Elogio del vino

 Peter Paul Rubens: Ceres, Venus, Cupido y Baco (1612/1613)

El vino siembra poesía en los corazones.
Dante Alighieri

En aromas te envuelves y en sarmientos
te naces de la tierra dando el fruto
en uvas con su negro y fiel tributo
que acarician las aguas y los vientos.

Y es de todos los bellos nacimientos
que nos dan, que celebro y que disfruto,
el vino en sol forjado el oro bruto
merecedor de justos cumplimientos.

Porque si en verdes parras atesora
agua, tierra, la luz, fruto y memoria,
su alma es fuerza y pasión que el hombre adora.

No cabe así otra cosa en tal historia
que dar fe de la vida siempre y ahora,
celebrando el regalo de esta gloria.

González Alonso

Odiseo

 

El retorno de Odiseo a Ítaca.

Qué temor, viajero, detiene ante la puerta tus precavidos pasos
y lleno de inquietud desde el umbral tus ojos
escrutan del cavedio los rincones obscuros;

descalza las sandalias y a los pies da descanso
con agua perfumada de las frescas jofainas
y descargando el alma de onerosos presagios
acepta de esta casa la hospitalidad servida.

Háblanos, sin temor, de la ancorada nave
arrumbada a las costas por la mar procelosa
y dinos de qué patria y destino, los dioses
entregaron airados a este lado del agua.

¿No fuisteis, por fortuna, en ofrendas generosos?
¿No alzasteis a los altares en aromadas hogueras
las alabanzas debidas en cánticos y oraciones?
¿No quiso la ventura a los divinos ojos
vuestra vida agradable contemplar complacientes?

No temas, extranjero, y con el polvo de la túnica
deja que sea el vino servido de estas cráteras
quien libre los recuerdos que al espíritu atormentan
y conturban los sentidos con insidiosas sombras
llenas de pesadumbre y amenazas etéreas.

Desnuda, pues, el cinto de la afilada espada
y del hombro descarga el carcaj con las flechas
que tu arco certero conducirá en la batalla
con mensajes de muerte hasta la mitad del pecho.

Acepta, viajero, con las manos que te ofrezco
la paz que a la sombra de estos muros te acoge.
Desde el sitial del ágora dinos si por ventura
eres quien el aedo en célebres versos canta;
el que llegado a las costas de la consagrada Ítaca
de los príncipes que hollando sin dignidad tu casa
y entregados sin pudor a la ambición más soberbia
castigará sin piedad la obstinada insolencia.

Soy, en verdad, quien dices y a quien de tu casa ofreces
con generosa largueza la amistad en tus manos
y de tu espíritu alto hospitalidad tan pródiga;
de Poseidón airado las espantosas olas
empujaron mi nave extraviada a tus costas
y en las finas arenas de las horas de Cronos
se encuentra ahora varada sin movimiento posible.

Soy el que vio cegarse el sol cuando los héroes
vencidos entregaron su aliento ante los muros
de Troya atacada por los bravos argivos
y olvidados de los dioses murieron con sus armas
alejados de su siempre mirada protectora;
el que dices soy, ay, deudor de mi destino
y el que sin tregua navega los cursos del Egeo
pues impaciente espera la hora señalada
en que el castigo abrume en sombras la impudicia
de los que, vivo aún, deshonrando están mi muerte
y sobre mi hogar se aprestan volando con codicia
a devorar mi hacienda como buitres hambrientos.

¿No merecen los griegos una patria más justa?
¿Acaso es sólo castigo dirigido a Odiseo?
¿No es suficiente, acaso, de la mar confundida
sortear los peligros del corpulento cíclope
y las suaves sirenas con engañosos cantos?

Oh rey que así nos hablas y con razón exhortas
desnuda de mentira y en todo extremo justa;
toma de nuestras ánforas el más dulce de los vinos
que las doncellas te ofrecen con la frente humillada
reservado a los héroes y el altar de los dioses
y prosigue luego tu camino oceánico
que te conduzca a Ítaca con nuestras bendiciones
que, cuando el sol un día amaneciendo rojo
se lave en azul cielo sus ardorosos rayos,
sabremos que el camino que conduce tus pasos
habrá por fin concluido y con justos motivos
elevarán sus copas los griegos celebrando
entre cantos alegres y la ofrenda de toros
la instaurada justicia en las rectas costumbres.

