Sobre la tarde cae el silencio pegajoso de la sobremesa; la luz esparce la pereza de los muebles, un camarero ha dejado ante mí la tacita de café; sólo el chasquido leve del platillo contra el mármol llena el aire y los pensamientos vuelan lentos la atmósfera del bar.
No sé cómo ahuyentan los perros la idea de la muerte, si a sus hocicos húmedos les llega entre cientos de olores el aroma dulce y espeso del final de sus días y cierran los ojos y entregan su aliento al último aire y así se van de esta vida. Ni entiendo, tampoco, cómo las flores se desprenden de sus pétalos y abandonan el muñón de sus tallos al olvido.
No comprendo a las personas que alientan sueños de otra vida más allá de esta suerte de finales cotidianos que nos conducen a ese final irremediable del final de este juego perdido de antemano.
Así que hoy quiero ser sólo perro, sólo flor, y beber sonrisas de agua feliz en tu boca, en tu piel dispuesta al beso acariciar la vida que nos toca sin preguntar, olfatear los aromas cotidianos, dejar que los pétalos abandonen la corola cuando han dado ya toda su luz a las miradas.
Como árbol rumoroso se llevará el otoño las últimas hojas, las más bellas en efímero gesto y así, desnudo de promesas por las agrietadas ramas que el aire envuelve ser sólo paisaje y que luego el silencio se arropeen abrazo de olvido y de memoria.González Alonso
Publicado en la antología Las Noches de Lupi en Portugalete, editorial LUPI (La Única Puerta a la Izquierda) Sestao(Vizcaya).-diciembre 2012.-ISBN:978-84-938010-5-2
Las tardes eran seco sol, polvo en la parva
de la era, y los trillos danzaban círculos lentos
a golpes de astas en el yugo; materia de aire
de infinitas partículas de paja
y el grano en la ceranda, saltando en el tamiz
el oro de la vida.
Zure irribarrean es una canción, un zortziko compuesto en la parte musical por Víctor F. Mallada y con letra de quien escribe estas líneas. Como curiosidad quiero dejar dicho que Víctor y yo somos leoneses del mismo pueblo montañés de La Pola de Gordón, que yo vivo en Bizkaia/Vizcaya y Víctor en Madrid y que la suerte hizo que nos encontraramos de nuevo brevemente, después de muchos años -más de los imaginados- en el verano de 2010 y en tierras gordonesas, de donde surgió esta posibilidad de colaboración que ya ha dado una docena de canciones que Víctor compuso sobre poemas míos y de letras que yo escribí para algunas de sus composiciones, como es el caso presente.
En la grabación parcial de este zortziko colaboró Agurtzane Zubizarreta en un feliz fin de semana en Cuenca. Todo el trabajo de grabación, composición y elaboración se deben, también, a la dedicación de Víctor que pone su voz en los coros y haciendo estupendamente el solo de la canción.
Os dejo el enlace donde, si os apetece, podéis escuchar la canción y ver las imágenes que en youtube acompañan a la misma.
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Zure irribarrean / En tu sonrisa (zortziko)
Bada zure irribarre(a) Si es tu sonrisa
nire esperantza bihotzean, mi esperanza en el corazón,
zure begiak badira si tus ojos son
nire izarrak gauetan; mis estrellas en las noches;
bada nire bizitza si mi vida es
batel bezala itsasoan, como un barco en el mar,
beitu zenbat olatu, mira cuántas olas,
beitu nolako haizeak mira qué vientos
nire inguruan. a mi alrededor.
Beti zaude nire ametsetan, Siempre estás en mis sueños, zure izena nire ezpainetan; y tu nombre en mis labios;
¡nire zauria zu zara, ¡Tú eres mi herida, nire erremedioa! tú eres mi remedio! Iritsi nire etxera, Vuelve a mi casa, iritsi nire etxera vuelve a mi casa zurea dena amodioan. que es la tuya en el amor.
Bada zure irribarre(a) Si es tu sonrisa
nire esperantza bihotzean, mi esperanza en el corazón,
zure begiak badira si tus ojos son
nire izarrak gauetan; mis estrellas en las noches;
bada nire bizitza Si es mi vida
batel bezala itsasoan, como un barco en el mar,
beitu zenbat olatu, mira cuántas olas,
beitu nolako haizeak mira qué vientos
nire inguruan. a mi alrededor.
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En el albor tu nombre
y un genio azul dentro de una botella verde.
Mirábamos los dos en las aguas de los ojos las frutas en el frutero
y el teléfono sobre la consola,
aquel reloj acunado en horas
de su péndulo, las distancias entre los muebles,
todo lo mirábamos, dos caracolas,
tres limones,
el sonajero
de los minutos
y una naranja amarga.
Había juegos
con un resultado repetido entre los números,
una suma repetida, una resta repetida,
una división no hecha. No sabías
multiplicar, y te quedaste quieta;
vimos
avanzar los ejércitos; los soldados cerrando los ojos,
unos; los otros, abriéndose al espanto en las pupilas del miedo.
Al mediodía tu nombre
y una niña dentro de un aro.
Al atardecer tu nombre
y un beso.
Al anochecer tu sombra. Ya no hay luz.
Ya no hay luz.
Ya no queda.
La noche trajo el día al horizonte mundo; de escarcha asido a la pradera marzo, de invierno se hizo primavera en agua de las nieves por el monte.
Partió un grito el dolor de la mañana para rasgarse el aire en frío llanto contrapunto de vida en aquel canto de cuna, luz del día tan temprana.
Naciste al punto que mediaba el siglo y la guerra esparcía sus cenizas en un mundo arruinado por el odio.
Naciste al punto en que el crüel vestiglo del hambre secó pechos de nodrizas y alzó la muerte en triunfo sobre el podio.
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González Alonso
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La estructura habitual del soneto ABBA, ABBA, CDC, CDC con sus posibles variantes en los tercetos, se ha alterado en los cuartetos: ABBA, CDDC para seguir en los tercetos EFG, EFG. No es lo más común ni lo ortodoxo, pero así lo decidí en su momento. Tampoco sé si aporta algo o no al soneto esta modificación; pienso, de todos modos, que no se altera el ritmo con este tipo de rima.
Los encabalgamientos abruptos en muchos de los versos del poema espero que sirvan a la idea de aportar un grado de dureza acorde con el tema: el nacimiento, la esperanza, en medio de la desolación de la guerra y el sufrimiento.