Final de verano con zarzamoras

Amaneció un final de verano
y zarzamoras, los arroyos
en rumores de aguas cristalinas,
los chopos
con su beso verde al cielo
y sus alturas
y el valle estaba en calma;

miró atrás
el camino de tierra cómo se perdía
en la curva sombreada

y una niña apareció tras ella
ligera como el aire,
un ramo de merenderas en la mano
y grichandanas,
la rosa de la vida en las mejillas,
luz radiante en los ojos,
la sonrisa fresca de la mañana;

voló a su abrazo con el cestillo de moras
en la mano,
la pálida vida en sus mejillas,
la apagada luz de su mirada,
la sonrisa leve de la mañana;

estrechó contra su pecho la frágil frescura del recuerdo
y aspiró muy hondo
el aroma de los años y los sueños
del final del verano

en moras,
merenderas,
grichandanas

y pulpa azul de lirios
y gencianas.

González Alonso

La cita

Testigo de mi tiempo y de mi vida,
herido de palabras y desnudo
de la muerte a la cita presto acudo
resuelto aquí a jugarme la partida.

No sé lo que el destino así decida
en su obrar arbitrario y trato rudo;
pero me ha de encontrar firme y tozudo
negándole por más que más me pida.

Nací como nacemos, sin aviso
y una hoja de ruta ya trazada
en códigos de genes y de herencias.

¿Por qué, para morir, darle permiso
y darle así a la parca por ganada
la suerte a sus caprichos y exigencias?

González Alonso

Al alba de junio

 
Acuarela del pintor leonés Juan Ramón Alves FernándezAl alba de junio
el incienso colmando está de aroma
las calles
de la madrugada;
otra vez, León, el frío en las orillas
de tus ríos
y sobre los tejados rojos
tañían
las campanas del alba.
Ya todo son
cristales rotos de la memoria, luz
de estrellas y universo, un silencio
apacible en tu sonrisa
dada a la vida en el último aliento
cuando aún la nieve resplandece entre las cumbres,
llega el claror de la mañana,
el suave sol al extremo de la lluvia
y junio era la lluvia
y claridad
en los postreros días.
Antes de ser sólo polvo de cenizas, sólo heredad
roturada,
sembrada tierra
de afectos, pisaste las extensiones
donde corren los gigantes,
vertiginosas laderas precipitándose a los valles
de la vida
que empuja, que grita, llora, ríe
y sigue
y nos abandona un día a la orfandad del tiempo.
Todo es ahora como aroma de incienso,
todo toque de campanas redoblando,
todo recuerdos multiplándose en espejos
rotos,
todo calma en el aliento detenido
y el pulso detenido
y el agua remansada del olvido
entre los carrizales.
Todo madrugada,
todo incienso, todo nada desvanecida
en la niebla de las calles.
González Alonso

Hace un año, a comienzos de junio, por el día 5, moría en León Gumersinda Alonso, mi madre, Gumer para mi padre (fallecido un año antes, en la despedida de octubre sobre un día 28), Sinda para los vecinos, familiares y amigos. Algunos poemas nacieron alrededor de de los últimos meses de su vida y su inevitable camino de despedida; éste, unos días más tarde. Sea en su homenaje y memoria.

La imagen que acompaña al poema es un cuadro del acuarelista leonés Juan Ramón Alves Fernández.

Ser gota de agua

Como gota de agua en mitad de la lluvia,
así tú
eres agua
y eres lluvia;
como abeja en el panal, miel
y colmena;
hormiga laboriosa en los túneles de la vida;
como teja sujeta en su lugar
eres tejado;
grano de arena en la duna,
eres desierto
y eres palabra
entre palabras
que nombran y dan la realidad al mundo
y hacen visibles las cosas
y hacen las sonrisas bellas.

Una gota menos es menos lluvia,
menos miel una abeja extraviada,
más trabajo la falta de una hormiga,
la teja que se rompe,
una gotera;
el olvido y el silencio
la palabra que falta
e inmenso el hueco del minúsculo grano
de arena
en la duna derrumbada.

González Alonso

.

Agua de junio

Laguna de Babia en León

Perla de agua en tu boca;
solsticio de los besos en los labios
y un frescor de deshielos en el pecho
son sed de amor que sacian tus deseos,
son pasión estrechada en tus abrazos
y son de tu querer
alba en la piel,
escarcha en fuentes que las janas guardan
mientras a la luna peinan
sus cabellos largos y sus largas penas

con sus cantos.

González Alonso

.

Agua de mayo

La Angostura (Argentina) Lago Nahuel Huapi

Como agua de mayo
y colores en los campos
llueven los besos en los labios,
florecen en sonrisas los suspiros
de los enamorados.

Como agua de mayo
y una tormenta de presagios
cartas de amor y trenes y estaciones
y días de sol frío,
ay, del sí
y el no
los pétalos.

Como agua de mayo
este incendio de sueños;
los párpados cerrados
y el calor en la piel y las mejillas,
caricias en el tacto
estremecido,
ay, lágrimas
de mayo.

González Alonso

Carta devuelta

Después de aquel final sin despedida,
sin lágrimas ni adiós ni un sólo beso,
creí que los finales eran eso,
sólo el azar de una ocasión perdida.

Sin poder olvidarte y a medida
que el tiempo pasa siento más el peso
de aquel amor, más crece mi embeleso
y el alma se me abre en una herida.

No sé de aquel pasado lo que guarde,
sienta tu corazón o sea olvido,
vago recuerdo, anécdota inocente.

Tan sólo sé que nunca será tarde
llorar en mi dolor tu amor perdido
con la carta devuelta al remitente.

González Alonso

Agua de abril

La claridad del día y al extremo
de la lluvia
el suave sol,
abril, aguas mil. Paraguas
de abril, flores
de abril;
de abril los besos
y lágrima de abril,
de abril amores.

Qué aguas heladas,
qué ríos
por debajo de los puentes
de abril; qué sed
de tu boca, fuente
de abril
y vida
y una paloma blanca
en el alero del día,

abril,
abril y aguas
mil.

González Alonso