González Alonso

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De la vida, el amor y el conocimiento.

El hombre de Vitruvio. Leonardo da Vinci.

Del tiempo no es el tiempo lo que siento
medido en horas, días y semanas,
ni los sueños perdidos, ya sin cuento
en largos años de esperanzas vanas;
es algo más profundo, como un viento
que sopla desde edades muy tempranas
con el saber que explica los asomos
de cuanto creo ser y lo que somos.

No es la muerte razón para la pena,
sino el vivir sin más razón la vida
lo que nos hace darla por perdida
en cuanto perseguimos sin valor,
lisonjas vanas, falsos oropeles
que así cegando nuestro entendimiento
despojan del cabal conocimiento
a la vida vivida sin amor.

No es banal el mirarse en otros ojos
ni aprender a leer los astrolabios
y limpiar la cultura y los abrojos
que estorban el camino de los sabios;
no es baladí el amor y sus antojos
que en besos se pronuncia en nuestros labios,
pues amar es saber, y el dulce vino
que hace feliz la vida en su camino.

Concluyo, pues, al cabo de este tiempo
que vivir no es el éxito o fracaso,
ni la felicidad se halla en el caso
de la ambición por más cosas tener;
que sin amor hay sólo frío yermo,
obscura vida hay sólo en la ignorancia
y dejo al fin así, aquí constancia:
vivir es el saber y es el querer.

González  Alonso

El poema está escrito en Octavas Reales (Octava Rima) y Octavas Italianas (Octava Aguda), de forma alterna. El origen de ambas estrofas es italiano, introduciéndose en España la Octava Real en el siglo XVI y llegando la Octava Italiana en el siglo XVIII. Ambas estrofas están formadas por endecasílabos (11 sílabas) y tienen rima consonante (coincidencia de vocales y consonantes a partir de la sílaba tónica de la última palabra del verso). Consta cada estrofa de ocho versos.

La Octava Real u Octava Rima sigue una rima alterna en los seis primeros versos, terminando con un pareado en los dos últimos: A-B-A-B-A-B-C-C

La Octava Italiana u Octava Aguda se forma haciendo rimar los versos 2º y 3º entre sí, y con rima diferente los versos 6º y 7º. El primer verso queda libre y los versos 4º y 8º también rimarán entre sí, pero con rima aguda (las palabras finales de estos versos han de ser palabras agudas): A-B-B-C-D-E-E-C

Dos+mujeres+corriendo+sobre+la+playa+Picasso[1]

Si al nombrar la belleza

Cuerpo de mujer.

Si al nombrar la belleza de tus hombros,
detener la mirada en tu cintura,
ascender a tu boca y a tus besos
en mis manos se enredan las caricias;

si mis labios se posan en tu cuello
y avaros corren con mayor codicia
sedientos de la piel de tu garganta,
pórtico de tus pechos, suaves dunas
y en las arenas de mis sueños, risas;

si ya mi rostro hundido en tus contornos
y en el sedoso espacio de tu pubis
eres besos en labios de amapolas
que en alzado placer vuela mi lengua;

ábrete, amor, con todos los sentidos
y en la pasión del pulso estremecido
déjate desatar por la locura
envuelta en sal y miel y mariposas.

González Alonso

El tema erótico del poema se desarrolla en un estilo directo y explícito, aunque he pretendido resultar sugerente sin caer en la grosería o en la procacidad, aspectos que me desagradan y que considero recursos fáciles que a menudo nos presentan como pretendido ejemplo de expresión atrevida y escritura provocativa. Sin ser un poema de amor cortés, no he querido que las formas se desvistieran sin elegancia, así que elegí para ello el verso endecasílabo acentuado en 6ª y 10ª y probé suerte con la construcción en versos blancos, aunque no pude escapar del todo de la tentación de la rima que asoma en algunos versos. Por ello, irónicamente, diría que en lugar de versos blancos lo que he escrito son versos grises. Espero, no obstante, que resulte atractivo y de lectura fácil.

