Cumple la noche

¡Pronto la noche cumple su promesa!
Los relojes apuntan al ocaso
y se detiene en sombras nuestro paso
temeroso. La luna que embelesa

en blanco resplandor, los sueños besa
y colma de presagios este vaso
de la vida. Serenamente acaso
sea la hora de partir. La mesa

levantar. Si a la noche vence el sueño
dormir en paz será nuestro destino,
soñar será ya sólo nuestro empeño

y con feliz sonrisa en nuestro ceño
vendremos, recorrido este camino,
a la muerte ofrecer nuestro desdeño.

González Alonso

 

Música

Aire pintado en notas. Pentagrama
que en invisibles sones trae al viento
la más honda expresión del sentimiento
y enciende del amor cálida llama.

Suspendido en el sueño que reclama
el sentido vibrar del instrumento
todo es fugaz como el fugaz momento
del aroma que extiende la retama.

Nace la música en acordes puros
con deleite de voces y compases
en celestiales melodías presa

capaz de derribar todos los muros;
y a la almena más alta que te alzases
se alzará en armonía que embelesa.

González Alonso

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Agua de febrero

Febrero de aguas abajo, ánfora
de vida.

Azul la amatista,
azul la violeta;
la mujer que te trae
de azul vestida;
cascadas derrumbándose
en las grutas,
vueltas

y peces en círculos
de agua pura.

González Alonso

Nota.- Febrero era el mes de la purificación en la Antigua Roma. Se representaba por una mujer vestida de azul con la túnica levantada y sujeta por la cintura que llevaba una ave acuática en las manos y en la cabeza una ánfora de la que salía abundante agua, símbolo de las lluvias. El mes estaba bajo la protección de Neptuno; el dios de las aguas está sobre una gruta formada por cascadas y llenas de peces, símbolo del mes. Según la tradición, la piedra de febrero es la amatista y la flor la violeta.

Los elementos anteriores son los que configuran el contenido del poema pensado para un calendario con el tema del agua en los diferentes meses. Un refrán, de los muchos del refranero: Cuando llueve por febrero, todo el año al tempero.

Aspasia de Mileto

¡Hija de Axioco, templa en la belleza
de tus labios el don de la palabra
y en tu hermosa oratoria la grandeza
de la sabiduría toda, labra!

Haz, Aspasia, que Sócrates acuda
a visitar el verbo de tu casa,
ramo verde en la mano y una duda
que al corazón o a la razón abrasa.

Portento de hermosura, gracia, ingenio
en un siglo de gloria para Atenas
a ti cabe, mujer, desde el proscenio
representar las más altas escenas,

que no ha de haber Pericles sin los dones
del encendido amor de tus pasiones.

González Alonso

Notas.- Sobre la figura de Aspasia, lo que se sabe y no se sabe sobre ella, lo que se discute y no se discute, etc. hay abundante información en la red. Puede servir Wikipedia: Aspasia de Mileto, la mujer del siglo de Pericles

Sobre el soneto inglés, composición en la que está escrita el poema, decir que su rima es consonante (coincidencia de vocales y consonantes a partir de la vocal sobre la que recae el acento de la última palabra de cada verso), consta de 14 versos distribuidos en tres serventesios y un pareado final. Su estructura:  ABAB  CDCD  EFEF  GG. Generalmente los versos son endecasílabos. Este es el modelo que adoptó y practicó William Shakespeare, pero existen otras variantes.

Paradoja de amor

Si es en la voz del viento
que un suspiro de amor el alma advierte
confieso lo que siento
si envidia de esa suerte
se acosta al lado el miedo de no verte.

Y de la misma guisa
que el miedo me atenaza con perderte
corre la misma prisa
otro miedo más fuerte
cual sería la dicha de tenerte.

Que es el amor tan raro
tan frágil e inconstante en su andadura
que necesita amparo
de celos y locura
que la ilusión sujete a la cordura.

De este confuso modo,
en oleaje de amor y de vaivenes
ya no encuentro acomodo
si del amor los bienes
son desgracia si tienes… y no tienes.

