La voluntad de creer
Pablo Messiez sobre el texto “La palabra”, de Kaj Munk
Cuadro escénico:
Marina Fantini; Carlota Gaviño; Rebeca Hernando; José Juan Rodríguez; Íñigo Rodríguez-Claro; Mikele Urroz
Dirección: Pablo Messiez
Coproducción de Buxman Producciones y Teatro Español
Teatro Barakaldo, 4 de marzo de 2023
Estamos aquí. En el teatro. Estamos aquí. En la vida. Tú estás aquí. Ella está aquí. Repetido una y otra vez, preguntando el nombre del espectador de turno que entra en la sala, de la espectadora de la tercera fila, de mí mismo, el estar aquí, insistentemente repetido, remite al no estar. Presencia y ausencia. Vida y muerte.
Sobre el escenario se reproduce una película en un viejo televisor que durará lo que dura la representación. En la película se desarrolla una historia en la que aparecen personajes de otra época y otro siglo viviendo escenas paralelas a las de la representación teatral. Y empieza el laberinto de preguntas, dudas, preguntas que se van enredando en sus respuestas para no saber qué preguntas ni saber qué responder. Hablamos del teatro, hacemos metateatro; ¿es real el teatro? ¿es verdadero? ¿la película es real, es verdadera? ¿Y la vida?
Decir la verdad o mentir. En el teatro y en la vida. Mentir es decir algo con la intención de engañar u ocultar una verdad. La mentira es real. Para mentir hay que querer mentir, tener la voluntad de mentir. La voluntad de mentir y la voluntad de creer, dos realidades de la condición de vivir. Actuar también requiere querer hacerlo. ¿Miente el actor? Lo que hace e interpreta no es real, pero puede ser verdad. Digamos que el teatro es una mentira pactada con el espectador. Igual que el cine y la película que se va proyectando a la vez que avanza la representación teatral.
Un pacto teatral. También la vida tiene un pacto, que es actuar, hacer algo, proyectar y desarrollar actividades. La vida se actúa, la muerte no se puede actuar y la muerte no puede mentir; será la muerte la coincidencia exacta entre realidad y verdad. Para que la muerte estuviera dotada de voluntad tendría que darse el milagro de la resurrección. Por eso en el teatro es posible ese acto. Sigue leyendo
El diablo cojuelo.- Luís Mayorga, sobre la novela de Luís Vélez de Guevara.
La novela clásica del siglo XVII será tomada por Luis Mayorga y apropiada para la escena por Rhum & Cia montando un espectáculo burlesco, de reflejos picarescos, con tintes esperpénticos y pinceladas surrealistas del teatro del absurdo para mostrarnos cómo pasan los siglos, pero los vicios permanecen. De manera grotesca y divertida, los actores -los muy buenos actores y músicos- tienden un puente entre el teatro barroco y el mundo de los payasos cuando un grupo de ellos decide trascender su vida artística interpretando una obra clásica que demostrara a sus descendientes su valor y capacidad como artistas. Así, el empeño por llevar la obra a escena les hace descubrir sus posibilidades, limitaciones, vicios y virtudes, pasando a ser los primeros en convertirse en objeto del diablo cojuelo. Y en el envite, los espectadores serán investidos a su vez de becarios (que pagan, pero aprenden) y convertidos necesariamente en coprotagonistas y víctimas del diablo cojuelo. A lo largo de la representación de este retablo colorista se oirá pedir justicia en varias ocasiones, una constante gritada y exigida a través de los siglos y, como resulta innecesario resaltar, todavía no resuelta.
Búho
texto y la incorporación plástica de la luz y las sombras, la música, la expresión corporal y el manejo del espacio como reflejo mental de la realidad de la amnesia. Todo ese conjunto de proyecciones, efectos especiales y acción plasmada en el escenario que nos deja oír el grito de la silenciosa voz de la mente es, sin duda, el tercer personaje de Búho. Los otros dos serán Pablo y su confusa ausencia de recuerdos y el terapeuta que tira del hilo y arroja la cuerda a la que poder agarrarse para salir a la luz.