Si al nombrar la belleza de tus hombros,
detener la mirada en tu cintura,
ascender a tu boca y a tus besos
en mis manos se enredan las caricias;

si mis labios se posan en tu cuello
y avaros de pasión buscan el tacto
sedientos de la piel de tu garganta,
pórtico de tus pechos, suaves dunas
y en las arenas de mis sueños, risas;

si ya mi rostro hundido en tus contornos
y en el sedoso espacio de tu pubis
eres besos en labios de amapolas
que en alzado placer vuela mi lengua;

ábrete, amor, con todos los sentidos
y en el pulso voraz de los deseos
déjate desatar por la locura
envuelta en sal y miel y mariposas.

Incorporo esta segunda versión más ortodoxa con la métrica de versos blancos, prescindiendo de las asonancias que había introducido en la primera. Espero, de este modo, satisfacer así también a aquellas personas más exigentes con estos temas; y como no sé qué versión me parece mejor, dejaré ambas.

Salud.

Vidrieras.- Catedral de León.- En vitrales y piedra

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Vitrales de la catedral de León.Catedral de León.Vitrales. Catedral de León

Vidrieras
Catedral de León

Abierta al aire,  de caliza piedra
en vanos deshojada y rosetones
te alzas etérea uncida de visiones
como abrazado chopo por la hiedra.

Son tus vidrieras fuego donde medra
la fe rezada en luz y en oraciones
verticales en cantos y pregones
de honda alegría que el temor arredra.

¡Ay de mí, descreído de lo humano
que niega lo divino,  impenitente
de su barro mortal amortajado;

hoy vengo a ti admirando al artesano
hombre que en vidrio de color candente
fundió la luz de un cielo ya olvidado!

González Alonso

Soneto publicado en la Antología de Poemas Alaire (Editorial Alaire, 2009.-Antología colectiva). Los vitrales de la catedral de León, así como la obra del templo, suscitan la admiración del visitante en su extremada belleza y evocación de un mundo en el que la espiritualidad se refleja en  la luz multiplicada de colores llenos de significados, como un gigantesco libro en el que puede leerse la explicación del mundo desde la concepción medieval. Cualquier sensibilidad, creyente o no, no puede menos que caer rendida ante tan magnífica y delicada obra en su ensimismada contemplación.

Catedral de León.-Foto de Alfredo García (Página Comarca de Gordón)Catedral de León.-Foto de Alfredo García(Página Comarca de Gordón)Rosetón norte.-Catedral de León.-Foto de Michael Reckling(en la red)

Fresa

fresa[2]

FRESA

Si en el espacio torpe de mi boca
eres sabor que a la lujuria incita
no ignores el regalo de esta cita
festiva, juvenil, alegre y loca.

Que si la vida es frágil, corta y poca,
su fugaz brevedad en ti concita
largo placer que con pasión invita
a vivir el amor que me provoca.

Pongo en mis labios besos que te besan
y deshago en mi lengua los placeres
que en húmedas caricias se me entregan.

Te como y te hago mía mientras llegan
con ardor los prestados menesteres
de los sentidos tientan y embelesan.

Quienes saben, confiesan
de esta jovial y lúbrica  locura
que no hay, por repetir, miedo a la  hartura.

González Alonso

                                          

Postal de vida y de muerte

Postal de vida.Postal de muerte.

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La postal de la vida
puede tener el rostro de princesa
y a la mirada uncida
dulce color de fresa
que a los años de infancia te regresa.

La postal de la muerte
la dibujan con sangre las pistolas
y es el odio la suerte
ahogada en caracolas
y rojo en campos rojos de amapolas.

¡Ay paisajes de infancia
donde el azul es cielo en la mañana
y en la noche fragancia
leve y sutil que emana
la luna en sueños que tu amor devana!

¡Ay trincheras del miedo
odio, rencor, dolor, hambre y venganza
que en el latido quedo
que al corazón alcanza
se alzan contra la vida y la esperanza!