Julio González Alonso

La estrofa empleada es la lira. Fue introducida por Garcilaso de la Vega en el siglo XVI y es de origen italiano. El nombre lo toma del único poema en liras que compuso (Oda a la flor de Guido) y que contiene esta palabra en su primer verso: Si de mi baja lira / tanto pudiese el son que en un momento / aplacase la ira / del animoso viento / y la furia del mar y el movimiento…

La estructura, a base de versos heptasílabos y endecasílabos con rima conosnante es : 7a -11B- 7a- 7b- 11B. Cinco veros, según se ve, que encierran bastante dificultad y San Juan de la Cruz las llevó a su perfección. Aunque no es una estrofa muy usada, creo que merece un puesto importante en la métrica española.

En otro lugar de este cuaderno también pueden encontrarse las siguientes liras:     Postal de vida y de muerte

Puerta de diciembre

Noches largas de diciembre,
la tierra duerme,
sueña el narciso.

Con castañas junto al fuego
los filandones; se oyen los lobos
y el ulular del viento
como un cuchillo,
¡qué frío!

La tierra duerme,
crujen los leños, arden
y crujen,
¡qué frío!
La larga noche,
los filandones,
naranjas y limones,
sueña el narciso.
González Alonso

Puerta de noviembre

Yo vi los castaños; oí el chillido
del gocho,
miedo y esperanza
miedo,
banco y cuchillo. El día siembra
en tierra removida; yo vi las noches
perfumadas de fuego y crisantemos;
al amor de las hogueras
el magosto, el suave quejido
de las sombras,
de los amantes
los altos
suspiros.

Vas, noviembre, por tus días
y tus noches
treinta veces y dos lunas;
por la obscuridad la nueva,
al frío
vas por la llena

y va tu nombre, sin ruido,
por las horas,
silencioso,
sin reproches.

¡Luna nueva,
luna nueva, ay,
luna llena!

González Alonso

Puerta de octubre

Ya se anuncia el otoño
en las hojas caídas
y como un ópalo noble
el paisaje, el aire
transparente brilla.
En hermosos colores
la tierra se prepara
para la sementera;
engordan las bellotas
los gochos con sus pulpas
dulces
y al amor del fuego
ya es tiempo de potajes
y legumbres. Los castaños, pacientes,
el magosto
esperan.

Los árboles se desnudan;
se van las aves.

¡Las aves estivales
se van,
ya vuelan!

González Alonso

Vendré entonces

Vendré, entonces, y derramaré mis lágrimas
y la voz. Las herrumbrosas
lanzas del tiempo
abren
en la carne fatigada
heridas al frío del invierno;
todos los horizontes miran al oeste en crepúsculos cárdenos
y se aleja de la noche el alba;
ya no llega a la puerta
con su beso húmedo y su luz aterida
la mañana.

Vendré, entonces, a derramar mis lágrimas
en silencio; a dejar las palabras abrazadas a la piedra
de la ciudad gótica, almena acostada a las orillas
en niebla del Bernesga, el gris helado
de la mano de la memoria
(la historia, la guerra, el hambre,
el sueño desvestido de belleza)

Dejas caer, pesado, el fardo de tu cuerpo sobre un banco
del paseo; dejas correr las lágrimas derramadas
por los ojos abiertos. ¡Qué clamor
de viento helado por los pináculos; qué luz
aplomada en vitrales y agua
congelada en las bocas
de las gárgolas!

Todo es grandeza en el humilde espacio
de la ciudad; recorren sus calles mis arterias llevando
hasta el corazón la sangre. Ya tarda
el aliento a mi boca. Veo
barcos de bruma navegando las choperas
y ya León es todo sin nombre y sin destino,
memoria de cristales,
pendón al aire de las arcillas del páramo,
campana en las ruedas de los molinos
y el grito mudo de los oteros de Lancia.

Entonces vendré y derramaré mis lágrimas.
Entonces vendré.
Derramaré mis lágrimas.
Entonces vendré

a derramar las lágrimas.

González Alonso