su papel en la sociedad. Asignatura pendiente.

González Alonso
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Cristina Marcos y María Adánez

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