Cornudo y apaleado.- Andanzas y entremeses de Juan Rana
Pueden muy bien considerarse piezas desenfadadas que nos sorprenden y recrean desde el género español de la picaresca la manera de pensar, actuar y comportarse las gentes de los siglos XVI y XVII. Reírse de uno mismo a través de personajes como Juan Rana es la mejor forma de ejercer la crítica social en la que confrontar el modo de vida de las clases sociales desfavorecidas al lado de la nobleza, la burguesía emergente y el clero. Personajes de unos y otros estratos sociales se entremezclan en las historias en las cuales las desdichas y miserias del pueblo llano señalan con dedo acusador el abuso de poder ejercido desde los privilegios de las clases sociales dominantes que, de modo fatalista, defendían unos presupuestos en los que se asentaba como verdad inmutable de carácter divino la existencia y permanencia del orden social establecido.
Las desventuras de Arlecchino.- Carlo Goldoni
El argumento de “Las desventuras de Arlecchino” es simple; Arlecchino o Arlequín, es un sirviente al que le ocurren toda suerte de desgracias, robos, golpizas, engaños, enredos y falsas denuncias que lo llevarán a prisión. Tras los diferentes incidentes sufridos y estando al servicio de un burgués filántropo y con problemas familiares a los que Arlecchino se ve forzado a remediar sin conseguirlo, todo se resolverá felizmente para él a quien el altruista burgués reconocerá su buena intención y mejor corazón.
Villa y Marte
La cuestión que comentaremos ya es conocida de otras representaciones emblemáticas de Ron Lalá, como
PRINCIPIANTES.- (De qué hablamos cuando hablamos de amor).- Raymond Carver
Para entrar en contexto. La obra Principiantes es la adaptación teatral del texto narrativo “De qué hablamos cuando hablamos de amor” del estadounidense Raymond Carver, publicada en 1981. Cuatro personajes formados por dos parejas, una más joven, la otra más madura, comparten una tarde de larga conversación, discusión, confesiones, terapia, expresión de frustraciones, anhelos, convicciones, dudas, seducciones y otras aristas del amor a lo largo de la tarde y la luz cambiante que parece ser reflejo del tono emocional del ambiente que se va creando en la casa. Como elemento desinhibidor el alcohol será el disolvente de las defensas y censuras personales para desatar los sentimientos y transgredir las barreras morales y las respetables buenas formas. Es decir, a mayor cantidad de alcohol ingerido, mayor vehemencia y agresividad de las formas y dureza de los planteamientos.
Luces de bohemia
Hablar de “Luces de bohemia” y de Valle Inclán, volver a poner de relieve tanto el valor de la pieza teatral como el de su autor, insistir en lo magnífico de esta amplia pasarela de cuadros esperpénticos de la España de 1920 en el espacio de las veinticuatro horas en las que transcurre la acción, perderse en el apasionado elogio y sorpresa renovada del teatro de Valle Inclán, nos privaría de comentar y valorar el trabajo del cuadro escénico, la dirección y el montaje que nos ofrecen esta obra sobre el escenario. Y no sería justo. Porque, por muy buena y consistente que resulte ser una obra de teatro, si la interpretación de la misma no se encuentra a su altura, todo resultará ser un fiasco. Cuando una extraordinaria pieza teatral nos llega de forma convincente y nos descubre sus virtudes es que detrás hay un elenco artístico también extraordinario. Y más extraordinario cuanta mayor dificultad entrañe la puesta en escena.
Pabellón 6 de Bilbao. Los matices de los personajes principales, la interpretación del resto de actrices y actores metiéndose en diferentes papeles dándoles con acierto vida a los personajes, el funcionamiento del coro, la acertada coreografía, las luces y el sonido, todo, resultó impecablemente trabajado y puesto al servicio de la mejor interpretación de esta exigente obra.
Fake. Trampantojo.
Digo, o repito, que la idea o el conjunto de ideas con que se aborda el desarrollo de la obra para articular su montaje es bueno, interesante, incluso diría que brillante. Digo, repito, que su materialización se empobrece a partir del abuso continuado de los recursos.
LA ZARANDA
Detrás de una bandera ajada y polvorienta, los protagonistas, salidos de sus tumbas, se debaten en un duelo por su propia razón de haber vivido, donde caben las contradicciones, las actitudes encontradas y las traiciones, pero permaneciendo siempre juntos por la obligada necesidad de resistir a un enemigo que nunca aparecerá y que serán –al fin- ellos mismos.