Yo busco en el encuentro
del amigo la risa de la vida,
y la pongo en el centro
del corazón que anida
feliz memoria y dicha compartida.

Y siento si la suerte
adversa del destino llega presta
y lleva con la muerte
en la perdida apuesta
del amigo su flor en la floresta.

Julio G. Alonso

El poema Postal de vida y de muerte está compuesto en liras. La lira es una estrofa renacentista introducida por Garcilaso de la Vega y que toma el nombre del primer verso del poema A flor de Guido escrito con esta modalidad estrófica en el cual aparece la palabra lira:

Si de mi baxa lira
tanto pudiese el son, que en un momento
aplacase la ira
del animoso viento
y la furia del mar y el movimiento,

En el caso del presente poema, cada estrofa ofrece un aspecto positivo y otro negativo de la vida en una especie de secuencia en la que encontrar la cara y cruz que  el mismo hecho de vivir comporta.

Es una estrofa de tratamiento suave y agradable musicalidad. Su estructura se compone de cinco versos de rima consonante en una variación de heptasílabos y endecasílabos:  7a -11B -7a -7b -11B

Proclamas en ovillejos

 

Novecento

¿Quién la libertad destierra?
¡La guerra!

¿Y en qué la vida convierte?
¡En muerte!

¿Y qué mata la inocencia?
¡La violencia!

Egoista en su demencia
la persona que esto olvida
sólo encontrará en la vida
guerra, muerte y violencia.

¿Pues no amas la libertad?
¡Verdad!

Y al fin, ¿Cuál es tu intención?
¡Comprensión!

¿Y quién te sirve mejor?
¡Amor!

Sabiendo que es el candor
el que a la dicha abre paso
bien cumplen en este caso
verdad, comprensión y amor.

¿Qué es lo contrario a morir?
¡Vivir!

Y vivir, ¿qué es en su esencia?
¡Conciencia!

Y ésta en sí, ¿cómo se escribe?
¡Ser libre!

Si lo que aquí se transcribe
en todo lleva razón
es mejor, en conclusión,
vivir, en conciencia, libre.

¿Qué es mejor en sociedad?
¡Igualdad!

¿Y quién hacerla es capaz?
¡La paz!

¿Y qué traen en su embeleso?
¡Progreso!

Veo en tal razón de peso
que en toda humana invención
se cumpla tal condición
de igualdad, paz y progreso.

Julio G. Alonso

Pese a ser considerado el ovillejo una estrofa adecuada casi exclusivamente al tema irónico, festivo o satírico, la intención en esta composición ha sido la de utilizarlo como tema de denuncia social y reivindicación. La oportunidad que para la reflexión abren las sucesivas preguntas que se hacen sobre el tema, creo que da pie también a este tipo de tratamiento.

El poema, magníficamente declamado, lo podéis escuchar en la voz de Rosa Iglesias:

LA VOZ BORDADA EN VERSO, de Rosa Iglesias

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p

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Ovillejo de La mujer y el vino

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Mujer y vino para un ovillejo.Vino y mujer para un ovillejo

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¿Qué es bueno sin desatino?
¡El vino!

¿Y es del hombre gran  placer?
¡La mujer!

¿Y qué cumple en su presencia?
¡Prudencia!

Pues si no cabe en su ausencia
la felicidad lograr
tampoco se ha de olvidar:
¡con vino y mujer, prudencia!

González  Alonso

 Mujer y vino.

El ovillejo es una clase de estrofa que algunos denominan de alarde y que inventó en su forma actual Miguel de Cervantes Saavedra. La usó en el capítulo XXVII de su novela El ingenioso hidalgo Don Quijote de La Mancha, escribiendo tres ovillejos para la ocasión. Los ovillejos se hicieron muy populares, pero luego su uso decayó hasta ser prácticamente  abandonado. Más tarde, en el Neoclasicismo, después en el Romanticismo, como hizo  Zorrilla en el Tenorio, aunque con algunas licencias,  y, por último, en el Modernismo, volvieron a ser utilizados. Miguel de Unamuno, uno de los mayores exponentes de la Generación del 98 (Antonio Machado, Pío Baroja, Ramiro de Maeztu, Ramon María del Valle Inclán y José Martínez Ruiz) también tuvo en cuenta esta estrofa en sus trabajos.

Es una estrofa brillante y muy sonora que implica cierta dificultad. Su elaboración artificiosa hace de esta estrofa un instrumento muy adecuado para la ironía, lo burlesco, lo humorístico o la sátira.

Memoria


memoria

¡Oh memoria, enemiga mortal
de mi descanso! – Cervantes.


La tierra trae recuerdos del alma de los muertos
y estremecida llora, dolida se subleva
acogiendo en su seno gritos desamparados
de un tiempo y el silencio, del miedo y de la guerra.

Duele la herida abierta como duele el olvido;
se alargan los estíos, florecen primaveras
y los otoños mueren mientras frío el invierno
tiembla en nidos vacíos entre sus ramas secas.

Ay España, memoria de huesos enterrados,
de hijos malqueridos que tu cariño esperan
para ser ya de todos en tu familia hermanos,
pan y sal de la vida sentados a tu mesa.

Abre al tiempo tus brazos, que el alma de los vivos
en paz nombre sus nombres, que sus cenizas sean
cenizas esparcidas al viento de los años
y fértil el futuro de fértil sementera.

     González Alonso

Si la memoria duele, más duele el olvido; por eso considero necesario hablar de los errores sobre los que vinimos a la vida. Y la guerra siempre es el mayor error humano, en el que caben todas las miserias: el odio, el hambre, la muerte, la tristeza.  La guerra civil española (1936 / 1939) fue una crueldad, un desatino y el fracaso de toda una sociedad para resolver sus problemas y encarar el futuro. Pero lo que siguió a la guerra, la llamada postguerra, se convirtió en el terror de la dictadura implantada por el bando sublevado contra la  República. El miedo se unió a la muerte, los asesinatos, las venganzas, el silencio duro y frío bajo las consignas fascistas. Y así se llegó a la transición democrática tras la muerte del dictador Franco. Pero el silencio ha seguido demasiados años y media España duerme en trincheras de miedo, en el abandono de las fosas comunes, en el anonimato vergonzante. Federico García Lorca, como exponente de esta atrocidad, nos acompaña en la memoria.

El poema pretende tender puentes de entendimiento y reconciliación; está escrito en versos alejandrinos como señal de reconocimiento a la inmensa tragedia vivida, y estos son arromanzados como homenaje al pueblo, a las gentes humildes que más sufrieron la represión, a ese pueblo que encontró la fórmula del romance para contar con tanto acierto sus historias, sus leyendas, sus preocupaciones, sus inquietudes.
Vaya por todos ellos y por la paz. Salud.

Publicado en la antología Las Noches de Lupi en Portugalete, editorial LUPI (La Única Puerta a la Izquierda) Sestao(Vizcaya).-diciembre 2012.-ISBN:978-84-938010-5-2
Publicado en «Ruido de ángeles» (Ed. Vitruvio-Madrid. 2020 – Libro recomendado por la Asociación de editores de poesía en 2021):
 ASOCIACIÓN DE EDITORES DE POESÍA
2020
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1.- La rama verde, de Eloy Sánchez Rosillo
Ed. Tusquets
2.- Ruido de ángeles, de Julio González Alonso
Ed. Vitruvio

3.- El pez rojo que nada en el pecho, de Gioconda Belli
Ed. Visor
4.- Los días eternos, de María Elena Higueruelo
Ed. Rialp
5.- Error 404, de Begoña M. Rueda
Ed. Visor
6.- Palabra tuya, de Manuel Emilio Castillo
Ed. Vitruvio
7.- Gavieras, de Aurora Luque
Ed. Visor
8.- La curación del mundo, de Fernando Beltrán
Ed. Hiperión
9.- La Belleza del fracaso, de Daniel Viñambres
Ed. Rilke.
10.- Retratos de un suspiro, de Alberto Lendínez
Ed. Poesía eres tú
11–Lo que no se ve, de Jesús Montiel
Ed. Pre-textos
12.- Quemadura, de Jorge Camacho
Ed. Vitruvio